Con las restricciones actuales, al menos aquí en Cataluña, MEAR ES UN LUJO. Con los bares abiertos solo de 13h a 15.30h, pánico te da quedar con alguien para comer y calmar tu sed durante el almuerzo bebiéndote toda tu botellita de agua.
Lo de finalizar la comida con una infusión ya me parece alto riesgo. Que todos sabemos que las infusiones tienen vía directa a la vejiga y una vez allí piden paso. Perdón por el modo escatológico de hoy, pero es que ayer quedé para comer y pasear (únicas actividades posibles en estos días) con mi amiga Ana y parecíamos dos abuelas.
- Hola, ¿Qué tal?
- Bien ¿Y tú? ¿Has meado?
- Si, sí. Justo antes de salir de casa, pero claro son las 11h, no sé yo si hasta las 13h…
- Ya, bueno. Vamos viendo. Sino un Centro Cívico, algún lavabo público habrá. Algo encontraremos…
Esta fue nuestra conversación de entrada ¿en qué momento se volvió todo tan surrealista?
Tía, tía, ¡va! ¡No tardes!
Y así fue como ayer hicimos la maravillosa ruta “LAVABOS DEL MUNDO”.
Fuimos en el restaurante de la comida. También en la cafetería donde tomamos el cortado.
En una librería donde compramos bolígrafos de colores y por si acaso en unos lavabos públicos que encontramos antes de coger el bus.
No me he sentido más humana y consciente de mis necesidades en la vida. De pronto mis cinco años de hipopresivos poniendo el suelo pélvico como una roca están cobrando sentido. No hay mal que por bien no venga.
Y en realidad es que basta que te limiten algo para que creas que lo necesitas más. Sin ir más lejos, tomar un vermut los fines de semana se ha convertido en una lucha a brazo partido. A las 12.45h la gente merodea las mesas de las terrazas con aire amenazador y aún sin sentarse, puedes oler el “esta es mía” a la legua.
¡Que suerte que hemos pillado mesa!
Que si ves una libre te tienes que tirar a ella porque con la necesidad de vitamina D en el careto y alcohol en las venas que llevamos todos cuando coges mesa no la sueltas hasta que te echan.
Que no nos queda otra que REDEFINIR la palabra LUJO: Dícese de la posibilidad de ir a un bar o restaurante para desayunar o comer y posteriormente poder utilizar su lavabo.
Madre mía ¡para lo que hemos quedado!
Buenas noches bonitas.



Para gente como yo, que hemos contado en pesetas, es todo un mundo en el que pasar de pantalla, te hace perder más de una vida. Pero yo no soy de soltar el juego fácilmente.


Y por las noches, los cuentos populares antes de ir a dormir. Caperucita iba rauda y veloz a caballo y entraba en el salón. El lobo, que siempre quería ir por el camino más corto, acababa cogiendo un tren y la abuelita estaba detrás de la barra sirviendo tragos. El cazador bebía Whisky y …
