20.01.21 MEAR Y OTROS LUJOS

Con las restricciones actuales, al menos aquí en Cataluña, MEAR ES UN LUJO. Con los bares abiertos solo de 13h a 15.30h, pánico te da quedar con alguien para comer y calmar tu sed durante el almuerzo bebiéndote toda tu botellita de agua.

Lo de finalizar la comida con una infusión ya me parece alto riesgo. Que todos sabemos que las infusiones tienen vía directa a la vejiga y una vez allí piden paso. Perdón por el modo escatológico de hoy, pero es que ayer quedé para comer y pasear (únicas actividades posibles en estos días) con mi amiga Ana y parecíamos dos abuelas.

  • Hola, ¿Qué tal?
  • Bien ¿Y tú? ¿Has meado?
  • Si, sí. Justo antes de salir de casa, pero claro son las 11h, no sé yo si hasta las 13h…
  • Ya, bueno. Vamos viendo. Sino un Centro Cívico, algún lavabo público habrá. Algo encontraremos…

Esta fue nuestra conversación de entrada ¿en qué momento se volvió todo tan surrealista?

Tía, tía, ¡va! ¡No tardes!

Y así fue como ayer hicimos la maravillosa ruta “LAVABOS DEL MUNDO”.

Fuimos en el restaurante de la comida. También en la cafetería donde tomamos el cortado.

En una librería donde compramos bolígrafos de colores y por si acaso en unos lavabos públicos que encontramos antes de coger el bus.

No me he sentido más humana y consciente de mis necesidades en la vida. De pronto mis cinco años de hipopresivos poniendo el suelo pélvico como una roca están cobrando sentido. No hay mal que por bien no venga.

Y en realidad es que basta que te limiten algo para que creas que lo necesitas más. Sin ir más lejos, tomar un vermut los fines de semana se ha convertido en una lucha a brazo partido. A las 12.45h la gente merodea las mesas de las terrazas con aire amenazador y aún sin sentarse, puedes oler el “esta es mía” a la legua.

¡Que suerte que hemos pillado mesa!

Que si ves una libre te tienes que tirar a ella porque con la necesidad de vitamina D en el careto y alcohol en las venas que llevamos todos cuando coges mesa no la sueltas hasta que te echan.

Que no nos queda otra que REDEFINIR la palabra LUJO: Dícese de la posibilidad de ir a un bar o restaurante para desayunar o comer y posteriormente poder utilizar su lavabo.

Madre mía ¡para lo que hemos quedado!

Buenas noches bonitas. 

19.01.21 EL TREN DE LA TECNOLOGÍA

Otro día quemando carbón en el TREN DE LA TECNOLOGÍA. Con la cara negra de tizón y venga echar paladas y paladas a la caldera y todo esto… ¡para ir en el último vagón!

Y es que claro, intentar mantenerte AL DÍA en nuevas tecnologías cuando tu año de nacimiento coincide con la adolescencia de Madonna no es fácil. Que viene mi sobrina de diez años me coge el móvil y me pega tres revolcones en minuto y medio.

#Esperadme #QueYaTengoNocionesDePhotoshop

Pero si quiero volver al marketing, no me queda otra. Porque del marketing de antaño, del de agencia y folletos de papel, de ese no quedan ni las migas. Así que tengo que hincar codos y echarle huevos ovarios moral y ponerme las pilas. Las Duracell. Las de veinte conejitos Duracell necesito yo.

Y claro, camino en una fina cuerda floja entre el entusiasmo y la frustración. Porque empiezas con una lección de cómo definir el público -digital – objetivo pasas a la creación de contenidos, de esto a la edición de videos y aquello va cogiendo una velocidad que tienes que ser Spielberg al acabar la tarde. Mi cerebro revienta y me siento Torrente.

#ResisteResisteResisteResisteResisteResiste…

Todo esto es más propio de esa generación que cree que Google siempre ha existido. Que tener una Alexa en casa que te suba las persianas y te apague la luz es normal. Y que la biblioteca es solo un edificio que hay en Alejandría y tal.

Para gente como yo, que hemos contado en pesetas, es todo un mundo en el que pasar de pantalla, te hace perder más de una vida. Pero yo no soy de soltar el juego fácilmente.

También os confesaré que el desgaste que llevo no es pequeño. Que cada berrinche que me llevo necesito de un copazo para seguir. Descarrilo a cada rato. 

Animadme, por Dios. No espero ser el nuevo Mark Zuckerberg, con ser su prima (aunque sea lejana) me conformo.

Buenas noches. Voy a seguir viendo tutoriales…

 

18.01.21 DE GRINGOS Y TRENES. YIHAAA!

Si eres de la generación 70 seguro que sabes quien es Marcial Lafuente. Y si no, te lo cuento. Así, a groso modo, un señor de Toledo que escribió la friolera de 2600 novelillas Western a una por semana y 5 pesetas el ejemplar.  Y que creo un mercado negro de intercambio de segunda mano de estas. Un tipo con humor, sarcasmo y pluma más rápida que muchos pistoleros de la época desenfundando.

¡Venga! Pues ya tengo la novela de la semana.

¿Porque os cuento esto? Porque yo creo que mi abuelo había leído al menos 2500 de esas novelas. Y desde los 5 años me había leído a mí por lo menos mil. Pedacitos y pedacitos de Western en mi cabeza. Será por eso por lo que siempre tengo conectado el modo intrépido y me encantan las botas cowboy. Quizás el motivo de ser una eterna buscadora de aventuras.

Es que ahora que estoy haciendo un curso de storytelling (contadora de historias) y haciendo una regresión al pasado, veo venir donde empezó todo.

  • Yayo yayo, ¡que me leas un trozo!.
  • Son novelas para adultos, no puedo.
  • Pues un trozo que no sea adulto.

¿Qué nivel de paciencia se requiere para aguantar a una niña de cinco años pidiendo lo mismo en bucle cuarenta veces seguidas? Pues claro, el hombre sucumbía.

No me estarás hablando a mí, forastero. 

Y casi siempre era el trozo en el que el forajido abría las puertas del salón y sembraba el pánico entre los presentes. El piano dejaba de tocar, y la chica guapa del sitio lo miraba embelesada. Un pistolero daba su último trago y alguien tocaba el gatillo de su arma dentro de su bolsillo.

Que tampoco creo yo que la parte adulta sería que hacían el amor encima del piano, pero ya se sabe del pudor de aquellos años.

Y después de las novelas, íbamos a la estación. Por supuesto, sin que mi madre lo supiera. (Bueno, que como ella lee este blog, pues ahora se está enterando: Sí mama íbamos a la estación de Renfe, pero con precaución. Ya si eso, te lo cuento con más detalle en un café).

¡Uno más! ¡Uno más!

Me fascinaba ver a los trenes pararse en la estación y volver a partir. Miraba esas caras y me imaginaba quienes eran, adonde iban, cuál era su historia. Nunca eran suficientes trenes.

  • Uno más. Uno más. Por favor.

Y vuelta a casa, a las patatas fritas “pegás” y a la sopa de maravilla que hacía mi madre.

Y por las noches, los cuentos populares antes de ir a dormir. Caperucita iba rauda y veloz a caballo y entraba en el salón. El lobo, que siempre quería ir por el camino más corto, acababa cogiendo un tren y la abuelita estaba detrás de la barra sirviendo tragos. El cazador bebía Whisky y …

Mi abuelo dormía plácidamente en el piso de abajo.

Ahora entiendo todo el mejunje que llevo en la cabeza. Que bueno y que intransferible es todo eso. Menos mal que por esa época no había Netflix, porque me veo a Caperucita asaltando bancos.

¡¡aSUMAmónos!!. Somos la SUMA de todas las historias que hemos vivido y también de las que nos han contado. Joder ¡somos únicos! Yihaaaaaaaaaaaaaaaaa!

Buenas noches preciosas, ¿que tal si hoy os contáis una historia bonita antes de iros a dormir? Por ejemplo, aquella que os hace única.

Besos preciosas.

 

 

17.01.21 COLAPSO ELECTRODOMESTICO

Vivimos al día. Sí. Sí. Pero que muy al día. Si estáis pensando que es por la situación actual en la que los planes a más de dos horas vista tienen ya mucha carga de riesgo de cancelación, ¡qué va, que va!

Lo digo por la nevera. Que se me ha estropeado. Pero solo a medias. Es decir, la nevera tira, pero el congelador ha dicho ¡hasta aquí hemos llegado!. A ver, que hasta la fecha yo pensaba que en el congelador teníamos croquetas, empanadillas y el hielo para los gin-tonics, pero, que parece ser que la tragedia es más grande.

Que claro, no se puede congelar la carne. Ni mantener los tuppers que me pasa mi madre. ¡Ostia! Ni el helado de nueces de macadamia. Que no éramos mucho de hacer acumulación de comida, pero claro ahora hay que ir al día y como compres un pollo grandecito ya tienes el menú de todas las noches de la semana.

Aguanta un poco más ¡te queremos!

Habrá que comprar otra, claro. Pero me da pena porque la mitad funciona bien ¿venderán medias neveras? Es que el mes pasado ya tocó lavadora entera. Pero es que la mampara del baño también está en modo colapso, y cada vez que entro a ducharme me grita en modo JLO: “¿Y nuevas lamas pa’cuando?”

Se está estropeado todo a la misma vez. ¡hasta nosotros! Que no sabéis lo que me duelen ya las articulaciones. Ahora entiendo cuando mi madre me dice “me cuesta girarme en la cama”. A punto de grúa me he quedado esta noche.

¿Viene ya esa grúa o qué? Que ya no puedo más en ésta posición.

Supongo que las parejas que tiene hijos notan el paso del tiempo cuando ven a sus hijos adolescentes. Los que no tenemos, cuando se empiezan a estropear todos los electrodomésticos. Habrá que ir asumiendo.

Miedo me da la lavadora, que muy callada está ella y es de la misma quinta que el resto.

En fin, me voy a preparar la cena. He visto un paquete de ocho hamburguesas en la nevera, hasta el jueves mínimo, me sé de memoria el menú.

Buenas noches preciosas.