30.09.21 Quiero Jornada Intensiva

¿Me echabais de menos? Yo también. Me echaba de menos, digo.

¿sabes cuando te enajenas de ti misma? Pues eso. Los últimos cuatro meses no han sido vida ni mucho menos Bella Vita. Por no ser no han sido ni un sucedáneo. Ha sido trabajo y curro en vena, responsabilidades, palpitaciones y noches sin dormir.

Y es que la vida es así: o tienes curro o tienes tiempo. A ver un momento que quisiera hablar con el responsable de este tinglado. Gracias.

¿Quién ha organizado este sarao tal que así?

Al tema, que si Jones no ha estado por aquí es porque ha estado ocupada mil.

¡Ostia! ¡Ya son las 6am y sin pegar ojo!

Excepto el ratico del viaje a Egipto. Yo que hacía mil años que no cogía una agencia de viajes y que era un poco hater del tema porqué, llámale economía, llámale #yolohagomejor, llevo años funcionando a lo Juan Palomo en lo que a viajes se refiere. He quedado encantada.

Ays madre! Hay otra vida. Y otra forma de viajar. Que gustazo ser la Nefertari vallesana durante diez días.  He descubierto claramente que mi modus vivendi tendría que pasar por ser probadora de hoteles. O probadora de colchones, que ahora está muy de moda (de cochones que estén en hoteles de alrededor del mundo me refiero).

Necesito más Egipto. Más Nefertari. Más maravillas.

Y entre las noches de insomnio patrocinadas por un curro intensito y las horas de avión mirando las nubes, he desarrollado la ‘Teoría del centro”.

Personas cuyo centro vital es el trabajo. Y toda gira en tono a eso. Tienen un buen empleo, estatus, carro grande y pasta a mansalva pero, son taaaaaaaaaan imprescindibles, que la vida les da para ausentarse poco de la oficina/curro de marras o desconectarse de su teléfono.

Personas cuyo centro vital es la propia vida. No van a ser jefazos. Gastan un utilitario y posiblemente son felices comiendo patatas bravas en el bar de su barrio. Nadie las llama a deshora. Ahorran y se pegan unos viajes en modo marajá que, mira-tu-por-donde, son la envidia de las personas-centro-trabajo.

Me lo explique.

Venga. Que el tema tiene poca perdida.

Si tu eres una persona-centro-trabajo estar en el paro o en un trabajo poco demanding te tiene con la tráquea estrangulada de la angustia. ¿Tu para que quieres el tiempo?  Seguro que estás haciendo mucha falta en algún sitio solo que ellos aun no lo saben.

¡Venga! ¡que este informe también lo acabo hoy!

Pero que pasa si eres una persona-centro-vida y estás a tope en ese trabajo en el que no ves el sol in the morning ni tampoco cuando sales por la puerta. Pues que te dan todos los males del mundo mundial. Que tu lo que quieres es vida, terraceo, risas, vamos, una vida divertida, digna de ser vivida.

¡Holaaaaaaaaa! ¡Hora de salir!

Toda esta turra para deciros que lo que yo querría es una jornada intensiva, currar menos o ser “señora de”. A ver para lo último voy tarde, porque el Sargento no me va a quitar de trabajar pero hace unas tortillas para ponerles un piso. Lo de trabajar menos horas así como que igual la hipoteca tiene algo que opinar al respecto.

Pero señoras ¡repitan conmigo! ¡Jornada intensiva! Trabajar, yes. Y luego vivir, yes también.

Que me la paso haciendo descuento de días para el fin de semana y explotando cada puente del calendario. ¿No dicen que al universo hay que decirle las cosas claro clarinete? Ahí voy.

Querido universo: Menos curro y más viaje.

Sí pudieras ir agilizando el tema, mejor que mejor. Que mis rodillas tienen principio de artritis y a mis articulaciones le quedan dos telediarios para ver la subida al Machu Pichu como un imposible. Si necesitas alguna aclaración, una llamadita. Gracias.

Querido Universo: ¡Dale! ¡Que vas tarde!

Habrá quien lea esta teoría y le olerá a ‘zángana’. Pues vale. 

O dirá que lo que soy es una vividora. Compro.

Yo a estas alturas de la vida no necesito ni tener ni razón ni el beneplácito de nadie: lo que necesito es tener lo que pido.

Putos cincuenta, ¡me han quitado el poco filtro que me quedaba!

13.09.21 FELITRISTE

A ver. Que igual que hay “gente búho” que no ve la hora de retirarse por la noche y “gente alondra”, que es la que pone las calles y enciende los semáforos por las mañanas, pues hay también “gente invierno” y “gente verano”.

Y a esa “gente invierno”, de mantita en el sofá, café con leche en mano, libro, Netflix y pucherito rico; no la convences tú de ninguna manera de las bondades del calor, el piscineo y torrarte lo más grande en verano. Pues no. Porque lo llevan fatalísimo. Porque no les gusta sudar, porque les incomoda la arena, porque si en la piscina hay mucha gente y porque no hay abanico suficientemente grande que ventile la angustia que les da Don Lorenzo golpeándoles de lleno.

¡VAMOS PA’L SOFÁ! ¡LA, LA, LAAA!

Y luego estamos la “gente verano”, entre los que me encuentro. A los que nos gusta la chicharrera y viviríamos la vida en flip-flops. Para nosotros, el verano siempre, de verdad SIEMPRE, es demasiado corto. Así haya empezado a hacer calor en febrero y llegue hasta la castañada. Llamadnos raros o igual es que tenemos el sentido de la palabra CORTO tergiversado. En todo caso, mal. Llega septiembre y esto es de primero de depresión.

SUMMER FOREVER, THANKS!

Septiembre, aunque aún verano, trae ese tufillo a rutina que apesta a conformismo, a ‘que se le va a hacer’ y a ‘ya falta menos para el próximo’. Por cierto que ese ‘menos’ también daría para un estudio.

Septiembre es melancolía. Es un vaso de agua fría en la cara. Es caerte de la cama cuando estás teniendo un sueño súper feliz. Es perder el tren delante de tus morros. Es llegar segundo en una carrera. Es una bofetada no merecida. Es que se te caiga la mejor bola de helado. Es un chiringuito con la persiana medio bajada. Es un mojito aguado abandonado en la mesa. Es dejar el libro que leías a medias. Es intentar sin éxito entrar en tus tejanos. Es tristón.

¡DESPIERTA! ¡ES SEPTIEMBRE!

Y no existe aún humano que me convenza de lo contrario. Hordas de amistades diciéndome: ¡ya verás, septiembre también mola! Pues a mí me mola cero.

Me pone FELITRISTE. Feliz por el veranazo que te llevas en vena y triste porque, si echas un ojo al calendario, ahí tienes once hojas por pasar hasta el siguiente.

Felitriste es un estado apático total que arrastro hasta que aparece octubre con esa cara de “se acabó lo que se daba” y te pone en tu sitio en dos tormentas y unos cuantos grados menos. Ahí es cuando me reconcilio. Cuando ya está todo perdido. Cuando ya no hay lucha posible porque el Lorenzo ya dijo Ciao Ciao amigos. Y toca resignación.

¡ESTOY SÚPER FELITRISTE!

¿Me pregunto si a la “gente invierno” les pasara algo así en los albores de mayo-junio? Por favor, si hay alguien en la sala con respuesta a esta pregunta, que se pronuncie.

Me aligeraría saber que ellos también sufren cierta depresión de pensar que se les viene otro veranito encima. A mí es que me cuesta creerlo.

Pues ya está. Eah. Ya lo he dicho, como cada año. F*UCK Septiembre! Que ni Jones quería volver…

Dadme unos días. Estaré bien (o al menos intentaré aparentarlo con dignidad).

15.07.21 La vida que llevamos dentro.

Se nos ha acumulado vida. La que nos quitó este pasado año pandémico. Y a mí me sale a borbotones por todos los poros. Me rebosa. 

Cómo diría mi querida Rosa Palo: el verano se me antoja breve. Y a mí me falta tiempo para estrujarlo al máximo. Lo estoy viviendo en modo kamikaze y casi con desesperación.

Que lo estoy yo viendo venir que cierras los ojitos para echar una siesta estival y los abres ya necesitando la primera chaquetilla de finales de septiembre. 

¿Perdonaaaaaaaaa? ¿Pero no era verano hace un rato?

Así que este año lo he adelantado todo. Empecé ponerme morena con los primeros rayos de abril a golpe de piscina y con la excusa de hacer largos. Las terracitas las estrené así las abrieron. Las “VACACIÓN”, ese maravilloso termino que he acuñado y que significa “esas 48 horas de fin de semana lejos de tu población pasándolo en grande”, empecé a ponerlas en marcha en mayo. Y con deciros que hasta la visita a mi querida Carboneras la adelanto este año.

A mí que me quiten lo bailao, lo viajao, lo comio y lo servio. Que mi cuerpo lo lleva. Especialmente lo comido. Ahí bien pegadico a mis caderas lo llevo. 

Yo pensando en mi próxima VACACIÓN…

En este verano que llega con un 5 por delante y cinco kilos por detrás; voy a hacer caso más que nunca a eso que dice siempre mi madre: “Hija, que a ti no te quede nada por hacer”. Aunque me da que ella lo dice con cierto tono jocoso-preocupante.

Cierto es, según el sargento, que ese modo URGENTE de vivir el verano roza lo inconsciente. A la caída desde el pedal me refiero. Que surcaba yo el pasado lunes un lago francés en uno de esos barcos-patinete-pedales, cuando en mi ambición de sentirme joven me lancé desde la borda de ese barquichuelo traicionero.

El karma no estaba de mi parte y, con mala suerte, dí un traspiés que acabó en rodillazo contra el plástico y de cabeza al lago: no se puede ser menos elegante y caer con menos gracia. De primero de patética. 

Yo, cayéndome con cero glam.

Al punto de rotura de ligamentos me quedé o lo que es peor de rotula. A lo que mi traumatólogo de toda la vida me dijo: “Tendríamos que empezar a ser menos arriesgada”.

Ni que fuera yo Nikita. En fin. Dicho y hecho. Corregir es de sabias. A partir de ahora solo voy a cogerme un pedal a base de gin-tonics y cerca de una cama. Mejor una buena resaca que una rotula partida. He visto la luz.

Lo que pasa es que a mí las sombras me acechan en seguida. Bueno, a ver si me nace un poco de conocimiento, que según mi madre tengo el justo para pasar el día, y acabo escribiendo un verano de esos para el recuerdo. Y así, entre vacación y vacación: Vacaciones.

¿Pues no decían que si tenías ‘flotador’ no te hundías? 

Señoras vivir siempre ha sido urgente, pero este año más: que hemos acumulado vida por gastar. 

Con cuidadito pero… este verano ¡vamos a echar los restos! 

06.07.21 El cambio de armario o la procrastinación máxima.

Señoras y caballeras,

Hablemos de hacer el 4 de Julio el cambio de armario, aquí en Spain, con el calor que cae. Ahí los americanos celebrando lo suyo y tú brindando porque por fin después de deslomarte durante cuatro horas, has puesto cierto orden en tu armario, en tu vida.

Porque si dicen que tu mente está como tu casa, la mía estaba en esos momentos gritando “a euro, a euro”, del mercadillo cerebral que tenía montado.

No llamemos despiste a lo que tiene por nombre procrastinación máxima.

Una cosa es no hacer el cambio de armario en abril, porque el tiempo aún está removido. Otra cosa es aguardar lo de “hasta el 40 de mayo, no te quites el sayo” que ahora con el cambio climático además tiene todo el sentío. Y otra cosa muy diferente es que ya es casi el 40 de junio y aún se te caen los jerséis de lana cuando abres el armario.

Pues me parece que esto ya no puede esperar más…

Y además al menos en mi caso, tengo que hacerlo del tirón. Porque yo tengo las cosas aquí, allá y en todas partes. Lo que se viene conociendo por una colonización total de la casa que ríete tu del amigo Colon y su desembarco americano..

El caso es que la cosa requiere energía, porque una clase de TBC no le llega ni a los tobillos al susodicho cambio.

Para empezar, saca ropa a mansalva y haz despliegue encima de tu cama hasta que esta ni se vea, solo se intuya. Luego cambia la ropa de estación y aprovecha esa percha para colgar cinco abrigos y chaquetas de invierno, que pesan la vida. Y te vas haciendo levantamiento de perchas de un lado a otro. Los bíceps baldados.

Ese momento #semascalatragedia en el que todo está fuera de su lugar…

Y luego las cosas más livianas para el altillo. Sube al altillo, baja al altillo, sube al altillo, baja al altillo; por esa escalera de tres escalones en la que te juegas la vida a cada dos camisetas.

Aquello parece una clase de steps, que, si te pones un poco de música animadita, te da hasta para coreografía. Ahí lo dejo.

Luego haríamos un poco de “marcha rápida” por el pasillo, mientras intentas distribuir las prendas por cualquier habitáculo con capacidad contenedora que te sale al paso, a la par que te maldices por no vivir en un castillo. En cuyo caso, simplemente te cambiarias del ala norte al ala sur y no habría necesidad de este cambio agotador.

Lo de cambiar los zapatos es de traca. Vacía unas cajas y vuélvelas a llenar. Agáchate y vuélvete a agachar, que las sandalias bonitas se tienen que estrenar. Rotas me han quedado las rodillas.

Y ya cuando parece que la tragedia que se mascaba empieza su retirada: dóblalo todo.

¿En serio hay que doblar todo eso?

Y entonces es cuando guardas un minuto de silencio por esas dependientas de Zara que se la pasan plegando lo que tu dejas en el vestuario.

Y pliegas unos mejor y los últimos ya peor. Y el resto van a “moñigo”. Total, lo tendrás que planchar cuando lo vuelvas a sacar. Te auto convences y recoges como puedes.

Por alguna razón desconocida, y aunque siempre te faltan perchas, cuando acabas de hacer el fondo de armario, te sobran 600 que no sabes dónde poner y que cobijas ahí re-que-te-apretujadas ya en un armario cualquiera, porque la espalda está en un quejío y a ti te duele hasta el aliento.

Que gustico ¡todo en ordén!

Y ya estaría. Tres semanas de julio que te quedan. Agosto te lo pasas en pareo y en septiembre por las noches refresca. En un pis-pas se te va a venir un nuevo cambio.

No me digas más. Lo veo venir. Junto con el primer anorak te cae encima el biquini de marras.

Necesito ese castillo y, si no va a ser viable, dos armarios más, aunque sean de Ikea.

Que estoy por mudarme a Canarias que tienen siempre la misma temperatura, ergo, el mismo armario todo el año.

Eso sí, el gustico que me da ahora por las mañanas, abrir las puertas del armario es brutalísimo.

Feliz verano, nenas. No os demoréis más, que se os junta el tema con el armario de otoño.