15.07.21 La vida que llevamos dentro.

Se nos ha acumulado vida. La que nos quitó este pasado año pandémico. Y a mí me sale a borbotones por todos los poros. Me rebosa. 

Cómo diría mi querida Rosa Palo: el verano se me antoja breve. Y a mí me falta tiempo para estrujarlo al máximo. Lo estoy viviendo en modo kamikaze y casi con desesperación.

Que lo estoy yo viendo venir que cierras los ojitos para echar una siesta estival y los abres ya necesitando la primera chaquetilla de finales de septiembre. 

¿Perdonaaaaaaaaa? ¿Pero no era verano hace un rato?

Así que este año lo he adelantado todo. Empecé ponerme morena con los primeros rayos de abril a golpe de piscina y con la excusa de hacer largos. Las terracitas las estrené así las abrieron. Las “VACACIÓN”, ese maravilloso termino que he acuñado y que significa “esas 48 horas de fin de semana lejos de tu población pasándolo en grande”, empecé a ponerlas en marcha en mayo. Y con deciros que hasta la visita a mi querida Carboneras la adelanto este año.

A mí que me quiten lo bailao, lo viajao, lo comio y lo servio. Que mi cuerpo lo lleva. Especialmente lo comido. Ahí bien pegadico a mis caderas lo llevo. 

Yo pensando en mi próxima VACACIÓN…

En este verano que llega con un 5 por delante y cinco kilos por detrás; voy a hacer caso más que nunca a eso que dice siempre mi madre: “Hija, que a ti no te quede nada por hacer”. Aunque me da que ella lo dice con cierto tono jocoso-preocupante.

Cierto es, según el sargento, que ese modo URGENTE de vivir el verano roza lo inconsciente. A la caída desde el pedal me refiero. Que surcaba yo el pasado lunes un lago francés en uno de esos barcos-patinete-pedales, cuando en mi ambición de sentirme joven me lancé desde la borda de ese barquichuelo traicionero.

El karma no estaba de mi parte y, con mala suerte, dí un traspiés que acabó en rodillazo contra el plástico y de cabeza al lago: no se puede ser menos elegante y caer con menos gracia. De primero de patética. 

Yo, cayéndome con cero glam.

Al punto de rotura de ligamentos me quedé o lo que es peor de rotula. A lo que mi traumatólogo de toda la vida me dijo: “Tendríamos que empezar a ser menos arriesgada”.

Ni que fuera yo Nikita. En fin. Dicho y hecho. Corregir es de sabias. A partir de ahora solo voy a cogerme un pedal a base de gin-tonics y cerca de una cama. Mejor una buena resaca que una rotula partida. He visto la luz.

Lo que pasa es que a mí las sombras me acechan en seguida. Bueno, a ver si me nace un poco de conocimiento, que según mi madre tengo el justo para pasar el día, y acabo escribiendo un verano de esos para el recuerdo. Y así, entre vacación y vacación: Vacaciones.

¿Pues no decían que si tenías ‘flotador’ no te hundías? 

Señoras vivir siempre ha sido urgente, pero este año más: que hemos acumulado vida por gastar. 

Con cuidadito pero… este verano ¡vamos a echar los restos! 

06.07.21 El cambio de armario o la procrastinación máxima.

Señoras y caballeras,

Hablemos de hacer el 4 de Julio el cambio de armario, aquí en Spain, con el calor que cae. Ahí los americanos celebrando lo suyo y tú brindando porque por fin después de deslomarte durante cuatro horas, has puesto cierto orden en tu armario, en tu vida.

Porque si dicen que tu mente está como tu casa, la mía estaba en esos momentos gritando “a euro, a euro”, del mercadillo cerebral que tenía montado.

No llamemos despiste a lo que tiene por nombre procrastinación máxima.

Una cosa es no hacer el cambio de armario en abril, porque el tiempo aún está removido. Otra cosa es aguardar lo de “hasta el 40 de mayo, no te quites el sayo” que ahora con el cambio climático además tiene todo el sentío. Y otra cosa muy diferente es que ya es casi el 40 de junio y aún se te caen los jerséis de lana cuando abres el armario.

Pues me parece que esto ya no puede esperar más…

Y además al menos en mi caso, tengo que hacerlo del tirón. Porque yo tengo las cosas aquí, allá y en todas partes. Lo que se viene conociendo por una colonización total de la casa que ríete tu del amigo Colon y su desembarco americano..

El caso es que la cosa requiere energía, porque una clase de TBC no le llega ni a los tobillos al susodicho cambio.

Para empezar, saca ropa a mansalva y haz despliegue encima de tu cama hasta que esta ni se vea, solo se intuya. Luego cambia la ropa de estación y aprovecha esa percha para colgar cinco abrigos y chaquetas de invierno, que pesan la vida. Y te vas haciendo levantamiento de perchas de un lado a otro. Los bíceps baldados.

Ese momento #semascalatragedia en el que todo está fuera de su lugar…

Y luego las cosas más livianas para el altillo. Sube al altillo, baja al altillo, sube al altillo, baja al altillo; por esa escalera de tres escalones en la que te juegas la vida a cada dos camisetas.

Aquello parece una clase de steps, que, si te pones un poco de música animadita, te da hasta para coreografía. Ahí lo dejo.

Luego haríamos un poco de “marcha rápida” por el pasillo, mientras intentas distribuir las prendas por cualquier habitáculo con capacidad contenedora que te sale al paso, a la par que te maldices por no vivir en un castillo. En cuyo caso, simplemente te cambiarias del ala norte al ala sur y no habría necesidad de este cambio agotador.

Lo de cambiar los zapatos es de traca. Vacía unas cajas y vuélvelas a llenar. Agáchate y vuélvete a agachar, que las sandalias bonitas se tienen que estrenar. Rotas me han quedado las rodillas.

Y ya cuando parece que la tragedia que se mascaba empieza su retirada: dóblalo todo.

¿En serio hay que doblar todo eso?

Y entonces es cuando guardas un minuto de silencio por esas dependientas de Zara que se la pasan plegando lo que tu dejas en el vestuario.

Y pliegas unos mejor y los últimos ya peor. Y el resto van a “moñigo”. Total, lo tendrás que planchar cuando lo vuelvas a sacar. Te auto convences y recoges como puedes.

Por alguna razón desconocida, y aunque siempre te faltan perchas, cuando acabas de hacer el fondo de armario, te sobran 600 que no sabes dónde poner y que cobijas ahí re-que-te-apretujadas ya en un armario cualquiera, porque la espalda está en un quejío y a ti te duele hasta el aliento.

Que gustico ¡todo en ordén!

Y ya estaría. Tres semanas de julio que te quedan. Agosto te lo pasas en pareo y en septiembre por las noches refresca. En un pis-pas se te va a venir un nuevo cambio.

No me digas más. Lo veo venir. Junto con el primer anorak te cae encima el biquini de marras.

Necesito ese castillo y, si no va a ser viable, dos armarios más, aunque sean de Ikea.

Que estoy por mudarme a Canarias que tienen siempre la misma temperatura, ergo, el mismo armario todo el año.

Eso sí, el gustico que me da ahora por las mañanas, abrir las puertas del armario es brutalísimo.

Feliz verano, nenas. No os demoréis más, que se os junta el tema con el armario de otoño.

01.07.21 ¡Adiós mascarilla!El verdadero destape estival.

Ays que alegría, que alboroto. Mascarilla fuera, pista y jeto a la vista.

Con lo bien que me iba a mí para esconder la incipiente papada de #señorafeten y los pelos de la barba que me había dejado de arrancar con las pinzas.

Vuelven los alientos devastadores, los besos con tufillo a ajo, los bostezos a vista de todos y las muecas que denotan nuestro estado de ánimo.

Ha sido tanto tiempo que nos ha dado para pensar que cosas si y que cosas no…

¡Ayssss, que bien! ¡Ya sin mascarilla, por fin!

Hombre, lo de esconder bostezos, granos, muecas de disgusto, dientes mal puestos y bigotillos sudorosos no ha estado mal.

A cambio se nos había ido también la sonrisa social, las risas contagiosas, ver los hoyitos en los mofletes de alegría y los morros rojos y atractivos que ya sabemos que nos levantan el ánimo.

Vaya por delante, que yo no me he dejado de pintar los labios en todo este tiempo y que todas mis mascarillas llevan la marca de carmín por bandera. Siempre habrá unos mínimos.

Ahora bien, cosicas como lo de dar dos besos a diestro y siniestro a gente que ni conoces ni te interesa conocer como hacíamos antes, pues, mirad, yo esto no lo pienso restaurar.

Lo de que alguna gente te hable tan cerca que casi te acaba escupiendo, pues tampoco mola.

De hecho, he decidido desarrollar una personalidad rancia, que tampoco me ha costado mucho, con la que justificar según qué ventajas adquiridas. Un codo y dos metros de distancia, con alguien que te apetece cero es una maravilla.

Sí, sí. ¡Solo el codo! Cuéntamelo desde ahí. ¡que te oígo!

Que hay gente que la mascarilla le ha servido de mascara. Y que cuando ahora se la quite otro gallo les cantara. Que tú te fías o no de alguien según lo que te transmite su careto. Así que ahora el tema no tiene marcha atrás. O te parece que es una buena persona o el mafioso de turno.  Se acabaron los caracteres velados.

Los que de verdad respiran aliviados son los que llevan gafas. Yo soy de las que las lleva para “algunos temas”. léase conducir, ver la tele desde el sofá y saludar a tu prima si te la cruzas por la calle. Llevo meses abusando de lentillas para no sentir que estoy en Londres con niebla detrás de unas gafas siempre empañadas.

Pero la vida en ‘lentillalandia’ tampoco es fácil. Que ya van varias veces que me voy a dormir con una lentilla dentro de mi cuerpo y que el ojo me la devuelve cuando le va viniendo en gana. Igual alguna que otra aún no he expulsado. He dejado de llevar la cuenta. Allá ellas.

¿Pero dónde te has metido j*dida?

Y esas barbas asomando de mala manera bajo una mascarilla ¿Qué ha pasado ¿A nadie le ha dado por hacer mascarillas dignas para barbudos? El mercado hípster empieza a tener lagunas, lo veo.

El norueguismo (AQUÍ), esa noble palabra que engloba a barbudos noruegos que están para mojar pan, había perdido sentido tras ese trapo tapándoles la mitad de sus encantos. De vuelto esos vikingos ¡por favor! ¡Gracias!

Ays ¡Ana Mariiiiii! Hay que ver cómo están los noruegos…

Por un verano sin el morro sudado. Olé y Olé. ¡Que viva el cara a cara!

22.06.21 LA OPERACIÓN BIKINI ES UNA PLAYA NUDISTA

Mira que no quería. Que me he dicho: Contrólate y mira para otro lado. Que este año, no. Que oye, mejor pasando y punto. Pero es que ya están ahí: vienen en manada y bien cargaditas.

A las revistas, me refiero. A la fuck*ng operación bikini, digo. 

No sé si porque este verano me caen cincuenta o porque se me cae todo, pero ya no puedo resistir, ni aceptar ni entender la matraca estival de los ‘ponte en forma’ ‘pierde cinco kilos en una semana”, “adiós celulitis” o que si la abuela fuma. 

Los artículos sobre el “culo perfecto”… ¡Un clásico!

A mi este verano me atrapa en peor forma que nunca. Y es que por este cuerpo serrano ha pasado un confinamiento, un ERTE, y un yo-en-que-estaba-pensando mientras me forraba a galletas de chocolate. Pues obvio que han hecho mella. Una mella de cinco kilos en mi caso. 

A mí la operación bikini me ha pillado con todo por hacer. Las rodillas pidiendo clemencia y el metabolismo haciendo parada técnica. Pues hay que jugar con la pelota que nos toca y respirar hondo. Que si ya no es poca presión la que te pones tu misma para llegar mínimamente deslorzada a la orilla de la mar, no necesitas extras como el aliento en tu cogote de las revistas pregonando cuerpos perfectos.

Estas lorzas y yo nos vamos a la orilla de la mar.

Y es que no hay mejor operación bikini que irte a una playa nudista. Porque señoras: ahí está la realidad pura y dura y no en una portada de revista con tufillo a Photoshop.

Allí conviven flacas caderonas con rellenitas de cintura de avispa. Piernas largas con piernas cortas. Chichas y mondongos de todo tipo y rango. Rasuradas y frondosas. De brazos descarga-muelles o tirillas. De silueta, pera, manzana o frutas del bosque. Pechamenes grandes, pequeños, caídos o apuntando a África. Y hay celulitis al peso. Y estrías. Y grasa. Y jetos maravillosos y otros con unas ojeras de dar mucho miedo por la noche. 

Cuerpos de todos los tamaños, formas y volúmenes.

Y, ¿sabéis qué? Lo fuck*ng mismo para ellos: Barrigones, cuerpilargos, bracigordos, fofisanos, cuerpos-croissant, culiplanos y otros ejemplares, cada cual con lo que le ha tocado, mojándose los pies con una alegría pasmosa y sin un triste artículo que echarse a la autoestima cuestionándolos. 

Haciendo un poco de estadística, poca que yo que soy de letras, de ese 100% que habita la playa, digamos que hay dos Adonis y dos Afroditas, porque sí, porque por cantidad de masa crítica: tocan. Genial. Esos cuatro son los que se van a las revistas y a los carteles de gimnasios.

Pero somos todo el resto los que nos mortificamos. Apaga. Es un despropósito. 

Es cierto que deberíamos tener la suficiente confianza y autoestima para hacer una buena gestión del tema y no dejarnos agobiar por titulares absurdos.

También es verdad que las revistas podrían ser un poco más inclusivas y representarnos más a todas. Supongo que si no lo hacen es porque nosotras seguimos comprándolas. Asumámoslo. 

Pero ¿Qué hay de ellos?

Porque se les llama fofisanos a ellos y no fofisanas a nosotras…

Quiero titulares:


Como dejar de ser un fofisano este verano. 

Fuera esa panza este agosto.

Como convertirte en un macizorro en 4 semanas.

¿Piernas gorditas? Aprende a esculpirlas. 

Vientre plano este verano: Luce un Speedo. 

Pues va a ser que de estos ¡no hay! Mucho presumir de que somos muy modernos #muy2021, pero ahí viene el papel coché como cada verano #muyrancio #muycansino.

Pues ya lo he dicho. 

Y ahora sí, este verano pienso pasear lorzas por todo el litoral. Y si es en bolingas ¡pues mejor! ¡Que así no me aprieta nada!