JONES AIRLINES FLIGHT 180621: DESTINO VERANO

Buenas noches. Al habla la sobrecargo Jones. El vuelo 180621 despegará en apenas unos minutos con destino VERANO. Vayan ocupando sus asientos.

Estamos encantados de tenerles a bordo en el que es el vuelo más deseado y esperado por la compañía. Cómo apreciaran el vuelo va completo, y es que no éramos pocos las que estábamos esperando con #ansiaviva las altas temperaturas.

Por fin, ¡el vuelo más esperado!

De hecho, nuestro comandante ha decidido que vamos a poner el aire acondicionado de forma intermitente. Para que puedan ir sintiendo ya ese bochornazo estival que hace que se te pegue la ropa cual segunda piel y acto seguido el nivel de grandiosidad que te da saber que tienes ese aire fresquito en casa que te puso tu cuñado Paco el pasado Enero “porqué si, chaval, porque no vas a poder vivir sin él”.

El avión dispone de 4 salidas de emergencia. Dos delanteras con destino a la primera línea de mar, para los muy fanáticos del agua que necesitan pinchar el palo del parasol matando un cangrejo y dos traseras que van directas a la silla más cómoda del chiringuito, para los cerveceros empedernidos necesitados de levantar jarra. Ambas con ventajas claras: remojón o colocón.

Aquí, aquí. En primera fila.

Debajo de su asiento encontrarán un abanico con un estampado cachondo de lunares. Lo hay en rojo y en negro. No importa cual le toque, ambos dos harán que se ponga flamenquito y que les dan ganas de bailar la típica rumbita sabrosona del verano. Cortesía del comandante. De nada.

Ayssss madre!!! ¡La caló que hace ya!

Les informamos que, en breves instantes, vaporizaremos el avión con olor a aftersun recién puesto, para recordarles subliminalmente, la importancia de una buena protección.

Cómo habrán comprobado ya ha empezado a sonar Georgie Dann en nuestro hilo musical y es porque este año más que nunca estamos muy necesitados de chiringuito, barbacue y buenrollismo en vena. Vayan poniéndose horteras y relájense.

Hasta el Aserejé voy a bailar éste año ¡mira que te digo, Mari!

En cuanto alcancemos una velocidad estable, la tripulación les servirá un refrigerio:  unas bravas con su salsa bien picantona y podrán elegir entre una cañita y un tinto de verano, ambos bien fresquitos para recuperar, la muy perdida, sensación de terracita.

Asimismo, la tripulación les les facilitará auriculares ya que vamos a emitir las películas: “El bueno, el feo y el no vacunado” e “Indiana Jones en busca de la vacuna perdida”

En el bolsillo delantero encontraran nuestro magazine con todas las novedades de nuestra tienda a bordo. Como verán hemos descatalogado el flotador de flamenco rosa gigante (seis temporadas nos ha parecido suficiente).

Lo hemos sustituido por el flotador modelo “tabla de ajedrez”. De medidas 2m x 2 m, para mantener distancias de seguridad incluso en el agua y a la vez dar cabida a toda su burbuja.

Adiós Flamingo, adiós. ¡seis temporadas del fucking flamingo rosa!

Muchas gracias por su atención. Que disfruten del vuelo. Del verano. De las terrazas. De los días más largos. De los chapuzones. Y de la magia de escribir un nuevo verano.

Buen Viernes preciosas. La comandante Jones está feliz. ATERRIZAMOS EN VERANO.

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14.06.21 HAY QUE VENDER LA FURGONETA.

Señoras y caballeras,

Hay que vender la furgoneta.

Que se dice pronto pero no es moco de pavo.

El caso es que nunca sabes por donde te va a venir la señal.

Y conforme pasa el tiempo tienes más claras algunas cosas.

Por ejemplo, el efecto COZUMEL. Que no fue otra cosa que una tremenda tormenta tropical que nos cayó en esa isla y que nos dejó mensaje y del que os hablé AQUÍ. Y que es el responsable de que no dude nunca de si ir a un sitio o no, yo voy y luego ya si eso… ¡que el arrepentimiento es muy malo!

Tira, tira, ¡que son cuatro gotitas de nada!

O por ejemplo ese dicho que dice que “las señoras mayores dicen todo lo que quieren”. ¡Pues claro que sí! Este dicho, que te suena rarísimo a según que edades, llega un momento que lo entiendes claro clarinete. Yo, sin ser, mayor, mayor, vamos a decir, ya digo lo que me sale del forro.

Total ¿Qué vas a perder? Que a este o aquel no les gustes. Pues claro. Es que a mí tampoco me gusta todo el mundo. Que liberación tú, lo de no tener que gustar, digo.

¿En serio que dijiste eso? Si, claro. ¡No sabes que caras!

Y lo de decir que no, y quedarte más ancha que pancha. Oh My God! Eso si que no tiene precio. ¿te apetece salir hoy? No. Así, a secas. En modo monosílabo. Sin explicaciones. Sin excusas. Sin guarnición. Sin acompañamientos #quedabien. No, porque no, óigamelo. Y punto.

No, pero que no, ¡NO!

Pues de los creadores de “El efecto Cozumel”, “Las señoras mayores y fetén dicen lo que quieren” y “Lo a gustico que te deja decir no”, llega: “VENDER LA FURGONETA”

Este flash me vino el otro día, viendo el biopic de Queen, que dicho sea de paso ya había visto en el cine, pero está claro que con las antenas menos afiladas.

Ese momentazo en que el grupo decide vender la furgoneta, que era su medio de desplazamiento, para poder pagar la producción de un disco, al que la discográfica ha dado negativa, me dejo flasheada nivel #atropellamecamión y remátame, si eso.

Ostia ¡si eso no es confiar que baje Dios, San Pedro y los Arcángeles que se encuentren por la zona, a verlo!

Si, si, chicos. Tranquilos. ¡Vendemos! ¡No vamos a necesitar furgoneta!

¡Vender la furgoneta, tú!

Porque mucho se habla de fluir, de confiar, de arriesgar, de enviar una señal al universo, de indicar que es lo que quieres…¿eh? Menos palabrería. Hay que vender la furgoneta como modo de expresar que confías en ti, en tu proyecto, en tus posibilidades.

Ahora que lo acabo de poner por escrito, lo reconozco, da un cague que lo flipas. Quitarte las zapatillas de la seguridad sin saber si por el camino va a haber muchas piedras, es de primero de valiente. Y en ese curso no anda todo el mundo matriculado.

Sí. Sí. Tío. ¡De verdad la han vendido!

Llegado este punto viene a visitarte el síndrome de la impostora. A darte dos collejas y a decirte ¿Dónde vas tu so pardilla? Y es que creerte caballo ganador… o te viene de serie ( y aquí aplicaría lo de porque lo llamas suerte cuando quieres decir posición: léase unos padres ahí, aguantándote, por si das traspié) o te curras una autoestima que no te la araña ni Lobezno.

En fin. Sera la edad o la inconsciencia pero…

Señoras, ¡tengo planes! Y pasan por vender la furgoneta. Ahora a gestionar el cague.

Solo espero que me salga igual que a Queen o me veo yendo a pie a todos lados. Que en otro orden de cosas, al menos bajaría culo… ¡todo ventajas!

02.06.21 La fucking protagonista de tu vida.

En conversaciones con mi peluquero, que es un tipo largo donde los haya, y al que le lagrimeo mi, ya muy larga, crisis cincuentacañera, me explicó que tengo que aceptar que soy la protagonista de mi vida.

Epa! A ver así, a groso modo, todos nos creemos el protagonista de nuestra vida. ¿Dónde está la novedad? Pues en que hay que aceptar el transito mental entre guionista-director-prota.

Me explico.

Parece ser que a los 20 tú te crees que eres el guionista de tu vida. Que la vida la escribes tú, que tú decides que vas a hacer y que va a pasar. Cuando quieres hacer esto o aquello y con quien te vas a juntar. Que quieres casarte y tener tres churumbeles, que tendrás un Audi 3 y que pasaras los veranos en la Costa del Sol.

A ver, este sería un guion un poco simplón, cierto, así como de película de sábado tarde soporífera para echar la siesta, pero me vale como ejemplo.

Yo voy escribir, una súper vida para mí…. Yeah yeahhhh

Luego la vida se va sucediendo y te das cuenta que tu guion se ha ido a Norris. Que te has plantado en los 40 y que sigues soltero o te has divorciado o no tienes nada más allá de tu gato peludo, un piso de alquiler más bien pequeño en las afueras y el Ibiza que te ha vendido tu excuñado.

Bueno, bueno, alguien te ha pisoteado el guion y lo ha sobrescrito.

Reza para que tu guionista no sea Amenábar, que entonces te espera una vida surrealista que lo flipas. Claro que peor, si tu guion lo gestiona Tarantino, si es así ¡mejor vete haciendo un seguro de vida!

Jajajaja. Me parto. No tiene ni idea de la que le espera…

Y entonces, ya con el 4 por delante y las primeras canas, te planteas ¿A ver si voy a ser el Director? Venga. Pues al Lío. Dame al guion que pongo esto en marcha.

Pero entonces empiezas con lo de “¿A ver a quién se le ha ocurrido que yo paso los veranos en el pueblo con lo que a mí me gusta viajar?”, “¿Cómo que mi marido es ludópata?” “No j*das , ¡cinco hijos!” A ver, un momento quiero hablar con el guionista porque creo que se le ha ido la pelota. Yo está película no la dirijo, que no va conmigo.

Te acabas dando cuenta que tú en ese papel tampoco pintas nada, porque lo que pretendes dirigir tampoco lo has escrito tú con lo cual te chirria el tema hasta destrozar tímpano.

Alguien más está dirigiendo y ya puestos yo casi que me pido a Almodóvar. Que seguro que no va a ser una vida monótona y que voy a echar unas risas fijo. Que, entre los tacones lejanos o cercanos, el ataque de nervios y Pepi, Luci y Bom y otras chicas del montón, pinta fiesta y de la buena.

Venga, Almodovar, que seguro que has escrito algo molón para mí.

Y entonces, según él, a los 50 es cuando te viene la calma chicha porque te das cuenta que tú lo que eres es el protagonista. El fucking protagonista de tu vida. Tu a vivir lo que te echen y ya. Que el guion está escrito y algún tipo, léase director, está manejando los hilos. Así que, relax baby, y a pasar de escena en escena, con la calma y aprendiendo lo que el papel te traiga.

Que mejor que pinte comedia que no drama, pero me parece que esta peli trae de todo un poco. Y a improvisar. A improvisar mucho y bien. Que hay escenas que ni te esperas y respuestas que no están escritas. Tú, dale. Si el guionista las ha puesto por algo será. Y al Director a hacerle la pelota, no sea que se despiste y te caiga un dramón.

Llevo unos días dándole vuelta a estas reflexiones de tarde-de-peluquería, bueno creo que bastantes días, porque ya vuelvo a marcar canas… Y he decidido que ¡compro!

Soy la protagonista de mi vida así que, voy a esforzarme porque la peli quede fetén, que yo siempre he soñado con un Oscar, pisarme el vestido subiendo al escenario y decir aquello de “Este premio se lo dedico a …”

Muchas gracias por el Oscar. Sí, me he esforzado por ser una señora fetén y tal…

Y ahora ya os dejo, que viene la escena en que entro en la cocina y preparo la cena.

Señor director: “¿Puedo pedirme un extra para la escena de recoger y fregar los platos? Es que yo esta escena, personalmente, la encuentro de puro relleno”.

Que no. Claro. Sí. Mucho más emocionante Donde va a parar.

Menos mal que la siguiente escena es “Dulces Sueños”. Estoy que me caigo.

Buenas noches protagonistas.

28.05.21 La pringada del patio

Si queridas mías, aquí la Súper Jones fue una vez “la pringada del patio”.

Y es que no hay nada peor que llevar un chándal gris con rayas rojas. Bueno si, que ese chándal tenga los puños de las muñequeras y de los tobillos en rojo. Odiaba ese chándal, parecía un pijama. Era muy feo.

Súmale llevar una coleta repeinada con niveles de colonia estremecedores y un flequillo a lo Nicki Minaj tapando los ojos, pero con mucha menos gracia.

El acabose. El puto patito feo.

Sí, sí, ¡reiros! Pero yo voy a ser Súper Jones…

En los recreos solíamos jugar al mate con una pelota naranja que pesaba dos toneladas.  Por supuesto nadie me quería en su equipo porque no paraba ni una.

Excepto un día. Aún lo recuerdo. Alguien lanzo la pelota con una fuerza descomunal y esa si la paré. Con el pectoral. A la brava. ¡Que ostión madre!

Sin oxígeno que me quedé. Recuerdo pensar “¿qué ha pasado?”.  Para una vez que mis compañeras me aplaudían, voy yo y me quedo sin habla. De primero de pringada.

Yo entrenándome en casa para jugar al mate.

O como cuando jugábamos a “churro-media manga-mangotero”. Y entre la posibilidad de que me saltaran en todas las lumbares o deslomar a alguien, que tampoco, porque una era ya muy mirada, prefería hacer de “madre”. Esa figura insulsa que aguantaba la cabeza del primero y las embestidas de todos. De segundo de pringada.

Los meses pasaban mientras yo hacía los deberes y ejercicios con el cabrito de Sergio Sánchez. Si señoras, en la escuela, por aquel entonces, vivías esposada a tu compañero de antes y después de tu apellido.

Y si te caía mal, pues, aguantando que es gerundio. ¡Oye! ¡mala suerte!¡pues haberte llamado Martínez!

Mientras, aprendías a esquivar los borradores que lanzaba el profe desde la tarima. Porque si, compañeras, yo me sentaba en la última fila y el borrador llegaba con una velocidad interesantemente atontadora como te diera.  

Llego Semana Santa de mi último curso de EGB y me decidí a comprarme mi primer tejano y un jersey de color verde neón con unos dibujitos estilo Miró. Todo muy abstracto, como mis intenciones por esas fechas.

Más tarde encontré unes bambas del mismo verde neón, que puede pareceros obvio ahora, pero antes no había chinos, así que semejante hallazgo era como haber encontrado la tumba de Nefertiti.

Así que el combo neón jersey-neón zapatillas fue mi despertar a la pubertad. De niña a mujer en verde chillón.

¡Ojo! ¡Cuidado! Que aún puedo visualizar el conjunto de marras.

Feel the neon power!

Después de aquel jersey ya nada fue igual. Al mes me vino la regla. Me salieron tetas (pocas) y me depile por primera vez las piernas hasta arriba (aquella maldita manía de antes de depilarse solo hasta la rodilla).

Y la regla trajo consigo justo eso, un carácter en toda regla. Una rebeldía del quince y una autoestima a prueba de tontadas adolescentes.

Supe enseguida que no quería volver a ser la pringada, así en general, de nada en la vida. Ni volver a recibir balonazos de nadie, ni tener que suportar a ningún Sánchez y mucho menos ¡llevar chándales feos!.

Eso sí, la afición por el verde neón, me ha quedado.

Bueno, al menos es una secuela inofensiva.

Pringada never more in the life. #Hedicho