Hola Julio. Adiós Operación Biquini.

Muertica y necesitada de verano he llegado a Julio. Y ahora que estoy aquí, me muero de calor y necesito fresquito. Mira que yo siempre he soportado bien el calor, pero no sé yo si será que me estoy precozmente preparando para los sofocos, o que tampoco es necesario que caigan 38 grados en canal -que yo, con 30 grados, me basto y me sobro-. ¡Estoy que sudo por las pupilas!

#MotherOfGod #QueCaló

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A todas estas, estoy feliz. Es la primera vez que llego a la Operación Biquini con los deberes hechos. Para eso me tocó empezar mucho mucho antes de que el sol brillara, es más, empecé la operación cuando aún me castañeaban los dientes al salir a hacer running.

Y es que no nos engañemos, más que operación -como dice una amiga- a estas edades esto es una evaluación continua con examen diario. Y aunque no me he tiranizado con la comida sí que he intentado adaptarme a hábitos saludables.

He dejado el azúcar y en el trayecto de abandono he pasado por la sacarina y el sorbitol para acabar dudosamente en la stevia – aún ando adaptándome.stevia plant and coffee cup decorative background

Esas pastillitas que tiras en el café con leche y flotan como aspirinas efervescentes sin querer desaparecer del todo, las muy cabritas, que en algún sorbo se han venido para adentro así sin anestesia ni nada en modo gragea.

Algún carajillo ha caído, no os voy a engañar. Pero OBLIGADA porque igual el bar en cuestión no tenía avena.

Me he pasado a las tostadas integrales, esas que en vez de blancas son morenitas y con setecientos cereales, que cada uno va bien para una cosa u otra. Y con pavo, claro. Todo, o casi todo en una dieta, va con pavo. Y si quiero incluso le puedo añadir queso sin lactosa – intolerante que es una.

Os aviso de que ese queso no tiene lactosa pero sabor tampoco. Es como si añadieras placebo en estado de loncha para tu autoengaño. ¡Ni gota de gustito!

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Y verdura. Verdura como si en vez de Alicia en el País de las Maravillas fuera el conejo. Judías, patatas y zanahorias como plato estrella estos meses. Yop no soy gente, historias reales, mundo surrealista, bienvenido julio, Welcome july, operación biquini, evaluación continua, dietas, veranito, pescaíto, conejo, verdurasAlgún día incluso guisantes. Jolín, que veía esas bolitas verdes y me venía arriba con tanta innovación en el plato.

– Y tortillas. Tortillas francesas a mansalva. Mira que tiene poca gracia una tortilla francesa. Es comida de hospital. Es una cosa amarilla en un plato que te mira apática como diciéndote: “Chata, esto es lo mejor que sabes hacer con un huevo”.

Y yo pienso en los huevos fritos que hacía mi madre los domingos para desayunar y en lo que me dolía la mano de mojar pan. Aysss. Pero claro, eso era cuando tenía 20 años y entonces aunque mojara un bocata de nocilla en el huevo mi cuerpo no engordaba. Ahora esnifo la yema y me caen 300 gramos de regalo.

#ConUnParDeHuevos #LaTortillaEsLaHermanaFeaDelHuevofrito

two fried eggs in a black pan

– Cuando no es tortilla, cae pechuga de pollo. A la plancha, of course. Sin aceite, of course. Que si dicen que de lo que se come se cría, ríete tú de la 90B que vengo gastando, ¡en vez de dos mandarinas tendría que tener unas pechugas dignas de una 105 copa grande!Yop no soy gente, historias reales, mundo surrealista, bienvenido julio, Welcome july, operación biquini, evaluación continua, dietas, veranito, pescaíto, mandarinas

Pero no, mis mandarinas siguen igual… ¡o peor! Porque a la que pierdo peso se me quedan en clementinas. Estoy por quemar los sujetadores.

– Y pescado. He comido tanto pescado hervido por las noches que estoy segura de que he exterminado a Nemo y a toda su familia al completo. Se me salen las raspas por los ojos y la Sirenita me escupiría a la cara por haberla dejado sin amigos. Pero claro, como es tan tan light…

#¿QueTeHasComidoAMisAmigos?

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Y fruta. Comer fruta como si no hubiera un mañana. Se me ha quedado cara de kiwi, ojos de pomelo y boca de plátano. Para guinda, el Mercadona de delante de mi casa ha puesto una máquina exprimidora de naranjas a discreción y el zumo de naranja ha pasado a ser la bebida oficial de estos Juegos Olímpicos tan particulares.

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Y hablando de Juegos Olímpicos… ¿qué ayuda a la dieta? El deporte.

He corrido tanto estos últimos meses que podría haber traído la Llama Olímpica de Atlanta y haberme sobrado espíritu para dar un par de vueltas al parque de detrás de mi casa.

He gastado mallas y suela cual atleta keniata.

Pero es Julio. Y he conseguido perder los cuatro kilos que hace dos años me acompañaban. Y estoy feliz y satisfecha. Me he venido tan arriba que a puntito he estado de comprarme unos chochorts, aunque como dije AQUÍ, igual ya no son para servidora. He frenado justo a tiempo. Pero voy a confesar ‘por lo bajini’ que en la mano los he tenido.

#SayNoToChochort #SiTodasCompraramosChochortsLaIndustriaSeHunde #AquíFaltatela

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Empieza ahora la Operación “ El verano ya llegó, ya llegó, ya llegó”. Y ahora que tengo hueco, se vienen esas copitas de vino cuando cae la tarde y esas croquetas menorquinas con su sobrasada buena. Esas cenitas en compañía con su tablita de embutidos – sin pavo, por favor, sin pavo – esos pescaítos ricos con su tinto de verano y esas paellitas al lado de la playa cuando te sientas en el chiringuito con toda la arena y la sal encima…

¡Mooola! ¡Mola mucho!

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BIENVENIDO JULIO. BIENVENIDO VERANO.

¡Venga esa cuenta atrás para vacaciones!

 

#YoNoSoyGente #YVosotrosTampoco #SeHuelenLasVacaciones #FinDeLaEvaluaciónContínua #NuevoCursoEnSeptiembre #PeroHastaEntoncesDamePescaítoYTinto.

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EL CLUB

Dos salas de gimnasio, dos piscinas de 50 metros y una de 33 metros por 35 eurillos. Ganga, dije yo. No hay mejor sitio donde remojar estos 37 grados que nos están cayendo en canal y que ahogan más que las gachas que en “EL CLUB”. Eso mismo pensó el 40% de la población de mi ciudad.

Y ahí estamos todos. Ahogando nuestro calor en la misma piscina, en los mismos carriles, en el mismo agua, en el mismo -y escaso- césped.

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Soy pija. Sí, me temo que ya lo intuíais. De hecho, me temo que yo también lo intuía. Pero se ha confirmado. No me gusta compartir espacio con la mitad de la población donde vivo.

Un verano voy a durar aquí, ya lo veo.

La historia funciona así: Tú llegas al club de natación con la idea de hacer ídem, como su nombre indica. Pero en este club hay dos tipos de personas, mayoritariamente:

1)  Masters del Universo haciendo natación como si no hubiera un mañana y preparándose para las próximas olimpiadas.

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2) Familias enteras o mayoritariamente mujeres con su descendencia que vienen a pasar el día al club. Nótese que digo a pasar el día, no a hacer deporte.

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Llegas al vestuario y el nivel de decibelios que allí se alcanza entre madres, hijos, retoños, bebés gritando a pulmón y quinceañeras en éxtasis babeantes por el monitor es tal que debe de ser dañino para los tímpanos.

Está claro que ser madre te da, como diría James Bond, “Licencia para chillar”. De hecho, concretamente, para chillar tanto como quieras en sonido y duración.

Sin ir más lejos, el otro día la señora de al lado de mi taquilla dijo en voz alta:

– ¡No vayas solo a la ducha Miguel! ¡Miguel Miguel Miguel Miguel Miguel Miguel!…

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Os lo juro. En bucle. Me pareció estar viviendo la película El Día de la Marmota, pero a velocidad acelerada. Me la quedé mirando en plan:

  • Ve a buscar a Miguel – por Dios – antes de que gastes ese nombre para siempre y nunca nadie más se pueda llamar así.
  • Asegúrate de que Miguel no tiene problemas de oído y…
  • Si tu hijo está pasando de ti, ¡cambia de plan!, te comento que repetir hasta el infinito no te está funcionando.

Finalmente me puse el bañador, el gorro y, arrastrando las gafas, me dirigí a los tres escasos carriles que nos dejan a los socios en la piscina exterior.

Dadas las calurosas fechas, los carriles laterales son para chapoteo. Los centrales para masters y el resto para los socios piltrafillas, entre los que me encuentro, que pretendemos ejercitar nuestra mediocre brazada.

No queda otra que compartir el carril. Yo esto siempre lo llevo fatal, porque a mí me gusta nadar de espaldas, pero no tengo bien alineada la dirección, me tuerzo y podría colisionar, así que me veo obligada a nadar en modo mariposa. Dice mi marido que nado con un estilo calificable de “peculiar”.

Según él, causo unos tsunamis sospechosos que quieren decir claramente que no estoy nadando correctamente. Cosa que ahora mismo ya puedo confirmar dada las agujetas que tengo las axilas y en la cintura. Creo que la torsión corporal me falla.

Yo no soy gente, Historias reales, mundo surrealista, El Club, ocio, diversión, piscina, stress, chill out prefiero, bañadores con intermitenteHay veces que Masters y no Masters compartimos carril. Eso es la ley del más fuerte. Error. La ley del más rápido. Me siento maltratada. Van a tanta velocidad que levantan más olas que un Ferry cuando arranca.Veo claramente mercado para bañadores con intermitente.

No me consuela ni que estén fornidos, ni que tengan una espalda que podría servir de mesa para quince comensales, ni siquiera que sus brazos superen a los de Mazinger Z. No tienen corazón. Y, por cierto, tampoco cuello.

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Finalmente, después de luchar por una natación digna dentro de mi carril, que a todas estas estamos hablando de 600 metros, abandono la piscina con aires de diva en dirección al césped.

La elección de sitio en el césped – artificial – se hace de la siguiente manera: si ves un trozo verde allí que corres. El otro día rescaté un trozo justo detrás del salvavidas y dos madres y me tumbé a relajarme.

Me desorino solo de pensar que he usado la palabra “relajarme”. A mi derecha dos Yo no soy gente, Historias reales, mundo surrealista, El Club, ocio, diversión, piscina, stress, chill out prefiero, joker2niños jugando con pistolas de agua, cuyo final de la historia es innecesario que explique.

No no me molestó que me fueran bañando a cada rato, de hecho, solo me molesté cuando me pisaron un tobillo. Lancé tal mirada asesina a las criaturas que el mismo Joker hubiera salido huyendo, pero los niños de hoy día son muy resistentes. Ni se inmutaron.

Cerré los ojos, de verdad lo iba a intentar: me iba a relajar. Y de pronto comencé a escuchar:  Íker. Íker. Íker. Íker. Íker. Íker. Me era difícil pensar que había 40 niños con ese nombre, así que de pronto pensé: “Ostras, ¿Casillas ha venido a un club tan de barrio?”.

Me levanté como alma que lleva el diablo no porque sea fan de Casillas sino porque pensé que quizás había venido con la Carbonero y quería ver qué look traía ella.

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Pero no. Era la señora de mi derecha que gritaba a su hijo Íker, Íker, Íker sin parar. Ya lo hacía tan por inercia que la palabra había perdido entonación. Sonaba melódica e insistente, como la típica alarma de despertador. Eso sí, por supuesto Íker pasaba de todo y sobre todo de su madre.

Yo lo hubiera solucionado con un poquito más de énfasis.

Primero un “Íker” con la suficiente carga en la voz como para paralizar al niño.

Y acto seguido diría:

“Íker cariño, si no vienes ahora mismo, mamá te cortará las orejas y te las pondrá para cenar esta noche”.

Íker, que es listo, y no quiere comer orejas y menos las suyas, ya viene dando la vuelta amorosamente y con velocidad en dirección a la madre.

Y así todo el rato. Viendo que el tema del relax se había acabado decidí darme una ducha y marchar huyendo como huyó Montoya.

Doce duchas para seis mil socios. Yo nunca fui de matemáticas, pero incluso siendo de letras me doy cuenta de que el ratio no es bueno.

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Colas infinitas. Madres que hacen la charla en la ducha.

Quinceañeras que se cuentan los amoríos en las duchas.

Niños que juegan de ducha en ducha.

Yayitas que se cuentan los males que tienen y las radiografías de la semana en las duchas.

DUCHAS ETERNAS…

Mucho después, me toca. Me ducho en tres minutos, salgo sin secarme, me visto incluso camino de la taquilla, recojo mis cosas antes de que vuelva Íker mientras a lo lejos aún escucho Miguel…. Miguel…Miguel…

Y es entonces cuando me voy cuenta de que soy carne de chill out. De mojito. De oasis. De Café del Mar sonando de fondo. De piscinas de 8 m x 4 m con aforo limitado. De salvavidas buenorro. De tumbona con cojín… Diría que más que pija, soy SELECTIVA.

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Bueno. A lo hecho, pecho. A ver si aguanto al menos los tres meses de verano. Suerte que no estoy embarazada porque me queda claro que si así fuera, tendría un Miguel. O peor, igual un Íker.

#YoNoSoyGente #YVosotrosTampoco #JonesNoEsPijaEsSelectiva

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YOUTUBER INSIDE

A mi suegra la llamamos OSA. Bueno, la llaman así sus hijos desde el principio de los tiempos. Yo, con los años que la conozco, que no son pocos, aún no lo he conseguido.

Y por supuesto también tenemos el verbo OSEAR, que es utilizado más o menos como el PITUFAR de los pitufos. Es decir, a veces vamos a comer ‘a casa de la Osa’ y luego ‘oseamos’ un rato todos juntos. Es más, mi marido tiene grabada a su madre tal cual en el móvil. Cuando salta el manos libres en el coche, aquella señorita canta: “Llamada entrante de Osa”. Y tan normal, tú.

Esto viene a que el otro día que era San Antonio y mi suegra, que además de Osa también responde por Antonia, nos invitó a cenar. Estábamos todos juntos cenando en un restaurante (en realidad era un bar de bocatas al que nos gusta ir y le subimos la categoría a la de restaurante) mientras hablábamos de cómo están los trabajos y de cómo cada uno se espabilaba en la vida.

Mi suegra, ni corta ni perezosa, se pegó un monologo en que explicaba tranquilamente que lo que había que hacer era conseguirse un trabajo como señora de limpieza en casa de la Thyssen.

“A ver, esa mujer se cae de la cama y se tropieza con 40 millones. Los aparta así, un poco hacia el lado, para encontrar las zapatillas y se va pasillo abajo, apartando cincuenta millones más, que están desperdigados por ahí hasta que llega al comedor. Tú estás ahí, preparando el desayuno y en lo que la señora se regala el paladar, tú ya te pones a ir recogiendo la casa. ¿Tú crees que esa mujer va a notar que le faltan unos billetitos de 500? Pues no. Trabajas una temporada, te haces unos ahorrillos y aquí paz y después gloria”.

#NoheConseguidoEncontrarElCepillo #EstaráDebajoDeAlgúnMillón

Y lo vi claro. Es la nueva Youtuber. Lo explica con tanta gracia y tiene tal capacidad de invención que le vamos a abrir “El rincón de la Osa: chismes, cotilleos y soluciones para ti”.

Ella dice que sí, pero que le digamos qué día se graba para ir a la pelu el día antes. A ver qué tal se nos da el reto. Porque guiones no quiere, dice que improvisa. Desde luego, material no le falta.

Pero como somos todos muy de “culo veo, culo quiero”, pues resultó durante la cena que todos llevamos un ‘youtuber’ dentro.

Al rato ya se descolgó mi cuñado Luis, con que él podría abrir un canal YouTube también: “Viaja con Luis”. Me parto. Le digo: será “Viajes exprés con Luis”. No conozco a nadie que exprima más los días.

El año pasado, en tres días, hizo Barcelona, Zaragoza, Madrid, Córdoba con escapada a Sevilla. Cuando me contó la ruta, yo me desorinaba. Pero, sí, sí fue capaz. Se compró una camiseta en el rastro de Madrid y se tomó unos calamares frente a la Giralda. Pero tengo claro que el primer video tiene que ser “cómo sondarte antes de salir de casa” porque te aseguro que llegas a destino sin parar ni a echar una meadita. ¡Pero escucha, igual tiene su público!

Y al rato, mi sobrino: “Pues el mío se llamará: “¿Repetimos?”, porque hay cosas en la vida que mejor dos veces. Bueno, bueno. Este argumento a los veintiuno está bien, a los cincuenta se prevé más difícil. Él estaba pensando más bien en vacaciones y buenos momentos. El resto en sexo y mi suegra en que no repita ningún curso. Ahí me di cuenta de cómo las palabras se van reinterpretando con la edad.

¿R E P E T I M O S ?

Con los postres se arrancó mi sobrina, en plan: “Ah, pues yo también”. Mi sobrina, que estudia enfermería dijo de abrir uno con consejillos prácticos de enfermera para esas pequeñas tragedias que todos tenemos en casa. ¡Que no son pocas!

Que el otro día mi madre se rebanó la yema de un dedo cortando ensalada. Me llamó y me lo explicó y le dije: “¿estás bien?” Y me contestó: “Sí, yo sí. La yema la he tirado. Eso en el hospital no te lo cosen, ¿no?”. Mi sobrina la hubiera ayudado, pero yo casi me desmayo mientras la escuchaba.

Mi cuñada decidió que iba a abrir el “Anticanal de antiviajes”, porque ella es antiredes y además es capaz de ver todos los problemas y posibles peligros de un viaje.

¿Que vas a México? Está lejos. Hace calor. Te pueden raptar. La inseguridad… ¿Que vas a Tailandia? El tema de las drogas, la comida, la higiene… Y así todo el tiempo, un sin parar. Nosotros siempre le decimos que es un poco miedica. Pero yo creo que este canal para hipocondriacos no tendría precio.

Cuando ya la osa se estaba levantando para dar por concluido el festival, hasta mi marido se arrancó con que quería un canal: “El canal del manitas”.

Yo pensé rápidamente que sí, porque todo el día se lo pasa “te echo una manita aquí, te la echo allá”. Pero no, dice él que es porque lo mismo te hace una cena de estrella Michelin que es capaz de cambiar el cableado de la casa. ¿Cómo le voy a quitar la ilusión? Pues un canal más y ya está. ¡Será por canales!

Para flipar. Menos mal que no nos gustan las redes sociales. Y de pronto me preguntan: “¿Y tú? ¿Tú de qué lo vas a abrir”? “No sé, lo tengo que pensar un poco”.

Ni de broma tengo que pensarlo. Lo tengo clarísimo. Yo voy a abrir el canal: “Sobrevive a tu familia política”, porque de verdad que hay días en que veo claro que el OSEAR me va a MATAR.

¿Y vosotros? ¡Va! ¡Confesadlo! ¿De qué abriríais vuestro canal?

#YoNoSoyGente #yVosotrosTampoco #JonesyLosNuevosYouTubers

 

EL EFECTO COZUMEL

Estaba en Cozumel y cayó una tremenda tormenta tropical. No cayó. Me cayó. A mí.

Trescientos litros en canal sobre mi persona. Y la de mi marido. Vamos, que si en esos momentos nos hubiéramos besado, hubiéramos parecido el diario de Noah. O Bridget Jones de reconciliación con su Colin Firth.

Pero no tuvimos el momento romántico y lo que hicimos fue salir huyendo. Estábamos de crucero en la parada de Cozumel y ese día nos íbamos de excursión al parque de Xcaret, del cual me habían hablado maravillas, en el que se casó Paulina Rubio (como si eso fuera un valor seguro) y bla bla bla…

#EstoHubieraSidoLoSuyo #PeroEnVezDeBesarnossalimosHuyendo

El caso es que en dirección al autocar nos cayó la de Dios. Esos días en que sabes claramente que están limpiando el suelo del cielo y que no están por la labor de escatimar en agua. Chorreando como estábamos nos dio pereza subir al autocar y estar una hora de camino escupiendo agua por todos nuestros poros, así que decidimos quedarnos.

Pero nuestros amigos… ¡sí fueron!

Dos horas estuvo diluviando antes de dejar paso a un Lorenzo que ni en Almería en agosto se ve. Y nosotros no estábamos en Xcaret. Estábamos en el camarote muriendo de arrepentimiento a cada rato. Lo peor fue la cena con nuestros amigos. “Fenomenal “Increíble”.

Puaggggg. Momentazo #mebajodelavida en toda regla.

Ese día mi Santo y yo decidimos que esto no nos pasaba otra vez y que cuando tuviéramos un objetivo íbamos a por él con todas sus consecuencias. ¡Esto lo bautizamos como el “Efecto Cozumel”!

#ElEfectoCozumel #LoMejorParaLosIndecisos #DíNoAlArrepentimiento

Uno nunca sabe qué momentos van a ser importantes en su vida y este fue uno de ellos, porque gracias a esa tormenta: no nos para nadie. Vamos donde tengamos que ir, llueva, nieve, diluvie o se vea venir el Arca de Noé y lo que ello conlleva: Somos gente (bueno no-somos-gente) con un objetivo.

Que hemos decidido salir a correr y está medio nublado… ¿y qué? Que nos vestimos de runners (sí, sí, ahora somos runners con bambas técnicas, reloj cuenta pulsaciones y todo eso, total para cinco kilómetros que hacemos, en fin…) y cuando llegamos a la calle empieza a chispear… ¿y qué? Que llevamos un kilómetro y aprieta, pues nos echamos la capucha a la cabeza. Que empieza el chaparrón y te pilla dándolo todo… ¡y qué! ¡Pues seguimos!

Se impone el efecto Cozumel: llegamos como pollos mojados, pero hemos corrido lo nuestro. No hay arrepentimiento.

#ElSargentodeHierroyJonesBajoLaLluvia #ParecíaUnaNubePasajera

Ayer igual. Venimos a Tarragona a la playa y de pronto amanece el día churro-media manga-mangotero. ¿Y qué? Se impone el efecto Cozumel.

  • ¿A qué hemos venido? ¡A la playa!
  • ¿A dónde vamos a ir? A la playa.
  • ¿Qué nos espera? La playa.

Dos horas estuvimos viendo llover desde el chiringuito. Empalmamos el cortado de las 10h. con el vermut de las 12h. y para cuando dejó de llover éramos el único parasol clavado en la arena con sus dos sillitas debajo contemplando bucólicamente el mar en un día nublado.

No, no nos pudimos bañar, pero… ¿y tener una playa para nosotros solos? Eso no tiene precio.

#UnaPlayaParaNosotros #TomaLujazo #TomaLluviaTambién

De hecho, la semana pasada tuve una sesión de fotos para mi otro blog. Había quedado el martes con la fotógrafa y amaneció lloviendo, así que me llamó y me dijo:

  • ¿Quieres que lo dejemos para mañana que dan mejor previsión?
  • No – dije yo. A mi mente volvía una y otra vez el sol espatarrante de Cozumel y yo viendo una película en el camarote.
  • Es que igual nos va a incomodar un poco si chispea todo el rato
  • Da igual. Pues ya me cambiaré en un bar.
  • Es que habrá poca luz.
  • Pues más bucólico.
  • Ya, pero es que… aunque pueda mejorar la luz con retoque, no te voy a poder borrar el suelo mojado y los charcos.
  • Uuuh.

Chascazo. OK. Igual aquí se debería crear el efecto “Cozumel reloaded” para casos en que los efectos secundarios ya se prevén muy chungos de entrada.

#AsíMeImaginabaYolaSesiónDeFotos #PosandoBajolaLluvia

Pero… ¡FUNCIONA! Os tengo que decir que, para las personas indecisas, como yo. mismamente, ya no existe el “ayyyys, voy o no voy” “salgo o no salgo”. Si no que me lanzo en barrena y ya, si eso, corrijo a medio camino.

Pero medio camino ya es más que estar en la casilla de salida, ¿no creéis?

¿Tenéis vuestro propio “Efecto Cozumel”?

¡Contádmelo, pleasssse!

#YoNoSoyGente #yVosotrosTampoco #EfectoCozumelLoMejorParaLosIndecisos