Mis articulaciones han pedido clemencia, así que he decidido darme un baño. He llenado la bañera de agua bien caliente, de esa que hace pensar que igual hoy sí consigues resetear la vida entera, y me he propuesto relajarme. Me he traído un poco de palo santo y una tisana. Sí, sí, atrás quedaron los baños donde lo que me servía era una copita de vino. Eso también se acabó. La acidez me mata.
Me llevo a Alexa, compañera infatigable de vida, al baño y le pido que me ponga música random melódica. Y se arranca Black con su Wonderful Life.
Cierro los ojos y tengo 16 años, quizá 17. Estoy en una discoteca. Hay dos pistas: la de música rápida y la de música más suave, en la que ponen media hora de lentas cada sesión. Voy al lavabo, que está justo en medio de ambas, y cuando suena Black corro a buscar a mi amiga y le digo:
—Vamos, vamos, que han empezado las lentas.
Black fue una de las primeras lentas que bailé y la banda sonora de mi primer morreo. El tipo era alto y se llamaba Cristóbal. Ahí estábamos él y yo, bailando como si se acabara el mundo. Y de lejos veía a mi amiga Mabelén, con su vodka con naranja en la mano y cara de: “Tía, lo tuyo con los altos es vicio”.
Llevo un chalequito estampado de flores con un ribete negro y una cadenita, que anteriormente había sido una falda. Sí, sí, es que en mi casa las cosas tenían varios formatos antes de ser desechadas. La ropa la hacía mi madre y yo, con aquel chalequito, era la reina del mambo.
Se acaban las lentas y el ligoteo y me quedan dos rápidas antes de salir corriendo para no perder el bus. Y de hecho, si lo perdíamos, teníamos la capacidad de correr hasta la parada siguiente. Por favor… si mis articulaciones vieran eso ahora.
Cierro los ojos otra vez y le pego un trago a la tisana. Madre mía, madre mía… qué generación la nuestra.
Me es difícil pensar que soy la misma persona que aprendió taquigrafía. ¡Taquigrafía!. Que todavía no sé muy bien para qué servía exactamente, aparte de para convertirte en secretaria de un señor. Y ahora mírame: produciendo videos y trabajando en marketing digital.
¿No me digáis que nuestra generación no ha hecho el mayor triple salto mortal de la historia? Literal, sis (que no bro!)
Bueno, nada, que ni siquiera se puede una dar un baño tranquila. Estaba yo intentando relajarme cuando me ha venido toda esta historia a la cabeza, así en modo entre melancolía e intensidad. ¡No habrá más momentos que me ha tenido que j*der el baño!
En fin. Me seco y me voy a hacer un aguacate con atún.
Supongo que crecer era exactamente esto y nadie nos avisó.



