12.11.18 Venirse Arriba

Estoy Mallorca. Que es más que mayor. Que es ese estado pre-jubileta en el que la vida solo te da para paseíllos, quintos y siestas.

Pasa un año y nada. Otro y nada. Y así vas sumando edad y te piensas que vas a ser una aduljoven en toda regla hasta los 56. ¡Aterriza chata que esto no va así!

De un tiempo a esta parte me he dado cuenta que he hecho un bajón, que me he caído un escalón, que de pronto mi cuerpo no es lo que era ni tira la mitad que antes y sobre todo te das cuenta de ello cuando un sábado noche plantarte unos calcetines de borreguito comprados en tu chino más cercano y leer un libro te parece no un planazo, sino EL PLANAZO.

Así con mayúsculas y si encima lio al Sargento para que me haga un masajito en los pies ¡Apaga! Entrego el carnet de quemapistas ipso-facto.

#SabadosNochesAsí #AñadeCalcetinesyEdredón #Planazo
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Cuando pasas de los 40 y tantos tienes que estar muy atento porque de vez en cuando se te pueden presentar los “venirte arriba”. Mal. Muy mal. Los V.A. (venirte arriba) pueden ser de lo más inocentes: la inauguración de un restaurante, el aniversario de una discoteca, una reunión con amigos de esos que hace mil años que no ves… ¡Quien avisa no es traidor!

Lo piensas y lo repiensas y dos Red Bull más tarde dices ¡qué carajo! ¡que aún estoy joven y soy capaz de darlo todo! Te plantas el modelito más molón que tengas por el armario, que en mi caso ya empiezan a escasear, los taconazos aún a sabiendas que mañana pedirás que te corten los pies y por la puerta que sales.

Venirse Arriba mola. Sales. Bailas. Conversas. Te relacionas con gente más allá de tu marido al que ya se lo tienes todo dicho. Lloras de Risa. Y, gin-tonic mediante, grabas videos y stories que te avergonzaran al día siguiente. Te desgañitas inventándote las canciones y tras cuatro abrazos de pura exaltación de la amistad provocados por un exceso claro de alcohol en sangre, se empieza a vislumbrar la cama como destino final.

En mi caso y por muy tarde que llegue, me desmaquillo. Sí. Sí. Una es muy constante y prefiero emplear cinco minutos aunque sea a las cinco de la mañana que amanecer con ojos panda bien de rímel. Otra manía es comer algo dulce, sea lo hora que sea, no sé si es de bailar o si tiene medicamente alguna explicación, pero yo cuando vuelvo de juerga necesito assssssssssucar, como diría Celia.

#MejorHoyAunqueSeanLasCincoQueMañanaOjosPanda
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Y luego está el D.D. (Día Después). Abres los ojos como puedes. La migraña te saluda. No recuerdas nada. Vuelve a sonar el despertador. No sabes ni lo que te pasa. Miras fijamente la pared intentando recordar porque te duele hasta la piel y de pronto. ¡Ostia! ¡Ayer te VINISTE ARRIBA!

Y no es necesario que lo diga, pero, efectivamente, está claro el episodio siguiente es VENIRSE ABAJO, con todo el equipo. Moralmente derruida.

En mi caso esto sucedió el viernes que me dieron las 3 am bailando en pista. El sábado simplemente no existió. No fui persona. No viví en este mundo. Las tostadas del desayuno me sabían a corcho azucarado.

Di vueltas por casa en modo walking dead pretendiendo hacer algo para acabar entendiendo que lo mejor que podía hacer era VENIRME ABAJO y entregarme a esa nebulosa gris que me abdujo el resto del día.

#EstoNoMeVuelveApasarMás #QueHorrorDeDíaDespués
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Con un poco de suerte, llegué a la noche y al planazo de lectura y edredoning, no sin antes beber litros de agua y café a la par.

Y me fastidia oye. Jo, si me fastidia. Porque moralmente yo soy joven, de espíritu, de ideas, de ganas. Aysss, pero otra cosa es el caparazón, la carcasa, estos huesitos que ya me piden reducción de marcha. Bufff. Una fase más y me veo mirando obras los domingos. Horreur.

¿Hay algo más que pueda hacer además de tirar de Red Bull? Ya. Aceptarlo. Buff. Vale. Lo intento y os cuento.

#YoNoSoyGente #YVosotrosTampoco #JonesElDíaDespués

jones

 

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25.06.18 No me da la vida.

Querido Diario Virtual,

Lo sé, te he tenido abandonado, pero es que como de costumbre #nomedalavida.

Se me acumulan temas y más temas, porque esto de ser curranta y además tener pretensiones de influencer es difícil de combinar.

Ya lo dice mi madre siempre:” Hija mía, lo tuyo no es vida, es un vidón” y añade con un tonito gracioso “Vas a acabar contigo misma”. ¡Eh! Pero yo ahí sigo. Quién algo quiere, algo le cuesta.

Yo no soy gente. Historias reales. Mundo surrealista. Influencer2

Y ahí ando, currando como si no hubiera un mañana e “influyendo” (ayyys, que me da la risa) a ratos como los gatos.

3Fv2jekEl caso es que he vuelto a iniciar mi #Reto21 del que ya os hablé AQUÍ. Pero ahora además lo retransmito por Instagram. Como si estuviera poseída por una entrenadora personal hago las veces de coach y motivo a unas cuantas mujeres (¡todas con un par! Porque comprometerse a hacer ejercicio 21 días sin descanso no es moco de pavo) a la par que me dejo el hígado por las esquinas.

Correr no es fácil. En el primer kilómetro piensas que no vas a poder y yo necesito a Pitbull y toda su artillería pesada cantando por mis cascos a volumen máximo “Don´t stop the party” para superar la primera subida.

Luego como me gusta hacer un trozo de bosque empieza la gimcana esquiva-cacas viejo-caca-chicade perro, que hasta la semana pasada había llevado muy bien, pero finalmente esta me lleve el premio gordo. No digo más.

Y luego finalmente irrumpo en una ruta llamada “Ruta el colesterol” dónde la tercera edad pasea con sus perros por la mañana y ni os cuento lo que me ladran alguno de ellos. Que parece que les moleste yo a los perros y me quisieran saltar a la yugular.

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Una cosa me queda clara, esos abueletes pueden andar tranquilos que sus mascotas los defenderán a muerte, eso sí, los sustos que me pegan son de corazón-en-boca.

El regreso es mejor porque es todo bajada y ahí ya me suelto toda.

Tengo un tirón en la ingle y una cadera desencajada, pero vamos como que me llamo Jones que acabo el reto.

Y luego me ducho, me compongo y a currar, cómo si esos 5 kilómetros no le hubieran pasado a mi cuerpo.

Y a las 5 pm me recompongo, me produzco estilísticamente y caminito de un evento, cómo si esas 8 horas de curro no hubieran pasado por mi cuerpo.

Por cierto, que vuelvo a ser miope. Sí, sí, yo me operé en su día y he sido feliz casi 20 años, pero la miopía ha vuelto y esta vez para quedarse porque dice el medico que mi retina no da para más operaciones. Mira al menos esto me permite ser de las pocas cuarentonas que ve de cerca, porque compenso. Y tiene su gracia porque soy la única de mis amigas capaz de leer la carta cuando vamos a un restaurante.

El caso es que vuelvo a llevar lentillas, pero ahora de usar y tirar. Así que me las pongo solo si el día, la ocasión y el evento lo merece. Si no, voy miope y si no saludo mala suerte.

El caso es que el otro día llegué a casa tarde y en ese estado en que ya casi no eres persona y cuando iba a quitarme las lentillas, una de ellas se escondió en mi ojo, así como por el rabillo derecho. La estuve buscando un rato, pero oye ¡que no había manera! Esto ya me paso otra vez y lo que hice fue echarme una siesta y para cuando me desperté el ojo me la había devuelto pero esta vez no, tú. ¡Qué cosas! Se la ha tragado.

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Que digo yo ¿a dónde habrá ido a parar esa lentilla? ¿Ha pasado a formar parte de mi riqueza interior? ¿Me la devolverá el ojo algún día? ¿La expulsaré por algún otro lugar?

Se lo he contado a mi madre y me dice que posiblemente la expulse por la nariz. Que los canales se comunican. Pues espero que no sea mientras corro, porque con lo importante que es la respiración, estoy yo como para recepcionar lentillas.

En fin, que así estamos y así os lo cuento.  Sigue sin darme la vida, pero prometo volver por aquí la próxima semana.

#YoNoSoyGente #YVosotrosTampoco #JonesATope

jones

 

 

 

CENICIENTA 3.0

Cenicienta, vaya nombre más cutre – me repito una y otra vez. El tema de poner ‘motes’ nunca me ha gustado. Es una forma como otra de etiquetar a la gente.

A mi padre le llamaban ‘El Llanero Solitario’.  De pequeña siempre pensé que era porqué lo consideraban un héroe – al igual que lo creía yo –  pero más tarde descubrí que solo era porque no ponía un pie en casa ni que le mataran. De profesión viajante, sí.  Y solitario. Aunque calmaba su soledad en faldas ajenas necesitadas también de un buen viaje.

Ahora lo llaman ‘el Joker’ porque pasea su sonrisa cuarteada e irónica vaya usted a saber por dónde. Cual vieja gloria se resiste a bajarse del escenario.

Pero cuando murió madre, él rápidamente le busco recambio. Se casó con una bruja egoísta y ególatra, cuya única ocupación es contarse las patas de gallo y gastar espejo.

Y aquí me hallo. Pringada con las tareas de casa y al servicio de dos hermanastras cuya máxima diversión es hacerme mobbing diario.

Lo de limpiar lo voy llevando regular, pero lo de que estas dos falsas, que se creen Barbies sólo porque se han puesto hasta arriba de silicona, vengan a cada rato a tocarme la moral, me pone muy nerviosa. Por la noche les hago vudú con una muñeca que me he hecho de bayetas viejas y estropajos roídos, pero mucho efecto no les hace, desafortunadamente. ¿Dónde está padre? Perdido, MUY perdido.

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Un día mi madrastra, que solo se dirige a mí para otorgarme nuevas tareas o insultarme sin miramientos, me reúne junto a las Barbies para anunciar lo que ella califica como el ‘eventazo’ del año. El príncipe del lugar – azul para más señas – busca esposa. Flipo.

Silvestra y Sofaina saltan como dos locas a las que les hubiera tocado el Euromillón mientras sus dos globos ni se inmutan. Se contonean creyéndose Jennifer López mientras pasean su culo raqueta pasillo arriba, pasillo abajo. Tienen más autoestima que Borja Thyssen y todavía menos cerebro que él. Pobres.

A mí lo de un baile en palacio me parece una cutrada. Seguro que el príncipe tiene una event planner que le ha organizado todo el cotarro:  decoración adecuada, catering de primera, un buen Disc Jockey. Así pues, ¿cuál es su mérito? Aparecer allí. Buff.

El tema en su conjunto me trae a la cabeza las ferias de ganado de las películas del lejano Oeste.  ¿En qué se va a basar la elección?¿Nos van a mirar los dientes como a los bueyes?

Al final, parece que a este pájaro solo le interesa tener a alguien en casa para salir bien en la foto, salvaguardar la corona e ir acompañado a las obligaciones reales. Me lo veo venir que es de los de salir  todas las noches en su moto, a lo Ghost Raider en busca de princesas destronadas ávidas de consuelo y batallita para el recuerdo.

Yo es que no me veo retirada de la vida social, dedicándome a mis labores y a la agenda de palacio. Menudo machista pinta. Tengo mejores planes para mi futuro: abrir una tienda de zapatos en el reino. Louboutin a ser posible. Hay público objetivo en la corte, eso lo tengo claro. Todos esos mamelucos arrogantes que tienen un ego del tamaño del Everest fijo que comprarían.

Pero me puede la curiosidad y el ‘y si…’. Vale. Es una forma muy fría de buscar pareja pero más triste es acabar en Tinder. Además, dejaría de vivir con las fuerzas del mal en versión mujer. Compro.

Pero yo no voy. Prohibido. Ahora descubro que  sólo me querían en la reunión para que escuchara y me fustrara. Me han subido hasta el ático para lanzarme al vacío.

Bye Bye ilusiones.

Llega el día y las plasticosas se esfuerzan por ponerse monas. No, si monas ya son. De hecho, con esos brazos largos como dos remos que les llegan a las rodillas parece que las estoy viendo hacer el baile del gorila de un momento a otro. Esperemos que el príncipe tenga algo de criterio. Ellas carecen de él.

Las veo salir por la puerta y regocijarse en mi descontento. Me voy a mi cuarto. Hoy va a planchar Rita. Lloro desconsoladamente de rabia y frustración. Cero posibilidades. Me sobreviene de pronto un instinto asesino de aquellos que no dejaría títere con cabeza. Fantaseo con la idea de entrar en el baile con una recortada y aturdir al personal allí presente. Tomaría rehenes. Bebería vino. Secuestraría al príncipe…

De pronto veo cómo una silueta se aparece ante mí. Como un espejismo. Reconozco que he ahogado mi pena en chinchón, pero desconocía que dos chupitos dieran para tanto. Es una señora y va va monísima. Lleva un traje Chanel en color azul palo y unos mocasines a juego y además habla con un acento francés exquisito.

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Cual genio de la lámpara me concede tres deseos y ella pondrá una condición. Primero los deseos, me lanzo en barrena: Quiero ir al baile, en limusina, vestida de Dolce & Gabbanna. Me doy cuenta que acabo de sonar banal total, pero me importa entre un rábano y dos. Estoy harta de ser realista, correcta y hacer lo que se espera de una. Hoy quiero brillar, soñar y practicar la frivolidad gratuita.  Hartita de portarme bien.

La tipa en cuestión lleva en la mano una especie de vara de madera – la verdad muy poco sofisticada y que no le va nada al look – con la que hace unos movimientos a mi alrededor como si me estuviera limpiando el aura. Cuando ya me estoy quedando bizca de seguir el aparatejo puntiagudo en cuestión… ¡tachan! Me miro en el espejo y muero de fashionismo.

Enfundada en un vestido azul petróleo de crochet me siento como Penélope Cruz a punto de recoger el Óscar. Levanto mi clutch nacarado y me veo a mi misma diciendo: “Madre, va por ti. Hoy no me para nadie”. Ahora la condición. Oops. Me había venido tan arriba que ni me acordaba. A las doce la limusina será un Nissan Micra y mi atuendo será un lacio vestido zarrio de Zara. Acepto.

Llego al baile y lo peto. Suena Alaska y lo doy todo en la pista. “¿A quién le importa lo que yo haga? ¿A quién le importa lo que yo diga?”. Los Jimmy Choo me están destrozando los pies, pero yo no puedo parar. Viene el príncipe que, para mi sorpresa no solo no es azul, que hasta parece majo y se lanza a bailar a mi lado. Suena ‘Living la vida loca’ y enloquecemos juntos.

Me invita a una copa. Es un tipo salao salao. Con melena tostada y aires sureños. Me da que hasta me está gustando. Reímos y charlamos. Mientras, de tanto en tanto, miro por el rabillo del ojo a mis hermanastras que se comen los mocos. Lo siento, pero me alegro y me vacío otra copa. Al tercer gin-tonic estamos a punto de darnos un pico y entonces suena la primera campanada que anuncia la media noche.

La torrija que llevo me impide pensar claro, pero recuerdo algo en relación a las doce. ¿que era? ¿Qué era? De golpe, me viene. Echo a correr como si me persiguiera un rottweiler y cuando me quedan tres escalones beso el suelo de palacio. Golpe inhumano y moratón al canto, lo veo. Se me sale un zapato. Alargo la mano, yo por un Jimmy Choo, cual Belén Esteban, maaaato. Pero veo al príncipe bajar los escalones de tres en tres, así que me levanto, recojo mi dignidad magullada y a la pata coja, huyo como un flamenco.

Pero el príncipe se ha enamorado de mí. Lo va diciendo a bocajarro desde su trono. Están buscando a la propietaria del zapato perdido. Lo tengo escondido detrás de los mochos en el cuartito de la limpieza. Es lo único que me quedo de aquella noche. Bueno, el vestido de Zara también, pero es feo de matar y lo voy a vender en Wallapop.

No nos engañemos, a mí el príncipe también me gusta. Es un tipo especial. Una mezcla entre Chayanne y Colate que da como resultado un pijerio sabrosón.

Suena el timbre y el séquito real anuncia la llegada de su majestad. Las Barbies intentan meter su pie tamaño XL en mi 35. ¡Mira! Nunca pensé que iba a ser una ventaja tener un pie de bolsillo.

Sufro mientras pienso que me van a reventar mis Jimmys de tanto apretar su pezuña. Rechino los dientes más que Rocinante ahogando el deseo de soltar dos leches a mano vuelta y gritar un: “¡que no! ¡que no os cabe vuestra garra de tiranosaurus en el maldito zapato!”. Desisten. Por el amor de DIOR, gracias.

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Y entonces aparezco. A pesar de los harapos me siento el ángel más bello de Victoria’s Secret. Alessandra Ambrosio escondería la cabeza cual avestruz a mi paso celestial. Meto el pie con una dignidad infinita en MI zapato y sonrío al príncipe, MI príncipe.

Nos miramos, la tensión sexual se dispara y decidimos irnos al galope en su caballo blanco en busca de intimidad. Lo de la boda está por ver. De momento nos urge un Motel.

Antes una última mirada a Maléfica y compañía. Juraría que además de la mandíbula se les han caído las siliconas. Mala suerte.

#YoNoSoyGente #YVosotrosTampoco #YCenicientaMuchoMenos

Ilustraciones by Víctor García Fernández (1000 gracias!!!)

Texto by:

jones yonosoygente

25.04.18 Acomodándome ando

Querido Diario Virtual,

Últimamente mi frase favorita es ‘No me da la vida’; y eso es porque como dice mi madre, yo no tengo una vida, tengo un vidón. Así que no voy a caer en la tentación de decir aquello de “necesito que los días tengan más horas”. Noooo. Porque si tuvieran más horas también las llenaría.

Pero es que desde que he vuelto a tener un trabajo con sus paredes, sus compañeros y su máquina de café in the corner, estoy que no vivo. Acomodándome ando.

La buena cosa es que tengo un gimnasio at the door of the office. Tiempo me ha faltado para apuntarme. Empecé el lunes pasado con ganas de comerme el mundo y a la media hora me lo había comido y casi me había empachado. Para el martes mis agujetas y yo considerabamos borrarnos.

giphyIgual empezar con una clase de Body Combat y entregarme como si fuera Bruce Lee en una exhibición no fue una gran idea. Actuar en plan “esto lo hago yo a cada rato tampoco”. Y mucho menos levantarse a las 6 de la mañana para realizar semejante hazaña.

Hacía las seis de la tarde empezó a bajarme un cansancio descomunal, hacía las ocho como hubiera dicho mi abuela era “como si llevará una persona echada en todo lo alto”, a las diez era incapaz de coger el tenedor para cenar y hacía la medianoche necesitaba una grúa para girarme en la cama. ¡Hasta un calmante muscular tuve que tomarme!

chiquito de la calzadaNo me he atrevido a volver. Robocop a mi lado, un aficionado. Sé que en algún momento voy a tener que volver a pisar esas instalaciones, pero el recuerdo de las agujetas hasta en las pestañas me tiene KO.

Así que de momento he optado por hacer lo que hace media población, es decir: mantener las instalaciones.Pagar y no poner un pie.

Otra cosa buena de este trabajo es tener un corner de Starbucks. Si la vida es bella después de un coffee, it is still better después de un big Starburcks. La felicidad empieza por “c” de cafeína.

16424723Trabajar con compis internacionales hace que mi nuevo idioma sea el spanglish. La de situaciones cómicas que deja el tema. Intentar que un compi diga merluza y no merluzo al cocinero en la cantina tiene su miga e intentar buscar una explicación al tema ya es de alucine.

What is a merluzo? – me pregunta en modo cándido. Se aceptan sugerencias. Yo me hago la despistada y añado lo de “It’s difficult to explain”. Y así todo el día.

Ni os cuento cómo llegó a los viernes. En modo piltrafa humana. Pero como diría nuestro Duo Dinámico: ¡Resistiré!

#YoNoSoyGente #YPorLasMañanasNoSoyNiPersona

jones