The American Dream (y 6): Por las calles de San Francisco.

Eran las once de la mañana cuando el avión tomaba tierra en San Francisco y mi persona se arrastraba literalmente fuera del avión. Llegaba servidora con toda la extenuación de Las Vegas y como si me hubiera traído a Elvis montado en la espalda. Vamos ¡que no levantaba cabeza! En ese momento hasta recoger la maleta me parecía abrumador.

No me digáis cómo pero llegué a posicionarme en el hotel y más concretamente en la cama. Le dije a #marido: “Necesito un rato de recuperación y un Red Bull para después”. Y así empezó San Francisco.

¡Madre! Pensé que no llegaba al hotel.

Suerte que una se repone rápido y dos horas más tarde estábamos ya dando vueltas por el famoso Pier 39. Debo reconocer que lo recordaba más idílico. No sé si es porque los dos mil leones marinos que aparecen en mis fotos del ’96 ya no estaban o porque hacía un frescurri que te daba lozanía al cutis de un plumazo y no te dejaba acabar de disfrutar.

Fuck! Que frío leñe. Que la tarde empezó de manga corta, siguió con la cazadora tejana para acabar comprándome una sudadera con capucha. Adiós glam. Hola invierno.

Pues hace fresquete y tal… ¿no te parece?

A ver, seamos serías: No hay cuerpo humano que asuma, así del tirón, un cambio de treinta grados de temperatura. Tú no puedes estar de #ElvisBoda a 42 grados una noche y buscando sudaderas a la siguiente porque hay 12 grados rascados y un viento helado que te lloran hasta los ojos de frío. Me estallaba la cabeza asumiendo el contraste.

Al día siguiente teníamos tour para ver las principales atracciones. Oh Yeah! Call me Turista. Por la tarde-noche visita a Alcatraz. Esa tarde yo debía pesar cinco kilos más porque llevaba toda la ropa de mi maleta encima. Además, estaba nublado. Y hacía viento. Yo llegué a la prisión congelada nivel iglú con esa risa tonta que te aparece cuando te estas poniendo azul.

Gracias. Gracias por la Bienvenida. Hubiera preferido llegar un poco menos congelada.

Alcatraz impresiona. Por el silencio. Por la soledad. Por la magnitud de los hechos. La visita es brutal. Mi mente no puede imaginar cómo alguien logró escaparse de allí. Pero sí podía imaginar el asilamiento máximo que llevó a algunos presos violentos a aprender a hacer calceta. Debía ser eso o morir de pena. En fin, Serafín, que nos fuimos en el último barco llevándonos con nosotros a los trabajadores de la prisión-museo y cerrando “La Roca “hasta el día siguiente. Fue emocionante. Ser unos ansias a veces tiene premio.

Al día siguiente acabé comprándome tejanos largos, calcetines gruesos y un plumas y #marido un gorro de lana y guantes. Lo que viene siendo un shopping obligado en toda regla.

El resto de los días nos reventamos las piernas por “Las calles de San Francisco” ¿os acordáis de la serie? No me engañéis. Se que a algunas se os ha disparado la musiquilla de introducción. Pues tal cual. Un sube y baja de colinas destroza-gemelos y quita-alientos.

Las calles de San Francisco: la serie. Sí. Michael Douglas con ¿25 años?. OMG!

San Francisco tiene algo de europea que te hace sentir en casa. Es una ciudad amable, tranquila, acogedora, cómoda. Uno de esos lugares en los que no te importaría quedarte a vivir. Visitamos su barro chino, hippie, gay, victoriano… todos los que pudimos mientras los días y las piernas nos dieron de sí. Hasta cruzamos el Golden Gate a patita y eso compañeras, con el vértigo que gasta servidora, tiene mucho mérito.

Y acabamos como buenos turistas, subidos en su tranvía, cuerpo afuera gritando hacia adentro: “Hasta la próxima. Ha sido un placer”.

See you San Francisco!

Yo nunca me despido con un “adiós” o un “aquí ya no creo que vuelva”. Recuerdo decir eso de Barbados y he estado seis veces. La vida y sus vueltas.

Y hasta aquí “The American Dream”. Este ha sido uno de esos viajes que te deja una muesca imborrable en el corazón. Ha sido de toma pan y moja. De respira hondo que esto es muy fuerte.

Con deciros que aún estoy asimilándolo. Y es que Jones es mucha Jones, pero este viaje ha sido EL VIAJE, con mayúsculas.

Y ahora a disfrutar de una nueva aventura.

Bueno, nueva…

Diecisiete veranos llevo en Carboneras.

No hay como ir a un sitio que no cambia para descubrir como vas cambiando tú.

¡Que ganas!

#Yonosoygente #Ytútampoco

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