21.01.21 SIN IKIGAI NO HAY PARAISO

Ays madre, ¡QUE YA SE LO QUE ME PASA! ¡Ojo! ¡Cuidado! Que me he tenido que apuntar a un curso para darme cuenta de ello. Hacerme un moodboard (que en inglés suena más bonito) pero que es la pizarra de corcho de toda la vida donde pinchas todas tus paranoias. Y autocontestarME más preguntas que constelaciones hay. Ahí lo dejo.

Atentas que lo suelto… Que voy toda loca por la vida sin IKIGAI.

Que, si lo tuve alguna vez, lo he perdido. Y claro, sin un IKIGAI claro en la vida va una como pollo sin cabeza. Vamos qué #SinIkigaiNoHayParaíso.

Ikigai, que vendría a significar “el sentido de la vida” o “aquello para lo que hemos sido llamados”.

Bueno, pues ahora que ya sabemos todas de que estamos hablando, no vayáis a pensar que es tarea fácil, reconocerlo, atraerlo, recuperarlo, encontrarlo.

Yo estoy en la fase de aproximación: se trata de hacerte preguntas fáciles, contestarlas y ver que sensaciones se mueven en tu persona. Parece ser que la intuición es la madre de este cordero y la que en realidad te contesta (esta frase me hace sentir como si estuviera poseída) pero que hay que entrenarla. Así que allá vamos:

¿Soy alta? No (a ver tía, hace tanto que usas tacones ¿que ya te crees que eres alta?)

¿Nací en Castellón? No. (Creo que mi obsesión por haber podido ser vecina de Miguel Angel Silvestre me traiciona).

¿Tengo treinta y dos años? No (No los tengo) o Si (también los tengo). Me puede la indecisión. Pero solo se me mueve dentro mala leche, pues va a ser un No.

¿Me gusta ir de fiesta? Sí (Sí, joder, sí. Fiestas y putivueltas forever. Fuck Covid)

¿Me gustan los yogures? Sólo si tienen más de 25 y no llevan camisetas sin mangas. ¿de sabores? Ahhhhhh, esos. Si, sí. De todos los sabores. Bueno, y los otros también me gustan, no me voy a autoengañar ¡que feo!

No acabo yo de ver que una vez contestadas y experimentadas las sensaciones de ser bajita, de Barcelona, con 49 tacos, echando de menos la fiesta más que Locomía y dejando por escrito mi amor por los yogures de fresa me acerque a mi IKIGAI.

Pero, pero, pero… si hay algo que si que tengo es ¡CONSTANCIA! Así con mayúsculas. Si no , ¿de que os estoy dando la turra con mis escritos todos los días?.

Así que pienso seguir haciéndome preguntas todos los días cual policía en un interrogatorio de tercer grado hasta que de con el ikigai de marras (por cierto que por alguna razón en mi cabeza policía y Coronado siempre son palabras que van juntas).

Sin más, quería comentarlo con vosotras por si tenéis información sobre el tema o si podéis sugerirme preguntas clave a contestarME no sea que tenga el IKIGAI en Albuquerque y me acabe perdiendo en el camino. 

¡Ah! Por cierto, una cosilla más. Y vosotras, ¿Cómo vais de IKIGAI?

20.01.21 MEAR Y OTROS LUJOS

Con las restricciones actuales, al menos aquí en Cataluña, MEAR ES UN LUJO. Con los bares abiertos solo de 13h a 15.30h, pánico te da quedar con alguien para comer y calmar tu sed durante el almuerzo bebiéndote toda tu botellita de agua.

Lo de finalizar la comida con una infusión ya me parece alto riesgo. Que todos sabemos que las infusiones tienen vía directa a la vejiga y una vez allí piden paso. Perdón por el modo escatológico de hoy, pero es que ayer quedé para comer y pasear (únicas actividades posibles en estos días) con mi amiga Ana y parecíamos dos abuelas.

  • Hola, ¿Qué tal?
  • Bien ¿Y tú? ¿Has meado?
  • Si, sí. Justo antes de salir de casa, pero claro son las 11h, no sé yo si hasta las 13h…
  • Ya, bueno. Vamos viendo. Sino un Centro Cívico, algún lavabo público habrá. Algo encontraremos…

Esta fue nuestra conversación de entrada ¿en qué momento se volvió todo tan surrealista?

Tía, tía, ¡va! ¡No tardes!

Y así fue como ayer hicimos la maravillosa ruta “LAVABOS DEL MUNDO”.

Fuimos en el restaurante de la comida. También en la cafetería donde tomamos el cortado.

En una librería donde compramos bolígrafos de colores y por si acaso en unos lavabos públicos que encontramos antes de coger el bus.

No me he sentido más humana y consciente de mis necesidades en la vida. De pronto mis cinco años de hipopresivos poniendo el suelo pélvico como una roca están cobrando sentido. No hay mal que por bien no venga.

Y en realidad es que basta que te limiten algo para que creas que lo necesitas más. Sin ir más lejos, tomar un vermut los fines de semana se ha convertido en una lucha a brazo partido. A las 12.45h la gente merodea las mesas de las terrazas con aire amenazador y aún sin sentarse, puedes oler el “esta es mía” a la legua.

¡Que suerte que hemos pillado mesa!

Que si ves una libre te tienes que tirar a ella porque con la necesidad de vitamina D en el careto y alcohol en las venas que llevamos todos cuando coges mesa no la sueltas hasta que te echan.

Que no nos queda otra que REDEFINIR la palabra LUJO: Dícese de la posibilidad de ir a un bar o restaurante para desayunar o comer y posteriormente poder utilizar su lavabo.

Madre mía ¡para lo que hemos quedado!

Buenas noches bonitas. 

19.01.21 EL TREN DE LA TECNOLOGÍA

Otro día quemando carbón en el TREN DE LA TECNOLOGÍA. Con la cara negra de tizón y venga echar paladas y paladas a la caldera y todo esto… ¡para ir en el último vagón!

Y es que claro, intentar mantenerte AL DÍA en nuevas tecnologías cuando tu año de nacimiento coincide con la adolescencia de Madonna no es fácil. Que viene mi sobrina de diez años me coge el móvil y me pega tres revolcones en minuto y medio.

#Esperadme #QueYaTengoNocionesDePhotoshop

Pero si quiero volver al marketing, no me queda otra. Porque del marketing de antaño, del de agencia y folletos de papel, de ese no quedan ni las migas. Así que tengo que hincar codos y echarle huevos ovarios moral y ponerme las pilas. Las Duracell. Las de veinte conejitos Duracell necesito yo.

Y claro, camino en una fina cuerda floja entre el entusiasmo y la frustración. Porque empiezas con una lección de cómo definir el público -digital – objetivo pasas a la creación de contenidos, de esto a la edición de videos y aquello va cogiendo una velocidad que tienes que ser Spielberg al acabar la tarde. Mi cerebro revienta y me siento Torrente.

#ResisteResisteResisteResisteResisteResiste…

Todo esto es más propio de esa generación que cree que Google siempre ha existido. Que tener una Alexa en casa que te suba las persianas y te apague la luz es normal. Y que la biblioteca es solo un edificio que hay en Alejandría y tal.

Para gente como yo, que hemos contado en pesetas, es todo un mundo en el que pasar de pantalla, te hace perder más de una vida. Pero yo no soy de soltar el juego fácilmente.

También os confesaré que el desgaste que llevo no es pequeño. Que cada berrinche que me llevo necesito de un copazo para seguir. Descarrilo a cada rato. 

Animadme, por Dios. No espero ser el nuevo Mark Zuckerberg, con ser su prima (aunque sea lejana) me conformo.

Buenas noches. Voy a seguir viendo tutoriales…

 

18.01.21 DE GRINGOS Y TRENES. YIHAAA!

Si eres de la generación 70 seguro que sabes quien es Marcial Lafuente. Y si no, te lo cuento. Así, a groso modo, un señor de Toledo que escribió la friolera de 2600 novelillas Western a una por semana y 5 pesetas el ejemplar.  Y que creo un mercado negro de intercambio de segunda mano de estas. Un tipo con humor, sarcasmo y pluma más rápida que muchos pistoleros de la época desenfundando.

¡Venga! Pues ya tengo la novela de la semana.

¿Porque os cuento esto? Porque yo creo que mi abuelo había leído al menos 2500 de esas novelas. Y desde los 5 años me había leído a mí por lo menos mil. Pedacitos y pedacitos de Western en mi cabeza. Será por eso por lo que siempre tengo conectado el modo intrépido y me encantan las botas cowboy. Quizás el motivo de ser una eterna buscadora de aventuras.

Es que ahora que estoy haciendo un curso de storytelling (contadora de historias) y haciendo una regresión al pasado, veo venir donde empezó todo.

  • Yayo yayo, ¡que me leas un trozo!.
  • Son novelas para adultos, no puedo.
  • Pues un trozo que no sea adulto.

¿Qué nivel de paciencia se requiere para aguantar a una niña de cinco años pidiendo lo mismo en bucle cuarenta veces seguidas? Pues claro, el hombre sucumbía.

No me estarás hablando a mí, forastero. 

Y casi siempre era el trozo en el que el forajido abría las puertas del salón y sembraba el pánico entre los presentes. El piano dejaba de tocar, y la chica guapa del sitio lo miraba embelesada. Un pistolero daba su último trago y alguien tocaba el gatillo de su arma dentro de su bolsillo.

Que tampoco creo yo que la parte adulta sería que hacían el amor encima del piano, pero ya se sabe del pudor de aquellos años.

Y después de las novelas, íbamos a la estación. Por supuesto, sin que mi madre lo supiera. (Bueno, que como ella lee este blog, pues ahora se está enterando: Sí mama íbamos a la estación de Renfe, pero con precaución. Ya si eso, te lo cuento con más detalle en un café).

¡Uno más! ¡Uno más!

Me fascinaba ver a los trenes pararse en la estación y volver a partir. Miraba esas caras y me imaginaba quienes eran, adonde iban, cuál era su historia. Nunca eran suficientes trenes.

  • Uno más. Uno más. Por favor.

Y vuelta a casa, a las patatas fritas “pegás” y a la sopa de maravilla que hacía mi madre.

Y por las noches, los cuentos populares antes de ir a dormir. Caperucita iba rauda y veloz a caballo y entraba en el salón. El lobo, que siempre quería ir por el camino más corto, acababa cogiendo un tren y la abuelita estaba detrás de la barra sirviendo tragos. El cazador bebía Whisky y …

Mi abuelo dormía plácidamente en el piso de abajo.

Ahora entiendo todo el mejunje que llevo en la cabeza. Que bueno y que intransferible es todo eso. Menos mal que por esa época no había Netflix, porque me veo a Caperucita asaltando bancos.

¡¡aSUMAmónos!!. Somos la SUMA de todas las historias que hemos vivido y también de las que nos han contado. Joder ¡somos únicos! Yihaaaaaaaaaaaaaaaaa!

Buenas noches preciosas, ¿que tal si hoy os contáis una historia bonita antes de iros a dormir? Por ejemplo, aquella que os hace única.

Besos preciosas.