22.02.21 YONQUI DEL CURSILLISMO

Buenas noches compañeras.

Después de otro fin de semana de desenfreno loco entre sofá, Netflix y cumpleaños familiares, en el que lo más emocionante ha sido volver a catar las croquetas de mi suegra, aquí estoy de vuelta a la rutina.

Bueno, a una nueva rutina que me he hecho como quien se esculpe una vida a base de escarpa y pico. He empezado hoy un curso largo y tres cortitos, amén de dos que tengo por acabar, una conferencia diaria y acabo con una meditación de quince minutos para asentar todos los conocimientos adquiridos o que se han pasado un rato por el coco. De hecho, la meditación se llama ALIVIO, porque es un ídem.

Me he apuntado a otro cursillo. Yeaaaah!

Me estoy apuntando a todo lo apuntable. Me he vuelto una yonqui del cursillismo y me estoy metiendo en vena conocimiento y aprendizaje con jeringuilla de las grandes. Jarabe de podcast y unas píldoras de charletas apañadas. Y mucho gurú para el cuerpo, a ver si me cala algún mensaje y se hace la luz, aunque no haya túnel. Que esto dañino no puede ser…

Como mucho será como un ibuprofeno, que a veces te lo tomas y no pasa nada.

Dice un amigo mío que cuando trabajo siempre voy estresada porque quiero hacer muchas cosas y que cuando no trabajo voy estresada también porque quiero hacer todo aquello que sé que no podré hacer cuando trabaje. Es decir, tranquilita nunca.

Pues en ese punto estoy, una vez metabolizado el ERTE y asumido el remordimiento por no estar en activo right now, me he puesto a estudiar como si no hubiera un mañana. Que como esto se alargue un poco más me sacó carrera y dos idiomas.

Pues sí…me lo tomé en serio ¡y mira!

Y es que las #intensitas somos así. O todo o nada. O me quedo en el sofá mirándome un pie o se me caen los ojos de estudiar online pantalla mediante. Esto de no tener nunca término medio es muy agotador.

Lo sé, que también podría sentarme en el sofá a leer un rato. O empezar a ver los Bridgerton como está haciendo todo hijo de vecino. Pues no queridas…aquí ando hincando codos.

¡Llamad a los bomberos porque estoy ON FIRE! Y a ver si viene alguien del cuerpo digno de quemar los apuntes.

¿Dónde ésta ese fuego?

Os dejo ¡que me toca el ALIVIO! ¿Yo meditando? Como diría mi abuela: ¡PERDIDICA ESTÁS!

19.02.21 Enajenaciones Ochento-noventeras

Aysss, madre, ¡cómo están las cabezas! ¡Todas con ganas de fiesta! Que ayer me inventé en Instagram una Fiesta Revival de los 90s y si hubiera sido física reventamos la sala a codazos de la gente que allí había.

Convertida en DJ empecé a pinchar temazos mientras se me iban los pies. Y lo mejor fué buscar los videoclips para poner un trocito de cada. Mother of God. Que pintas. Que trajes. Que pelos. Que horteridad en vena.

Y eso que yo tuve una adolescencia muuuuy difícil y pasé por todos los estilos, incluyendo los muy horteras.

Así, como para estrenarme, a los 14 me dió por vestirme a lo Madonna. Es decir, 37 pulseras en cada brazo y blonda al peso. Lo que vendría siendo ir todo el año en modo árbol de Navidad: recargadita hasta decir basta. De todo menos sencilla. ¿Desapercibida? No, gracias. Mi madre me llamaba Doña Quincalla. No digo más.

Tranqui, que ésta quincalla no pesa nada…

Luego llego la época “New way” y me hice adepta. Crestas, leggins, botas militares, abrigos largos y raso, mucho raso. Kilos de raso. Con lo que cuesta de planchar el muy jodio, pues parece que no me importaba en aquella época.

El pelo crepado nivel botella y media de laca por peinado, que a veces pienso que el agujero en la capa de ozono lo hice yo solita. La de peines que rompí. Bueno, lo llamábamos “cardado” y mi abuela solía decirme: “Parece que llevas un nido ahí arriba”. Nido no sé, pero pájaros en la cabeza: ¡unos cuantos!

Mamá, se me ha vuelto a acabar la laca. ¿Muy pintada? No, que va.

Y un buen día dije: me voy a rapar el pelo. Mi madre se echó las manos a la cabeza en plan: “No lo hagaaaaas”. Pero yo, a lo Britney Kamikaze me lo deje al cero y medio. Estaba fea no, lo siguiente.

Cuando llegué a mi casa y ví la magnitud de la tragedia, lloré un mar hasta caer dormida. Tenía la esperanza de que al despertar todo hubiera sido un sueño. Pero como no fue así, pues decidí hacerme PUNK para disimular. Mucho mejor eso que explicar que en un arrebato la había cagado nivel X-trem.

Cuando se te va la cabeza…bueno más bien el pelo de la cabeza…

Pasé años sin cortarme el pelo, pero como no podía estarme quietecita, cuando ya tenía una melena crecida, me hice la permanente. Me convertí en el hermano moreno y poco favorecido de Bon Jovi.

Y aquellos rizos iban para meses. Así que me compré un par de camisetas de AC/DC y unas bambas John Smith y ¡ala! A petarlo como heavy metal. Cuidado que yo me lo tomo muy en serio y hasta estuve intentando que me gustara Barón Rojo. Por buscar algún heavy nacional. Pero aquello era muy duro. Mucho berrido. Pasando.

Uysss, madre ¡lo que berrea ésta gente! paso, paso. 

Luego me hice “pija”. Mi época más tonta. Pantalones de florecitas. Jerséis combinados con mocasines. Parkas. Bolsos bonitos. Vamos, una enajenación como un piano. Menos mal que me duro poco porque seguro que no daba el pego ni de broma.

Imaginaros a mi madre, que debía pensar que a cada rato le cambiaban la hija en el colegio y le llegaba una extraña a casa.

Hija ¿eres tú? ¿Y esa ropa?

De algunas épocas ni tengo fotos. Imagino que yo misma pensé “mejor no dejar pruebas de esto. Siempre podrás negarlo todo”.

Nunca más he vuelto a cortarme el pelo corto. Es más, si a veces me da la neura, le pregunto a mi madre. Y ella sin pestañear me contesta: “Alicia, el pelo corto es para las guapas”. Pues nada…

Buenas noches, aquí la Pantoja.

16.02.21 I don´t understand rien de rien.

Se llamaba Wolfgang y medía dos metros. Mi profe de alemán, digo. Yo tenía veintiun años y estaba a punto de sacarme el título de proficiency en inglés así que decidí probar suerte con un segundo idioma.

No tenía nada claro lo del alemán, pero entró aquella criatura por la puerta y yo creo que a todas se nos cayeron las…ejem…la mandíbula al verlo. Y encima era simpático. Y sonreía mucho. Y se le hacían dos hoyuelos. Joder. Que parece que lo estoy viendo. Que, porque no me acuerdo del apellido, pero me están dando todas las ganas de buscarlo en Facebook.

Hola, soy vuestro lehrer. ¿Listas para practicar la lengua?

Calla. Calla. Loca. Estate quieta pará. El caso es que el alemán no me convenció y pasado ese año maravilloso, que cuidado ¡acabé con un ocho de nota!, le dije adiós a Wolfgang y a su lengua.

Y empecé con el francés. Lo mío con esta lengua ha sido intermitente. Tres años que estudié en la EGB (¿He escrito EGB? ¡Dios Mio! Soy un dinosaurio). Tres años en una escuela de idiomas. Dos años de llevar el mercado de Marruecos en una empresa y dos años más que llevo ahora.

Y el maldito subjuntivo aún se me resiste. Que el otro día le dije yo a la profesora “¿pero es necesario? ¿No puedo hablar siempre en presente?”. “Mais Alicia, tu dois travailler dur ». Vale, Vale. J’ai compris.

¿El subjuntivo? No. S’il vous plaît: NO.

El caso es que como últimamente no estoy practicando el inglés, pánico me da que se me olvide ¡con lo necesario que es!

Así que ahora veo las películas en francés con subtítulos en inglés y así mato dos pájaros (y bastantes neuronas) de un tiro.  O igual me invento algún lenguaje nuevo ¡que también podría ser! También lo hablo por casa a ratos. No, el sargento no me entiende, pero pone cara conciliadora en plan: “Déjala, si a ella le va bien y para mí es inofensivo”. Un santo.

Ostiaaaaaaaaaaaa. Muy fuerte: He soñado en francés.

Oye ¡que el otro día soñé en francés! Y me veía a mi misma dando una parrafada en esta lengua. Esto es un avance, fijo.

En fin, que por hoy voy a dejar descansar ya las neuronas idiomáticas, a cenar y a ver la telenovela turca.

Ostia, ¿y si aprendiera turco? Voy a darle una vuelta…

14.02.21 BORN TO BE ‘PUPAS’

Buenas noches compañeras,

¿Qué tal ha ido San Valentín? Por aquí entre pasado por agua y las pocas ganas de ir a votar, ha habido que echarle mucho, amor, mimo y Martini para aderezarlo como se merece.

Esta semana fue regulera. Me sentía en general baja. Nada importante. Suma fatiga pandémica + reglopausia + vida online + tiempo chungo y te da un resultado de “vamos tirando” como mucho.

Esta semana así-así…

Quería avisaros de que, si próximamente me veis más centrada, es porque efectivamente me he dado un golpe en la cabeza que, para mí, que me ha recolocado el cerebro en su lugar.

Ya sabéis que yo lavo mis penas y penurias en la piscina y que martes y jueves hago un curso de natación con ínfulas de Mengual.

Lo de tirarme de cabeza lo voy a dejar para más adelante y tal…

Buenoooooo, pues estaba yo haciendo espaldas, en ese momento de concentración: “sale pulgar, entra meñique, sale pulgar, entra meñique” al que luego se le añade “culo y barriga prietos, movimiento de piernas, respiro, respiro”.

Pues yo no sé que paso que se hizo un clic y de pronto wowwwww ¡lo pude juntar todo! ¡Y darle velocidad!

 La emoción era intensa y yo iba cada vez más rápido. Olvidé que la piscina tiene una largada concreta y…

La frenada fue con la cabeza contra la rachola. Uno de esos momentos en que tu mente dice: “¿Qué ha pasado?”. Pensé que me la había abierto. ¡Que ostión señoras!

Afortunadamente todo ha quedado en un chichón modelo huevo y la visión de todas las estrellas de nuestra constelación… lo que no sé yo es si habré abollado la piscina. Ya os lo contaré en la próxima cuota ¡que esta gente no se anda con chiquitas!

#PeorHubieraSidoDeFrente

Y ayer me volví a caer. Me pareció un planazo interesante (¡últimamente planazo puede ser cualquier cosa!) coger el tren de mi parada a la parada del centro, que es donde suelo hacer el vermut, para tomar unas fotos durante el trayecto.

Pero claro, ver la escalera mecánica, salirme la vena kamikaze, subir con los tacones para desfilar por ella, en plan #VamosAlLío para acabar estozándome. En algún momento el tacón se enganchó en la escalera, pero mi brazo seguía viajando a través de la barandilla…y claro ahora lo tengo descuajaringado. Brazo playmovil otra vez. ¡Lo que me faltaba!

Para rematar la semana os diría que tuve un día entero de llorera.  De esos que empiezas llorando porqué pelas cebolla, ves pasar toda tu vida por delante y lloras por todo y ya rematas llorando por el reparto desigual de alimentación en África. ¿Qué pasa? Yo es que cuando me pongo lo lloro todo y al día siguiente mucho mejor ¡ya digo

Pues ya si eso lo lloro todo hoy…

Como optimista nata que soy, seguro que esta semana va a ser mejor. De hecho, me acabo de zampar dos piruletas-corazón de merengue que me trajo el Sargento y ya veo la vida mucho más dulce. A grandes males… ¡azúcar en vena!

Besazos guapazas.