30.01.21 Dónde Jones perdió la zapatilla…

La fatiga pandémica me tiene agotada. Que es lo mismo que decir que estamos hasta el moño de todo. Y que hay que seguir y seguir, hasta que se vea la luz al final del tunel.

Visto lo visto este túnel debe unir España con Australia, porque yo ni veo luz ni ya casi veo túnel. Y cada vez que quiero escribir me doy cuenta de que en mi vida no pasa nada nuevo digno de ser explicado como en la mayoría de las vidas right now.

Y había unos sitios que se llamaban discotecas, y se llenaban de gente…

Por eso estamos todos melancólicos, pensando en que cualquier tiempo pasado fue mejor y explicando batallitas de “mejores días” cual abueletes cebolleta.

Que hoy he entrado en Instagram y parecía 15 de agosto. La mayoría de las fotos son de playas paradisiacas, viajes y aventuras. Y, aunque nunca he sido fan de la melancolía, creo que es el único bote salvavidas que se ve por estos lares ahora mismo. Hay que aferrarse a momentos, recuerdos, memorias, palabras, olores, fotos…que nos hagan sonreír y nos devuelvan cierta esperanza.

Ayss, madre ¡lo bien que estaba yo ahí en mi hamaca! Esa brisita…

Así que eso voy a hacer yo también. A recopilar fotos de cuando daba vueltas por el mundo Facundo. De cuando bajaba de tremendos cruceros cual reina Petronila y mis excursiones eran subir en catamaranes para hacer snorkel. Del día que había una barracuda gigante al lado del barco. O aquel día en Saint Vincent, en que el conductor de la furgoneta conducía tan mal que pensé que íbamos a morir allí, en la misma isla donde se grabaron Piratas del Caribe.

Aquella tarde en Venezuela en que al bajar del jeep todoterreno me hice una raja en la pierna con un alambre y a falta de botiquín me echaron encima de la herida una botella de ron Santa Teresa enterita.

O cuando el Sargento perdió la cartera en Jamaica y desde luego parecíamos “fumaos” con la desesperación con que la buscábamos. Y la gente allí con la calmaaaaaa…

Que has perdido la cartera dices…

Aunque recuerdos más cercanos son cuando el año pasado me caí dentro del barco de pedales en el lago Verdon, Francia, y me los clavé en las lumbares. Tremenda leche. Y para postres, al intentar salir también perdí una zapatilla allí…

Quisiera estar justo ahora allí, donde Jones perdió la zapatilla. Feliz y mojada.

Me voy a dar un paseo que me toque el aire que hoy tengo ya superada la dosis de sofá. ¡Ja! 

O dicho de otra manera: me voy a viajar un rato por el barrio.

Buff. Ya suena mucho mejor. Donde va a parar.

29.01.21 TARDE JUBILETA

Hoy he ejercido de jubilada. Mejor aún, de tía jubilada. He ido a buscar a mi sobrina al colegio. Me he dado cuenta de que era la única mujer con tacones y el resto de las madres me han mirado un poco con cara de “¿y ésta loca?”.  

Menos mal que mi sobrina ha salido como una energumena gritando: “tita, tita, tita” y el misterio ha quedado solucionado. Por su cara he visto que lo entendían de golpe. “¡Ah! No es su madre” es la frase que se ha dibujado en sus ojos.

¡Siiiiiiii! ¡Es mi tita!

Mi madre me esperaba en el coche y ya juntas las tres nos hemos ido al parque. Ni os cuento el relax mental que ha sido darle de comer a los patos.

Concretamente cuatro barras de pan que ha comprado mi madre. Casi una hora desmigajando baguettes. Hemos dejado a los patos con kilo y tres cuartos de más. Que esta noche no sé yo como van a ir de digestión.

Mamá ¡pásame otra barra de pan, please!

Luego hemos empleado otro rato es espantar palomas y hemos acabado finalmente en El Corte Inglés haciendo una comparativa sobre que garbanzos eran los mejores. Por supuesto hemos comprado doce cosas más que no necesitábamos. Pero es que, a falta de bares, no hay más diversión que ir al súper… ¡lo hemos dado todo por los pasillos!

Maravillosamente me ha sentado ésta desconexión modo jubileta sin stress. Me ha faltado mirar un par de obras y lo bordo. Pero dada la hora, ya no estaban en marcha.

¡Venga, venga! ¡Que nos falta éste pasillo, mamá! ¡Fiestaaaaa!

Y es que yo creo que no hay mujer “en la faz de la tierra” como suele decir mi padre que este aprovechando tanto el ERTE como servidora. No obstante, me he dado cuenta hoy, que debo dejarme más ratitos de estos de no hacer nada que requiera aplicar el más mínimo intelecto. Seguro que mi mente lo agradece.

Que ayer leí que hay cinco tipos de descanso: el físico, el mental, el emocional, el sensorial y el social. Ojo. ¡Cuidado! Si pensabas que con dormir lo tenías todo hecho.

Menos mal que madre, además de pan para los patos, ha venido con un tupper de albóndigas nivel familia numerosa. La cena está hecha. Tres pelotillas de esas y al sofá.

Buen finde preciosas, se viene Netflix.

28.01.21 MI DÍA EN FRASES

Madre mía lo agotá que está mi persona. “Hoy caminamos poco rato”, me ha dicho hoy mi amiga Carol.  Yo es que no sé porque aún la oigo y me la creo. Cuando yo sé que esa frase es la antesala de un dolor de gemelos asegurado. Tres horas de caminata han caído hoy.

¡Va, tía! ¡Si ya estamos!

Y hablando de frases, estaba yo pensando en los diez minutos que he pasado por el sofá, la cantidad de frases diarias que recibimos y que forman parte de nuestra cotidianidad y de nuestras acciones, así que os he hecho una selección de las más habituales.

Mi día en frases:

“El tiempo hay que ganarlo siempre por la mañana” (padre dixit): Y por eso servidora se levanta a las 6.15 am cada día. Para ganarle al amanecer casi dos horitas. Eah!

“Te levantas ya o llamo a la grúa”: frase cariñosa de mi marido, cuando abro un ojo con dificultad después de haber dormido entre poco y menos, con la intención de motivarme a salir de la cama.

Eing… ¿ya es por la mañana?

“A ti que no se te quede nada por hacer, eh” (madre dixit): esta es la frase que me espeta mi madre cada vez que le cuento en torrente las cosas que ya llevo hechas a las 9 de la mañana.

“Si es que no tienes una vida, tienes un vidón: Otra de las favoritas de mi madre. Suele decirme esta frase cada vez que piensa que voy demasiado acelerada, que es siempre. Y es la que remata nuestra conversación.

Ya no te lo digo más veces, hija. 

“¿Cómo está el pibón del Vallés?”. Esta frase me la dice mi marido todos los días cuando me llama a media mañana desde el trabajo. Vale que el Vallés no es una zona muy extensa, pero ser un pibón en mi casi-quinta-planta hace que no me importe el territorio de mi reinado.

“¿Hola? ¿Sí? Aquí el pibón del Vallés. Dime, Dime…”

“No me das pena”: Esta es la frase favorita de mi padre cuando le cuento mi día a día y que en realidad lleva implícito un “cariño ¿no deberías descansar más?”.

“¿Sabes una cosa?”: Esta es la frase con la que mi suegra suele abrir una conversación telefónica y te prepara para cualquier aventura del tipo: “Las morgallonas (cariñosamente sus amigas) y yo hemos hecho un café en un banco, como no hay bares”.  Mal veo el botellón, pero el cafetón…

“¿Cómo está mi chef?”: Frase que me dice algunas noches el sargento y que implica un peloteo máximo, ya que sabe que lo único que hago en la cocina son ensaladas. Y sencillitas.

Hacía la medianoche cuando el sargento se retira y yo me he fundido con el sofá siempre cae el: “Va, vete a dormir, que es tarde”.  Esta frase no hace ningún efecto, más allá de una mirada que quiere decir #YaSiEsoAhoraVoy. Y cuando vuelvo a abrir los ojos son las 2 am.

No importa a que hora me meto en la cama. Incluso cuando el Sargento está en fase REM, abre un ojo y me dice: “¿Has apagado la calefacción?”

Que me lo pregunta hasta durmiendo…

Y si sabéis restar y atar cabos: me acuesto a las 2am y me levanto a las 6:15am… me da para soñar poco y dormir deprisa.

Así que os dejo ya, ¡que estoy en tiempo de descuento!

Good night.

27.01.21 Que desagradecido que es el cuerpo.

Que desagradecido es el cuerpo ¡por Dios de mi vida! Diez años de vida de runner tirados a la basura en un visto y no visto. Y eso que cuando empezó el confinamiento me hacía casi media Maratón por el pasillo de mi casa. Pero fui bajando el ritmo, bajando, bajando y ahora ya a lo sumo camino rápido

Pero este lunes pasado, viendo que otro kilo más, había encontrado en mis cartucheras, su lugar en la vida, me dije: Esto lo arreglo yo. Y con esa fuerza que te da ver que has perdido la poca cintura que alguna vez tuviste, te atas las bambas, sonríes de medio lado y pones cara de “aparta, que voy”.

Yo, el pasado febrero…

Y eché a correr. Servidora que había llegado a correr unos doce kilómetros a un ritmo digámosle bueno… ¡A los ochocientos metros estaba pidiendo clemencia!

Así que decidí que corría un kilometro y caminaba otro. Llevaba dos cuando creí que tenía que llamar al SAMUR y no estaba segura de que llegaran a tiempo. Agonizaba.

El tercero lo hice a “trote cochinero” que como su nombre indica es una forma de correr muy indigna.

El cuarto y último, ya fue en modo paseo, con el único objetivo de sobrevivir.

Yo, el pasado lunes.

Pues bien, llevo en modo Frankenstein desde el lunes noche. No camino, arrastro los pies. Tengo el pasillo que te miras como en un espejo del brillo que le he sacado a base de refregones zapatilleros.

Imposible articular la cadera y los calambres en muslo – por delante y por detrás – son de órdago. La espalda crujía y las rodillas pidiendo colágeno en articulación.

Estoy doblá pero disimulo. Ha!

No me veo yo recuperando el antiguo ritmo ni de broma. Pero, ¿cómo he podido perder la forma de diez años de entreno en diez meses?

Me voy a quedar solo con el tema de la natación y aquí paz y después gloria. Además ¡buenas noticias!: Ya no me duele el brazo playmovil y ya coordino brazos, piernas ¡y además respiro! 

No se hable más. Mi nuevo deporte es el medio agua.

Compañeras que me leéis, ¿alguna idea fabulosa para recuperar cintura y no morir en el intento? La de cerrar el pico en las comidas, no vale, esa ya me la sé…

Me desmayaría en el sofá. Me abandonaría a Morfeo y ¡a descansar! Pero hoy hay telenovela turca hasta la 1.30am. y cual buena maruja ¡ahí voy a estar!

Mañana ya jueves, y yo aún con tremendas agujetas…