22.01.21 DE #MINIVIDAS Y #MAXIAMIGAS

Ando echando de menos los taconazos y los morros rojos. El vestirme cada mañana buscando el bolso que mejor le cuadre al look y el echar un vistazo de reojo al tipo que está parado en el coche de al lado en el semáforo mientras me hago la interesante.

Pero ahora que tiro de bambas porque todo lo hago caminando y los morros con la mascarilla no se ven, cualquier ocasión es buena para salir a lucirse y a marcarse una putivuelta, aunque sea en el restaurante de menú casero.

¿Un ibuprofeno? Yo lo que necesito es pintarme los morros rojos.

Y es que de eso mi amiga Laura, sabe un rato. Por eso me lleva a restaurantes donde lo de menos es el platillo y lo de más la visión de personal masculino interesante.

Que hemos sustituido lo de “nos damos una vuelta” por “voy al lavabo, echo un ojo por el camino y luego comentamos” y los gin-tonics cortos que nos servían aquellos camareros más bien largos por traguitos al vermut para que el camarero guaperas nos lo reponga rápido.

Bueno, pues voy al lavabo a simular putivuelta cual reina, luego te cuento.

Que corren tiempos de hacer de tu capa un sayo y yo soy de las que con los restos del naufragio me hago una cabaña. Yo lavo mis penas en la piscina a base de brazadas de crol y mojo mis alegrías en el café de las 9 antes que el toque de queda me cierre el bar.

Tiempos de darte la vuelta como un calcetín buscando en el interior lo mejor de ti misma. Momentos para tragarte la incertidumbre y escupir bien para fuera la ilusión. Y es que lo de AUTOmotivación no es porque venga en coche precisamente.

Y escribo todo esto porque en estos días raros a mi las “amiguis” me están salvando la vida. Y más en concreto las “perriamigas”, que ya sabemos todos que ese sobrenombre hay que ganárselo a pulso.

Esas llamadas en las que te descojonas, esos chinchin, aunque sea con vino de la casa, esos “tía, tía, tía, no sabes…”, esos “lee tu el menú que yo no veo un carajo” y añade los “está todo tan triste que para un momento que he salido me he tenido que comprar una falda”.

Y tu asientes a todo con aplomo y esa expresión de “Pues claro que sí, coño”, levantas la copa y ese “por nosotras” dicta sentencia.

¡Pues claro que sí, tía! ¡Bien hecho!

Y es que en estos momentos en que nuestras vidas se han vuelto #minividas es cuando esas #maxiamigas valen su peso en oro. Ojalá que ellas piensen lo mismo de mí (aviso que en estos momentos y con lo que me he engordado mi peso en oro sería muy interesante).

Gracias a todas las que hacéis mi vida un poco más llevadera. Un día, espero que no muy lejano, pensaremos en todo esto y nuestro descojone será épico. Pero mientras tanto, no dejemos de comer croquetas cada vez que nos dejen.

Buenas noches bonitas.

21.01.21 SIN IKIGAI NO HAY PARAISO

Ays madre, ¡QUE YA SE LO QUE ME PASA! ¡Ojo! ¡Cuidado! Que me he tenido que apuntar a un curso para darme cuenta de ello. Hacerme un moodboard (que en inglés suena más bonito) pero que es la pizarra de corcho de toda la vida donde pinchas todas tus paranoias. Y autocontestarME más preguntas que constelaciones hay. Ahí lo dejo.

Atentas que lo suelto… Que voy toda loca por la vida sin IKIGAI.

Que, si lo tuve alguna vez, lo he perdido. Y claro, sin un IKIGAI claro en la vida va una como pollo sin cabeza. Vamos qué #SinIkigaiNoHayParaíso.

Ikigai, que vendría a significar “el sentido de la vida” o “aquello para lo que hemos sido llamados”.

Bueno, pues ahora que ya sabemos todas de que estamos hablando, no vayáis a pensar que es tarea fácil, reconocerlo, atraerlo, recuperarlo, encontrarlo.

Yo estoy en la fase de aproximación: se trata de hacerte preguntas fáciles, contestarlas y ver que sensaciones se mueven en tu persona. Parece ser que la intuición es la madre de este cordero y la que en realidad te contesta (esta frase me hace sentir como si estuviera poseída) pero que hay que entrenarla. Así que allá vamos:

¿Soy alta? No (a ver tía, hace tanto que usas tacones ¿que ya te crees que eres alta?)

¿Nací en Castellón? No. (Creo que mi obsesión por haber podido ser vecina de Miguel Angel Silvestre me traiciona).

¿Tengo treinta y dos años? No (No los tengo) o Si (también los tengo). Me puede la indecisión. Pero solo se me mueve dentro mala leche, pues va a ser un No.

¿Me gusta ir de fiesta? Sí (Sí, joder, sí. Fiestas y putivueltas forever. Fuck Covid)

¿Me gustan los yogures? Sólo si tienen más de 25 y no llevan camisetas sin mangas. ¿de sabores? Ahhhhhh, esos. Si, sí. De todos los sabores. Bueno, y los otros también me gustan, no me voy a autoengañar ¡que feo!

No acabo yo de ver que una vez contestadas y experimentadas las sensaciones de ser bajita, de Barcelona, con 49 tacos, echando de menos la fiesta más que Locomía y dejando por escrito mi amor por los yogures de fresa me acerque a mi IKIGAI.

Pero, pero, pero… si hay algo que si que tengo es ¡CONSTANCIA! Así con mayúsculas. Si no , ¿de que os estoy dando la turra con mis escritos todos los días?.

Así que pienso seguir haciéndome preguntas todos los días cual policía en un interrogatorio de tercer grado hasta que de con el ikigai de marras (por cierto que por alguna razón en mi cabeza policía y Coronado siempre son palabras que van juntas).

Sin más, quería comentarlo con vosotras por si tenéis información sobre el tema o si podéis sugerirme preguntas clave a contestarME no sea que tenga el IKIGAI en Albuquerque y me acabe perdiendo en el camino. 

¡Ah! Por cierto, una cosilla más. Y vosotras, ¿Cómo vais de IKIGAI?

20.01.21 MEAR Y OTROS LUJOS

Con las restricciones actuales, al menos aquí en Cataluña, MEAR ES UN LUJO. Con los bares abiertos solo de 13h a 15.30h, pánico te da quedar con alguien para comer y calmar tu sed durante el almuerzo bebiéndote toda tu botellita de agua.

Lo de finalizar la comida con una infusión ya me parece alto riesgo. Que todos sabemos que las infusiones tienen vía directa a la vejiga y una vez allí piden paso. Perdón por el modo escatológico de hoy, pero es que ayer quedé para comer y pasear (únicas actividades posibles en estos días) con mi amiga Ana y parecíamos dos abuelas.

  • Hola, ¿Qué tal?
  • Bien ¿Y tú? ¿Has meado?
  • Si, sí. Justo antes de salir de casa, pero claro son las 11h, no sé yo si hasta las 13h…
  • Ya, bueno. Vamos viendo. Sino un Centro Cívico, algún lavabo público habrá. Algo encontraremos…

Esta fue nuestra conversación de entrada ¿en qué momento se volvió todo tan surrealista?

Tía, tía, ¡va! ¡No tardes!

Y así fue como ayer hicimos la maravillosa ruta “LAVABOS DEL MUNDO”.

Fuimos en el restaurante de la comida. También en la cafetería donde tomamos el cortado.

En una librería donde compramos bolígrafos de colores y por si acaso en unos lavabos públicos que encontramos antes de coger el bus.

No me he sentido más humana y consciente de mis necesidades en la vida. De pronto mis cinco años de hipopresivos poniendo el suelo pélvico como una roca están cobrando sentido. No hay mal que por bien no venga.

Y en realidad es que basta que te limiten algo para que creas que lo necesitas más. Sin ir más lejos, tomar un vermut los fines de semana se ha convertido en una lucha a brazo partido. A las 12.45h la gente merodea las mesas de las terrazas con aire amenazador y aún sin sentarse, puedes oler el “esta es mía” a la legua.

¡Que suerte que hemos pillado mesa!

Que si ves una libre te tienes que tirar a ella porque con la necesidad de vitamina D en el careto y alcohol en las venas que llevamos todos cuando coges mesa no la sueltas hasta que te echan.

Que no nos queda otra que REDEFINIR la palabra LUJO: Dícese de la posibilidad de ir a un bar o restaurante para desayunar o comer y posteriormente poder utilizar su lavabo.

Madre mía ¡para lo que hemos quedado!

Buenas noches bonitas. 

19.01.21 EL TREN DE LA TECNOLOGÍA

Otro día quemando carbón en el TREN DE LA TECNOLOGÍA. Con la cara negra de tizón y venga echar paladas y paladas a la caldera y todo esto… ¡para ir en el último vagón!

Y es que claro, intentar mantenerte AL DÍA en nuevas tecnologías cuando tu año de nacimiento coincide con la adolescencia de Madonna no es fácil. Que viene mi sobrina de diez años me coge el móvil y me pega tres revolcones en minuto y medio.

#Esperadme #QueYaTengoNocionesDePhotoshop

Pero si quiero volver al marketing, no me queda otra. Porque del marketing de antaño, del de agencia y folletos de papel, de ese no quedan ni las migas. Así que tengo que hincar codos y echarle huevos ovarios moral y ponerme las pilas. Las Duracell. Las de veinte conejitos Duracell necesito yo.

Y claro, camino en una fina cuerda floja entre el entusiasmo y la frustración. Porque empiezas con una lección de cómo definir el público -digital – objetivo pasas a la creación de contenidos, de esto a la edición de videos y aquello va cogiendo una velocidad que tienes que ser Spielberg al acabar la tarde. Mi cerebro revienta y me siento Torrente.

#ResisteResisteResisteResisteResisteResiste…

Todo esto es más propio de esa generación que cree que Google siempre ha existido. Que tener una Alexa en casa que te suba las persianas y te apague la luz es normal. Y que la biblioteca es solo un edificio que hay en Alejandría y tal.

Para gente como yo, que hemos contado en pesetas, es todo un mundo en el que pasar de pantalla, te hace perder más de una vida. Pero yo no soy de soltar el juego fácilmente.

También os confesaré que el desgaste que llevo no es pequeño. Que cada berrinche que me llevo necesito de un copazo para seguir. Descarrilo a cada rato. 

Animadme, por Dios. No espero ser el nuevo Mark Zuckerberg, con ser su prima (aunque sea lejana) me conformo.

Buenas noches. Voy a seguir viendo tutoriales…