Mira que no quería. Que me he dicho: Contrólate y mira para otro lado. Que este año, no. Que oye, mejor pasando y punto. Pero es que ya están ahí: vienen en manada y bien cargaditas.
A las revistas, me refiero. A la fuck*ng operación bikini, digo.
No sé si porque este verano me caen cincuenta o porque se me cae todo, pero ya no puedo resistir, ni aceptar ni entender la matraca estival de los ‘ponte en forma’ ‘pierde cinco kilos en una semana”, “adiós celulitis” o que si la abuela fuma.
Los artículos sobre el “culo perfecto”… ¡Un clásico!
A mi este verano me atrapa en peor forma que nunca. Y es que por este cuerpo serrano ha pasado un confinamiento, un ERTE, y un yo-en-que-estaba-pensando mientras me forraba a galletas de chocolate. Pues obvio que han hecho mella. Una mella de cinco kilos en mi caso.
A mí la operación bikini me ha pillado con todo por hacer. Las rodillas pidiendo clemencia y el metabolismo haciendo parada técnica. Pues hay que jugar con la pelota que nos toca y respirar hondo. Que si ya no es poca presión la que te pones tu misma para llegar mínimamente deslorzada a la orilla de la mar, no necesitas extras como el aliento en tu cogote de las revistas pregonando cuerpos perfectos.
Estas lorzas y yo nos vamos a la orilla de la mar.
Y es que no hay mejor operación bikini que irte a una playa nudista. Porque señoras: ahí está la realidad pura y dura y no en una portada de revista con tufillo a Photoshop.
Allí conviven flacas caderonas con rellenitas de cintura de avispa. Piernas largas con piernas cortas. Chichas y mondongos de todo tipo y rango. Rasuradas y frondosas. De brazos descarga-muelles o tirillas. De silueta, pera, manzana o frutas del bosque. Pechamenes grandes, pequeños, caídos o apuntando a África. Y hay celulitis al peso. Y estrías. Y grasa. Y jetos maravillosos y otros con unas ojeras de dar mucho miedo por la noche.
Cuerpos de todos los tamaños, formas y volúmenes.
Y, ¿sabéis qué? Lo fuck*ng mismo para ellos: Barrigones, cuerpilargos, bracigordos, fofisanos, cuerpos-croissant, culiplanos y otros ejemplares, cada cual con lo que le ha tocado, mojándose los pies con una alegría pasmosa y sin un triste artículo que echarse a la autoestima cuestionándolos.
Haciendo un poco de estadística, poca que yo que soy de letras, de ese 100% que habita la playa, digamos que hay dos Adonis y dos Afroditas, porque sí, porque por cantidad de masa crítica: tocan. Genial. Esos cuatro son los que se van a las revistas y a los carteles de gimnasios.
Pero somos todo el resto los que nos mortificamos. Apaga. Es un despropósito.
Es cierto que deberíamos tener la suficiente confianza y autoestima para hacer una buena gestión del tema y no dejarnos agobiar por titulares absurdos.
También es verdad que las revistas podrían ser un poco más inclusivas y representarnos más a todas. Supongo que si no lo hacen es porque nosotras seguimos comprándolas. Asumámoslo.
Pero ¿Qué hay de ellos?
Porque se les llama fofisanos a ellos y no fofisanas a nosotras…
Quiero titulares:
Como dejar de ser un fofisano este verano.
Fuera esa panza este agosto.
Como convertirte en un macizorro en 4 semanas.
¿Piernas gorditas? Aprende a esculpirlas.
Vientre plano este verano: Luce un Speedo.
Pues va a ser que de estos ¡no hay! Mucho presumir de que somos muy modernos #muy2021, pero ahí viene el papel coché como cada verano #muyrancio #muycansino.
Pues ya lo he dicho.
Y ahora sí, este verano pienso pasear lorzas por todo el litoral. Y si es en bolingas ¡pues mejor! ¡Que así no me aprieta nada!





















