LA CIUDAD ES PARA LOS PARADOS

Estoy de vuelta. Sí. Lo sé. La semana pasada no hubo YoNoSoyGente. La semana pasada lo que hubo fue un resacón de vacaciones, pinchos, zuritos, torrijas y siestas que no tiene nombre.

¡A ver cómo vuelve una a la normalidad después de todo eso! A ver cómo vuelve una a creerse que la vida real es la de madrugón, curro, cansancio máximo y planchar la oreja en el sofá sin ver ni los créditos iniciales de la peli que echan en la tele. ¡Pues que no!

Y eso que yo tengo un aterrizaje suave, un soft-landing, que se diría en inglés. Que no hago otra cosa que currar o buscar curro. Escribir o que parezca que lo hago. Y marujear, marujear a tope, que he hecho tanta limpieza y he puesto tanto orden en mi casa, que si aparece la Marie Kondo esa se suicida por mi balcón. Ah no, ¡que no tengo! Balcón, digo. Porque de orden voy sobrada.

Que sólo me queda empezar a poner letreritos en las estanterías: “jerséis”, “camisetas”… ¡al tiempo!

La historia del título viene porque me doy cuenta cuando hago recados – cuando no trabajas eres la recadera oficial de la familia – que la ciudad es de los parados, de los jubilados y de los pocos afortunados que pueden hacer el carajillo de Bayleys a las diez en la Plaza Mayor (servidora, por ejemplo, que ha dejado la avena definitivamente y ahora mis cafés son más alegres, digamos).

Gente que a la una del mediodía se está tomando un Martini. Gente que pasea por las calles sin prisa. Runners a horas intempestivas. Señores de tertulia. Señoras de paseo. ¡Qué gozada! Y todo esto… ¿me lo estaba perdiendo? ¿Nos lo estamos perdiendo?

Como estoy en ese momento en que tengo tiempo para cuestionármelo todo, pues me estoy cuestionando si quiero ver muchas más primaveras de mi vida detrás del cristal de una oficina, y me da a mí que no. También os confieso, desde ya, que yo soy de las que se podría jubilar ahora mismito y no tener el síndrome tengo-que-ser-útil-en-la-sociedad que parece que le da a muchos jubiletas.

No todo el mundo ha venido a la vida para ser útil, si no mirad a Tamara Falcó. A Paquirrín. A María Teresa Campos. Bueno, esta última lo mismo sí que hace algún bien a las señoras fetén y a su Bigote Arrocet.

El caso es que a la par que hacíamos vacaciones, mi marido y yo íbamos pensando en formas de sacar pasta con negocios novedosos. ¡Pero no damos con la idea en cuestión!

Lo máximo que se nos ocurrió fue poner un carrito de préstamo de sombreros y gafas de sol a la entrada de la playa, para todos aquellos despistados que se lo han dejado y no quieren hacer desembolso. Nos pasamos el regreso de Biarritz a Tarragona haciendo el plan de negocio, pero no le vimos la viabilidad. Caca.

¿Y si me hago influencer? Parece ser que te tomas cuatro fotos que tengan rollito, vendes en Instagram que tienes una vida súper-mega-chupi-guay (que sea la envidia del barrio del resto de mortales) y… ¡te llueve la pasta! Me da a mí que no. Que el otro día vi un programa de influencers y youtubers y decían que ni a mileuristas llegaban.

Eso sí, que eran ‘mogollón’ de felices. Pero todos vivían con sus padres. Que ya le estoy viendo yo la cara a mi padre si vuelvo a casa porque me he hecho ‘influencer’. Ostias como panes de las que quitan la tontuna a mansalva me daba.

Con lo ‘mogollón’ de feliz que sería yo con mi running matutino, mi zumo ‘Vitazen’ de las doce y mi siesta de las tres y media. Dicen que la felicidad es simple. Pues para simple: yo.

Pero como tengo la mente inquieta y el culo más, pues me he apuntado a un curso de “Decoración de Pisos”. ¿Cómo os habéis quedado? Muertico se quedó mi Santo. Que me miró como si de Bella me hubiera convertido en Bestia y se me hubiera ido la olla a Pernambuco.

  • Nene, hay que abrir la mente. Profesiones nuevas. Salir de la zona de confort.

Nada. Que cada día me pregunta que si lo voy a hacer. Que si ya me lo he pensado bien.

  • ¡Que sí! ¡Que ya estoy apuntada!

Como si no fuera poco tener que luchar con mi propia resistencia para tener al ogro comiéndome la oreja con palabras de incertidumbre. ¡Lo mato! Ayss. Si no fuera porque hace una tortilla de patatas de chuparse los dedos… ¡de qué! ¡De qué aguantaba yo a este ogro!

Ya veis por dónde va mi andadura profesional ahora. Ya me veo en Ikea, cojines arriba, cojines abajo. Planta aquí y planta allá. Un espejo de cristal y mírate y mírate. La. La. Laaaaa. Empiezo la próxima semana. Deseadme suerte.

Feliz retorno a la normalidad a tod@s y recordad: disfrutar un poquito de vuestra ciudad.

Besazos.

#YoNoSoyGente #YVosotrosTampoco #JonesYsusNuevasProfesiones.