PRIMOS

Yo tengo tres. Primos, quiero decir. De sangre, me refiero. Que gente prima hay suelta a mansalva y que te toca aguantar primos a diario, pues también.

Pero que no, que hoy me refiero a ésos que te tocan en suerte sin tú pedirlo ni solicitarlo, vamos, que te vienen dados ‘con la vida’ que traes. Como diría mi tía: “primo es ese trozo de carne con ojos que corre por la vida con el mismo 50% de sangre que tú”.

Eah. Ya está aclarado.

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Cuando nací ya existían mi primo José y mi prima Pili. Con el primero me llevo bastantes años (bueno eso me lo parecía entonces). En realidad, me llevo siete, que esto en según qué momentos de la vida es una tontá. Pregúntale a Madonna cuántos años se lleva con su yogurín. ¡Siete le va a dar hasta risa! Pero a mí entonces me parecía un mundo.

Con mi prima Pili me llevo tres. Eso y ser ambas mujeres y mandonas une mucho. Eso quiere decir que cuando yo tenía tres ella tenía seis. Que cuando a ella la vestían de flamenca, a mí también. Que cuando nos disfrazaban de bailarinas, ella iba de rojo y yo de blanco. Y que a la comba saltábamos las dos como podíamos y a la goma también.

Durante años nos divertimos mogollón. Jugábamos a la ‘radio’: yo era la presentadora y ella era la que cantaba. Algo así como: “Y ahora presentamos a Los Pecos y su tema ‘Háblame de ti’”. ¡Jolín! ¡Y mi prima era capaz de hacer las dos voces! Y eso que el rubio tenía una voz de gallito capado que no te lo acababas, pero la tía lo bordaba.

Así nos entreteníamos en los largos viajes con el Renault de mi tío. Que lo pienso ahora y seguro que mis tíos hubieran matado por poder darnos una tablet a cada una y que nos calláramos. Éramos una emisora infinita.

Y entonces llegó mi primo Javi, el pequeñajo. Tenía la boca grande y lloraba mucho, mucho. Cuando él ya tuvo tres años, quería jugar con nosotras. Pero a nosotras, que ya éramos mayores, MUY mayores, la criatura nos parecía un estorbo tamaño XL.

Mi prima y yo jugábamos en el pasillo de casa de mi abuela paterna, un pasillo largo y desangelado de casa antigua, a aquellas cosas a las que los niños no podrían jugar ahora sin ayuda tecnológica. Jugábamos a hacernos una casa con una manta, una tienda con dos maderas y una vida con los dos primeros trastos que encontrábamos a nuestro paso. ¡Aquello era echarle imaginación!

Pero ahí estaba Javi. El muy pesado quería jugar con nosotras. Así que le decíamos mi prima y yo: “un momento que nos vamos a reunir y vamos a pensar algo para ti”.

Y le ofrecíamos dos opciones.

  • Tú eras el perro y ladrabas siempre que venía alguien.
  • Eres el cartero y de vez en cuando nos traes una carta.

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Pero era complicado. Ríete tú de “El cartero siempre llama dos veces”. Javi llamaba doscientas y nosotras incansablemente salíamos de nuestra manta-casa para recoger la carta invisible y cambiarle el rol: Ahora eres el perro. Guau, guau. A jugar al bosque. Esto ahora sería una suerte de bullying, pero entonces nos parecía de lo más normal. Y mientras lo escuchábamos ladrar a lo lejos, nosotras a lo nuestro, sin atisbo de remordimiento.

Un verano nos fuimos todos a veranear a un apartamento en El Vendrell. No era tarea fácil llegar todos a la playa por la mañana. Llegábamos a la buena hora. A las doce. Con la playa como una marabunta. Pero a dos matrimonios y cuatro niños se les hace hueco enseguida.

La playa, cuando eres pequeño, es la releche. Es un Parque de Atracciones para ti solo. Mearte en la orilla. Tirar arena a los ojos a tu prima. Pisar toallas ajenas. Comer galletas María. Correr para que tu primo pequeño que viene llorando no te alcance. Toda clase de pequeñas fechorías están permitidas. Jolín. Ahora haces algo así y ‘no eres empático’. Madre mía dónde quedaba la empatía por aquellas fechas.

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A la una y media, mujeres y niñas nos retirábamos al apartamento a hacer la comida. Bueno eso las madres. Yo, hasta ahora, y ya tengo cuarenta y cinco, he conseguido librarme de hacer comida alguna. Los hombres se quedaban en la playa. Mi tío y mi padre se iban al chiringuito a tomarse un pelotazo y una lata de berberechos “La onza de oro”.  yo-no-soy-gente-historias-reales-mundo-surrealista-los-pecos-mi-primo-el-perro-y-el-cartero-cubata

Y mi primo José, que ya tenía trece años, ya podía quedarse con ellos a tomarse una Coca-Cola – nunca sabremos si fue su inicio al ‘cubata’ o no- o a darse un garbeo a su aire.

Lo que sí que sabemos es que se iban a ver suecas en top-less. Algo tan inofensivo que da hasta risa comparado con el porno que hay hoy a pedir de tecla.

Todos los días lo mismo. Había que estirar de mi primo Javi para sacarlo de la playa, que lloraba y con esa bocaza tan enorme para su edad decía una y otra vez con su voz de trapo: “Yo quiero un ‘culata’. Yo también quiero ‘un culata’”. Dramón diario.

Pero así era IS-PAIN en los 70. Los hombres de la casa llegaban, la mesa estaba puesta, las niñas acicaladas y a comer paella. Y luego siestorra para todos. Esto ahora sería machismo, entonces era normalidad. Paz y después gloria. Grandes años, no os lo voy a negar.

Tardes visitando tiendas de cerámica, pueblos con paseo marítimo, comiendo helados y haciéndonos fotos en puestos de melones.Nos compraban estrellas de mar vivas – que obviamente morían al poco tiempo de estar con nosotros – y por las noches contábamos chistes en el terrado del apartamento mientras comíamos pipas directamente del girasol.

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La verdad es que, aunque ahora hemos crecido y nos hayamos distanciado, siguen en mi memoria aquellos años. Porque la vida, pero sobre todo la infancia, es mejor con primos. Ahora ya no sé si nos quedan muchas cosas en común. Me parece suficiente saber que seguimos siendo familia, saber que queremos que nos vaya bien a todos y que tenemos recuerdos comunes que nos unirán siempre.

(A Santi, el futbolista. A Pili, la cantante más molona. A Javi el perro-cartero) 

 Y vosotr@s, ¿Qué me contáis?

¿Tenéis primos? ¿Qué recuerdos os unen a ellos?

#YoNoSoyGente #YVosotrosTampoco #ConPrimoslaVidaEsmejor

jones yonosoygente

 

 

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11 thoughts on “PRIMOS

  1. Yo tengo 24 primos, uff a decir demasiados, y estas historietas que cuentas las hemos vividos todos, creo! bonitos recuerdos de infancia, he rememorado contigo, gracias guapisima, me encanta leerte!!

  2. yo tengo 12 primos que ahora con sus correspondientes parejas y niños nos seguimos juntando un par de veces al año y no veas lo que mola recordar viejos tiempos, siempre hay algo “nuevo” de lo que alguien se acuerda y morimos de risa, son geniales, mi primada no la cambio por nada, este año ya dimos un paso más y de las comilonas de un día hemos pasado a alquilarnos una super casa rural y nos pasamos allí un par de días inolvidables, pero los de la niñez no tienen precio, las casas que nos haciamos con mantas sobre las sillas eran espectaculares, llegabamos a jugar a todas las profesiones existentes, que tiempos….

    1. Pues 12 primos son un montón. Cómo tu dices una ‘primada’ #tremendapalabra y efectivamente es increíble como alguien siempre de pronto recuerda algo nuevo cuando parece que ya se han hablado todos los temas.
      Increíble!!!! Besazos.

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