Vivimos al día. Sí. Sí. Pero que muy al día. Si estáis pensando que es por la situación actual en la que los planes a más de dos horas vista tienen ya mucha carga de riesgo de cancelación, ¡qué va, que va!
Lo digo por la nevera. Que se me ha estropeado. Pero solo a medias. Es decir, la nevera tira, pero el congelador ha dicho ¡hasta aquí hemos llegado!. A ver, que hasta la fecha yo pensaba que en el congelador teníamos croquetas, empanadillas y el hielo para los gin-tonics, pero, que parece ser que la tragedia es más grande.
Que claro, no se puede congelar la carne. Ni mantener los tuppers que me pasa mi madre. ¡Ostia! Ni el helado de nueces de macadamia. Que no éramos mucho de hacer acumulación de comida, pero claro ahora hay que ir al día y como compres un pollo grandecito ya tienes el menú de todas las noches de la semana.
Aguanta un poco más ¡te queremos!
Habrá que comprar otra, claro. Pero me da pena porque la mitad funciona bien ¿venderán medias neveras? Es que el mes pasado ya tocó lavadora entera. Pero es que la mampara del baño también está en modo colapso, y cada vez que entro a ducharme me grita en modo JLO: “¿Y nuevas lamas pa’cuando?”
Se está estropeado todo a la misma vez. ¡hasta nosotros! Que no sabéis lo que me duelen ya las articulaciones. Ahora entiendo cuando mi madre me dice “me cuesta girarme en la cama”. A punto de grúa me he quedado esta noche.
¿Viene ya esa grúa o qué? Que ya no puedo más en ésta posición.
Supongo que las parejas que tiene hijos notan el paso del tiempo cuando ven a sus hijos adolescentes. Los que no tenemos, cuando se empiezan a estropear todos los electrodomésticos. Habrá que ir asumiendo.
Miedo me da la lavadora, que muy callada está ella y es de la misma quinta que el resto.
En fin, me voy a preparar la cena. He visto un paquete de ocho hamburguesas en la nevera, hasta el jueves mínimo, me sé de memoria el menú.
Buenas noches preciosas.







