02.06.21 La fucking protagonista de tu vida.

En conversaciones con mi peluquero, que es un tipo largo donde los haya, y al que le lagrimeo mi, ya muy larga, crisis cincuentacañera, me explicó que tengo que aceptar que soy la protagonista de mi vida.

Epa! A ver así, a groso modo, todos nos creemos el protagonista de nuestra vida. ¿Dónde está la novedad? Pues en que hay que aceptar el transito mental entre guionista-director-prota.

Me explico.

Parece ser que a los 20 tú te crees que eres el guionista de tu vida. Que la vida la escribes tú, que tú decides que vas a hacer y que va a pasar. Cuando quieres hacer esto o aquello y con quien te vas a juntar. Que quieres casarte y tener tres churumbeles, que tendrás un Audi 3 y que pasaras los veranos en la Costa del Sol.

A ver, este sería un guion un poco simplón, cierto, así como de película de sábado tarde soporífera para echar la siesta, pero me vale como ejemplo.

Yo voy escribir, una súper vida para mí…. Yeah yeahhhh

Luego la vida se va sucediendo y te das cuenta que tu guion se ha ido a Norris. Que te has plantado en los 40 y que sigues soltero o te has divorciado o no tienes nada más allá de tu gato peludo, un piso de alquiler más bien pequeño en las afueras y el Ibiza que te ha vendido tu excuñado.

Bueno, bueno, alguien te ha pisoteado el guion y lo ha sobrescrito.

Reza para que tu guionista no sea Amenábar, que entonces te espera una vida surrealista que lo flipas. Claro que peor, si tu guion lo gestiona Tarantino, si es así ¡mejor vete haciendo un seguro de vida!

Jajajaja. Me parto. No tiene ni idea de la que le espera…

Y entonces, ya con el 4 por delante y las primeras canas, te planteas ¿A ver si voy a ser el Director? Venga. Pues al Lío. Dame al guion que pongo esto en marcha.

Pero entonces empiezas con lo de “¿A ver a quién se le ha ocurrido que yo paso los veranos en el pueblo con lo que a mí me gusta viajar?”, “¿Cómo que mi marido es ludópata?” “No j*das , ¡cinco hijos!” A ver, un momento quiero hablar con el guionista porque creo que se le ha ido la pelota. Yo está película no la dirijo, que no va conmigo.

Te acabas dando cuenta que tú en ese papel tampoco pintas nada, porque lo que pretendes dirigir tampoco lo has escrito tú con lo cual te chirria el tema hasta destrozar tímpano.

Alguien más está dirigiendo y ya puestos yo casi que me pido a Almodóvar. Que seguro que no va a ser una vida monótona y que voy a echar unas risas fijo. Que, entre los tacones lejanos o cercanos, el ataque de nervios y Pepi, Luci y Bom y otras chicas del montón, pinta fiesta y de la buena.

Venga, Almodovar, que seguro que has escrito algo molón para mí.

Y entonces, según él, a los 50 es cuando te viene la calma chicha porque te das cuenta que tú lo que eres es el protagonista. El fucking protagonista de tu vida. Tu a vivir lo que te echen y ya. Que el guion está escrito y algún tipo, léase director, está manejando los hilos. Así que, relax baby, y a pasar de escena en escena, con la calma y aprendiendo lo que el papel te traiga.

Que mejor que pinte comedia que no drama, pero me parece que esta peli trae de todo un poco. Y a improvisar. A improvisar mucho y bien. Que hay escenas que ni te esperas y respuestas que no están escritas. Tú, dale. Si el guionista las ha puesto por algo será. Y al Director a hacerle la pelota, no sea que se despiste y te caiga un dramón.

Llevo unos días dándole vuelta a estas reflexiones de tarde-de-peluquería, bueno creo que bastantes días, porque ya vuelvo a marcar canas… Y he decidido que ¡compro!

Soy la protagonista de mi vida así que, voy a esforzarme porque la peli quede fetén, que yo siempre he soñado con un Oscar, pisarme el vestido subiendo al escenario y decir aquello de “Este premio se lo dedico a …”

Muchas gracias por el Oscar. Sí, me he esforzado por ser una señora fetén y tal…

Y ahora ya os dejo, que viene la escena en que entro en la cocina y preparo la cena.

Señor director: “¿Puedo pedirme un extra para la escena de recoger y fregar los platos? Es que yo esta escena, personalmente, la encuentro de puro relleno”.

Que no. Claro. Sí. Mucho más emocionante Donde va a parar.

Menos mal que la siguiente escena es “Dulces Sueños”. Estoy que me caigo.

Buenas noches protagonistas.

28.05.21 La pringada del patio

Si queridas mías, aquí la Súper Jones fue una vez “la pringada del patio”.

Y es que no hay nada peor que llevar un chándal gris con rayas rojas. Bueno si, que ese chándal tenga los puños de las muñequeras y de los tobillos en rojo. Odiaba ese chándal, parecía un pijama. Era muy feo.

Súmale llevar una coleta repeinada con niveles de colonia estremecedores y un flequillo a lo Nicki Minaj tapando los ojos, pero con mucha menos gracia.

El acabose. El puto patito feo.

Sí, sí, ¡reiros! Pero yo voy a ser Súper Jones…

En los recreos solíamos jugar al mate con una pelota naranja que pesaba dos toneladas.  Por supuesto nadie me quería en su equipo porque no paraba ni una.

Excepto un día. Aún lo recuerdo. Alguien lanzo la pelota con una fuerza descomunal y esa si la paré. Con el pectoral. A la brava. ¡Que ostión madre!

Sin oxígeno que me quedé. Recuerdo pensar “¿qué ha pasado?”.  Para una vez que mis compañeras me aplaudían, voy yo y me quedo sin habla. De primero de pringada.

Yo entrenándome en casa para jugar al mate.

O como cuando jugábamos a “churro-media manga-mangotero”. Y entre la posibilidad de que me saltaran en todas las lumbares o deslomar a alguien, que tampoco, porque una era ya muy mirada, prefería hacer de “madre”. Esa figura insulsa que aguantaba la cabeza del primero y las embestidas de todos. De segundo de pringada.

Los meses pasaban mientras yo hacía los deberes y ejercicios con el cabrito de Sergio Sánchez. Si señoras, en la escuela, por aquel entonces, vivías esposada a tu compañero de antes y después de tu apellido.

Y si te caía mal, pues, aguantando que es gerundio. ¡Oye! ¡mala suerte!¡pues haberte llamado Martínez!

Mientras, aprendías a esquivar los borradores que lanzaba el profe desde la tarima. Porque si, compañeras, yo me sentaba en la última fila y el borrador llegaba con una velocidad interesantemente atontadora como te diera.  

Llego Semana Santa de mi último curso de EGB y me decidí a comprarme mi primer tejano y un jersey de color verde neón con unos dibujitos estilo Miró. Todo muy abstracto, como mis intenciones por esas fechas.

Más tarde encontré unes bambas del mismo verde neón, que puede pareceros obvio ahora, pero antes no había chinos, así que semejante hallazgo era como haber encontrado la tumba de Nefertiti.

Así que el combo neón jersey-neón zapatillas fue mi despertar a la pubertad. De niña a mujer en verde chillón.

¡Ojo! ¡Cuidado! Que aún puedo visualizar el conjunto de marras.

Feel the neon power!

Después de aquel jersey ya nada fue igual. Al mes me vino la regla. Me salieron tetas (pocas) y me depile por primera vez las piernas hasta arriba (aquella maldita manía de antes de depilarse solo hasta la rodilla).

Y la regla trajo consigo justo eso, un carácter en toda regla. Una rebeldía del quince y una autoestima a prueba de tontadas adolescentes.

Supe enseguida que no quería volver a ser la pringada, así en general, de nada en la vida. Ni volver a recibir balonazos de nadie, ni tener que suportar a ningún Sánchez y mucho menos ¡llevar chándales feos!.

Eso sí, la afición por el verde neón, me ha quedado.

Bueno, al menos es una secuela inofensiva.

Pringada never more in the life. #Hedicho

21.05.21 Maldita ITV

Se nos queja el Ibiza familiar. Ese coche que si pudiera hablar diría “Basta ya, cojones, de dar tantas vueltas”. Hartito lo tenemos. Que si ahora para Portugal. Que si vamos a hacer las Francias. Que si en Bilbao falta gente…

Hemos empezado a hacer la ronda de concesionarios y el comercial casi se queda tieso cuando le dijimos los kilómetros que tenía el coche actual. “¿Años? 10. ¿Kilómetros? Casi 300.000. Lo normal”.

No, lo normal, no. Lo normal si eres un #ansiaviva que te va más quemar rueda que a la Kardashian entrenar culo. Así está el pobrecico, que nos ha pedido la jubilación anticipada. Llorando a parabrisas lleno.

¡Hasta aquí he llegado!

El último vendedor que nos tocó era majo. De esos de “dejadme hacer una llamada y…”, vamos, pidiendo más que el “comodín del público”, el comodín a su jefe de “dame descuento a aplicar que se les ve cara de convencidos”. Pero no somos de decisión rápida nosotros.

A mí los coches nunca me han entusiasmado más allá de ser una machine que me desplace de un sitio a otro, dándome alas cual Red Bull.

Nunca he tenido un coche nuevo. Ni falta que me ha hecho. Lo único que me gustaría de estrenar coche es que no tendría que pasar ITV en unos años.

Siempre me ha fascinado el hecho de que, una tipa como yo, con cierto bagaje (¡y años!), habiendo llevado departamentos y personas, y sintiendo que soy una tía espabilada, es entrar en la ITV y no recordar ni donde está el pedal de freno.

¿La palanca para abrir el capó? Sí, claro. Un momentito…

Mi mente una vez se abre la persiana y el chaval me dice: “pasa”, entra en un sopor espacio-tiempo que no doy pie con bola, oiga.

De pronto no sé dónde están las largas y encontrar la palanca que abre el capó me parece una actividad científica. “Pon el limpia. Dale a las antiniebla”. Bueno, lo hago todo con cara de bobalicona extrema y con el miedo en el cuerpo del “ay, que la cago”.

Mi truco es sonreír mucho, para que si soy muy torpe, al menos parezca simpática y sobre todo ir bien de colonia: para aturdir al muchacho con el olor y que me circule rápido.

¡Venga! ¡Que hoy la paso fijo!

Luego ya solo me queda pasar el miedo atroz de posicionarme en aquel sitio donde hay un hombre debajo que te menea el coche a base de bien.

Mientras pongo primera y me dirijo hacía “el lugar”, mi mente fantasea con que me caigo en el agujero, mato al señor y me culpan por homicidio. Yo me rompo cinco costillas en la caída. Los familiares del señor me vienen a ver al hospital recriminándome pero finalmente el juez dictamina…

“¿Me oye? Avance.” Co*o de Logroño. Me había quedado flipada con la trama de mi propia película. Cualquier día me premian el guion.

El tiempo que trascurre entre que me quitan la pegatina antigua y van a por la nueva, sería digno de llamar a Iker de cuarto Milenio. A mi me parece entre 6 días y 3000 años luz. Una eternidad.

Salgo de allí con ese alivio que da librarte de una buena. Como si me hubiera escapado de la cárcel y después de dos horas de persecución con la policía les hubiera dado esquinazo. Respiro. Bufff. Hasta el año que viene.

¡La he pasado! ¡la he pasado! Feliz nivel Dios.

Igual si que me ha llegado el momento de un coche nuevo y de la liberación ITV por cuatro años. Lo pienso y me parece una película con final feliz.

Sargentoooooo…que en el próximo concesionario, yo también quiero preguntar unas cositas…

Ya os contaré como acaba el tema. De momento el Ibiza me parece que ha dicho paz y después gloria. Voy a rezar un Padre TiraUnPocoMás y tres Ave Maria Aguanta, a ver si nos da tiempo de dar con el sustituto.

Amén.

17.05.21 En ocasiones, soy la otra.

En ocasiones soy la otra. Eso dice mi marido.

Ayer me confesó que en ocasiones siente remordimientos de estar conmigo después de un Martini, porque dice que cambio tanto, que parece que me la está pegando con otra.

Yo le dije que no se preocupe que, siempre y cuando, me la pegue conmigo misma, todo está bien.

Hoooola Jones…¿seguro que eres tú?

Suena lioso, pero es así. A mi marido no le gusto yo. Bueno, sí, un poco. No, en realidad bastante.

Pero también le gusta la otra y yo creo que incluso más. Cuando estoy así como tranquila y relajada, fácilmente después de tomar un vino o una cerveza, malucha, cansada o agotada, le gusto más.

No si el tipo es listo, para él es un efecto poliamor seguro. Tiene dos por el precio de una y ninguna de las dos se enfada.

A ver, yo sé que vivir conmigo no es fácil porque soy un poco potro y en ocasiones suelto alguna coz.

Mi vida sería algo así como: “Cariño, buenos días ¿has dormido bien?” – PATADA – PATADA – “Que tengas buen día” – COZ – “¿a qué hora acabas hoy, guapo?” – PATADA – COZ – “¿Qué hacemos de cena?” – PATADA – “Te quiero mucho” – COZ – COZ – “Buenas noches amore”.

Y parece ser que esto desequilibra un poco.

Yo, en algunos momentos del día… ¡También yo!.

¡Ojo! ¡Cuidado! Que él tampoco es trigo limpio.

Mi marido es policía, pero él aún no lo sabe, por eso lo llamo el sargento. Es la persona más cumplidora de las normas del mundo mundial que conozco. No puede aparcar en un vado ni un minuto. Ni aunque sea para que solo me baje. Antes abre la puerta y me empuja como en las películas. Nunca se le pasa ni un minuto la zona azul. Nunca llega tarde.

Aún recuerdo aquel agosto en Roma. Cuarenta grados, subimos a un autobús para dos paradas y cuando vio la señal de “no drinking”, me arrancó el vaso de Coca-Cola de la mano y lo lanzó a la calle. #AtropellameTruck del shock en el que entré. Grabado en mi memoria está.

Pues sí, tío. Parece ser que llevo un poli dentro.

Él es del estilo: “Buenos días guapa” – ¡FOOOORMEN! – ¡PRESENTEN ARMAS! – “¡Que tengas buen día, guapetona!” – CUADRENSE – ROMPAN FILAS Y ¡a trabajar! – “¿Cómo te ha ido el día? ¿todo bien?” – EN GUARDIA.

Y claro también es un poquito un sin vivir.

Es decir cuando coincide PATADA PATADA COZ con CUADRENSE PRESENTEN ARMAS. Pues muerte y destrucción, crisis de pareja, Oh Dios Mio ¡al garete todo!

Pero cuando se alinean un: “Cariño, guapa ¿todo bien?” con un “Guapo, que tengas buen día, te veo luego” pues amor empalagosillo del bueno nivel TELENOVELA MEXICANA.

Será por eso por lo que llevamos tanto tiempo, porque pasamos de la crisis a la telenovela tres veces al día. ¡Que no sea por falta de emociones!

El tema de la coz aún no lo tengo bajo control…

Y ahora desde que me la pega conmigo. ¡la leche! El emocionado y yo, de pronto, como si tuviera marido nuevo.

Mi marido, en realidad, no es mi marido: es un Curso de “Reglas y normas de nuestra constitución” encubierto y yo soy simplemente un “Máster en paciencia”.

Y aquí seguimos, cada uno estudiando lo suyo. Sí es que en el fondo, muy fondo fondo, somos majos. Pero hay que ahondar, ¡eh!