07.05.21 I PROMISED MYSELF. ¡ME NOSTALGIE!!!

Confesadlo: Acabáis de tararear la canción en la cabeza.

I promised myself
I promised I’ll wait for you
The midnight hour
I know you’ll shine on through…

Sé que este título ha pasado sin pena ni gloria para muchas, pero para las que habéis llegado hasta aquí, es porque recordáis perfectamente que estábais haciendo cuando esta canción lo petaba.

Tenía 19 años, y sonaba cada tarde en la disco (sí, señoras a esas edades y aún en sesiones de tarde) el bueno y guaperrimo de Nick Kamen. Ese pedazo de tío molón que se quitó sus Levis en una lavandería luciendo palmito en calzoncillos mientras a nosotras se nos caía la baba a litros viendo el anuncio. Eso era allá por 1985, servidora tenía 14 años y las feromonas desatadas como perros hambrientos.

Siempre quise estudiar publicidad. Pero este momento fue la revelación. #llamadmesimple

Luego ya, allá por los 90s, yo iba al “Piú”, un nombre absurdo hasta rabiar para una disco. Anteriormente había pasado por el “Albatros” en mi época New Way (niugüei, para los de aquí de toda la vida) y por el “BlauBlanc”, en mi época más pijita.

Pero luego ya, más madura (que me da la risa solo de pensarlo) me descoyuntaba cintura y cuello en sesiones maratonianas de pista en el Piú: las bailaba todas.

“Yo soy más de Piú”. Decías tú mientras te esforzabas en clasificarte en un grupo. El “soy más de…” es muy 90s. Es muy adolescente. Es muy de inmadura. Es muy de ilusiones.

Yo, propiamente, dándolo todo en la pista en los 90s.

Y de pronto hoy, en mi visita matinal a Instagram, leo en el IG de Paula Llanos (jefa de Moda Web de Elle) que Nick Kamen ha muerto. Murió el pasado martes. Cancer. Solo 59. ¡joder!. ¡Ays, Paula ¡ME NOSTALGIASTE! ¡Y MUCHO!

Y es que esta pandemia, se está empezando a hacer tan larga, que ya a todos nos parece que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Y que en mi caso, cada foto que me recuerda Facebook estoy más guapa, más joven, más delgada y ¡jolín! ¡más morena! Las cajas de fotos de papel ni me atrevo a abrirlas, so pena de morir de epilepsia de cardados.

Venga. Un poco más de cardado aquí. Dale laca a mansalva y volando ¡que pierdo el bus!

La nostalgia empieza a ser como aquellas collejas que te pegaba tu amiga: simpáticas pero duras. Que te las atizaba con gracia pero ¡vamos si dolían!

Nick Kamen estuvo todas aquellas sobremesas en que a las 3 empezaba el acicalamiento, porque luego cogía un bus para ir a otro barrio a recoger a mi amiga. Luego ambas cogíamos otro bus para llegar a la discoteca y a las 5 pm, empezaba la marcha, que vista desde ahora, era sanísima y super adolescente. Un cubata a lo máximo, que la paga semanal no daba para mucho más.

Luego a coger el bus de las 9.40 porque en casa había que estar a las 10h.

Recuerdo que apurábamos tanto, que si había mucha gente en el “guardarropía”, más de una vez se nos iba el autobús en toda la cara. Éramos capaces de correr hasta la siguiente parada y llegar antes que el autobús.

¡Tías! ¡Otra vez perdimos el bus! ¡Toca correr!

Ahora entiendo yo porque a según que edades no te engordas. Porque el #ansia te puede y lo vas dando todo en cada esquina.

Y llegaba el lunes y al instituto de vuelta. Mi vida por aquel entonces era una cuenta atrás hasta la siguiente entrada por la puerta de la disco. Nick Kamen se prometía un montón de cosas a si mismo y yo me las prometía todas en la vida que me esperaba.

El eyeliner me duraba días, las resacas no existían. Yo no engordaba ni un gramo y me encantaba canturrear en inglés inventado. ¡Que salvajas hemos sido!

¡Y somos! Recordad que una parte de nuestra vida la vivimos sin móvil ¡Wowwwwww!

La realidad era ésta :

Ai promis maiself

Ai promis ail guait for yu

Midnait houer

Ai nou yu saine on zrouuu

#NickForever #IPromisedMyself #LasQueMeprometía

GRACIAS NICK.

05.05.21 SÍ. SÍ A TODO.

No me lo puedo-de-creer. Que nos abren. Que nos sueltan. Que se va a volver a cenar y a hincarse cubatas entre pecho y espalda.

Desde aquí abro lista ya para “croquetear” y “vinear” con mis amigas. Señoras, apúntense, que voy a dar día y hora, que no piensa servidora pisar casa hasta que esté jarta de arrastrarse por los bares y le salga la ensaladilla, rusa o no es lo de menos, por los ojos.

¡Madre mía! Terraza, atardecer y copa ¡y todo a la vez!

Si es que en el fondo somos gente sencilla. Unas patatas bravas, dos Martinis y aquí paz, después gloria y más después una resaca del quince, porque claro, hemos perdido la costumbre.

Que no se si voy a ser capaz de coordinar lo de gritar “Jefeeee” y levantar el brazo a la vez.

Meses comiendo acelgas para cambiar la #operaciónbikini por la operación #baresquelugares en un pim-pam. Y es que hay que saber priorizar señoras. Dicen que hay que saber decir que no, pero en estos momentos, a mí me parece mucho más importante decir SÍ. Sí a todo.

Que este bicho malo nos tiene muy trastornaos. Que yo no sé si es la falta de socialización o What-the-Fuck pero que me dice el otro día el Sargento que porque no nos vamos a Egipto.

Si hay que ir se va, pero con el look adecuado…

¿Pero que me estas diciendo queridísimo? Si a ti las piedras no te han interesado en la vida, y pirámides y esfinge aparte, allí todos son templos. Oye, pues erre que erre que sí. Que seguro que es muy exótico, me dice.

Parece ser que servidora ha perdido todo el exotismo y que con mis 50 a punto de caerme no soy suficientemente momia que tenemos que tirar para África.

Y eso que en Europa también tenemos momias…

Al tema, que yo cumplí mis 21 en la cubierta de un barco que navegaba por el Nilo mientras cuatro señores tocaban los tambores a todo meter a modo de cumpleaños feliz. Es decir que servidora repetiría, pero parece ser que ha llovido un poco (unos 30 años) así que para mi que me va a parecer todo nuevo. La turista madura. ¡ja! No lo veo yo claro. A mí lo de sudar entre tumbas me queda ya un poco lejos y me coge, dicho sea de paso, una miajica mayor. Que de sudores, mejor ni hablo.

Que yo ahora estaba más con la vena sueco-noruega, que lo mismo me iba a Estocolmo que a Oslo a ver tíos barbudos. Pero habrá que dejar esto para ir con las amigas que seguro que se goza más y de momento tirar a montar camellos con el sargento.

Que este iba a ser el año de nuestra boda y de la RUTA 66 y de momento con una renovación de votos en plan casero en el balcón y una escapada por Cuenca llegando incluso hasta Trujillo, vamos haciendo.

Ruta 50: De Albacete a Trujillo.

Pero como he dicho más arriba, tanto tiempo llevan diciéndonos que NO a casi todo, que solo voy a contestar SI.

Repitan conmigo compañeras: SI. SI A TODO. ¡Ojalá un nuevo comienzo el 9 de mayo!

03.05.21 SALVAJA NIVEL PRO

Queridas mías, Jones está de vuelta. Recién llegada a la península en modo SALVAJA total.

Y es que ya no recordaba este cuerpo lo que era retozar por playas, hacer la croqueta, despelotarse a las primeras de cambio y hablarle hasta a las gaviotas que por allí pasaban.

Que estaba yo de un “despeinaó” que entre ellas debían hablar y decir. “Ostia, ya ha vuelto otra vez la humana esa tan rara, mejor volamos.”.

Buff. Yo me piro, que está tía me habla todo el rato.

Ha habido algún día que he sentido tanta energía que he tenido que recorrer la playa en la que estábamos de punta a punta para soltar adrenalina. Así que, vuelvo morenaca y relajá.

Y es que me he dado cuenta de que lejos de los chalés de Torremolinos y los chill outs de Ibiza, a mi lo que me va es el desierto. A mi dame pedregal en vena, acantilado, roca-piedras, caminos sin asfaltar y échale polvo. Mucho polvo. La felicidad es llegar al hotel enharinada hasta las cejas, con bambas sin calcetines, un short, sudadera y arena hasta las orejas.

Aquí, en la nada, tan a gustito.

Ese salvajismo de llegar a una playa y estar solos… No hay chiringuitos. Ni hamacas. Ni nada de hecho. Pero hay silencio y eso, estimadas, es un bien tan escaso, que es de verdad un lujo. Playas vacías de todo en las que llenarte de ti.

Señoras que me habéis seguido por Instagram, Fuerteventura ha sido la ostia y punto. Días y días sin otro quehacer que descubrir playas, ver puestas de sol y echar un Martini y unas papas arrugas en cualquier garito. Y eso, después de cascarte un cuarto de francés online tú solita, peleando entre el subjuntivo y el pluscuamperfecto me ha sabido a gloria.

Que estábamos tan solos… ¡que parecíamos naufragos!

Sin correr detrás de trenes o metros, he sentido una punzada de deseo de quedarme a vivir allí y montar una tienda de gominolas, que he visto nicho de mercado. Ni una he encontrado.

Pero he respirado hondo y he esperado a que se me pasara el anhelo. Otros anteriores hubieron…

También tuve/tuvimos con el sargento una temporada en que queríamos dejarlo todo y montar un chiringuito en la playa. De esos que ponen cañas y tapas frías. Pero el nuestro sería muy cool. Trabajaríamos seis meses y otros seis viajaríamos.

Otro momentazo fue cuando nos cuestionamos si irnos a vivir a Carboneras. Desierto y paz. El Sargento trabajaría en la desaladora y yo en la recepción de un hotel. Y por las noches, las estrellas y las piruletas de gamba del Bar Mariano. Nos sonaba a gloria bendita.

Hubo también un momento crucero, íbamos a enrolarnos como trabajadores de algún cruceraco grande. El Sargento en cocinas que es muy poco sociable y yo por el contrario como parte del equipo de animación: “Hoooola, buenoooos días, Good Morning, Bonjour ¡vamos con el aquagym”.

Que yo de animadora, lo hubiera petado ¡fijo!

Lo pensamos todo pero nunca implementamos nada. ¡Joder con lo de hacer siempre lo más seguro! ¿Qué hubiera podido pasar? Habría tenido un chiringuito, vivido en mi Cabo de Gata querido, viajado el mundo en un crucero …

En fin. Estoy de vuelta. Aunque dicen que nunca vuelve la misma que se fue. Pues va a ser verdad. Vuelvo más salvaja si cabe. Libre. Sin ganas de encajar en moldes y obviedades.

Si antes no era gente, os juro que ahora aún menos.

22.04.21 Estoy que me VUELO toda.

Hace casi año y medio que servidora no coge un avión. Claro que el inicio de esta frase podría ser aplicable a casi todo en estos momentos. Porque ya sabemos, que desde que Don Corona se instaló entre nosotros, hace mucho de todo para casi todos.

El caso es que me pongo yo, feliz de la vida, a hacer la maleta y ¿qué me cuentas? ¿qué me llevo? ¿cómo solía vestirme yo antes de que mi vestuario se convirtiera en sport-casual? Para ser más clara: en chándales, tejanos y bambas. ¡Ah, no! calla. Sneakers que mola más.

¿Cómo salía yo a la calle en mi día a día? ¿era de llevar mucha falda? ¿sandalias de colores? ¿bolso a conjunto?

Me no recordar nada.

Una camiseta para cada día, una por si se ensucia, ésta que pega con el jean, esta para cuando…

Que he tenido que ir al trastero y abrir todas las cajas con zapatos para recordar que es lo que llevaba yo cuando llevaba tacón en verano. Apaga.

Que nos hemos puesto todas muy cómodas y el pie anda muy ancho desde hace no pocas lunas, para ahora de pronto meterlo en vereda.

¿De verdad yo solía llevar ésto?

El caso es que me he dado cuenta de mi desoriente estilístico actual en el momento que no daba yo pie con bola haciendo un conjuntico digno.

¿Y el neceser de viaje? Jabón y arrea. No, calla que habrá en el hotel. Desmaquillante, base, un pintalabios… ¿rímel? Uyss. Quita bicho. Que ya ni me acuerdo de cómo se aplica. En los labios brillo que total no se ve con la mascarilla. Medio neceser me ha sobrado.

A ver… que yo recuerdo que ponerte rímel era fácil… ¿o cómo era?

Bueno, bueno y otra historia ha sido reducir mi vida de la próxima semana en ese cubículo con cremallera. Acostumbrada a solo viajar en coche los últimos días (ejem, año) y teniendo el Seat Ibiza familiar un maletero, que puedes cargarte a una banda de narcos y meterlos todos ahí camino del lago más cercano…

¿Qué te dejas? ¿Qué te llevas?

Vale. Tranquila jones. Igual te estás poniendo un poco nerviosa.

Estaba yo dándole vueltas ayer a estas dudas #primermundistas cuando me dice el Sargento: “Oye, ¿nos darán de comer en el avión?”. Cada loco con su tema.

A ver, la suerte que tiene el sargento es que la genética le acompaña, porque el efectivamente come cada dos horas. Ósea 12 veces al día. No se le queda una pizquita de hambre por resolver.

Eso me lo aplico yo y ya no se me verían los ojos de la cara, hundidos en los mofletes que habría criado.

Total, que tuve que contactar con una amiga que es azafata de Vueling y me confirmo que “sí”, que “de pago” pero se come. Ya respira aliviado.

No obstante, se ha hecho un pequeño picnic personal: “No sea que a todo el mundo le de hambre en el avión y no llegue para todos los pasajeros”. Eah! Amárrame esos pavos.

Espero que sigan sirviendo botellitas de vino en el avión.

Pues eso, que estoy me que VUELO toda. Que hasta mariposillas tengo en el estómago.

Que me da a mi que fijo me dejo algo por poner en la maleta. Pues excusa tengo para el gasto y el aporte económico a otra comunidad.

Que no creo yo que mi pezuña quepa en las sandalias. Pues un número más. Porque para mí que, al igual que mi cuerpo, mi pie también ha echado carne.

Que menos mal que no nos pesan a las personas, porque a la vuelta yo pagaba extra seguro y por supuesto me tendrían que embarcar en bodega.

Ayss, compis, que esto despega. Y estoy atacaíta toda. Y eso que lleva Jones viajando por el mundo desde los diecisiete. Anteayer, concretamente.

Os dejo solas una semana, portaros bien, que espero traer muchas anécdotas que contaros.

Besos gordos de #JonesOnTravel.