¡LOS BENEFICIOS DE TENER FACEBOOK!

Últimamente se ha hablado mucho de la adición que empezamos a tener una gran mayoría, entre los que me cuento, a Facebook. Que si selfie por aquí, que si selfie por allá. Que si no podemos hacer, actuar o visitar sitios sin contárselo a todo el mundo…y no digo yo que no sea cierto, pero…

¡Facebook tienes sus beneficios!

Se lo contamos al mundo y el mundo nos responde – o no- pero no “incordiamos” a nadie que no lo desee y sobre todo: no obligamos a contestar. Aparece en tu muro y le haces el caso que quieras y ya está.

Me explico:

A mi la gente me habla. No tengo ni idea de por qué. Supongo que debo parecer una tipa afable y de modales comprensivos y la gente me cuenta sus cosas sin yo pedirlo ó quizás porque debo andar con cara de “paño de lagrimas” por la vida. Pero mi teoría es que todas esas personas que no tienen facebook están como “ansiosas” de compartir sus cosas con el resto del mundo. Somos animales sociales. Y como además somos educados, pues contestamos.

El otro día en el Centro de Atención Primaria de mi barrio. Llego a las 15h. solo para que me validen una receta.

Encuentro sospechosamente unas 10 personas sentadas enfrente de la consulta del doctor, señal indiscutible de que “va tarde”. Lo de siempre, vamos. Ir a la Seguridad Social últimamente requiere disponer de una paciencia infinita y enfocarlo como una excursión: llevarte una botellita de agua, un libro para leer, una manzana por si te da la hora de la merienda…Total, me siento y antes de nada saco el móvil, como no, y la señora de al lado:

–        Aysss, cuanto hay que esperar siempre, ¿verdad?

 Levanto la vista del móvil. Sonrío. Lo veo venir: es una de esas señoras que no tiene facebook y quiere hablarme. 

–        Es que esta fatal el tema. Porque como con los recortes le ponen más gente a cada médico, pues claro lo colapsan y así nos va a nosotros, yo ya llevo más de una hora… 

Sonrío de nuevo. Cualquier palabra puede alentarla a seguir esta conversación sin fin…y si ella ya lleva más de una hora, preveo poder leer los primeros 50 capítulos de la Biblia antes de que me toque. 

–        Pero que se le va a hacer. Mira que a mi Paco le ha salido una culebrilla y que le duele mucho y que no puede ni moverse. ¿sabes? 

Asiento con la cabeza. Pienso en la culebrilla. Y en si será contagioso. Me doy cuenta que los asientos son muy estrechos y que la señora está muy cerca mío. Practico apnea por si se contagia por el aliento pero a los 30 segundos creo morir. Respiro. Me resigno a llevarme una culebrilla de recuerdo.

–        Oye, y que no hay manera, venga pastillas. Me han dicho que una curandera te puede ayudar. ¿tú conoces alguna?

Niego con la cabeza. Sonrío de nuevo. Tengo 587 amigos en facebook de los cuales nadie es curandero/ra, así que no soy de gran ayuda. Vuelvo a coger mi móvil con la esperanza de desanimarla a seguir contándome las desventuras de su marido…

Yo no soy gente, larga vida a facebook, historias reales, mundo surrealista

Y entonces lo veo claro:  Un mensaje en facebook sería la solución a sus problemas. 

Facebook: “De nuevo en el CAP. Lo que hay que esperar siempre. Mi Paco que le ha salido una culebrilla. Por cierto, ¿alguien me puede recomendar una curandera”

107 likes.

8 comentarios de ánimos para Paco.

15 comentarios solidarizándose con las esperas en la Seguridad Social.

4 recomendaciones de curanderas posibles.

 

Y es que me pregunto yo: ¿Por qué la gente me cuenta cosas hasta en los momentos más inesperados?

Mercadona. Sábado mediodía. Compra del mes. Cajera simpática.

–        ¿ya está todo?

Saco el último artículo, un bote de Mr. Proper (perdón, más conocido por Don Limpio) y  lo coloco en la cinta transportadora y añado:

–        Sí, esto es todo.

–        Pues yo limpio los fines de semana ¿sabes? –me dice ella.

–        Perdone – contesto yo. (Después de mirar a derecha e izquierda para cerciorarme de que efectivamente me está hablando a mí) 

–        Si, si, como te lo cuento. Después de todo la semana aquí currando, todo el fin de semana limpia que te limpia, bueno…reventada me quedo.

–        Ya, claro… (¿Hola? ¿Buenas? ¿En que momento nos hemos hecho amigas y nos contamos estas cosas?)

–        Y lo peor, es que tengo alergia al polvo…oye, y mi marido no me echa ni una mano.

–        Ya, bueno, suele pasar… (A ver, desde el cariño…es que a mi no me interesa esto. Yo lo que quiero es meter la compra en el carro, descargarla en mi casa y abandonarme en el sofá de mi casa como-si-no-hubiera-un-mañana)

Yo no soy gente, larga vida a facebook, historias reales, mundo surrealista 3 Mi marido, que está recogiendo la compra, me mira desde el final de la cinta y me hace una expresiva mueca que quiere decir: “Oye, pero ¿tu la conoces”.

Yo le pongo cara de “No, para nada. No tengo idea de porque me está contando esto”.

–        Y es que yo no quiero que venga una de esas señoras a limpiarme la casa, eh? Que no te lo dejan bien, que como una lo hace,…

–        Claro, claro, eso es cierto… (le contesto, sin alentarla,…)

Y así hasta que conseguí pasar la tarjeta, recoger la compra y salir huyendo. Otro claro ejemplo para facebook… 

Facebook: “Otro fin de semana limpiando. Trabajo entre semana y también el fin de semana en casa. Pepe ni me ayuda y yo con alergia al polvo”

278 likes.

25 comentarios criticando a Pepe.

10 comentarios alentándola a coger una señora de la limpieza.

6 recomendaciones de otras alérgicas al polvo. 

¿Le veis o no la practicidad a facebook? Porque es que yo lo veo clarísimo. Ya existía un pre-facebook antes de facebook que es todo ese personal dispuesto a contarle sus historias a cualquiera que cruce la mirada más de 3 segundos con ellos.

Yo no soy gente, larga vida a facebook, historias reales, mundo surrealista 2

E Instagram… Gracias a Dios que existe la cámara en versión selfie, sino ibas por la calle pidiéndole a la gente que te hiciera fotos con unas probabilidades de éxito muy pequeñas.

Y los selfies. Maravillosos. Muerte a la foto de carnet en la que solías salir siempre con cara de que-me-estas-contando.

Así que me declaro a favor de todas las redes sociales, nos hacen más ídem y nos relacionan con mucha más gente.

¡Larga vida a Facebook.

  (Nota: Ilustraciones realizadas por Anna Castro. Gracias!.)

 

 

¡QUE DIFÍCIL ES ESTAR BUENA A LOS 40!

¡Pues sí!… ¡Muy difícil! Y eso que yo lo intento con todas mis fuerzas, pero que si la fuerza de la gravedad, que si el metabolismo se vuelve lento, que si ya las hormonas campan a sus anchas sin hacerte caso alguno…ayss…y eso que yo le echo disciplina al tema que ríete tu de las Victoria’s Secret y sus esquemas.

Yo no soy gente, Que dificil es estar buena a los 40, historias reales, mundo surrealista

Me levanto por la mañana y me bebo dos vasazos de agua, que me apetecen en ese momento lo-que-yo-te-diga, por aquello de que “el metabolismo se ponga en marcha” y dicho sea de paso, porque tengo más piedras en el riñón que el lobo de caperucita en el estomago, así que de paso aprovecho a ver si se van rio abajo. 

Y luego me como un kiwi. Claro. Que el estreñimiento engorda y hay que ayudar. Perezón del millón pelar un kiwi cuando, por norma habitual, siempre vas un poco tarde (siempre!)

Mientras se hace el café, que me tomo con leche de avena y sacarina, me regalo un momentazo especial con dos galletas de fibra.

Me voy a la ducha como alma que lleva el diablo y en lo que la toalla enroscada en el pelo le va quitando la humedad mientras la mascarilla especial pelo teñido actúa… 

Me pongo crema hidratante en el cuerpo, anticelulítica en las piernas, glúteos y abdomen, hidratante en la cara, despigmentante en las manchitas, regeneradora en el cuello, antiojeras en las susodichas y mi BB cream 3 en 1 que todo lo tapa y te deja un cutis como si te hubieran pasado al menos un par de capas de photoshop  y así como quien no quiere la cosa ya parece que hayas dormido un par de horas más y que tu cutis se ha venido arriba.

Vuelvo a la cocina, abro la botella de agua de la que antes ya he sacado los dos vasazos y le añado un jarabe que lleva 1200 ingredientes y que promete ser diurético y dejarte el abdomen plano cual tabla de planchar. Incluso cuando el agua coge ese color cafetoso-extraño-sospechoso yo ni me inmuto. ¡Yo puedo! Dos manzanas (Fuji, gracias!). Todo al bolso y a currar.

Yo no soy gente, Que dificil es estar buena a los 40, historias reales, mundo surrealista3

A media mañana, un té verde por lo de que es antioxidante y previene de unas 4 millones de enfermedades.

A eso de las 13 h y para matar el gusanillo un Té Rojo, ya que en la caja reza “el devoragrasas” y yo que le echo verdadera fe, he decidido creérmelo.

Mediodía. Una ensaladita con atún (por lo del Omega 3 y porque tiene las vitaminas, bla bla bla), un yogurt de soja de chocolate y para el gimnasio.

Llego, me tomo mi pastilla de L-carnitina y me voy a clase de Zumba.

Me descoyunto viva para ver si con tanto movimiento de cintura la afino un poco. Echo el hígado. Me entrego tanto que a la cuarta canción noto que, como si fuera una Nancy, alguien me ha abierto la cajita de la espalda y me ha sacado las pilas. Pero yo puedo.

Pienso en el bikini rosa chillón estampado de palmeritas que me he comprado y me vengo arriba de nuevo.

Acabo la clase, subo a la sala de pesas porque hacen 15’ de abdominales, sudo la camiseta y bajo corriendo porque tengo hora en la estética el gimnasio.

Yo no soy gente, Que dificil es estar buena a los 40, historias reales, mundo surrealista2

Me hacen un masaje “drenante” que me deja tantos morados y secuelas en las piernas como si las hubiera enviado solas a la guerra de Vietnam y hubieran vuelto pidiendo clemencia.

Llega la enfermera, hoy toca mesoterapia, saca su aguja y con una sonrisa se acerca hacía mi y clava la primera estocada.

–        ¿te hago daño?

–        No, que va. Tú sigue, sigue a lo tuyo.

No, que va, maja. No me haces daño. Para nada. Ahora mismo solo querría amordazarte, robarte todas las agujas y clavártelas en modo acupuntura. Buffffff, que subidón de adrenalina. Vale, tengo la regla y eso hace que lo vea todo más negro. Pero es que dueleeeeeeeeeee!

Por fin, acaba.

–        Y ya sabes, ahora a hacer deporte que es lo mejor después de la meso – me dice

Abandono la estética, miro el horario y veo que la clase de Cardioboxing está a punto de empezar, así que arrastro mi dolorido, amoratado y requetepinchado cuerpo y me entrego una vez más a un entrenamiento sin fin.

Por fin, me voy hacía el vestuario. Deber cumplido. Y me siento en el banco deshecha y dos pliegues de mi estomago se sientan conmigo. Y digo yo: ¿Por qué no podré tener un metabolismo que vaya a favor? Maldigo a Gisele Bundchen, Irina Shayk y Karolina Kurkova por ese orden. Y me voy a mi casa.

Llego, me desmaquillo, me pongo serum en la cara, hidratante en el cuello, reafirmante en las piernas, hidratante en las manos y finalmente el pijama.

Voy hacía la cocina, abro la nevera, pero estoy tan cansada que en realidad no me apetece cenar nada…excepto esa copa de chocolate y nata que compro mi marido (para él, of course), el fin de semana. Uhmmmmm. Eso sí que es un premio.

Me siento en el sofá y relamo la tapa hasta que la dejo tan brillante que me hace de espejo. Sonrío. Saboreo el chocolate y luego la nata. Y la nata con el chocolate junto. Y luego el chocolate con un poco de nata. Le veo mil combinaciones al tema.

Y finalmente, un poco más hidratada, desinflada, drenada, metabolizada y entrenada me caigo con todo el equipo en la plenitud de mi sofá.

Cansada pero Feliz. Y como mínimo 15 días más joven  o eso quiero creer…

 (Nota: Ilustraciones realizadas por Anna Castro. Gracias!.)

 

TODOS SOMOS EL BARON ASHLER

Yo no soy gente, Baron Ashler, Todos somos el Baron AshlerDicen por ahí que todos tenemos una mitad masculina y otra femenina.

Vamos…que nuestro cerebro es mitad hombre, mitad mujer.

Yin y Yang. Motores y compras. Mapas y atenciones.

Es decir que vamos por ahí cual Barón Ashler, sin tener muy claro para que lado nos decantamos. Y digo yo, ¿cómo sabe una si es más masculina que femenina o al revés?

Tirando de memoria, he estado pensando hacía que lado me decanto y creo que he llegado a algunas conclusiones…

Ya de muy pequeña jamás solté una lágrima viendo como Marco gastaba suela recorriendo medio mundo tras la pista de su madre. Además odiaba profundamente a su mono Amedio.

Siempre me dio igual que Clarita se despeñara montañas abajo porque Heidi se había ido a ligar con Pedro. En realidad, yo quería ser el abuelo. Ese hombre que parecía vivir con todas las comodidades para su época, ser un tipo apacible y seguro que tenía un montón de pasta debajo de una losa y el negocio de las cabras era una tapadera.

Tenía 6 años cuando mi madre ya me dejaba entrar en la cocina a “ayudarla”, hasta que me volqué un plato de sopa hirviendo por la barriga y desde entonces gasto un ombligo de lo más curioso, así pues mama me vetó la entrada. ¿La verdad? Qué alivio.

Yo no soy gente, Baron Ashler, Todos somos el Baron Ashler, Afrdita A, Mazinguez Z, pechos fueraY esas tardes eternas mientras mi madre hacía ganchillo (que a mí me parecía lo más aburrido del mundo) y me daba un par de agujas para que practicará. “¿Hola? ¿Pero que me estas contando?”-pensaba yo. Yo lo que quiero es irme a la calle a correr como si no hubiera un mañana.

Adoraba las noches de Curro Jiménez (muy fan del “Estudiante” por aquella época) junto a mi padre en el sofá, mientras él me decía en el intermedio, cuando ponían los anuncios: “Cambia el canal a ver que echan en la UHF”.

Y yo obediente iba y venía ante la ausencia del mando a distancia y solucionando así el tema de la obesidad infantil.

Bueno, bueno, y el momentazo Starsky y Hutch, no tenía nombre…mi padre y yo viendo a esos dos cutre-detectives que nos parecían lo más, y que cuando a todo el mundo le gustaba Hutch, yo era más de Starsky. Solo por llevar la contraria.

Yo nunca tuve una Barbie. Jamás me gustaron (ni me gustan), a ver piltrafilla…esa muñeca anorexica seguro que no tenía fuerza ni para vestirse sola. Yo era más de Nancy, una tipa robustona que lo mismo se iba a una fiesta que descargaba camiones.

Bufff ¿Y Candy Candy? siempre me pareció una ñoñez superlativa. A mí me encantaba Mazinguer Z. Moría cada vez que Sayaka decía aquello de “Pechos Fuera” y sus pechos cargaban contra el enemigo, y aún me gustaba más el rollo morboso que se llevaba con Koji.

Mi heroína era la única componente femenina del Comando G. Sobrevolando los cielos y arrasando entre el personal masculino.

Y llego la adolescencia y con ella, lo días jugando al futbol en la calle y yo siempre era la portera. Defendía aquel banco-portería que ríete tú de Valdés. Hasta que mi madre me chichaba por la ventana: “Subeeeeeeee, que ya es de noche”.

No me importa recocerlo yo creo que hasta la pubertad (léase llegada de la menstruación odiada y deseada a partes iguales por esas fechas), fui un chicazo. ¡Y a mucha honra! Balanza decantada hacía el lado masculino sin remedio alguno.

Yo no soy gente, Baron Ashler, Todos somos el Baron Ashler, Madonna, Who is that girl.

Luego a los 13 con la llegada de los tacones, Madonna y los pintalabios, el tema mejoro bastante, ganando peso el lado femenino.

Ahora creo que tengo la balanza fifty-fifty, lo mismo me contoneo haciendo pole-dance al estilo más sexy que boxeo y apaleo el saco como si me estuviera enfrentando en un ring.

Vamos, que reparto glamour y ostias como panes por igual.

Pura contradicción. Sí,  ¿Y qué?

#mazinguerZeslomas  #nomegustanlasbarbies  #mejorfutbolqueganchillo

 (Nota: Ilustraciones realizadas por Anna Castro. Gracias!.)

ODA A MI PADRE

Si, hoy quería hablaros de mi padre. Ese señor al que no dejamos tranquilo ni ahora que está jubilado. Y digo SEÑOR, en mayúscula, de los que ha llevado toda la vida (¡y lleva!) pañuelo de tela.

Mi padre pertenece a esa generación de hombres trabajadores que se dejaron la piel “ganándose el pan para su familia”.

A las 6 de la mañana siempre me despertaba su tos, profunda y cogida. Y yo lo escuchaba desde la cama. Y diez minutos más tarde, cual ritual metódico, sentía la cucharilla dando vueltas al café. Luego la bolsa de plástico del bocadillo y la puerta que se cerraba. Día tras día. Lloviera, nevara o estuviera a 40 de fiebre. Era mi héroe.

Mi padre trabajaba mucho. Muchísimo. Y llegaba siempre más de noche que de día, pero antes de llegar a casa pasaba todos los días a buscarme cromos por la librería del barrio y yo le esperaba ansiosa y le decía:

–        ¿Me has traído cromos?

–        Pues claro.

–        Papaaaaaaaá, es que están todos repes. Dile a la señora de la tienda que te de los sobres salteados mañana. ¿vale?

–        Vale.

Yo no soy gente, Oda a mi padre, relatos cortos, real facts 2

Yo tenía ya por entonces una teoría sobre el trabajo en cadena. Imaginaba aquellas señoritas aburridas ensobrando cromos, metiéndolos todos iguales para fastidiar a los niños que los recibíamos y me daba mucha rabia.

Estaría encantada de que aún siguiera trayendome cromos, era un momento muy especial, pero claro ahora tendrían que ser cromos de la VOGUE colecciones.  :-) :-) :-)

Ayssssssssssss…..

Mi padre llevaba (y llevo hasta su jubilación) un camión. Hasta que tuve 8 años no tuvimos coche, así que a todos sitios se iba con el camión.

¿Qué nos vamos a ver a la familia que vive en Olesa? Pues en camión.

¿Qué hace muy buen día de playa? Pues a Salou en camión. Hombre el tema del aparcamiento no estaba como ahora, no obstante aparcar un camión volquete en las inmediaciones de la playa requería su tiempo y por supuesto el aire acondicionado no existía por aquel entonces. ¡Y mucho menos el cinturón de seguridad!.

Con la llegada de mi hermana, y ante el aumento de gastos, mi padre trabajaba todos los fines de semana en que conseguía trabajo. Haciendo un rebaje para una torre, allanando unos terrenos, allí donde hacía falta un volquete estaba el, porque mi padre hace justo honor a lo de “Yo para ser feliz quiero un camión”. Y de pronto yo ya era lo suficiente mayor para ir con él.

Yo no soy gente, Oda a mi padre, relatos cortos, real facts

Tenía 11 años y empecé a irme a trabajar con él los fines de semana. Me parecía lo más ir en un camión tan alto y ver los coches ahí abajo, la máquina nos llenaba el volquete y luego nos íbamos a descargar a “la timba”. Comíamos huevos y patatas fritas con otros compañeros de trabajo y me lo pasaba genial. Fue una gran época de mi vida.

Hasta que me vino la regla. Me crecieron los pechos y mi padre me considero de pronto NO APTA para ir con él. No entendía nada. Cuando te llega la menstruación tu mente no cambia de un día para otro. Así que fue un trauma.

La adolescencia fue lo peor. Me temo que salí demasiado moderna y mi padre nunca pudo entender que fuera “cómo un árbol de navidad”, por más que yo le explicaba que era el estilo “Madonna” (y todos sabemos que la Madonna de los 80, llevaba tanta “quincalla” encima que podría haber puesto una parada de bisutería ella sola). Tampoco entendía que quisiera irme a Londres con 18 años. Claro, yo me veía muy mayor, aunque ahora que lo pienso apenas una criatura todavía.

Gracias a Dios que esos años tortuosos pasaron rápido y la relación con mi padre volvió a su cauce. Le agradezco que  a pesar de no siempre entenderme, siempre me apoyara. Que yo creo que aún tiene más mérito porque tienes que echarle ahí una fe ciega…

Ahora, ya jubilado, y creyendo él que había llegado su momento de descanso, que no será porque no se lo ha ganado, ha desarrollado nuevas profesiones.

Mi secretario personal para gestiones con los organismos oficiales, talleres mecánicos y cualquier otro “mandao” en el que es requerido.

Taxista a full-time de mi madre que hace 4 cursos diferentes por semana y en diferentes zonas de Sabadell.

Cuidador oficial de mi sobrina, VIP oficial en la guardería y en el bar de meriendas de al lado.

Por todo ello, ahí va esta Oda padre: Porque puedes con todo y eres el mejor!

#mipadreeslomas #heroescotidianos #sincamionnohayparaiso

 (Nota: Ilustraciones realizadas por Anna Castro. Gracias!.)