FERROCIENTA

¿Ferrocienta? Pues sí. Toda la vida me han gustado los ferrocarriles, desde que era bien chiquita. Mi abuelo paterno solía llevarme a una estación de RENFE, cercana a mi casa, dónde pasaba horas y horas viendo trenes pasar. Paraban frente a la estación y me encantaba mirar a la gente que iba dentro. ¿A dónde irán? – pensaba yo.

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La verdad es que es una costumbre que no he perdido. Aún ahora cuando cojo los ferrocarriles, miro a la gente de mi alrededor e intento adivinar si están contentos, tristes, cansados, vienen  de trabajar o van a algún sitio de ocio. Dicho así suena todo muy bucólico, pero me temo que lo que pasa es que llevo una chafardera dentro que pugna por salir a cada rato.

De más mayor, estudié en Barcelona y luego trabaje durante 10 años en el centro. Iba y venía en aquel vaivén agradable que te mece y que te va adormeciendo hasta echar babilla.

Ahora lo cojo a menudo cuando bajo a hacer recados, tengo reuniones o asisto a eventos. Normalmente para cuando alcanzo el asiento (habitualmente 4 de la tarde) llego tan muerta, después del madrugón matutino, que sólo quiero dormir.

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No obstante primero toca gestionarse las piernas en modo tetris con tu compañero de enfrente. Luchar por el reposabrazos y hacerte con el antes de que venga tu compañero de al lado. Luego hay que encontrar la posición correcta para la espalda. Mucho mejor si coges ventana así apoyas la cabeza contra el vidrio y mueres de sueño directamente allí. Bajas un poco la persianilla en previsión de la molestia del sol. Y ¡ala! ¡A dormir a pierna suelta!

El otro día estaba tan cansada que al llegar a Barcelona centro, bajo todo el mundo y cómo el tren estaba de “retirada” y no volvía a salir, me quedé dentro encerrada. Empecé a asomarme por la puerta e intentar llamar la atención de los que pasaban por el andén. ¡Ni caso oye! Será que debía tener súper poderes aquella tarde y había pasado a ser “la mujer invisible”.

Yo no soy gente, historias reales, mundo surrealista, Ferrocienta 89Luego tiré de la famosa palanca obviando el letrero que decía “NO tirar de la palanca”, pero no pasó nada.

Después llamé por el interfono pero no me contestó nadie.

Y entonces, tuve uno de esos momentos en que tu mente conecta con todas las películas que has visto en las que pasan cosas malas dentro de un tren. ¿Por qué? ¿Por qué la mente es tan malditamente selectiva?

Me entro pánico y empecé a golpear el vidrio de la puerta hasta que un señor de rojo – el conductor – me vio y me hizo con la mano la señal de “calma, calma”. Supongo que para entonces ya debía tener los ojos fuera de órbita y debía parecer una terrible loca esquizofrénica. Y de pronto se abrieron las puertas, salí cómo alma que lleva el diablo y aquel señor se convirtió en el héroe de la tarde para mí. #heroescotidianos

Cuando regreso por las noches, voy un poco más despierta y miro alrededor para ver el panorama. Hay personajes de todo…

  • Los locos del wasap, que no levantan la cabeza del móvil hasta Yo no soy gente, historias reales, mundo surrealista, Ferrocientaque se dan cuenta que están en su parada y salen corriendo atropellando al personal que hay por el pasillo para alcanzar la puerta justo en el momento que empieza a sonar el bip-bip y en modo kamikaze saltan hacía fuera con riesgo de morder el polvo del andén. #ferrocientoswasaperos
  • Los que entran y ves que miran arriba, abajo, un asiento, otro… andan buscando un diario. Pero a esas horas de la tarde/noche lo único que quedan son hojas sueltas aquí y allá por los asientos, como testigos de lo que fue una mañana llena de noticias. Como plan B tienen el de sentarse al lado de alguien que SI tiene Diario y leerlo por el rabillo del ojo #ferroparasitosliterariosonthetrain
  • Los que van tan atabalados y con poco tiempo, que comen/cenan en el tren y a las 20.30 abren el tupper delante de ti y te llega un olorcillo a Espaguetis al pesto tan intenso que todos tus jugos gástricos se ponen en pie de guerra diciendo: “quiero, quiero, quiero”. Tú intentas dormir para no pensar en el hambre que te acaba de entrar. No way. El olor te llega incluso en la oscuridad de tu semisueño. #ferrocientoshambrientos
  • Los “Dios que día”, llegan y tal y como se le cierran los ojos se almohadillan en tu Tú te lo miras incomodo, pero en el fondo te sabe mal decirle nada. La señora enfrente tuyo te mira con cara de “estás haciendo la buena obra del día” y tú coges un pinzamiento en el hombro pero regalas un sueño divino a un ferrociento. #ferrosolidaridad
  • Los que hablan por el móvil pero en realidad no lo necesitan porque chillan tanto que los oyen desde Valladolid. Y cada vez que pasamos por un túnel y se corta la comunicación, vuelven a llamar y empiezan la conversación desde cero #ferrocientosinsistentes
  • Los que no quieren invertir en el recibo del agua y se sientan
    a tu lado regalándote un tufillo matador que amenaza con hacer
    que te desmayes – que la verdad sería un alivio. Miras a tus compañeros de enfrente y te das cuenta que SI ellos también pueden olerlo. Pero el tren va lleno así que decides practicar apnea antes de morir de humanidad”. #ferrocientosguarrillos

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A mi encanta moverme en ferrocarril. Básicamente porque el aparcamiento en Barcelona está fatal y el tren me deja dónde yo quiero. Eso sí a las 23.50 salé mi último tren con destino a casa y luego como en el cuento, la carroza se vuelve calabaza y no es cuestión de volver a casa en taxi después del baile.

Yo no soy gente, historias reales, mundo surrealista, Ferrocienta 77Así que allí donde esté, a las 23.30 pierdo el zapato y salgo en modo #piesenpolvorosa para coger mi último tren. El tren de FERROCIENTA.

Os he de reconocer que en mi huida me he llevado algún susto/tropezón.

Cómo el de hace unas semanas que bajando yo corriendo por las escaleras mecánicas, di un traspié y para no matarme me apoye en la espalda de la señora de delante. Se giró y me dijo:

  • ¿Estás bien?
  • Perdone, ¿me deja pasar que pierdo el tren?

No sé puede ser más desagradable, pero es que a las 23.50 ya no me queda amabilidad, por lo visto. Señora del mundo ferroviario desde aquí le digo: Gracias por su apoyo y perdón por mi respuesta.

He de cuestionarme coger un tren antes. Total Ferrocienta o no, nunca me persigue un príncipe azul y mucho menos un príncipe azul forrado…

#moladormireneltren  #ferrocientacogeelultimotren  #sintrennohayparaiso

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EXCESOS, RESACAS y PROPÓSITOS.

Yo no soy gente, Historias reales, mundo surrealista, Excesos 9Es año nuevo mientras escribo este post. Me acabo de levantar del sofá solo para escribirlo. La resaca que me lleva vapuleando todo el día ha decidido que me levante y lo haga. Mientras yo lo que quiero es darme vuelta y vuelta en su mullido cojín, porque estoy acabada.

Me duelen las piernas, desde las inglés hasta las uñas de los pies y la cabeza me va a estallar. Tengo tanta sed que parece que haya vuelto hoy de estar perdida 15 días en el desierto del Sahara sin rastro de ningún maldito Oasis ó en su defecto me haya metido en la boca cuatro polvorones a la vez y me haya quedado sin saliva intentando digerirlos.
Pero ¡EH! He llegado hasta aquí, estoy casi sobreviviendo a estas Yo no soy gente, Historias reales, mundo surrealista, Excesos 5fiestas, me queda pasar Reyes y con un poco de suerte lo supero sin daños colaterales (bueno sin más daños de los de caerse en plena discoteca cómo me pasó ayer), pero me levante con tanta dignidad que casi no cuenta.

De hecho todo empezó el día 24 de Diciembre. Ese día comencé mis ansiadas vacaciones y decidí que era el gran momento para hacer una catarsis personal, rememorar lo bueno y lo malo y corregir. MAL. Invadida por el supuesto espíritu del “Año Nuevo, vida Nueva” haces barbaridades que ni te planteas cualquier otro día del año.

Yo no soy gente, Historias reales, mundo surrealista, Excesos 4Como por ejemplo: Comer sano. Haces una megacompra de comida sana para que lo más dañino que haya en tu nevera sea un yogur de soja de chocolate. Regalas la panera a tu madre, por supuesto.

Y te compras un Lekue (sí chicas, lo he hecho ha entrado en mi cocina) y haces un intento de cocinar, de momento con un éxito digámosle prudente.

Decides que ahora que tienes vacaciones, en vez de descansar, es el gran momento para hacer deporte “a saco” y que vas a llegar a la oficina con dos kilos de menos en vez de “de más”. Ostras, esto es de verdad creer en la magia de la Navidad o pensar que tienes un duende en casa que te succiona la grasa con cañita por la noche.

Sea como fuere, lo he dado todo. Y así estoy.

Nochebuena empezó con moderación. Navidad se me fue de las manos, Sant Esteve y con la suegra…Bingo y turrones a la par.

Así que el 27 me vine arriba y salí a correr unos kilómetros. Estaba tan motivada que lo hice en la mitad del tiempo habitual. Bien!!. El 28, salí de nuevo, aunque esta vez me costó más, pero lo hice, BIEN!. El 29 no podía moverme. El 30 tuve que descansar si quería volver a ser persona. Es lo que tienen los excesos.

Yo no soy gente, Historias reales, mundo surrealista, Excesos 88El 31 y por lo de acabar bien el año (y porque el día 2 ya volvía al trabajo, en el mejor de los casos, con los mismos kilos con los que me fui), llegué al gimnasio y a pleno pulmón grité aquello de “dejarme sola”.

Me metí entre pecho y espalda una clase de TBC y después otra horita de Zumba y ya con el cansancio pertinente llegué a mi casa hecha una piltrafilla, me tomé dos tés rojos y a comerme el último día del año.

Lo de que la edad pasa factura es cierto. Doy fe…hoy. Llegada la mágica noche, estuve dos horas bailando canciones con mi sobrina y luego me fui a mi discoteca habitual a bailar salsa.

Todos sabemos que las discotecas se ponen a petar esa noche, así que lleguemos prontito, bueno pronto… ¡que abrimos la discoteca junto con el portero! #ansiavivaesloquesomos.

Bajo el lema de “vamos a bailar todas las canciones ahora, antes de que se comience a llenar la pista y después ya no se pueda”, en el que mi marido y yo estábamos de acuerdo, nos lanzamos a la pista #comosinohubieraunmañana.

El caso es que “por sí” “por sí”, no sé si por efecto de la crisis o vaya-usted-a-saber la pista no se acabó llenando y yo estuve 3 horas bailando del tirón, cada salsa, cada bachata, en plan #danzardanzarmalditos, poseída como si llevará los zapatos rojos de Dorothy y dándome cómo único respiro las cuatro kizombas que pusieron esa noche.

Experimentando en la barra descubrimos que el Malibú con tónica sabe genial, es refrescante y tiene un puntito que te recuerda al Caribe que tanto nos gusta. Y así rememorando rememorando…¡que nos tomamos tres!

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A ver se entiende, que con la emoción del momento y del descubrimiento te vienes arriba y  ¡que carajo! ¡Que es Fin de Año!. Un ron con Coca-Cola por poner un punto clásico y un par de copas de cava para brindar por la noche. Mágica, claro.

En uno de esos brindis estaba yo, cuando empezó a sonar mi salsa favorita, solté la copa cómo si quemara y me lancé a los tres escalones que me separaban de la pista… de cabeza. Se me enganchó un tacón y me vi mordiendo el polvo. Aún con el bullicio del momento y el stress de la caída alcancé a ver a mi amigo de-toda-la-vida August y eché las manos a sus hombros y gracias a Dios que eso freno mi caída.

keep-calm-and-levantate-como-una-missY así agarrada a August arrastré mis dos rodillas por los tres escalones, pero el golpe final ya fue flojito. Eso sí, note como mi cara se distorsionaba contra su camiseta con la gravedad de la caída.

Y luego el corrillo. “¿Estás bien?”

¿Yo? Yo estoy divinamente. Maravillosa. La reina de la pista. Aunque me haya partido las rodillas y ¿qué?.  Repartí sonrisas de “bien, estoy bien” y me fui a bailar el resto de mi salsa favorita, mientras notaba cómo mis rodillas amenazaban con regresar solas a casa esa noche.

Ya en el coche, de vuelta a casa, me cayeron encima las dos clases de gimnasia, los bailes con mi sobrina, el rodillazo del millón, el cansancio de los tacones y todo ello regado con Malibú mucho Malibú, algo de cava y muy poco juicio. #loquevienesiendoEXCESOSentodoelsentidodelapalabra

Yo no soy gente, Historias reales, mundo surrealista, Excesos 200Esta mañana entendí a Mecano y  su ”Hoy no me puedo levantar”. Estaba pegada a la cama con cinta de doble cara y mi cabeza no recordaba nada.

Me dolían los músculos, los huesos y me encontraba al borde de la deshidratación. #losexcesossepagan

Y aún me duelen. Con vuestro permiso me vuelvo al sofá. No sin antes darme una vuelta por la nevera…

Bah! Zumo de naranja y dos tortitas de maíz… ¡Malditos propósitos de Año Nuevo! #avercuantomeduran

#sibebesnobailes  #rodillazosdefindeaño #estasfiestasvanaacabarconmigo

SOY UNA TIA CHUNGA

O eso dice mi hermana. Dice que le “apijo” a la niña. Que soy una tia “chunga” y que no le enseño cosas de niños a mi sobrina. Vale, ser una Sinhijos seguro que no ayuda mucho, pero yo pongo en el tema un esfuerzo infinito.

Y digo yo, ¿para qué estamos las tías? Hombre noooo, que si yo no he tenido hijos, pues claro que no tengo arraigada la necesidad de educar a la criatura como Dios manda. Yo estoy para malcriarla. Para que la niña me adore pero por razones muy diferentes a las de sus padres.

Mi sobrina nació fashion y por eso la primera palabra que aprendió a decir fue “sabata” (zapato en catalán), y aunque nadie lo apreció en esos momentos yo ya pude ver a la Imelda Marcos que llevaba dentro y que, está mal que yo lo diga, pero el tiempo me ha dado la razón.

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Me gustaba tenerla encima cuando era muy chiquita apenas meses y reptaba por encima mío con ese olorcito tan especial, yo me hacía a la idea de que es que la niña ya me sentía como su tia pero la realidad es que la niña buscaba comida y debía pensar “Está también tiene pechos, aquí está el menú del día”. Fin de la fantasía, la realidad se impone.

Con un añito ya era la leche, se movía a ritmo frenético y yo pensaba “salsera” como su tia. A los dos años bailaba el boogie – boogie como la que más, pero no fue hasta los 3 añitos en que su conversación modo-Tarzán ya la delataba como una conversadora nata, que empezamos a intimar y a convertirnos en verdaderas colegas.

Mi sobrina, cuyos padres castizos, de ésta nuestra raza, son morenos, bien parecidos y latinos dónde los haya, ha salido con rasgos ruso-croatas, así que yo la llamo Bratislava. Al principio se hacía la remolona pero ahora se ha convertido en una broma muy nuestra. Yo la llamo Bratislava y ella se ríe a carcajadas.

Así que un día inicie a Bratislava en el arduo proceso del maquillaje: crema hidratante, base, polvos, colorete, lápiz de ojos y pintalabios. ¡Le encanta! Es más se sabe el proceso de memoria; cuando le estoy poniendo el colorete ya me dice: “Ahora los labios, tita” y luego gasta espejo como la susodicha y nos miramos y nos miramos hasta que nuestros egos quedan satisfechos y entonces con los labios bien rojos nos entregamos al placentero ejercicio de hacer animales de plastilina.

A mí lo que me gusta es regalarle ropa a mi sobrina. A mi todas las muñecas me parecen iguales, Ana la reina del Frio, Tarta de Fresa y su perro, Barbie y su armario, a mí no me toca ese papel. Yo lo que quiero es que la niña vaya mona y fashion, por eso le compro la ropa en Zara: pantalones militares, de total tendencia. Look grunge, tartán y lentejuelas. Y la niña encantada. Otra historia es ver la cara de mi hermana cuando abre los regalos y con su mejor voz falseada dice: “Que…que…diferente…y…y…original”. Por eso dice que soy una Tia Chunga.

Pero no es cierto, si es que la niña lo lleva en las venas. La he enseñado a posar cual la egoblogger de su tia. “Bratislava, cariño, la mano en la cintura, siiii, y las piernas juntitas” “Ahora sin mirar a la cámara”, y la niña se entrega a la cámara que ríete tú de Cindy Crawford en sus inicios, le auguro una prometedora carrera estilística.

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Ahora ya hemos llegado al punto en que podemos ir juntas de shopping. Entramos en una zapatería y a la pregunta de ¿Qué botas te gustan?” Elige 8 modelos diferentes y se va directamente a la dependiente y con su lengua de trapo le dice “el 28” y nos dan las uvas probando botas. Le intuyo no solo que le gusta ir de compras sino que al igual de su tita (orgullo de ídem) lleva una personal shopper dentro, pues además de elegir sus botas, eligió unas para mí y otras para su madre con un criterio bastante acertado.

Que conste que también hago cosas de tía-no-chunga. Como el pasado lunes, día que por infortunio, servidora (Sinhijos y sinjuicio) llevaba tacones esa tarde en que junto con mi hermana, a la cual critique desalmadamente cuando vi que no le conjuntaban las bambas con el resto del vestuario:

Corrí los 100m. lisos para llegar al colegio, subir la rampa, esquivar a varias madres, dar codazos por doquier y llegar en la nada-despreciable posición número tres a recoger a la niña en clase.

– Correr 100 m. lisos más para llegar al parque más cercano y aprovechar la ventaja conseguida al recoger a la niña y poder pillar columpio antes que el resto de las madres se hicieran con su churumbel y fueran hacía el parque.

Dar en el columpio media hora, ponerme delante y detrás y hacer muecas hasta crearme nuevas patas de gallo (más aún, quiero decir #porunasobrinatodo).

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– Bajar del columpio y correr hasta la peluquería del barrio, la niña, mi hermana y yo, más poseídas que keniatas en maratón, para que le cortaran el flequillo a la criatura.

– Descubrir que es lunes y está cerrado. Llorar amargamente mientras deseas llevar unas bambas de running y no tus “tacones cómodos” que por alguna razón han dejado de serlo.

– Llegar a casa de mi hermana, tomar Cacaolat y desmayarme en el sofá como si viniera de hacer 3 clases de Zumba juntas.

– Ver “Mulán” del tirón y entusiasmarme.

– Jugar casi una hora con Bob esponja y sus amiguitos mientras le pongo el pijama a Bratislava.

Acostarla y que te dé el “abracito grande” (contradicciones de mi vocabulario con mi sobri) más maravilloso del mundo mundial.

– Despedirme de mi hermana, con una admiración modelo te-voy-a-hacer-un-monumento, solo de pensar que es capaz de aguantar este ritmo todos los días.

¿A que todo esto no lo hace una tia chunga? Querida hermana, admítelo, NO SOY TAN CHUNGA.

Llegar a mi casa y literalmente morir en mi sofá. Agotada. Feliz. Desquiciada. Plena. Mirar las fotos de la tarde y luego ya la nada. Fundido a negro.

#sinhijosysinjuicio #taconesysobrinasnoesunabuenacombinación #Bratislavaforever

 (Nota: Ilustraciones realizadas por Anna Castro. Gracias!.)

ODIO LA NAVIDAD

Pues sí, odio la Navidad, las luces, las compras desenfrenadas, los renos y a ese gordinflón que viene vestido de rojo todos los años a tocar las narices una temporada y que cuando lo ves aparecer representa que te ha de nacer el “espíritu navideño”. Venga ya.

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No siempre fue así. A mi me gustaba la Navidad, cuando teníamos una Navidad nacional, de esas con costumbres de aquí. Cuando las luces se encendían con santa Lucía y no antes y los regalos los traían tres señores con capa y no el gordinflón de rojo, de esa forma se añadían días a la espera y la emoción crecía. Me encantaban los anuncios de Navidad, me transmitían magia, calidez, ilusión y momentos especiales.

Yo no soy gente, historias reales, mundo surrealista, Odio la Navidad 22Ahora  entre el cambio climático y el consumismo, cuando regreso en pleno Agosto liada en la toalla de playa, ya veo los abrigos de pelo, así que no es de extrañar que la Navidad – y su supuesto espíritu – ya estén aquí a mediados de octubre.

Las luces se encienden cada vez más pronto aportando una sensación de
irrealidad a la ciudad que aún no está preparada para ese choque de leds inapropiado para la época y el bombardeo para la compra de regalos es casi insolente, te hace sentir que si no compras eres mala persona por no pensar en los tuyos.

Esos “tuyos” que llevas cada día en el corazón cuando estiras el sueldo del mes para poderles dar un capricho de vez en cuando, sea o no sea Navidad.

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Además ¿Quién le pegó una patada al niño Dios y puso en su lugar a Papa Noel? HO HO HO, se ríe el cabrón, normal se ha salido con la suya. Y dicho esto, está cada vez más claro y extensivo que hemos hecho nuestra la Navidad yanqui, así que… ¿para que ponemos el Belén?

Yo no soy gente, historias reales, mundo surrealista, Odio la Navidad 6No seamos hipócritas que el Niño Dios ya no pinta nada en todo esto. Ahora la historia viene de Laponia, llega en trineos y no sé dónde debe aparcar tal y como está la saturación de parking en las ciudades.

Y mejor no hablemos de los últimos anuncios de Navidad, que en vez de aportar magia e ilusión al pueblo ponen los pelos de punta. Aportan una dosis de realidad extra que no necesitamos, porque ya la vivimos en el día a día. El de este año es de echarse a llorar y que conste que me sabe mal por los actores.

Y luego está la Navidad en la empresa y el regalo “para clientes”: Algo bonito, aparente, delicado, bueno, que aporte magia, que se vea de calidad, de fácil transporte, que sirva igual para todo el mundo y por supuesto que entre en presupuesto. HO HO HO a lo Papa Noel haría yo en esos momentos.

No me queda otra que convertirme en Ilusionista y sacarme de la chistera “algo” que encaje con el 80% al menos de los requisitos solicitados. Luego nadie está contento. No le gusta nunca a todos. Escribir las postales es un engorro y vas de mesa en mesa en plan: “¿las tienes ya?”. Pero no, siempre hay algo más importante que la Navidad en las empresas.

Yo no soy gente, historias reales, mundo surrealista, Odio la Navidad 228Excepto cuando nos plantamos a día 20 y está “todo por hacer” entramos en stress máximo y a lo Scarlata O’hara gritamos: “Juro que el año que viene no me vuelve a pasar esto por Navidad”.

¿Qué me estas contando hombre? Que la Navidad siempre cae en las mismas fechas.

Ni hablar del tema del amigo invisible, que haces aquel sistema aleatorio que te parece tan gracioso y te toca mira-tu-por-donde el chico croata que trabaja en producción y del cual apenas sabes la edad.amigo-invisible

Y te cogen todos los males. Y vagas por las tiendas intentando encontrar algo que denote que has pensado en el, pero que sea neutro, pero que tenga gracia y que no le ofenda, porque no sabes muy bien de sus costumbres y todo ello con el presupuesto de turno.

Las Navidades están llenas de presupuestos y no hay nada menos entrañable que hacer números en estas fechas. HO HO HO. ¡¡Pues haber dejado a los Reyes!! Que venían en Enero y nos daba tiempo a cobrar el sueldo de Diciembre.

El otro día leía con acierto en una revista: “¿Hay algo más raro que ser felices en compañía de parientes que hemos evitado todo el año?”.

Yo no soy gente, historias reales, mundo surrealista, Odio la Navidad 87Pues eso, entre sentarte con los parientes que ves una vez al año e intentar que la conversación sea fluida, el Bingo que sale con los turrones y los frutos secos y alguien siempre a punto de rascar la botella de Anís a modo pastorcillo. Lo que de verdad sería un Belén es el que armaría yo con una recortada en mano.

Incluso las fiestas con los familiares cercanos son un infierno. ¿A ver cómo le explico yo a mi madre que no me entran cuatro canelones después de un vermouth extravagante y extra-todo de Navidad y una sopa de galets tamaño pelotas de pin-pong sin parecer desagradecida? ¿A ver como hago para zafarme de semejante festival culinario?

Cuando llevo quemadas 2849 horas de gimnasio, 876 pastillas de L-carnitina y 20 masajes anti celulíticos desde la vuelta del verano para seguir con los mismos tres kilos de más que me agencié el pasado Agosto a base de calamares y pescaito fresco.

No puedo permitirme dos kilos más a base de canalones porque bajarlos va a ser un infierno– cómo diría Rambo.

Yo no soy gente, historias reales, mundo surrealista, Odio la Navidad 5He encontrado la fórmula, la comparto con vosotr@s por si a alguien más le sirve: Ofrécete a ser “LA VOLUNTARIA” en cualquier evento familiar-navideño.

La que va a buscar los cuchillos que faltan, rellena las copas, trae la sal, retira los platos, suministra más servilletas, con tanto vaivén nadie podrá jamás llevar la cuenta de los canalones que llevas entre pecho y espalda.

Rebajas un poco la tensión estomacal y haces un bien a los comensales. Un plan inocuo y efectivo.

Yo no soy gente, historias reales, mundo surrealista, Odio la Navidad 981Gracias a Dios que desde hace unos años mi único consuelo es ver la cara de mi sobrina cuando ve los regalos bajo el árbol y se pone a danzar con revuelo.

Solo en ese momento creo que ha valido la pena dejarme pisar los pies por miles de carros ansiosos en el Toys ‘R Us.

Que conste que es solo mi opinión: Pero añoro cuando las muñecas de Famosa iban al Portal y lo único que te recordaba tu economía era aquello de “1880: El turrón más caro del mundo”, y las burbujas de Freixenet chispeaban en mi cabeza y cuando veía el anuncio de la lotería y aún pensaba que un día sería rica.

Yo no soy gente, historias reales, mundo surrealista, Odio la Navidad 2299Y cuando Melchor, Gaspar y Baltasar me dejaban la casita de PIN y PON además de un poco de carbón para hacerme ver que tenía campo de mejora para el año siguiente.

Venga, sin rencores…UN BRINDIS… y ¡Buenas Fiestas!

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