¡NO ME CUENTES CUENTOS!

Cuando era pequeña mi habitación estaba empapelada con un papel que era un compendio de todos los cuentos populares de la época. En línea recta con mi vista según dormía en mi almohada, me quedaba Caperucita. Toda mona ella con su cara sonrosada y un lobo hambriento salivando detrás.

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Me pregunto cuanto de “verdad” nos han aportado esas historias, cuantas veces esos cuentos nos han hecho creer en historias surrealistas con finales menos creíbles que la defensa de Urdangarin.

Yo no soy gente, Historias reales, mundo surrealista, No me cuentes cuentos 9Y es que a mí ni me gustaba ni me gusta que me cuenten cuentos. Yo soy más de historias reales.

No existen Caperucitas. O más bien sí. Pero las Caperucitas de hoy en día llevan minifalda, tacones de 15 cms y un escote que haría disparar al aire al más pacífico de los cazadores.

Los lobos salivan a su paso y aúllan en manada mientras hacen el botellón de turno y las Caperucitas no necesitan que las defiendan, con un golpe airado de esa capa roja desmontan a los más feroces.

¿Y qué me decís de la Bella y la Bestia? Olvídate de que nadie se fije en ti si eres feo o bestia y ¿Bellas? Las bellas de mirada lánguida y corazón tierno están más extinguidas que los dinosaurios. Ahora lo que se estila son “bellas-bestias-felinas” que arrasan la noche a su paso y dejan la pista de baile cual prado por dónde paso el caballo de Atila.

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Digamos que el cuento que menos me disgustaba era el de Cenicienta, por lo de ir al baile (yo es que siempre he tenido alma de bailarina), pero es imposible creer que el príncipe es azul – a no ser que sea Papa Pitufo – y más imposible aún que te va a salvar de entre cenizas.

Mira, Cenicientas son lo que más abundan. Esas chicas que un día se Yo no soy gente, Historias reales, mundo surrealista, No me cuentes cuentos 3casaron con un príncipe azul – o así se lo hacía ver la ceguera del amor – y que se hayan dándole a la bayeta y al Mr. Proper con dos criaturas colgadas de la chepa y el príncipe sin corona ubicado en el sofá con el mando de la tele incrustado como una segunda mano.

Mientras la bruja de su suegra y sus dos hermanastras-cuñadas que lo adoran y veneran, lo defienden a capa y espada y ellas siguen soñando con el Louboutin perdido aquella noche de borrachera en la discoteca. ¡Muerte a la maldita hada madrina!

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¿Y los tres cerditos? O los 30 que te puedes encontrar en cualquier barra de bar, pegados al taburete y con la copa en la mano cómo si les fuera la vida en ello, los ojos fuera de las orbitas divisando a sus presas mientras que el barman de turno sopla y sopla y sopla – como rezaba el cuento – a ver si consigue que se larguen a su casa que tiene que cerrar el bar y no hay quien los mueva.

El único cuento que veo mejorado es el de la Sirenita, que hoy en día aunque hubiera perdido la voz siempre le quedaría el wasap que une mucho y no te hace ni gastar saliva ni tensar las cuerdas vocales.

  • Príncipe, ¿Dónde te hayas? (icono sonrisa)

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  • Bella Sirena, acabo unos trámites en palacio y bajo al acantilado (icono guiño)
  • No tardes que acabo de ver asomar el tridente de mi padre mar adentro… (icono olas de mar…)

A mi dame realidad pura y dura, de la que duele, que a mí me gusta fantasear lo justo.

La realidad es que yo los lunes por la mañana soy una bruja malvada y diabólica que enveneno con la mirada y no necesito manzanas. En el trabajo nada de Bella sino de Bestia (y muy parda). Miércoles de Cenicienta pasando la mopa por casa y jueves de Sirenita en la piscina del gimnasio. Y ya el viernes muy Caperucita…

No hay finales felices ni sonrisas angelicales, ni bellas muy buenas y tampoco bestias muy bellas y mucho menos hadas madrinas, así que por favor…

¡NO ME CUENTES CUENTOS!

#lodelprincipeazulesuntimo #novoyaperderningúnzapatoymenosunLouboutin #caperucitasferocesybestiaspardas.

Yo no quiero viajar, yo quiero teletransportarme

Sí y lo repito: Yo no quiero viajar, yo quiero teletransportarme.

Perdonar, pero es que a mi viajar me parece un rollo. Pero un rollo pollo. Por tres razones:

–        Hacer la maleta con sus consecuentes “por si’s” (por si llueve, por si refresca, por si hace calor,..)

–         Buscar el viaje, avión, hotel… (buenuuu el mano a mano con las tarifas de internet es terrible y una guerra perdida de antemano) y…

–        Pasar la penuria de las pocas o muchas horas que nos separan de nuestro destino (no me diréis que no habéis descartado destinos porque están a un montón de horas de viaje!!)

Pero hoy os voy a hablar sólo de la primera: Hacer la maleta es un horror. Tienes que llevarte media casa o la casa entera y hacer magia potagia para que todo quepa en un cubículo y pese menos de 20 kilos.

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Cosas a llevar si o si: El cepillo y la pasta de dientes es lo primero que entra
(antes muerta que con un paluego), el desmaquillante de ojos, el de cara y algodón consecuentemente. El sérum y la hidratante. El quitaesmalte y el esmalte (ah y el brillito para acabado), el cepillo para peinar pelazo. La BB Cream 3 en 1 que no cabe en tu neceser de mano, las toallitas de higiene intima (otro por sí), un par de coleteros y una lima de uñas. Todo esto solo para empezar, así, como quien no quiere la cosa. Y ya parece que el tema restauración lo tenemos controlado.


Yo no soy gente, historias reales, mundo surrealista, yo no quiero viajar yo quiero teletransportarme 9Vamos con los conjuntitos.
Lo más practico es llevártelos hechos. Esto te ahorra espacio en la maleta y tiempo en destino de pensar que te pones.

Aun así y aunque empiezas con buena voluntad…caen dos shorts, 3 camisetas, 3 tops, un vestido ibicenco, una ajustado más “de arreglar”, un par de falditas monas, el peto tejano, dos jeans, la cazadora tejana, un pantalón negro básico… ¡en fin…un sinfín! 8 kilos

Añade ahora los zapatos: las chanclas para estar cómoda allá donde vayas y para entrar a duchas ajenas e indeseables. Unos zapatos planos para “patear” lo que te echen, unas bambas “por si” te da por hacer ese ejercicio que llevas un año planteándote (y crees que el arrebato te va a dar en plenas vacaciones).

Yo no soy gente, historias reales, mundo surrealista, yo no quiero viajar yo quiero teletransportarme 22Unas plataformas, para las salidas informales de tarde y unos taconazos para la noche, en negro que van con todo. O casi.

Así que echas también unos nude para asegurar el tiro. Y dicho esto tu maleta ya pesa 13 kilos.

Y vas a por los bolsos…
Una mochila para cuando sales por ciudad, en la que te cabe un agua, una chaquetita, un abanico, la cámara de fotos y dos elefantes blancos… ¡de todo se puede encontrar ahí! Y un bolso cruzado, una bandolera vamos, que
combine con tus plataformas, anteriormente
citadas, para ir conjuntadísima de la muerte al mercadillo de turno. Un bolso pequeño, no vas a ir vestida de noche y con bolsazo. Y ya de paso echa un clutch que nunca se sabe lo que puede acaecer. 17 kilos.

Aquí ya te das cuenta que la maleta se va engrosando y decides que te vas a llevar pocos complementos: Un foulard para el día “de trote” y uno para la noche por si los aires acondicionados. Un par de collares étnicos, dos collares babero del tamaño de Gibraltar, un cinturón estrechito (y uno ancho también), un par de juegos de pulseras, que dan mucho rollo en verano y un par de anillacos vintage de esos que no-se-pueden-quedar-en-casa. Vamos, ¡lo mínimo!

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Ahhh! Y te acabas de acordar que no has cogido tu capazo (¿Qué es el verano sin un buen capazo?), ni las cangrejeras!! Con lo trendy que tú eres, las cangrejeras se vienen sí o sí.

594737 kilos. #dimequenovasconryanairotearruinas 

Y te sientas a cerrar la maleta que está a punto de vomitar toda la ropa, cuando ¡por Dios! ¡La ropa interior! Cómo ya estás muy agotada, pones directamente 7 tangas, 7 braguitas y 7 culottes, así si no es una cosa será otra. Un sujetador “que aguante”, el “sin tirantes”, el “cruzado” para los vestidos con espalda al aire. Uno en blanco para el vestido ibicenco y el nude para que no trasparente con según qué prendas.

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¡Lo tienes! Te tiras encima de la maleta y das unos culazos cual luchador de sumo hasta que, a riesgo de que las cremalleras salgan disparadas, consigues cerrarla. Y en ese momento llorarías. Ya no te apetece lo más mínimo el viaje, solo quieres la comodidad de tu armario y zapatero y dejar el bote abierto del desmaquillador si te apetece.

¿Es o no es un rollo? Yo lo que querría es teletrasportarme, aparecer en el destino y encontrar allí mi armario. Mis cosas. Todo lo que necesito.

Yo no soy gente, historias reales, mundo surrealista, yo no quiero viajar yo quiero teletransportarme 8¿No os pasa a vosotras? Es pensar en hacer la maleta y me deprimo, eso sí cuando llego a destino y a modo de premio me forro a mojitos para consolarme del descalabro emocional y físico que me ha supuesto llenar la dichosa maleta.

Y las vacaciones a la vuelta de la esquina. ¡He de comprar una maleta más grande…pero ya!

#porfavorinventarelteletransporteya  #hacerlamaletaesunrollopollo #yencimasiempretedejasalgo

¡QUIEN TIENE UN PELUQUERO TIENE UN TESORO!

Esta claro que el titulo lo dice todo.

Que levante la mano quien no ha salido alguna vez (muchas veces) de la peluquería con la clara sensación de que el “es un peinado súper rompedor, reina, que te va a dar un look muy trendy” que te lanza el peluquero en cuestión se va a convertir al día siguiente en tu peor pesadilla y la de tu cepillo.

Yo no soy gente, quien tiene un peluquero tiene un tesoro, Historias reales, mundo surrealista 4Tienes que encontrar una buena peluquería. Y sobre todo un buen peluquero. Que te quiera, que te entienda y que no te haga desgracias que luego te pasas meses pagando. Porque la realidad es que a mí el pelo me crece a velocidad de 1 nudo de crucero y si “te pasas” no queda otro remedio que esperar.

Hace 15 años que voy a la misma peluquería, así que sobran las palabras. Me llevo una buena amiga cuando yo tenía veintipocos y hasta la fecha sigo encantada.

A mí siempre me han gustado las peluquerías sinceras donde te dicen las cosas a la cara. Las verdades como puños y no lo que quieres oír. Esas que te dicen lo que te tienes que hacer y no las que te preguntan: “¿Qué te hago guapa?”. A ver…un momento…que el que curra en esto eres tú, majo.

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Tenía 27 años, flequillo y el pelo tintado de rojo cuando aparecí por primera vez de la mano de mi amiga en aquella peluquería. Fran me miro y me dijo: “Tienes un pelo muy sano, en cuanto te quite estas dos escobas que tienes por flequillo y el rojo choni que traes, vas a estar guapísima”.

Lo recuerdo como uno de esos momentos-estado-de-shock. No sabía si venirme arriba pensando en los resultados prometidos o llorar amargamente por los años de pelirroja choni que ya cargaba a mi espalda.

Yo no soy gente, quien tiene un peluquero tiene un tesoro, Historias reales, mundo surrealista

Lo que me gusta de Fran es que puedo discutir, argumentar, defender el peinado que yo traigo en la cabeza, me deja hablar y hace casi como si me diera la razón, pero en realidad una vez acaba mi discurso empieza el suyo. Yo suelo hablar a una velocidad media de 400 palabras por minuto que no está nada mal y es lo suficiente para estresar al más pacífico. Fran habla a 800 palabras por minuto.                                                          
¿Os lo imagináis: “Claro, mira, porque lo que voy a hacerte es…bla, bla…y luego
el escalado…bla bla…bla…y entonces se desfila y queda como si…y el color de Yo no soy gente, quien tiene un peluquero tiene un tesoro, Historias reales, mundo surrealista 3
pelo que te voy a dejar…fantástico porque entonces…bla bla…y quedaras rollo…bla bla…melena italiana…”.

Entenderéis que hay un momento en que mi mente pierde pie, la neurona me patina, el discurso se junta y ya no entiendo nada, así que me entrego a la tijera sin más dilación porque sé que el resultado va a ser bueno y si no lo es, siempre quedará la peluca verde que guarda en la recamara de la pelu. 

 

Cada vez que recuerdo la de experimentos que me hice hasta llegar a esta peluquería…

–         Raparme al 1 en un arrebato Britney Spears y estar fea hasta asustar por la calle durante meses (¿pero cómo te puede alguien dejar hacer esto?).

–         Hacerme la permanente “Ricci” y parecer Ricitos de Oro con mi cara de pan incluida (por favor si tengo el pelo más lacio que Cleopatra).

–         La vez que me puse demasiado rubia y parecía una Barbie artificial (que yo soy morena hasta la medula).

Nunca he podido entender esas peluquerías que te dicen “si” a todo. Me dan pánico.

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Además como hace tantos años que voy a “mi” peluquería, ya coges confianza…dormir en la silla de lavado si llegas reventada, que te maquillen un poco el día que llegas con dos horas de sueño, comer con ellos en la zona de descanso si llegas con el tupper. Vamos, ¡que todos son ventajas!

Y luego cuando sales guapa y convencida del resultado, vas por la calle pisando fuerte. Te vas camino del metro y bajas las escaleras dando unos golpes de melena que ni el anuncio Pelo Pantene.

Porque el día que llevas un buen peinado es cómo cuando llevas zapatos nuevos: Eres la reina de la calle. Y que se aparte el mundo.

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Este efecto te dura aproximadamente unas 3 horas, así que si tienes que hacerte fotos carnet o tienes la cita del millón, ese es tu gran momento. Aprovecha porque el efecto Cenicienta se desvanece y al día siguiente te miras al espejo y no te reconoces. 

Cada pelo de tu cabello es más independiente que Ikea y tu melena parece la fiesta del desmelene. 

¿A vosotras os pasa? Yo después de un corte de cabello paso un par de semanas en las que el cabello ha salido de su círculo de comfort y no sabe hacia dónde ir y salgo a la calle que parezco Helena Bohan Carter recién salida de la cama.

Eso sí reúno toda la dignidad que puedo cuando contesto: Estoy probando nuevos estilos. 

Lo dicho chicas, haceros con una buena peluquería, un buen peluquero y un buen peinado y a dar golpes de melena, que en el fondo todas llevamos una leona dentro…y… ¡a lucir pelazo con garbo! 

#noraparsealunobajoningunconcepto   #tupeluquerotetienequequerer #desgraciascapilaresquecuestandearreglar

TODO SOBRE MI MADRE

Mi madre y yo nos llevamos 20 años. Eso significa que cuando yo tenía 15 mi madre tenía 35, aun así a mí por aquella época me parecía mi abuela. Íbamos a comprar ropa juntas y yo que ya estaba bajo la influencia “New age” y el síndrome “voy a darlo todo”, no entendía que hacía conmigo esa mujer tan cateta. ¡Que dura es la adolescencia!

Yo, que ya paso (ejem…bastante) de los 35 y me sigo viendo a mí misma joven y por aquel entonces veía a mi madre como prima hermana de Tutankhamon. Y sin embargo ahora cómo agradezco que me tuviera tan joven y hayamos podido saltar (casi) el escalón generacional. 

Si algo admiro de mi madre es su sinceridad. A todos los niveles. Si estas fea estas fea y ella va y te lo dice, así el día que te dice que estas mona te lo puedes creer a pies juntillas.

Recuerdo cuando empecé a trabajar en Barcelona en una empresa nueva que tenía cantina. Con el cambio de horario no podía ir al gimnasio y con la ansiedad de todas las novedades del trabajo y la cantina a mano, me amorcillé un poco y empecé a usar ropa ancha. Hasta aquella tarde que visite a mi madre.

Me miró y me dijo: “Hija, ¿Porque últimamente te vistes de adefesio?”. Así sin más, con una naturalidad y espontaneidad que tumbaba de espaldas. Esta información, una de dos o te hunde o te vienes arriba y te pones a dieta que ríete tú de los Weightwatchers. Fue lo segundo.

Por eso es mi mejor consejera a cualquier nivel. Por ejemplo le digo:

–         Mamá, me quiero cortar el pelo corto

–         El pelo corto es sólo para las muy guapas

–         ¿Soy muy fea mamá?

–         No, hija. Eres muy natural. Y eso está bien. Las que no somos especialmente guapas, cuando envejecemos tampoco somos especialmente feas. ¿ves la ventaja? A las chicas “naturales” como tú el pelo os adorna mucho. No te lo cortes.

Hombre, entenderéis todas que estos argumentos son harto difíciles de rebatir.

Yo no soy gente, Historias reales, mundo surrealista, Todo sobre mi madre

Mi madre ha trabajado toda su vida como “cosedora”, así que conoce cada tela, cada hilo, cada trama de cualquier tejido, así que meterla en Zara a mirar prendas es llevarla hacia un suicidio lento. A ella le gustan las prendas buenas, elaboradas y bien acabadas.

Así que cuando le enseño una prenda cortada a tijera o sin dobladillo, he de escuchar el consabido (desde hace no pocos años…): “Alicia, eso es un trapo”.

A mi madre y a mi nos unen muchas cosas: el amor por los tejidos y la moda, los libros, los viajes, pero sobre todo nos une la hiperactividad insistente que desarrollamos ambas. 

Mi madre, esa mujer que cocina, cuida de mi sobrina, hace los arreglos de mi ropa y de toda la familia, va a cursos de patchwork, goma-eva, pintura al oleo, pintura a carboncillo y otras 1578 manualidades más de cuyo nombre no consigo acordarme, se atreve a llamarme a mi hiperactiva.

Dice que yo hago muchas cosas. Lo dice ella, que me comenta que mientras ve la tele, se trae el portátil para consultar recetas durante los anuncios y en lo que dura la película te hace una bufanda. Incongruencias de la vida: la hiperactiva soy yo.

Mi madre siempre me dice que yo no tengo una vida, que yo tengo un VIDÓN.

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Aún así –hiperactiva y sincera – la quiero mucho. Y le agradezco las trenzas que me hizo durante años, los cortes de flequillo torcidos, las botas de agua que me obligaba a llevar para que no me resfriará, los spaguettis con tomate-comételos todos de toda mi infancia y adolescencia.

Y aún ahora, las meriendas de confidencias, las tardes de compras, “revolver” juntas en las tiendas vintage, las veces que hace de fotógrafa improvisada en el mercadillo en plan “mamá, tómame una foto que no hay espejo” y tantas y tantas experiencias que espero que sigamos compartiendo muchos años.

Porque madre no hay más que una, y la mía lleva el pelo corto, es natural, sincera y apoteósicamente enamorada de la vida.

Está clara la trasmisión de genes ¿no?

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A mi me podéis decir aquello de:”Hiperactiva lo será tu madre”. Porque es cierto.

Love You Mum.

#hiperactividadqueune   #madressincerassonlasmejores #másqueunavidaunvidón

 (Nota: Ilustraciones realizadas por Anna Castro. Gracias!.)