CRISIS DE MEDIOCRIDAD

Pues sí, a veces me pasa. Tengo ataques de mediocridad. Por fortuna, no son graves. Conozco su procedencia y sé que duran de dos a tres días y luego se me pasan sin dejar secuela alguna y me vuelve de nuevo el juicio momentáneamente desaparecido.

Yo no soy gente, Historias realees, mundo surrealista, Crisis de mediocridad 4¿En qué consiste un ataque de mediocridad? Son aquellos momentos en que piensas que tu vida es menos interesante que la de una baldosa. Que tienes menos magia que los Reyes magos en Junio. Que no te pasa nada emocionante que revuelva tu interior. Que no te tocó la lotería.

Que no hay ningún tío bueno en la oficina que te alegre la vista. Que nadie te ha descubierto en Mercadona y te va a lanzar a la fama como le ha pasado a tantas modelos.

Esos momentos en que parece que a todo el mundo le va mejor que a Yo no soy gente, Historias realees, mundo surrealista, Crisis de mediocridad 6ti, que ves a todo el mundo más delgado y guapo que a ti misma. En resumen, que no te va mal, que vas haciendo, que afortunadamente no te pasa nada malo…aunque tampoco nada espectacular.

Que no has engordado ni te ha salido una verruga en la nariz pero tampoco te ha tocado un bono de mesoterapia en el sorteo de la estética. Vamos, uno de esos momentos en que te toca el gordo…de tu vecino, y te pones feliz, porque es una novedad.

¿Qué levante la mano quien no haya fantaseado más de un día con que la mediocridad de su vida se ve truncada por un hecho inesperado y emocionante? Por ejemplo…

1) Encontrar a tu propio Christian Grey, que igual luego al real ni me gusta ni nada, pero me veo a mi misma en la azotea del edificio más alto del Eix Macià de Sabadell y Christian diciéndome “Sube al helicóptero, vamos a sobrevolar la ciudad”, Wowww. O saliendo de mi trabajo un viernes y ver a Christian con una maleta pequeña diciéndome: “Hoy cenamos en Paris, te he traído una muda, por si nos quedamos…”. Pues mola oye, que quieres que te diga.

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Mucho más interesante que cenar en tu casa el pescado hervido que habita en el tupper que te ha traído tu madre, porque estás de nuevo a dieta, después de un día nefasto en el trabajo.

2) Yo, que adoro a Carmen Maura y me parece lo más cómo actriz, hasta hace no tanto soñaba que me descubrirían igual que a ella a los cuarenta y tantos.

Cómo participo en un grupo de teatro amateur, siempre pienso:

“Cualquier día viene un gran productor, se da cuenta que soy la leche y me da el papel de mi vida. Me pongo a hacer películas como una loca, me forro de pasta y a pisar alfombras rojas que la vida son dos días”.

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Necesito soñar con ello, cada vez que veo que canto entre regular y mal, y que año tras año me toca el papel secundaria tirando a terciaria.

3) O imagínate que como cada jueves vas a la frutería de tu barrio a comprar naranjas y kiwis, todos sabemos para qué, y la dependienta te convence para que compres un boleto de “a euro” para un viaje. Y sale tu número.

Yo no soy gente, Historias realees, mundo surrealista, Crisis de mediocridadY mientras estás hundida en la miseria de tus excels llenos de presupuestos en la oficina, recibes una llamada y tachan: “Le ha tocado un crucero por las Islas Griegas”.

Y lloras de emoción.

Porque durante 7 días desapareces de tu vida real y te embarcas – y nunca mejor dicho – en un sueño a lo Cenicienta-en-el-baile en el que  tú eres sino la más bella del lugar (esto ya sería demasiada ficción) al menos la más afortunada y no hace falta que te lo diga ningún espejo.

Y mola, mola mucho forrarse a piñas coladas y bailar bachatita en cubierta. Pero no, nunca te toca, en realidad te quedas “a un número”, así que otro año más a veranear en el pueblo.

4) También me imagino a lo Sexo en New York. Con mis amigas mega-pijisimas y todas con un curro-maravillosamente-estupendo-y-bien-pagado quedando aquí y allá para hacer el brunch, irnos de shopping y acabar en Tiffany’s.

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Nos reímos, bromeamos y entre copa de cava y gintonic nos enseñamos los últimos Louboutin adquiridos. Más risas. Besos de despedida y regreso a nuestras maravillosas casas de 400m2 (con su correspondiente señora de la limpieza) dónde nos espera un “forrado” encantador y risueño, dispuesto siempre a cocinar para nosotras.

Vale, irte con tus amigas a un hotel en Lloret de Mar que tiene Spa y buffet libre por 50€ también tiene su magia, pero….no acaba de ser lo mismo.

Yo no soy gente, Historias realees, mundo surrealista, Crisis de mediocridad70Gracias a Dios que estos ataques de mediocridad sólo me duran dos o tres días. Son debidos a tener un cerebro de Pedralbes encerrado en un cuerpo de barrio obrero.

Es algo que no he logrado superar. La culpa no es mía: Dios me hizo mal, ya lo dije AQUI. #elcreadortambiénseequivoca.

Luego estos ataques desaparecen y vuelvo a ser una persona absolutamente feliz con una vida más interesante que Superman por las noches. Mi marido es maravilloso y su tortilla de patatas supera cualquier brunch neoyorkino. Mi pisito se convierte en pisazo y en días de subidón hasta lo veo como un loft de diseño.

Mis amig@s son lo más – y de verdad que lo son – y compartir una simple birra con ell@s merece arrastrarte cansadísima después de un día patético a cualquier bareto sin más decoración que dos banderas del Futbol Club Sabadell.

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Tener un helicóptero me parece un dispendio absurdo y mi bólido Peugeot 407 supera con creces a Kit el coche fantástico. Ir de compras a Zara es de pronto un sueño y mi papel en teatro está a la altura de mis posibilidades.

La felicidad existe y las crisis de mediocridad tienen fecha de caducidad…pero siempre VUELVEN. Asumido. Pero si me encuentro con Christian Grey igual me pienso lo de volver…

#PonunChristianGreyenmividayyanomevesmás  #yoquieroiratiffanysycomprar

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LOS ZAPATOS DE MI VIDA

Yo no soy gente, Historias realees, Mundo surrealista, Los zapatos de mi vidaEs increíble como los zapatos están ligados a la vida de una mujer. Nunca tenemos suficientes. Son tan bonitos que podríamos llenar armarios enteros.

Es indescriptible cómo te sientes cuando estrenas zapatos nuevos y lo maravillosa que te sientes cuando calzas esos stilettos que te han costado un sueldo y medio y que adoras.

Los tienes en negro, en marrón, en print animal, planos, de tacón, botas, botines, merceditas…es algo que tu marido y su nefasto comentario: “¿Pero para que quieres tantos zapatos?” nunca entenderá. #hayquesermujerparaentenderestascosas

Yo nací en Agosto como ya os conté, en plena calor y con 5 kilos. Y con unos pies acordes a ese cuerpazo que había echado así que mi madre no me pudo poner nunca los típicos zapatitos hechos de ganchillo para la ocasión porque no me cabían. Yo me estrene directamente con unas merceditas de cuadro Vichy rojas (las que veis en la foto ya que mi madre aún las guarda!) dignas de un pie de 3 meses.

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Y así fui llevando diferentes modelitos hasta que a los dos años el pediatra descubrió que tenía los pies planos lo que se dice planos y empezó el martirio de las “botitas ortopédicas”, que por aquel entonces estaban muy poco evolucionadas y tenían cero diseño. Eras el maldito patito feo de la clase y te sentías como una versión enana del padre de la Familia Monster con aquel botarrón. #muyfrankensteinstyle.

No obstante siempre me quedaran aquellos veranos en que mi madre me dejaba calzar flip-flops y hacíamos pacto de que “no se lo diremos al médico”. #aquelloerapactarynoloquehacenengranhermano

Recuerdo perfectamente la zapatería a la que me llevaba mi madre, tenía una Yo no soy gente, Historias realees, Mundo surrealista, Los zapatos de mi vida 2zona elevada para niños con el suelo de cristal. Me encantaba. Me sentaba en una silla diminuta mientras me probaban diferentes modelos de botitas (de más a menos ortopédicas) y entonces… ¡Flipa! ¡Te hacían una radiografía!

Claro, como  esas edades te cuesta saber dónde te llega el dedito, pues ¡ala! radiografía y claridad absoluta. Sin límite. Hasta dar con el modelo adecuado. Menos mal que luego retiraron esta práctica… #barralibrederadiografias  #zapatossiempretutalla

Yo no soy gente, Historias realees, Mundo surrealista, Los zapatos de mi vida 3Gracias a Dios que a los 7 años se consideró que el puente-sobre-el-rio-Hudson ya estaba hecho o en su defecto todo lo que se podía hacer por él y me dieron el alta.

Y cómo revancha entré entonces en el mundo multicolor de las zapatillas Victoria. Las tenía en todos los colores: rojas, azules, verdes y blancas, por supuesto.

Iban sin piedad a la lavadora y las llevaba hasta que se habían encogido dos tallas y ya no me venían. #veranosvictoriaforever

Y luego llegaron las botas de agua, esas que te ponías cuando llovía. Quiero decir cuando el invierno era invierno y hacía frío y llovía y todo eso que ahora con el cambio climático se ha perdido. Además en mi barrio las calles no estaban asfaltadas y el barrizal era digno dela mejor pelea de cerdos, con lo que las botas realmente tenían una misión.

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No cómo ahora que toda fashionista que se presté tiene sus botas de agua “Hunter” y cómo el cielo amanezca lluvioso o hayan caído dos gotas: botas al canto. A las 11 de la mañana el sol achicharra y se te cuecen los pies, pero ellas pisando fuerte. #llegaracasaconlospiesachicharradosporlashunter.

¿Alguien se acuerda de las “botas de enanito” de los 80? Otra de esas modas infames a olvidar. Eran planas, de ante, anchas y llegaban un poco más arriba del tobillo. Las mías eran granates, las llevaba con todo y me daban un aire de enanita fuera-de-lugar de dudoso gusto y muy rollito “Aibo, Aibo, a casa a descansar! #malditos80

Yo no soy gente, Historias realees, Mundo surrealista, Los zapatos de mi vida 6Lo mejor fueron las camperas. Las llevaba con pichis de cuadros y el pelo suelto y largo. Estaba ideal para que me soltaran en cualquier rancho o para integrarme sin dilación en Dallas. #máscamperaqueDollyParton.

Y a partir de aquí ya hubo de todo… momento mocasines con borlas, temporadas no-me-quito-las-bambas ni para dormir, Merceditas estampadas, botas de todas las medidas, con más o menos acierto, hasta que a los 13 llegaron los tacones.

Yo no soy gente, Historias realees, Mundo surrealista, Los zapatos de mi vida 32Aquello fue lo más. Salir de mi casa con aquellos tacones muy estilo
Melanie-Griffith-en-armas-de-mujer para ir al cine con tus amigas. Correr con
ellos desde mi casa hasta la parada del autobús más cercana (a 2kms.) y no salirte ni una herida.

Como si hubiera nacido con ellos, como si fueran una segunda piel. Mis tacones y yo fundidos en uno. Y en blanco, más-horteras-no-podían-ser, pero creo que por aquel entonces los llevaba con tanto garbo que el color era lo de menos. #pisamorenapisacongarbo.

Y hasta la fecha. Ahora tengo demasiados muchos. Unos 20 pares de verano y otros 20 de invierno y un piso demasiado pequeño para alojarlos a todos. Tengo la casa medio colonizada, cualquier hueco que libero es una excusa excepcional para comprar unos zapatos nuevos.

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¡Porque nunca una mujer tiene suficientes zapatos!  ¡Y un hombre nunca lo va a entender! Así que mejor no intentar convencerlo y reservar las fuerzas para colonizar la parte del armario que él tiene vacía.

Y es que nuestro amor por los zapatos es como la letra de los médicos, ¡nadie lo entiende!.Zapato-adicta me declaro. Que conste. 

#quieroserImeldaMarcos  #porunosstilettosmato #loszapatosdemivida

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FERROCIENTA

¿Ferrocienta? Pues sí. Toda la vida me han gustado los ferrocarriles, desde que era bien chiquita. Mi abuelo paterno solía llevarme a una estación de RENFE, cercana a mi casa, dónde pasaba horas y horas viendo trenes pasar. Paraban frente a la estación y me encantaba mirar a la gente que iba dentro. ¿A dónde irán? – pensaba yo.

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La verdad es que es una costumbre que no he perdido. Aún ahora cuando cojo los ferrocarriles, miro a la gente de mi alrededor e intento adivinar si están contentos, tristes, cansados, vienen  de trabajar o van a algún sitio de ocio. Dicho así suena todo muy bucólico, pero me temo que lo que pasa es que llevo una chafardera dentro que pugna por salir a cada rato.

De más mayor, estudié en Barcelona y luego trabaje durante 10 años en el centro. Iba y venía en aquel vaivén agradable que te mece y que te va adormeciendo hasta echar babilla.

Ahora lo cojo a menudo cuando bajo a hacer recados, tengo reuniones o asisto a eventos. Normalmente para cuando alcanzo el asiento (habitualmente 4 de la tarde) llego tan muerta, después del madrugón matutino, que sólo quiero dormir.

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No obstante primero toca gestionarse las piernas en modo tetris con tu compañero de enfrente. Luchar por el reposabrazos y hacerte con el antes de que venga tu compañero de al lado. Luego hay que encontrar la posición correcta para la espalda. Mucho mejor si coges ventana así apoyas la cabeza contra el vidrio y mueres de sueño directamente allí. Bajas un poco la persianilla en previsión de la molestia del sol. Y ¡ala! ¡A dormir a pierna suelta!

El otro día estaba tan cansada que al llegar a Barcelona centro, bajo todo el mundo y cómo el tren estaba de “retirada” y no volvía a salir, me quedé dentro encerrada. Empecé a asomarme por la puerta e intentar llamar la atención de los que pasaban por el andén. ¡Ni caso oye! Será que debía tener súper poderes aquella tarde y había pasado a ser “la mujer invisible”.

Yo no soy gente, historias reales, mundo surrealista, Ferrocienta 89Luego tiré de la famosa palanca obviando el letrero que decía “NO tirar de la palanca”, pero no pasó nada.

Después llamé por el interfono pero no me contestó nadie.

Y entonces, tuve uno de esos momentos en que tu mente conecta con todas las películas que has visto en las que pasan cosas malas dentro de un tren. ¿Por qué? ¿Por qué la mente es tan malditamente selectiva?

Me entro pánico y empecé a golpear el vidrio de la puerta hasta que un señor de rojo – el conductor – me vio y me hizo con la mano la señal de “calma, calma”. Supongo que para entonces ya debía tener los ojos fuera de órbita y debía parecer una terrible loca esquizofrénica. Y de pronto se abrieron las puertas, salí cómo alma que lleva el diablo y aquel señor se convirtió en el héroe de la tarde para mí. #heroescotidianos

Cuando regreso por las noches, voy un poco más despierta y miro alrededor para ver el panorama. Hay personajes de todo…

  • Los locos del wasap, que no levantan la cabeza del móvil hasta Yo no soy gente, historias reales, mundo surrealista, Ferrocientaque se dan cuenta que están en su parada y salen corriendo atropellando al personal que hay por el pasillo para alcanzar la puerta justo en el momento que empieza a sonar el bip-bip y en modo kamikaze saltan hacía fuera con riesgo de morder el polvo del andén. #ferrocientoswasaperos
  • Los que entran y ves que miran arriba, abajo, un asiento, otro… andan buscando un diario. Pero a esas horas de la tarde/noche lo único que quedan son hojas sueltas aquí y allá por los asientos, como testigos de lo que fue una mañana llena de noticias. Como plan B tienen el de sentarse al lado de alguien que SI tiene Diario y leerlo por el rabillo del ojo #ferroparasitosliterariosonthetrain
  • Los que van tan atabalados y con poco tiempo, que comen/cenan en el tren y a las 20.30 abren el tupper delante de ti y te llega un olorcillo a Espaguetis al pesto tan intenso que todos tus jugos gástricos se ponen en pie de guerra diciendo: “quiero, quiero, quiero”. Tú intentas dormir para no pensar en el hambre que te acaba de entrar. No way. El olor te llega incluso en la oscuridad de tu semisueño. #ferrocientoshambrientos
  • Los “Dios que día”, llegan y tal y como se le cierran los ojos se almohadillan en tu Tú te lo miras incomodo, pero en el fondo te sabe mal decirle nada. La señora enfrente tuyo te mira con cara de “estás haciendo la buena obra del día” y tú coges un pinzamiento en el hombro pero regalas un sueño divino a un ferrociento. #ferrosolidaridad
  • Los que hablan por el móvil pero en realidad no lo necesitan porque chillan tanto que los oyen desde Valladolid. Y cada vez que pasamos por un túnel y se corta la comunicación, vuelven a llamar y empiezan la conversación desde cero #ferrocientosinsistentes
  • Los que no quieren invertir en el recibo del agua y se sientan
    a tu lado regalándote un tufillo matador que amenaza con hacer
    que te desmayes – que la verdad sería un alivio. Miras a tus compañeros de enfrente y te das cuenta que SI ellos también pueden olerlo. Pero el tren va lleno así que decides practicar apnea antes de morir de humanidad”. #ferrocientosguarrillos

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A mi encanta moverme en ferrocarril. Básicamente porque el aparcamiento en Barcelona está fatal y el tren me deja dónde yo quiero. Eso sí a las 23.50 salé mi último tren con destino a casa y luego como en el cuento, la carroza se vuelve calabaza y no es cuestión de volver a casa en taxi después del baile.

Yo no soy gente, historias reales, mundo surrealista, Ferrocienta 77Así que allí donde esté, a las 23.30 pierdo el zapato y salgo en modo #piesenpolvorosa para coger mi último tren. El tren de FERROCIENTA.

Os he de reconocer que en mi huida me he llevado algún susto/tropezón.

Cómo el de hace unas semanas que bajando yo corriendo por las escaleras mecánicas, di un traspié y para no matarme me apoye en la espalda de la señora de delante. Se giró y me dijo:

  • ¿Estás bien?
  • Perdone, ¿me deja pasar que pierdo el tren?

No sé puede ser más desagradable, pero es que a las 23.50 ya no me queda amabilidad, por lo visto. Señora del mundo ferroviario desde aquí le digo: Gracias por su apoyo y perdón por mi respuesta.

He de cuestionarme coger un tren antes. Total Ferrocienta o no, nunca me persigue un príncipe azul y mucho menos un príncipe azul forrado…

#moladormireneltren  #ferrocientacogeelultimotren  #sintrennohayparaiso

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EXCESOS, RESACAS y PROPÓSITOS.

Yo no soy gente, Historias reales, mundo surrealista, Excesos 9Es año nuevo mientras escribo este post. Me acabo de levantar del sofá solo para escribirlo. La resaca que me lleva vapuleando todo el día ha decidido que me levante y lo haga. Mientras yo lo que quiero es darme vuelta y vuelta en su mullido cojín, porque estoy acabada.

Me duelen las piernas, desde las inglés hasta las uñas de los pies y la cabeza me va a estallar. Tengo tanta sed que parece que haya vuelto hoy de estar perdida 15 días en el desierto del Sahara sin rastro de ningún maldito Oasis ó en su defecto me haya metido en la boca cuatro polvorones a la vez y me haya quedado sin saliva intentando digerirlos.
Pero ¡EH! He llegado hasta aquí, estoy casi sobreviviendo a estas Yo no soy gente, Historias reales, mundo surrealista, Excesos 5fiestas, me queda pasar Reyes y con un poco de suerte lo supero sin daños colaterales (bueno sin más daños de los de caerse en plena discoteca cómo me pasó ayer), pero me levante con tanta dignidad que casi no cuenta.

De hecho todo empezó el día 24 de Diciembre. Ese día comencé mis ansiadas vacaciones y decidí que era el gran momento para hacer una catarsis personal, rememorar lo bueno y lo malo y corregir. MAL. Invadida por el supuesto espíritu del “Año Nuevo, vida Nueva” haces barbaridades que ni te planteas cualquier otro día del año.

Yo no soy gente, Historias reales, mundo surrealista, Excesos 4Como por ejemplo: Comer sano. Haces una megacompra de comida sana para que lo más dañino que haya en tu nevera sea un yogur de soja de chocolate. Regalas la panera a tu madre, por supuesto.

Y te compras un Lekue (sí chicas, lo he hecho ha entrado en mi cocina) y haces un intento de cocinar, de momento con un éxito digámosle prudente.

Decides que ahora que tienes vacaciones, en vez de descansar, es el gran momento para hacer deporte “a saco” y que vas a llegar a la oficina con dos kilos de menos en vez de “de más”. Ostras, esto es de verdad creer en la magia de la Navidad o pensar que tienes un duende en casa que te succiona la grasa con cañita por la noche.

Sea como fuere, lo he dado todo. Y así estoy.

Nochebuena empezó con moderación. Navidad se me fue de las manos, Sant Esteve y con la suegra…Bingo y turrones a la par.

Así que el 27 me vine arriba y salí a correr unos kilómetros. Estaba tan motivada que lo hice en la mitad del tiempo habitual. Bien!!. El 28, salí de nuevo, aunque esta vez me costó más, pero lo hice, BIEN!. El 29 no podía moverme. El 30 tuve que descansar si quería volver a ser persona. Es lo que tienen los excesos.

Yo no soy gente, Historias reales, mundo surrealista, Excesos 88El 31 y por lo de acabar bien el año (y porque el día 2 ya volvía al trabajo, en el mejor de los casos, con los mismos kilos con los que me fui), llegué al gimnasio y a pleno pulmón grité aquello de “dejarme sola”.

Me metí entre pecho y espalda una clase de TBC y después otra horita de Zumba y ya con el cansancio pertinente llegué a mi casa hecha una piltrafilla, me tomé dos tés rojos y a comerme el último día del año.

Lo de que la edad pasa factura es cierto. Doy fe…hoy. Llegada la mágica noche, estuve dos horas bailando canciones con mi sobrina y luego me fui a mi discoteca habitual a bailar salsa.

Todos sabemos que las discotecas se ponen a petar esa noche, así que lleguemos prontito, bueno pronto… ¡que abrimos la discoteca junto con el portero! #ansiavivaesloquesomos.

Bajo el lema de “vamos a bailar todas las canciones ahora, antes de que se comience a llenar la pista y después ya no se pueda”, en el que mi marido y yo estábamos de acuerdo, nos lanzamos a la pista #comosinohubieraunmañana.

El caso es que “por sí” “por sí”, no sé si por efecto de la crisis o vaya-usted-a-saber la pista no se acabó llenando y yo estuve 3 horas bailando del tirón, cada salsa, cada bachata, en plan #danzardanzarmalditos, poseída como si llevará los zapatos rojos de Dorothy y dándome cómo único respiro las cuatro kizombas que pusieron esa noche.

Experimentando en la barra descubrimos que el Malibú con tónica sabe genial, es refrescante y tiene un puntito que te recuerda al Caribe que tanto nos gusta. Y así rememorando rememorando…¡que nos tomamos tres!

Yo no soy gente, Historias reales, mundo surrealista, Excesos

A ver se entiende, que con la emoción del momento y del descubrimiento te vienes arriba y  ¡que carajo! ¡Que es Fin de Año!. Un ron con Coca-Cola por poner un punto clásico y un par de copas de cava para brindar por la noche. Mágica, claro.

En uno de esos brindis estaba yo, cuando empezó a sonar mi salsa favorita, solté la copa cómo si quemara y me lancé a los tres escalones que me separaban de la pista… de cabeza. Se me enganchó un tacón y me vi mordiendo el polvo. Aún con el bullicio del momento y el stress de la caída alcancé a ver a mi amigo de-toda-la-vida August y eché las manos a sus hombros y gracias a Dios que eso freno mi caída.

keep-calm-and-levantate-como-una-missY así agarrada a August arrastré mis dos rodillas por los tres escalones, pero el golpe final ya fue flojito. Eso sí, note como mi cara se distorsionaba contra su camiseta con la gravedad de la caída.

Y luego el corrillo. “¿Estás bien?”

¿Yo? Yo estoy divinamente. Maravillosa. La reina de la pista. Aunque me haya partido las rodillas y ¿qué?.  Repartí sonrisas de “bien, estoy bien” y me fui a bailar el resto de mi salsa favorita, mientras notaba cómo mis rodillas amenazaban con regresar solas a casa esa noche.

Ya en el coche, de vuelta a casa, me cayeron encima las dos clases de gimnasia, los bailes con mi sobrina, el rodillazo del millón, el cansancio de los tacones y todo ello regado con Malibú mucho Malibú, algo de cava y muy poco juicio. #loquevienesiendoEXCESOSentodoelsentidodelapalabra

Yo no soy gente, Historias reales, mundo surrealista, Excesos 200Esta mañana entendí a Mecano y  su ”Hoy no me puedo levantar”. Estaba pegada a la cama con cinta de doble cara y mi cabeza no recordaba nada.

Me dolían los músculos, los huesos y me encontraba al borde de la deshidratación. #losexcesossepagan

Y aún me duelen. Con vuestro permiso me vuelvo al sofá. No sin antes darme una vuelta por la nevera…

Bah! Zumo de naranja y dos tortitas de maíz… ¡Malditos propósitos de Año Nuevo! #avercuantomeduran

#sibebesnobailes  #rodillazosdefindeaño #estasfiestasvanaacabarconmigo