LE LLAMABAN LUIS

Pues no. No me parece fácil. Para nada. Lo de REINVENTARSE, digo.  Es la tercera vez que me toca en esta vida, lo cual no está mal. Si echáis cuentas significa que cada vez que me reinvento paso unos diez añitos de cierta calma. Relativa. Porque yo soy de las que la ‘zona de confort’ ni la piso, porque pienso que esa zona como que te ‘seda’ un poco y te quita vida.

Así que ¡ala! Toda la vida inconfortable pero distraída.

#HombreSiMeLoDicesAsíIgualLoIntento

Me tocó reinventarme a los 27 y me di al Marketing como si no hubiera un mañana (Sí. Curso, Máster y Posgrado todo del tirón. Cuando me pongo soy muy obsesiva). A los 37 me tocó de nuevo y me di a la moda (sí, con su máster en asesoría, en escaparatismo y no sé cuántas cosas más. Yo lo doy todo). Y me da a mí que ahora a los 45 me va a dar por la escritura, aunque eso ya está más por ver.

El caso es que… ¿Cómo se reinventa una? Quiero decir, ¿cómo le llega la inspiración? ¿Cómo se ilumina? ¿Cuándo llegan las musas y te lo chivan al oído?

He puesto en práctica algunas opciones más bien tirando a rudimentarias.

  • Sentarme en el sofá, copa de vino en mano y dejar vagar la imaginación en un brainstorming sin fin. Algo así como los antiguos escritores, que utilizaban la absenta como catalizador de las musas – atención que tiene una graduación del 80% alcohol – pero me acabo quedando dormida siempre.
  • Escucharme. Serenarme. Relajarme. Mearme y tener que levantarme. Fin. Y es que a mí lo de ‘parar’ me cuesta mucho, lo confieso.
  • Salir a la calle ‘con los ojos bien abiertos’. Jolín. Lo que cansa ir por la vida haciendo el búho y buscando mensajes por las esquinas. Sí, ver veo muchas cosas, pero inspirada, lo que se dice inspirada, no vuelvo a casa. Eso sí, me duelen las pestañas a reventar de forzar la apertura visual.

Total, visto el fracaso de lo anteriormente descrito, cogí hora con mi terapeuta de Reiki y me dio la solución. Parece ser que el tema es bastante más fácil y yo lo andaba complicando.

  • Mayte, que ando perdidica. ¿Cómo retomo mi vida?
  • Cuando tú dices retomar tu vida, quieres decir tener 3 o 4 vidas, ¡que te conozco! Eres muy intensa y con una no te basta. No tienes que retomar nada. Lo que tienes ahora también es tu vida.

(Joder, pues va a tener razón, tú. Igual ya tengo una vida y estoy angustiada porque quiero más vidas, cual si estuviera en un videojuego).

  • Ya, pero como que he perdido un poco el rumbo, el Norte y yo creo que hasta el Sur.
  • Mira, cuando no sepas cómo orientarte pide ayuda a… ¿Dios? ¿El Ángel de la Guarda? ¿Tu guía espiritual? Como tú quieras llamarle…
  • ¿Puedo llamarle Luis?
  • ¿Luis?
  • Sí, bueno, por hacerlo más cercano y tal… yo es que necesito mundanizar estas cosas.
  • Está bien, pues vamos a llamarlo Luis.

Total, que ahora Luis y yo vamos de la mano cual pareja de enamorados. Bueno, más bien soy yo la que va de su mano y la que ya empieza a apoyarse en su hombro. Oye, y no está mal el tema.

¿Que no sé si presentarme a una entrevista? ¿o si debo coger un trabajo?

  • Luis, ¿qué hago? envíame una señal, por favor.

¿Que me preocupa cómo gestionar algún tema? ¿Que hay decisiones que no acabo de ver claras?

  • Luis, ¿dónde andas? ¿cómo lo ves?

Bueno, últimamente hasta aparcamiento le pido cuando bajo al centro. Parece que voy en el coche cual loca hablando con mi amigo invisible. Lo tengo a full. Veo que en breve hasta lo estreso.

Pero que conste, también hay días que me enfado con Luis, ¿eh? Y en voz alta le digo:

  • Jolín Luis. ¿De verdad tenía que ser así? Bueno, pues tú sabrás a dónde nos lleva todo esto… porque yo es que no lo veo.

Y es que me doy cuenta que, aunque te sientes en el sofá, pasees o medites, se te pueden ocurrir cien posibilidades, pero la vida tiene quinientas más disponibles que es imposible que se te ocurran. Así que mejor no angustiarse.

El otro día, sin ir más lejos, estoy en mi centro de estética habitual haciéndome un masaje anticelulítico (que dice Luis que él de esto no quiere saber nada) y Sandra, la esteticista con la que llevo hablando meses sobre la dificultad de encontrar piso – alquileres caros, fianzas imposibles, pisos minúsculos, zonas intocables – me dice de pronto, mientras masajea mis lorzas al aire:

  • ¡Ya tengo solucionado lo del piso!

Yo, que estoy boca abajo, me giro sorprendida y le digo:

  • ¡Qué bien! ¡me alegro! ¿cómo ha sido?
  • Mi suegra que se va a Gambia.
  • ¿A Gran Vía?
  • No, a Gambia.
  • ¿A Gandía?
  • Que no. Que no. A  África. Que su novio es de allí y se van a montar un chiringuito de patatas fritas y nos deja el piso.
  • ¡No!
  • ¡Sí!. ¿Cómo te quedas?
  • Muerta me he quedado.
  • Pues imagínate yo. Tú crees que, pensando en posibilidades, ¿se me hubiera ocurrido que ésta iba a ser la solución?

Pues no. Claro. Cómo se le va a ocurrir a alguien esa vía. ¡Ostras! Y si se le ocurre es que tiene súper poderes. Hay que reconocer que hay algunos “Luises” por ahí que son traviesillos y tienen la mente creativa.

Así que visto lo visto: me entrego. Lo que sea que quiera encontrarme, aquí estoy. ¡Lo espero! ¡Lo acepto! Autobús Línea 55. Parada Can Llong. 2º 1ª. Jones.

Y mientras, Luis yo vamos charlando entre cortados, jengibre y reiki de los caminos inexplicables que tiene la vida… aunque sigo sin saber qué quiero hacer con la mía. Pero si lo sabe Luis, pues ya llegará el día en que me lo cuente.

Además, igual no está tan mal lo de Gambia, ¿no? Voy a informarme.

Besos. Feliz semana

#YoNoSoygente #yVosotrosTampoco #YLuisMuchomenos.

 

 

 

SOY ACCIDENTABLE

El otro día tuve un accidente. Bueno, más bien tuvieron un accidente conmigo. Que dice mi Santo que soy muy accidentable, que sí. Pero que esta vez no fui yo. Palabrita.

Iba yo a buscar a mi sobrina al cole, cosa que cada vez me gusta más, por cierto. Porque cuando ella me ve, se pone como loca y empieza a estirarle de la manga a Samuel, su pobre profesor. Es increíble. Tiene una fuerza… ¡se parece a mí! “Samuel, Samuel, que ha venido mi tita”, mientras le da bandazos a la manga del anorak. Cualquier día se lo quita de un estirón. Y eso no tiene precio. Lo de que me quiera tanto, no lo de Samuel, eh. Que es majo y tal. Desde aquí un saludo: Hola Samuel. Molas. Guay. Sin rencores.

#EsosAngelitosQueEsperanSuTurnoTranquilamente

Al tema, que me lío. Pues estaba yo en la Gran Vía de Sabadell, que es lo más grande que tenemos. Bueno, sin contar el lago, ahora que lo pienso. Que tenemos un pedazo de parque con un pedazo de lago que ríete tú de El Retiro. Tendríais que venir a verlo, ¡hasta cisnes tenemos!

Montones y montones de peces. Bueno, ahora menos porque hace unos años nos envenenaron el agua y una vez tiraron pirañas. Pero estamos repoblando, y a buen ritmo. Sí, sí. Somos buena gente los de Sabadell. ¿De qué hablábamos?

Si. Sí. Estaba yo en la Gran Vía haciendo uno de esos semáforos que te dan para actualizar el perfil de Facebook y subir tres fotos en Instagram, por lo menos… ¡ah no! Que en el coche yo no cojo el móvil.

Nada. Lo de arriba como sino lo hubierais leído.

Que iba yo a buscar el móvil un pañuelo de mi bolso – visualícese aquí el giro de cintura de avispa hacia el asiento del copiloto donde estaba mi bolso -porque yo lo trato como el buen compañero que es y hasta el cinturón le pongo – cuando sentí que alguien me daba un golpetazo tamaño Boeing 747 aterrizando detrás mío y sin calcular bien cuándo sacar el tren de aterrizaje. Atizándome de lleno, vaya.

#AsíQuedoElMorro #Mucho747PeroMira

Y me encuentro pensando: ¿Qué ha pasado? ¿me han dado? ¿ha sido a mí? Que yo me pregunto si tenemos a veces alguien dentro que hace nos preguntemos a nosotros mismos. Porque era obvio que yo tenía todas las respuestas: SÍ a todo. Hay veces que pienso que estamos habitados por un ser preguntón cuya única misión en la vida es hacernos dudar de todo y que dicen las malas lenguas que no descansa (parece ser que se llama mente).

#NoMientasMenteBellaca #TúNoDuermesNunca

Me bajo. Miro mi coche. El parachoques había adquirido una ‘nueva dimensión’, pero el coche de detrás se había destrozado el radiador y estaba inundando la carretera con agua de color rojizo. Lo primero que pensé fue: ¿esta agua es roja? ¿por qué tendrá ese color? Pues yo no me la imaginaba así…pero luego vi al conductor traspuesto y ya no pensé más en el agua, que conste.

Fui corriendo, abrí la puerta y había un yayito de 88 años en trance sin soltar en volante. ¡Ay madre! Me he cargado un abuelete yo sola. ¡Qué sustazo! Pero mira, vino la mente en mi auxilio y empezó “que no” “que tú no has sido” “que en todo caso ‘se ha cargado’ él solo”. Aysss. Es igual. Que me puse muy nerviosa.

El chico de la furgoneta dos coches más atrás salió en mi ayuda y entre los dos sacamos a Juan, el abuelete, para más señas, de su asiento y lo sentamos en un banco cercano.

#AplausoParaEsosHeroesCotidianos #SupermanWTF?

Plas Plas Plas. Esos son los héroes cotidianos que se necesitan y no Superman ¡tanta capa, tanto vuelo! Me ayudó a sacar mi coche, sacó el del accidentado, saco el suyo, ¡yo no sé qué más hubiera sacado ese hombre con tal de ayudarme! Ahí lo dejo. Se quedó conmigo esperando a la ambulancia y a la policía. Tardan un poco más y quedamos para jugar al paddle. Si es que donde se ponga una dosis de realidad que se quite Tinder. Gracias Ricardo. En el corazón te llevo.

Eso sí, lanzo desde aquí una pregunta al público femenino: ¿se puede saber dónde están los policías buenorros cuando se los espera? Llegó primero la ambulancia, pero de estos tipos tampoco hay expectativas tan altas. Con que sean efectivos no importa que sean feos. Pero a la policía se le supone un no-sé-qué, qué-sé-yo que hace que se la espere con otra actitud.

Cuando llegaron las fuerzas del orden, con su uniforme, con su patrulla y se bajaron… ¡vaya par de tirillas! Jolín. Me veía yo echando la tarde con tremendos guardaespaldas caminito del hospital y cuando vi el percal, a puntico estuve de decir.  “HastaluegomariPili que me espera mi sobrina”. Pero me tocó hacer el parte a full y llegué veinte minutos tarde.

#EstoEsLoQueImaginaMiMenteCuandoPiensoEnLaPolicia  #NoLosTirillasQuellegaron

Samuel, misteriosamente, ya se había quitado el anorak y miraba nervioso de lado a lado con mi sobrina de la mano. Cuando llegué corrió hacía mí como si se estuviera meando y no aguantara más y me soltó a la niña.

Le expliqué a mi sobrina lo que había pasado. Que dice mi hermana que los niños se traumatizan si son el último al que le vienen a recoger. Y ella me miró y me dijo: “¿pero lo has matado?”. Genial. Angelito. “No cariño, vamos al bar a hacer un zumito”. Y yo un carajillo, que aún me temblaban las piernas.

#PuraNecesidadEnSegúnQueMomentos

Pasada la adrenalina, mi latigazo cervical y yo vamos a recuperación todos los días. Caca. Me han fastidiado la operación biquini que tenía en marcha y he tenido que pararlo tó.

Mis dos clases de TBC, dos de Pilates, dos de Hipopresivos y dos de Cardiodance. ¿Qué os pensabais? Que a estas edades, entre la fuerza de la gravedad y que el metabolismo se pone en modo tortuga, mantener este cuerpazo me cuesta sudores y unas agujetas que lo flipas.

A las que nos gusta el gym, tampoco es un sacrificio. ¿Qué iba a estar haciendo? ¿Tomando unos vinos con unas amigas? ¿Revolviendo en Zara? ¿Paseando bajo los rayitos de sol que ya asoman?

No. No. Yo en el gimnasio. Mi clase favorita es Pilates. Menos cuando mis compañeras se van a recoger el material y pisan mi colchoneta que tiene su toalla encima y todo. ¿Qué? ¿No hay más sitio para pasar? ¿Hemos leído a Caperucita y vamos por el camino más corto? Cualquier día cojo la toalla en modo látigo y la lío parda. Pardísima. Voy a hacer tres OMS, ¡que me enciendo!

#PequeñasDiferenciasEntrelaProfesorayYo

En fin, ya lo retomaremos todo. Pero eso será luego. Cuando recupere mi cuello en su estado habitual, que encima de que lo tengo corto, sólo me falta que con el latigazo se me encoja.

En el in-pass, me he dado permiso para probar los donuts Pantera Rosa. Es morderlo y se me cierran los ojos del gustito… ¡en el paladar malpensados!

Querido Juan, espero que te encuentres mejor del golpe.

Ya me explicarás lo del agua roja del carburador y tal.

¡Ah! Y lo siento por todas las que fantaseáis con los polis salvadores espectaculares. Mejor ponéis la tele cuando echen una de Coronado. Avisadas estáis.

Besazos. Buena semana.

#yoNoSoyGente #YvosotrosTampoco #JonesSinCuello

PRIMOS

Yo tengo tres. Primos, quiero decir. De sangre, me refiero. Que gente prima hay suelta a mansalva y que te toca aguantar primos a diario, pues también.

Pero que no, que hoy me refiero a ésos que te tocan en suerte sin tú pedirlo ni solicitarlo, vamos, que te vienen dados ‘con la vida’ que traes. Como diría mi tía: “primo es ese trozo de carne con ojos que corre por la vida con el mismo 50% de sangre que tú”.

Eah. Ya está aclarado.

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Cuando nací ya existían mi primo José y mi prima Pili. Con el primero me llevo bastantes años (bueno eso me lo parecía entonces). En realidad, me llevo siete, que esto en según qué momentos de la vida es una tontá. Pregúntale a Madonna cuántos años se lleva con su yogurín. ¡Siete le va a dar hasta risa! Pero a mí entonces me parecía un mundo.

Con mi prima Pili me llevo tres. Eso y ser ambas mujeres y mandonas une mucho. Eso quiere decir que cuando yo tenía tres ella tenía seis. Que cuando a ella la vestían de flamenca, a mí también. Que cuando nos disfrazaban de bailarinas, ella iba de rojo y yo de blanco. Y que a la comba saltábamos las dos como podíamos y a la goma también.

Durante años nos divertimos mogollón. Jugábamos a la ‘radio’: yo era la presentadora y ella era la que cantaba. Algo así como: “Y ahora presentamos a Los Pecos y su tema ‘Háblame de ti’”. ¡Jolín! ¡Y mi prima era capaz de hacer las dos voces! Y eso que el rubio tenía una voz de gallito capado que no te lo acababas, pero la tía lo bordaba.

Así nos entreteníamos en los largos viajes con el Renault de mi tío. Que lo pienso ahora y seguro que mis tíos hubieran matado por poder darnos una tablet a cada una y que nos calláramos. Éramos una emisora infinita.

Y entonces llegó mi primo Javi, el pequeñajo. Tenía la boca grande y lloraba mucho, mucho. Cuando él ya tuvo tres años, quería jugar con nosotras. Pero a nosotras, que ya éramos mayores, MUY mayores, la criatura nos parecía un estorbo tamaño XL.

Mi prima y yo jugábamos en el pasillo de casa de mi abuela paterna, un pasillo largo y desangelado de casa antigua, a aquellas cosas a las que los niños no podrían jugar ahora sin ayuda tecnológica. Jugábamos a hacernos una casa con una manta, una tienda con dos maderas y una vida con los dos primeros trastos que encontrábamos a nuestro paso. ¡Aquello era echarle imaginación!

Pero ahí estaba Javi. El muy pesado quería jugar con nosotras. Así que le decíamos mi prima y yo: “un momento que nos vamos a reunir y vamos a pensar algo para ti”.

Y le ofrecíamos dos opciones.

  • Tú eras el perro y ladrabas siempre que venía alguien.
  • Eres el cartero y de vez en cuando nos traes una carta.

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Pero era complicado. Ríete tú de “El cartero siempre llama dos veces”. Javi llamaba doscientas y nosotras incansablemente salíamos de nuestra manta-casa para recoger la carta invisible y cambiarle el rol: Ahora eres el perro. Guau, guau. A jugar al bosque. Esto ahora sería una suerte de bullying, pero entonces nos parecía de lo más normal. Y mientras lo escuchábamos ladrar a lo lejos, nosotras a lo nuestro, sin atisbo de remordimiento.

Un verano nos fuimos todos a veranear a un apartamento en El Vendrell. No era tarea fácil llegar todos a la playa por la mañana. Llegábamos a la buena hora. A las doce. Con la playa como una marabunta. Pero a dos matrimonios y cuatro niños se les hace hueco enseguida.

La playa, cuando eres pequeño, es la releche. Es un Parque de Atracciones para ti solo. Mearte en la orilla. Tirar arena a los ojos a tu prima. Pisar toallas ajenas. Comer galletas María. Correr para que tu primo pequeño que viene llorando no te alcance. Toda clase de pequeñas fechorías están permitidas. Jolín. Ahora haces algo así y ‘no eres empático’. Madre mía dónde quedaba la empatía por aquellas fechas.

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A la una y media, mujeres y niñas nos retirábamos al apartamento a hacer la comida. Bueno eso las madres. Yo, hasta ahora, y ya tengo cuarenta y cinco, he conseguido librarme de hacer comida alguna. Los hombres se quedaban en la playa. Mi tío y mi padre se iban al chiringuito a tomarse un pelotazo y una lata de berberechos “La onza de oro”.  yo-no-soy-gente-historias-reales-mundo-surrealista-los-pecos-mi-primo-el-perro-y-el-cartero-cubata

Y mi primo José, que ya tenía trece años, ya podía quedarse con ellos a tomarse una Coca-Cola – nunca sabremos si fue su inicio al ‘cubata’ o no- o a darse un garbeo a su aire.

Lo que sí que sabemos es que se iban a ver suecas en top-less. Algo tan inofensivo que da hasta risa comparado con el porno que hay hoy a pedir de tecla.

Todos los días lo mismo. Había que estirar de mi primo Javi para sacarlo de la playa, que lloraba y con esa bocaza tan enorme para su edad decía una y otra vez con su voz de trapo: “Yo quiero un ‘culata’. Yo también quiero ‘un culata’”. Dramón diario.

Pero así era IS-PAIN en los 70. Los hombres de la casa llegaban, la mesa estaba puesta, las niñas acicaladas y a comer paella. Y luego siestorra para todos. Esto ahora sería machismo, entonces era normalidad. Paz y después gloria. Grandes años, no os lo voy a negar.

Tardes visitando tiendas de cerámica, pueblos con paseo marítimo, comiendo helados y haciéndonos fotos en puestos de melones.Nos compraban estrellas de mar vivas – que obviamente morían al poco tiempo de estar con nosotros – y por las noches contábamos chistes en el terrado del apartamento mientras comíamos pipas directamente del girasol.

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La verdad es que, aunque ahora hemos crecido y nos hayamos distanciado, siguen en mi memoria aquellos años. Porque la vida, pero sobre todo la infancia, es mejor con primos. Ahora ya no sé si nos quedan muchas cosas en común. Me parece suficiente saber que seguimos siendo familia, saber que queremos que nos vaya bien a todos y que tenemos recuerdos comunes que nos unirán siempre.

(A Santi, el futbolista. A Pili, la cantante más molona. A Javi el perro-cartero) 

 Y vosotr@s, ¿Qué me contáis?

¿Tenéis primos? ¿Qué recuerdos os unen a ellos?

#YoNoSoyGente #YVosotrosTampoco #ConPrimoslaVidaEsmejor

jones yonosoygente

 

 

CENICIENTA 3.0

Cenicienta, vaya nombre más cutre – me repito una y otra vez. El tema de poner ‘motes’ nunca me ha gustado. Es una forma como otra de etiquetar a la gente.

A mi padre le llamaban ‘El Llanero Solitario’.  De pequeña siempre pensé que era porqué lo consideraban un héroe – al igual que lo creía yo –  pero más tarde descubrí que solo era porque no ponía un pie en casa ni que le mataran. De profesión viajante, sí.  Y solitario. Aunque calmaba su soledad en faldas ajenas necesitadas también de un buen viaje.

Ahora lo llaman ‘el Joker’ porque pasea su sonrisa cuarteada e irónica vaya usted a saber por dónde. Cual vieja gloria se resiste a bajarse del escenario.

Pero cuando murió madre, él rápidamente le busco recambio. Se casó con una bruja egoísta y ególatra, cuya única ocupación es contarse las patas de gallo y gastar espejo.

Y aquí me hallo. Pringada con las tareas de casa y al servicio de dos hermanastras cuya máxima diversión es hacerme mobbing diario.

Lo de limpiar lo voy llevando regular, pero lo de que estas dos falsas, que se creen Barbies sólo porque se han puesto hasta arriba de silicona, vengan a cada rato a tocarme la moral, me pone muy nerviosa. Por la noche les hago vudú con una muñeca que me he hecho de bayetas viejas y estropajos roídos, pero mucho efecto no les hace, desafortunadamente. ¿Dónde está padre? Perdido, MUY perdido.

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Un día mi madrastra, que solo se dirige a mí para otorgarme nuevas tareas o insultarme sin miramientos, me reúne junto a las Barbies para anunciar lo que ella califica como el ‘eventazo’ del año. El príncipe del lugar – azul para más señas – busca esposa. Flipo.

Silvestra y Sofaina saltan como dos locas a las que les hubiera tocado el Euromillón mientras sus dos globos ni se inmutan. Se contonean creyéndose Jennifer López mientras pasean su culo raqueta pasillo arriba, pasillo abajo. Tienen más autoestima que Borja Thyssen y todavía menos cerebro que él. Pobres.

A mí lo de un baile en palacio me parece una cutrada. Seguro que el príncipe tiene una event planner que le ha organizado todo el cotarro:  decoración adecuada, catering de primera, un buen Disc Jockey. Así pues, ¿cuál es su mérito? Aparecer allí. Buff.

El tema en su conjunto me trae a la cabeza las ferias de ganado de las películas del lejano Oeste.  ¿En qué se va a basar la elección?¿Nos van a mirar los dientes como a los bueyes?

Al final, parece que a este pájaro solo le interesa tener a alguien en casa para salir bien en la foto, salvaguardar la corona e ir acompañado a las obligaciones reales. Me lo veo venir que es de los de salir  todas las noches en su moto, a lo Ghost Raider en busca de princesas destronadas ávidas de consuelo y batallita para el recuerdo.

Yo es que no me veo retirada de la vida social, dedicándome a mis labores y a la agenda de palacio. Menudo machista pinta. Tengo mejores planes para mi futuro: abrir una tienda de zapatos en el reino. Louboutin a ser posible. Hay público objetivo en la corte, eso lo tengo claro. Todos esos mamelucos arrogantes que tienen un ego del tamaño del Everest fijo que comprarían.

Pero me puede la curiosidad y el ‘y si…’. Vale. Es una forma muy fría de buscar pareja pero más triste es acabar en Tinder. Además, dejaría de vivir con las fuerzas del mal en versión mujer. Compro.

Pero yo no voy. Prohibido. Ahora descubro que  sólo me querían en la reunión para que escuchara y me fustrara. Me han subido hasta el ático para lanzarme al vacío.

Bye Bye ilusiones.

Llega el día y las plasticosas se esfuerzan por ponerse monas. No, si monas ya son. De hecho, con esos brazos largos como dos remos que les llegan a las rodillas parece que las estoy viendo hacer el baile del gorila de un momento a otro. Esperemos que el príncipe tenga algo de criterio. Ellas carecen de él.

Las veo salir por la puerta y regocijarse en mi descontento. Me voy a mi cuarto. Hoy va a planchar Rita. Lloro desconsoladamente de rabia y frustración. Cero posibilidades. Me sobreviene de pronto un instinto asesino de aquellos que no dejaría títere con cabeza. Fantaseo con la idea de entrar en el baile con una recortada y aturdir al personal allí presente. Tomaría rehenes. Bebería vino. Secuestraría al príncipe…

De pronto veo cómo una silueta se aparece ante mí. Como un espejismo. Reconozco que he ahogado mi pena en chinchón, pero desconocía que dos chupitos dieran para tanto. Es una señora y va va monísima. Lleva un traje Chanel en color azul palo y unos mocasines a juego y además habla con un acento francés exquisito.

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Cual genio de la lámpara me concede tres deseos y ella pondrá una condición. Primero los deseos, me lanzo en barrena: Quiero ir al baile, en limusina, vestida de Dolce & Gabbanna. Me doy cuenta que acabo de sonar banal total, pero me importa entre un rábano y dos. Estoy harta de ser realista, correcta y hacer lo que se espera de una. Hoy quiero brillar, soñar y practicar la frivolidad gratuita.  Hartita de portarme bien.

La tipa en cuestión lleva en la mano una especie de vara de madera – la verdad muy poco sofisticada y que no le va nada al look – con la que hace unos movimientos a mi alrededor como si me estuviera limpiando el aura. Cuando ya me estoy quedando bizca de seguir el aparatejo puntiagudo en cuestión… ¡tachan! Me miro en el espejo y muero de fashionismo.

Enfundada en un vestido azul petróleo de crochet me siento como Penélope Cruz a punto de recoger el Óscar. Levanto mi clutch nacarado y me veo a mi misma diciendo: “Madre, va por ti. Hoy no me para nadie”. Ahora la condición. Oops. Me había venido tan arriba que ni me acordaba. A las doce la limusina será un Nissan Micra y mi atuendo será un lacio vestido zarrio de Zara. Acepto.

Llego al baile y lo peto. Suena Alaska y lo doy todo en la pista. “¿A quién le importa lo que yo haga? ¿A quién le importa lo que yo diga?”. Los Jimmy Choo me están destrozando los pies, pero yo no puedo parar. Viene el príncipe que, para mi sorpresa no solo no es azul, que hasta parece majo y se lanza a bailar a mi lado. Suena ‘Living la vida loca’ y enloquecemos juntos.

Me invita a una copa. Es un tipo salao salao. Con melena tostada y aires sureños. Me da que hasta me está gustando. Reímos y charlamos. Mientras, de tanto en tanto, miro por el rabillo del ojo a mis hermanastras que se comen los mocos. Lo siento, pero me alegro y me vacío otra copa. Al tercer gin-tonic estamos a punto de darnos un pico y entonces suena la primera campanada que anuncia la media noche.

La torrija que llevo me impide pensar claro, pero recuerdo algo en relación a las doce. ¿que era? ¿Qué era? De golpe, me viene. Echo a correr como si me persiguiera un rottweiler y cuando me quedan tres escalones beso el suelo de palacio. Golpe inhumano y moratón al canto, lo veo. Se me sale un zapato. Alargo la mano, yo por un Jimmy Choo, cual Belén Esteban, maaaato. Pero veo al príncipe bajar los escalones de tres en tres, así que me levanto, recojo mi dignidad magullada y a la pata coja, huyo como un flamenco.

Pero el príncipe se ha enamorado de mí. Lo va diciendo a bocajarro desde su trono. Están buscando a la propietaria del zapato perdido. Lo tengo escondido detrás de los mochos en el cuartito de la limpieza. Es lo único que me quedo de aquella noche. Bueno, el vestido de Zara también, pero es feo de matar y lo voy a vender en Wallapop.

No nos engañemos, a mí el príncipe también me gusta. Es un tipo especial. Una mezcla entre Chayanne y Colate que da como resultado un pijerio sabrosón.

Suena el timbre y el séquito real anuncia la llegada de su majestad. Las Barbies intentan meter su pie tamaño XL en mi 35. ¡Mira! Nunca pensé que iba a ser una ventaja tener un pie de bolsillo.

Sufro mientras pienso que me van a reventar mis Jimmys de tanto apretar su pezuña. Rechino los dientes más que Rocinante ahogando el deseo de soltar dos leches a mano vuelta y gritar un: “¡que no! ¡que no os cabe vuestra garra de tiranosaurus en el maldito zapato!”. Desisten. Por el amor de DIOR, gracias.

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Y entonces aparezco. A pesar de los harapos me siento el ángel más bello de Victoria’s Secret. Alessandra Ambrosio escondería la cabeza cual avestruz a mi paso celestial. Meto el pie con una dignidad infinita en MI zapato y sonrío al príncipe, MI príncipe.

Nos miramos, la tensión sexual se dispara y decidimos irnos al galope en su caballo blanco en busca de intimidad. Lo de la boda está por ver. De momento nos urge un Motel.

Antes una última mirada a Maléfica y compañía. Juraría que además de la mandíbula se les han caído las siliconas. Mala suerte.

#YoNoSoyGente #YVosotrosTampoco #YCenicientaMuchoMenos

Ilustraciones by Víctor García Fernández (1000 gracias!!!)

Texto by:

jones yonosoygente