ESTÁS MUY BIEN (…para tu edad!!!)

Me he dado cuenta que de un tiempo a esta parte la mayoría de las frases que la gente me dirige acaban con ‘para tu edad’.

Estás muy bien ‘para tu edad’, qué buena piel tienes ‘para tu edad’, estás estupenda ‘para tu edad’. Lo cual es chungo porque algo que en principio parece un piropo o como mínimo tiene vistas de halago generoso acaba en decepción en el momento en que esas tres palabras-losa son añadidas a la frase.

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Tu gozo en un pozo en cero coma segundos. Para cuando empezabas a sonreír de satisfacción llegó la coletilla de la frase y se te ha quedado la mueca del Joker. Caca.

También está la versión anticipada:

Para tu edad, estás fantástica.

Para tu edad, tienes muy buen tipo.

En realidad, esta versión es tan desagradable como la anterior pero como el mazazo te lo dan de entrada y luego viene la parte buena pues aún te deja un regustillo agradable. Si eres capaz de obviar la introducción y quedarte con el cumplido, aún tiene un pase.

Porque la pregunta del millón es: ¿Qué es estar bien o estar mal para la edad que tienes?

Así a bote pronto: Kylie Minogue BIEN, Raquel Mosquera MAL, Jennifer López SÚPER BIEN, Belén Esteban MAL, MUY MAL…y así hasta un largo etc. Por lo visto existe una fina línea entre el bien y el mal que cataloga a las cuarentañeras (que NO cuarentonas).

Si tiras más a cacatúa arrugadita: mal. Pero si tiras más a felina estirada – aunque sea bisturí mediante – entonces entramos en la zona de ‘bien’ ‘muy bien’.

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Me da mucha rabia. A ver, ¿qué aportan esas tres palabras?

Qué problema hay en decirle a alguien: Estás estupenda (y punto). Te veo fantástica (a secas). Tienes el cutis fabuloso (y ya).

¿No le estás diciendo algo bueno? ¡Pues no lo estropees!

Bastante tenemos ya con pasar de niña a mujer, de chica a señora, del tú al usted, como para echar más leña al fuego.

Primero empezaron los niños que al pisarte el callo farfullan aquello de “lo siento señora”. Vale, la primera vez es un poco traumático, pero luego los excusas con lo de “Bah, si es que son unos mocosos”.

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Luego llegó el “¿es usted la última?” mientras hacías cola en cualquier súper de turno. Y le quitaste importancia, pensando “Bah, son unos imberbes”.

Pero es que ahora ya hasta el último hijo de vecino te dice “esto es suyo” cuando te devuelve la VISA tras una compra.

Tú sonríes, la coges y estás por estirarla hasta que el maldito dependiente vuele por encima yo-no-soy-gente-historias-reals-mundo-surrealista-ests-muy-bien-para-la-edad-que-tienes-2-2-7del mostrador y se incruste en la primera estantería que salga a su paso se trague sus propias palabras. Ohmmmmmmmmmm. Ya está.

Respiro. Paz y después gloria. Nos fue de poco esta vez.

Y no voy a pasar por alto que a veces nuestras peores enemigas somos las mismas mujeres.

Comento este tema el otro día con una amiga y me suelta alegremente: “No sé por qué te preocupas, si tú te conservas muy bien. No estás nada estropeada”.

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¿Que me conservo muy bien? ¿Cuánto de bien? ¿Como la lechuga cortada si le pones un poco de limón? ¿Como el tomate Solís abierto en la nevera? ¿Como una bolsa de patatas cerrada con una pinza?

¿Qué quiere decir que no me he estropeado? ¿Que no se me han caído las hojas como a mi planta del comedor? ¿Que no me he ajado como los tomates de mi suegra que me olvidé en el maletero del coche hace una semana?

Miro a mi amiga con los ojos inyectados en sangre y le digo muy despacio sílaba a sílaba: ¿Qué quiere decir que no me he estropeado?

Y me contesta tan normal: “Pues que no te has puesto birriosilla” “que aún se te puede mirar con cierto (¿cierto?) gozo” “Que has echado cuerpo, pero con gracia” ¿Gracia? Maldita la gracia que me hace a mí. ¿Birriosilla yo? Nunca.

yo-no-soy-gente-historias-reals-mundo-surrealista-ests-muy-bien-para-la-edad-que-tienes-90¿Por qué si sigo gastando una 40 de tejanos, me tiño las canas religiosamente, llevo una melena fabulosa que me cae en cascada por los hombros, visto moderna y derrocho energía he pasado de chavala-chica-molona a señora-que-se-conserva-bien?

¿Por qué? ¿Por qué?

Tiene que ser por la papada. Si no, no lo entiendo.

Me he comprado dos camisetas de Los Ramones, unas Converse y una mochila. Al primero que me llame de usted: lo extermino.  Y sí: Me conservo estupendamente. He dicho.

#QuienCarajoInventaríaEstaFraseyo-no-soy-gente-historias-reals-mundo-surrealista-ests-muy-bien-para-la-edad-que-tienes-29876

#YoNoSoyGente #YvosotrosTampoco #EstoyEstupenda #ParaMiEdad #OparaOtraEdadCualquiera

FAKE LIFE

No sé si es verdad eso de que los gatos tienen siete vidas, pero lo que sí tengo claro es que los humanos tenemos como mínimo dos:

La Real y la Fake (falsa).

Con lo de las redes sociales se nos ha ido a todos un poco la pinza y de cualquier movimiento hacemos un festival. La realidad nunca estuvo más distante. Y hasta depilarse una ceja es motivo de Instagram.

No obstante, diré a favor, que solo se trata de embellecer un poco el día a día, lo cual hasta tiene cierto encanto. Es como proyectar la vida que querríamos. Como ponerle una ‘pizquita’ de magia a todo lo que hacemos. Sí, es un poco fake, un poco mentirijilla, pero en el fondo inofensivo.

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Entendámonos, si no eres la Baronesa Thyssen, que va de aquí para allá en su yate Mata Mua o la Preysler que lo más grave que le sucede durante el día es que se le rompa una uña, tienes que levantarte a golpe de despertador y comenzar un día más o menos duro/ llevadero / complicado / cansado (táchese lo que no convenga).

Así que, ¿por qué no aderezarlo con un filtro positivo? Pues claro que sí, es el mismo vaso, pero en su versión ‘medio lleno’.

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A ver, todos sabemos que cuando uno llega a casa está reventadisimo muy cansado. Y como seas freelance, ¡apaga!, el móvil se te ha pegado a la mano que ríete tú del Loctite.

Que, entre bocado y bocado de la cena, tú sigues contestando emails. Llega tu marido que también ha tenido un día agotador hasta la médula pintoresco y mismo tema. Que no te quedan ganas según qué días ni de articular palabra.

Que tienes la muñeca partida de aguantar la terminal en la mano y sólo querrías apagarlo de una vez por todas y mirar al personajillo que se ha sentado a tu lado a ver si lo reconoces.

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Realidad: Estáis los dos como locos solucionando marrones a deshora mientras el móvil echa chispas.

Fake: Pareja amorosa – sin móvil, of course – contándose cómo le ha ido el día. Todo love y carantoñas.


Y encima al día siguiente, que es sábado, toca pintura. Que se han puesto los pintores a domicilio a unos precios que te sale más barato comprarte un piso nuevo ya pintado.

Así que te dices para ti misma: Esto no puede ser tan difícil. Esto es darle al rodillo arriba y abajo, de izquierda a derecha. Esto es un plis-plas. Esto lo hago yo con los ojos cerrados. Y te vas viniendo arriba, arriba, arriba…hasta que te conviertes en poco menos que Tomb Raider dispuesta a todo.

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Realidad: Media hora más tarde querrías convertir el rodillo en un boomerang que al tirarlo llegara lejos muy lejos, hasta Yakarta por lo menos y que no volviera nunca.

Fake: Tan mona tú con tu rollito pin-up en plan rodillo aquí-rodillo allá, vamos a pintar, vamos a pintar (¡póngase aquí música de Mecano, por favor!)

En cuanto te haces la foto, le dices a tu marido que siga él solo que a cambio puede pedirte lo que quiera y accederás – sí, has leído bien: lo que quiera – cualquier cosa es mejor que seguir con ese engendro en la mano. Así que se lo cambias por cortar el césped. Caca.


Te calzas las bambas y te pones los pantalones cortos para no pasar calor, coges el cortacésped y al levantar la vista descubres que de pronto tu jardincito ha adquirido las dimensiones del Camp Nou.

Así que decides dejarlo tal cual en un acto altruista de protección a los caracoles y otros bichejos que allí deben de habitar. No más desalojos. No a las expropiaciones. Todo el mundo tiene derecho a una casa. Te sale la vena reivindicativa y sueltas el cortacésped como si quemara.

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Realidad: A la pasada dos, se te caen los brazos del esfuerzo y sudas como un pollo que huye.

Fake: Acabo con el césped y me siento en la hierba con este look maravilloso a hacer un vermut.


Pero no te engañes, te has dado cuenta que no podías con la maldita máquina porque…  ¿hace cuánto que no vas al gimnasio? ¡Vale! Anotado. Suspiras.

Te quitas el vestido y juras como Scarlatta O’hara que del lunes no pasa que vas a volver a compartir espacio y sudor con tus compañeros mazas que no se han perdido ni una clase. No. Mejor subes a la sala de máquinas porque así ‘te vas a dar más caña’. Eso. Pero te coge el monitor y lo flipas.

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Realidad: Sudas y te despeinas hasta que te das cuenta que lo que resbala por tus piernas no es sudor: son tus abductores que lloran.

Fake: Aquí estoy, fortaleciendo – aún más – mis bíceps. Smile.


Esto del gimnasio es un camelo. A partir de mañana voy en bici a todas partes y a la par que endurezco piernas, respiro aire fresco y me ahorro la cuota del gimnasio.

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Realidad: Llevas quinientos metros y ya te duelen los gemelos. Te has manchado los pitillos con la correa y has estado a punto de morir atropellada tres veces. Vas a volver al coche, aunque ello represente salir de casa tres horas antes con unas ojeras que lo flipas.

Fake: Qué buen rollo respira la ciudad por las mañanas. Me encanta oxigenarme mientras me pongo en forma.


Mejor te vas a la cama. Seguro que mañana será un día mejor – o no – y además acuérdate de que te tienes que levantar a las cuatro para no coger cola.

Te pones tus calcetines más desgastados para que no te apriete la goma y le robas a tu marido el primer jersey que encuentras en su armario. Metes un pie dentro de la cama y…

¡Ostras!¡La foto! Sacas el pie que ya estaba cogiendo calorcito bajo las sabanas y te pones un pijama monísimo que te compraste en Woman’s Secret. Te miras al espejo. Sonrisa de Ganadora. Wow.

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Miras la foto, la tuneas, le pasas 56 filtros y te vuelves a poner el jersey de tu marido. Te haces una coleta con una sola mano porque te da igual como quede y entras en la cama dispuesta a leer. Una página. Te da el libro en la cara.

Apartas el libro. Te das media vuelta y te entregas a Morfeo. Sueñas que te persigue un cortacésped, que llaman al timbre y es el monitor de tu gimnasio. La casa se ha llenado de rodillos voladores y te han robado la bici. Abres los ojos. Una fake-pesadilla en toda regla.

Sacas una mano de debajo de las sabanas, agarras el móvil y lo lanzas con fuerza ¡A Yakarta que vas! Muerte al Fake.

Realidad: Te suenas los mocos y te agarras a la almohada como un bebé.

Buenas noches.

#YoNoSoyGente #YvosotrosTampoco #TodosTenemosUnaFakeLife

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*(Fotos cedidas por Andrea Vilallonga. ¡Mil gracias!)

jones yonosoygente

LA CASA ME ENRUNA

La casa me enruna. Esta es una expresión que utilizaba mi abuela materna para dar a entender que no importa cuántas horas eches ni los kilos de voluntad que le pongas, que si hay algo sin fin no es la historia interminable sino la faena de la casa. Tener todo a rajatabla necesita de una disciplina japonesa que se augura difícil en nuestros días de múltiples quehaceres.

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El caso es que el tema en cuestión pide su espacio y hay que dárselo, o sea, que en algún momento hay que hacerlo si no quieres que las pelusas que yo-no-soy-gente-la-casa-me-enruna-77corren por el pasillo te saluden antes que tu perro. Claro que también puedes hacerte un cojín con ellas, ¡y Santas Pascuas!

Yo he probado a hacerlo en diferentes días y horarios con resultados, hasta la fecha, reguleros.

Si lo dejas todo para el fin de semana: caca. Porque el sábado te recuerdo que toca compra y hacer bocatas para la semana. Si además pretendes sumarle el zafarrancho casero llegas a la siesta como alma en pena y pensando que te cansas menos un lunes cualquiera. #SábadosMultitaskingQueParecennoAcabar

Si lo dejas para algún día en concreto entre semana: caca. Seguro que la ley de Murphy ataca a la yugular y ese día tienes algún imprevisto que te impide realizar tan placentera tarea (léase con ironía). #DíasQueSeComplican

Así que he llegado a la conclusión de que lo mejor es hacerla “de a poco”, dosificando para no atragantarse, relativizando. No hay que dejarse intimidar por la ropa que amenaza con caerse del cubículo de la ropa sucia ni por los platos que lastimeramente y en modo plañidero te miran por las mañanas desde el fregadero. No hay que ver en la plancha una enemiga.

Simplemente: Hay un momento para todo y cuando le llegue a cada cosa le darás su merecido. #AsíComoQuiennoQuierelacosa

barrer-gregar-blogdeimagenes-7-yonosoygente-8787Hay que integrar estas tareas en tu día a día de modo que las notes lo menos posible. Que pasen desapercibidas, que las hagas sin darte cuenta. Que te parezcan un déjà vu.

Yo los lavabos los hago por la mañana en modo zombie. Me levanto, me lavo la cara y me voy a la cocina a poner la cafetera en el fuego. Agarro el jabón y la lejía y se lo echo a los inodoros.

Me pongo a limpiar los espejos a conciencia y cuando oigo el ‘piiii’ de la cafetera, pongo pies en polvorosa hacia la cocina.

Me preparo el café con leche, le doy dos sorbos y bayeta jabonosa en mano, allá que voy de nuevo.

Y cuando estoy limpiando el bidé, me acuerdo de que no me he tomado las perlas de onagra. Vuelvo a la cocina, me las arreo con dos tragos más de café y me dirijo a secar los baños. Y así, integrándolo en tu rutina habitual parece como que no lo notas tanto. #LavabosBrillantesSindartenicuenta

 Friego cafetera y taza y aprovecho para regar las plantas, la única, de hecho, que sobrevive a los pocos cuidados que le ofrezco. Fiel y medio amarillenta hace años que habita entre la bañera y el comedor a partes iguales. Y para cuando la dejo un poco presentable, suena el ‘piiii’ de la secadora. Lo saco todo, lo dejo encima de una silla y corro al trabajo agotadita de trotar por casa. A mí es que la presión del tiempo, me estimula. #SoyUnPocoAnsiaViva

barrer-gregar-blogdeimagenes-7-yonosoygenteLa mopa la paso el día que voy a comer a casa.

Pongo la pasta a hervir y en esos 10 minutitos, me arranco a pasar mopa como si me fuera la vida en ello. Y os digo que si os concentráis… ¡diez minutos dan pero que para mucho! Que hay veces que acabo y la pasta aún no está al ‘dente’.

Y luego me pongo a comer y antes de los postres tiendo una lavadora y con la barriga llena y satisfecha acabas y lo has hecho todo, así como sin darte cuenta que es de lo que se trata. #ComoTiendoDescanso #ElVerdadero3en1

Y así un día te pones música y mientras bailas quitas el polvo. El día que te sientas muy Freddy Mercury agarras el mocho y cantando el ‘I want to be free” le das un fregado a toda la casa. #MuchoMejorConFreddy

La cocina tiene vida propia. Eso sí que es un no-acabar. Si cocinas se te ensucian los fuegos, hay que lavar todo lo utilizado. Que si para cuatro platos no pongo el lavaplatos. Que si lo pongo no encuentro el momento de sacarlo. Un horror sin fin.

Que hay días que bebo de la lata y me como la ensalada de Mercadona en su propio recipiente por no fregar después. #AMíLacocinamesobra

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La ropa es otro cantar. Pasa del tendedero a una silla y de ahí supuestamente a planchado, doblado y guardado. La verdad: debo confesar que a veces el día a día hace que acabe cogiendo la ropa directamente del montón y planchando según necesidad.

Con lo cual aquellas braguitas tan monas que han quedado debajo del montón no te las vuelves a poner hasta dentro de mes y medio. Y aquella camisa que se arruga tanto tiene una única oportunidad en toda la temporada. #NoCompresRopaQueSePlancha #EsUnAtraso

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Que no acabo. Que me enruna. Que me siento a echar una cabezada y no sé si pita el friegaplatos, la secadora o me he dejado algo en el microondas. Que estoy por llevar bragas de papel a ver si consigo bajar la colada.

Que me cruza el pensamiento abandonar la casa a su suerte y si no me encontráis estaré debajo de una montaña de ropa o igual me han devorado las pelusas o he sido atacada por la lavadora. Me da igual. Es muy cansado llevarlo todo pa’lante.

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¡Necesito un Don Limpio de carne y hueso pero ya! #SuHermanoMr.ProperTambiénmevale

#YoNoSoyGente #YvosotrosTampoco #LaCasaMeEnruna #AyúdameDonLimpio

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VALORES

Tengo 4 años y estoy en pre-escolares sentada en una mesa hexagonal con sillas enanas, seguramente porque yo también soy enana por esas fechas y la ‘señorita’ (que era como llamábamos a la profe por aquel entonces) se dispone a repartir los juguetes de una saca grande y de lona marrón.

Nos da uno a cada niño y por tercera vez en la misma semana me toca una cacerolita azul. ¿Otra vez? ¿en serio?yo-no-soy-gente-historias-reales-mundo-surrealista-valores-cacerola-azul

Imagino que las casualidades no existen y será por alguna causalidad que se repite el maldito juguete.

Miro y remiro la cacerolita en cuestión, pero en realidad yo quiero la cuna con muñequito que ha tocado en mi misma mesa. Pero a mí no me toca nunca.

Da igual, sé que no me ha traumatizado. Aunque casualmente en la vida no he tenido hijos; claro que tampoco cocino.

Aprendizaje: En la vida hay que saber jugar con lo que te toca y ser feliz igualmente.


Tengo 6 años y ya juego en el patio de mayores. Me encanta el tobogán. Subo y bajo una y otra vez.

Me parece lo más y me divierto yo yo-no-soy-gente-historias-reales-mundo-surrealista-valores-columpios-2sola.

Hasta que viene Lidia y quiere acapararlo todo para ella. Decido no discutir y me voy a los columpios.

Allí está Lidia de nuevo. Quiere subirse justo en el columpio donde yo estoy. Le explico que hay más sitios en el patio para subirse, pero ella quiere el mío, así que lo zarandea hasta que me caigo.

El columpio viene de vuelta y me da en la cabeza, me pongo a llorar. Me levanto con rabia y le pego una patada en la espinilla y se pone a llorar. La señorita nos castiga a las dos.
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Aprendizaje: La violencia no es la salida. Siempre hay alguien con una vida suficientemente aburrida para querer meterse en la de los demás.


Tengo 9 años y me gusta Víctor. Me gusta como es, quiero decir. Es un niño más que guapo, gracioso. Esa clase de niños que a pesar de su corta edad ya es el alma de la fiesta. Me gusta escucharlo y me río con sus ocurrencias.

yo-no-soy-gente-historias-reales-mundo-surrealista-valores-corazonMis compañeras se empeñan en que estoy enamorada de él. ¡Que no! – les digo yo. Que es muy simpático.

Pero no hay manera, todos los días a la hora del recreo lo mismo: ¡Venga burlas!

Aprendizaje: A veces no hay que empeñarse en demostrar la verdad, basta con que la sepas tú.


Tengo 11 años y me han cambiado de colegio. No me gusta hacer gimnasia. Bueno, lo que no me gusta es saltar al potro ni al plinto. Ni llevar chándal. Pero es obligatorio. Descubro que no me gusta que me obliguen a nada.

Aun así, es jueves y llevo chándal. Todos lo llevamos. Uno de esos feos y grises con puños en muñecas y tobillos y que te hacen parecer que vas en pijama.

yo-no-soy-gente-historias-reales-mundo-surrealista-valores-chandalVolvemos del gimnasio y subo las escaleras hasta clase hablando con Mercè, pero uno de los niños viene por detrás y le baja los pantalones hasta los tobillos.

Se queda en bragas – literalmente. Se pone a llorar de la vergüenza y yo la abrazo. Pienso que si me hubiera pasado a mí agradecería su abrazo.

Aprendizaje: Qué importante es la amistad. Cómo reconforta. No son las grandes cosas las que importan sino saber estar hasta en las más pequeñas.


Tengo 12 años y vendo botellas de vidrio, tapones de corcho y castañas en noviembre para pagarme el viaje de fin de curso. Los fines de semana quedamos los compañeros para recoger diarios viejos y venderlos a peso, para pensar nuevas ideas de ganar dinero y para dejarnos la vida vendiendo lotería asaltando transeúntes.

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Celebramos cada peseta que nos acerca más a nuestros sueños y saltamos de alegría pensando en que Mallorca nos espera.

Aprendizaje: Trabajar en equipo, suma. Los éxitos compartidos son más gratificantes.


yo-no-soy-gente-historias-reales-mundo-surrealista-valores-ensaimadas-de-mallorcaMe faltan dos meses para los 13.  A dos semanas del viaje de fin de curso. Y a días de que me venga la regla por primera vez.

Mis padres deciden que no voy a ir al viaje de fin de curso porque que soy demasiado joven, aunque sospecho que es porque últimamente vienen demasiadas niñas embarazadas de Mallorca. Aunque me enfada su falta de confianza en mi persona, lo acepto. En el fondo sé que ellos lo hacen ‘por mi bien’.

Y aunque no voy a Mallorca paso mi verano más fantástico en ruta por Levante y Andalucía.

Aprendizaje: La aceptación es una valiosa compañera de vida, porque lo que no podemos cambiar, hay que saber aceptarlo.


Tengo 17 años. Y estoy a dos meses de acabar mi último curso de Formación Profesional. A un mes de irme de ruta por Europa con mis mejores yo-no-soy-gente-historias-reales-mundo-surrealista-valores-europaamigas. A quince días de mi primer novio.

Y a nada de descubrir la importancia de los valores y de ser fiel a ti misma en cada cosa que hagas en la vida.

Aprendizaje: La paciencia es buena consejera. Lo que es para ti, no te lo quita nadie.


Y así es cómo aprendimos valores la generación del 70. A golpes, a trompicones. Éramos autodidactas. Nos lo pasábamos teta con cualquier cosa y tirábamos de sentido común.

¿Quién de vosotr@s se siente identificad@?

¿Quién fue a Mallorca? ¿A cuántos os ha dado el columpio en la cabeza?

¿Quién tuvo una ‘seño’? ¡Contádmelo, por favor!

#YoNoSoyGente #YVosotrosTampoco #ValoresEnLos70 #LosColumpiosEranDeHierro #NuestraCabezaTambién

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