PRIMOS

Yo tengo tres. Primos, quiero decir. De sangre, me refiero. Que gente prima hay suelta a mansalva y que te toca aguantar primos a diario, pues también.

Pero que no, que hoy me refiero a ésos que te tocan en suerte sin tú pedirlo ni solicitarlo, vamos, que te vienen dados ‘con la vida’ que traes. Como diría mi tía: “primo es ese trozo de carne con ojos que corre por la vida con el mismo 50% de sangre que tú”.

Eah. Ya está aclarado.

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Cuando nací ya existían mi primo José y mi prima Pili. Con el primero me llevo bastantes años (bueno eso me lo parecía entonces). En realidad, me llevo siete, que esto en según qué momentos de la vida es una tontá. Pregúntale a Madonna cuántos años se lleva con su yogurín. ¡Siete le va a dar hasta risa! Pero a mí entonces me parecía un mundo.

Con mi prima Pili me llevo tres. Eso y ser ambas mujeres y mandonas une mucho. Eso quiere decir que cuando yo tenía tres ella tenía seis. Que cuando a ella la vestían de flamenca, a mí también. Que cuando nos disfrazaban de bailarinas, ella iba de rojo y yo de blanco. Y que a la comba saltábamos las dos como podíamos y a la goma también.

Durante años nos divertimos mogollón. Jugábamos a la ‘radio’: yo era la presentadora y ella era la que cantaba. Algo así como: “Y ahora presentamos a Los Pecos y su tema ‘Háblame de ti’”. ¡Jolín! ¡Y mi prima era capaz de hacer las dos voces! Y eso que el rubio tenía una voz de gallito capado que no te lo acababas, pero la tía lo bordaba.

Así nos entreteníamos en los largos viajes con el Renault de mi tío. Que lo pienso ahora y seguro que mis tíos hubieran matado por poder darnos una tablet a cada una y que nos calláramos. Éramos una emisora infinita.

Y entonces llegó mi primo Javi, el pequeñajo. Tenía la boca grande y lloraba mucho, mucho. Cuando él ya tuvo tres años, quería jugar con nosotras. Pero a nosotras, que ya éramos mayores, MUY mayores, la criatura nos parecía un estorbo tamaño XL.

Mi prima y yo jugábamos en el pasillo de casa de mi abuela paterna, un pasillo largo y desangelado de casa antigua, a aquellas cosas a las que los niños no podrían jugar ahora sin ayuda tecnológica. Jugábamos a hacernos una casa con una manta, una tienda con dos maderas y una vida con los dos primeros trastos que encontrábamos a nuestro paso. ¡Aquello era echarle imaginación!

Pero ahí estaba Javi. El muy pesado quería jugar con nosotras. Así que le decíamos mi prima y yo: “un momento que nos vamos a reunir y vamos a pensar algo para ti”.

Y le ofrecíamos dos opciones.

  • Tú eras el perro y ladrabas siempre que venía alguien.
  • Eres el cartero y de vez en cuando nos traes una carta.

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Pero era complicado. Ríete tú de “El cartero siempre llama dos veces”. Javi llamaba doscientas y nosotras incansablemente salíamos de nuestra manta-casa para recoger la carta invisible y cambiarle el rol: Ahora eres el perro. Guau, guau. A jugar al bosque. Esto ahora sería una suerte de bullying, pero entonces nos parecía de lo más normal. Y mientras lo escuchábamos ladrar a lo lejos, nosotras a lo nuestro, sin atisbo de remordimiento.

Un verano nos fuimos todos a veranear a un apartamento en El Vendrell. No era tarea fácil llegar todos a la playa por la mañana. Llegábamos a la buena hora. A las doce. Con la playa como una marabunta. Pero a dos matrimonios y cuatro niños se les hace hueco enseguida.

La playa, cuando eres pequeño, es la releche. Es un Parque de Atracciones para ti solo. Mearte en la orilla. Tirar arena a los ojos a tu prima. Pisar toallas ajenas. Comer galletas María. Correr para que tu primo pequeño que viene llorando no te alcance. Toda clase de pequeñas fechorías están permitidas. Jolín. Ahora haces algo así y ‘no eres empático’. Madre mía dónde quedaba la empatía por aquellas fechas.

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A la una y media, mujeres y niñas nos retirábamos al apartamento a hacer la comida. Bueno eso las madres. Yo, hasta ahora, y ya tengo cuarenta y cinco, he conseguido librarme de hacer comida alguna. Los hombres se quedaban en la playa. Mi tío y mi padre se iban al chiringuito a tomarse un pelotazo y una lata de berberechos “La onza de oro”.  yo-no-soy-gente-historias-reales-mundo-surrealista-los-pecos-mi-primo-el-perro-y-el-cartero-cubata

Y mi primo José, que ya tenía trece años, ya podía quedarse con ellos a tomarse una Coca-Cola – nunca sabremos si fue su inicio al ‘cubata’ o no- o a darse un garbeo a su aire.

Lo que sí que sabemos es que se iban a ver suecas en top-less. Algo tan inofensivo que da hasta risa comparado con el porno que hay hoy a pedir de tecla.

Todos los días lo mismo. Había que estirar de mi primo Javi para sacarlo de la playa, que lloraba y con esa bocaza tan enorme para su edad decía una y otra vez con su voz de trapo: “Yo quiero un ‘culata’. Yo también quiero ‘un culata’”. Dramón diario.

Pero así era IS-PAIN en los 70. Los hombres de la casa llegaban, la mesa estaba puesta, las niñas acicaladas y a comer paella. Y luego siestorra para todos. Esto ahora sería machismo, entonces era normalidad. Paz y después gloria. Grandes años, no os lo voy a negar.

Tardes visitando tiendas de cerámica, pueblos con paseo marítimo, comiendo helados y haciéndonos fotos en puestos de melones.Nos compraban estrellas de mar vivas – que obviamente morían al poco tiempo de estar con nosotros – y por las noches contábamos chistes en el terrado del apartamento mientras comíamos pipas directamente del girasol.

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La verdad es que, aunque ahora hemos crecido y nos hayamos distanciado, siguen en mi memoria aquellos años. Porque la vida, pero sobre todo la infancia, es mejor con primos. Ahora ya no sé si nos quedan muchas cosas en común. Me parece suficiente saber que seguimos siendo familia, saber que queremos que nos vaya bien a todos y que tenemos recuerdos comunes que nos unirán siempre.

(A Santi, el futbolista. A Pili, la cantante más molona. A Javi el perro-cartero) 

 Y vosotr@s, ¿Qué me contáis?

¿Tenéis primos? ¿Qué recuerdos os unen a ellos?

#YoNoSoyGente #YVosotrosTampoco #ConPrimoslaVidaEsmejor

jones yonosoygente

 

 

CENICIENTA 3.0

Cenicienta, vaya nombre más cutre – me repito una y otra vez. El tema de poner ‘motes’ nunca me ha gustado. Es una forma como otra de etiquetar a la gente.

A mi padre le llamaban ‘El Llanero Solitario’.  De pequeña siempre pensé que era porqué lo consideraban un héroe – al igual que lo creía yo –  pero más tarde descubrí que solo era porque no ponía un pie en casa ni que le mataran. De profesión viajante, sí.  Y solitario. Aunque calmaba su soledad en faldas ajenas necesitadas también de un buen viaje.

Ahora lo llaman ‘el Joker’ porque pasea su sonrisa cuarteada e irónica vaya usted a saber por dónde. Cual vieja gloria se resiste a bajarse del escenario.

Pero cuando murió madre, él rápidamente le busco recambio. Se casó con una bruja egoísta y ególatra, cuya única ocupación es contarse las patas de gallo y gastar espejo.

Y aquí me hallo. Pringada con las tareas de casa y al servicio de dos hermanastras cuya máxima diversión es hacerme mobbing diario.

Lo de limpiar lo voy llevando regular, pero lo de que estas dos falsas, que se creen Barbies sólo porque se han puesto hasta arriba de silicona, vengan a cada rato a tocarme la moral, me pone muy nerviosa. Por la noche les hago vudú con una muñeca que me he hecho de bayetas viejas y estropajos roídos, pero mucho efecto no les hace, desafortunadamente. ¿Dónde está padre? Perdido, MUY perdido.

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Un día mi madrastra, que solo se dirige a mí para otorgarme nuevas tareas o insultarme sin miramientos, me reúne junto a las Barbies para anunciar lo que ella califica como el ‘eventazo’ del año. El príncipe del lugar – azul para más señas – busca esposa. Flipo.

Silvestra y Sofaina saltan como dos locas a las que les hubiera tocado el Euromillón mientras sus dos globos ni se inmutan. Se contonean creyéndose Jennifer López mientras pasean su culo raqueta pasillo arriba, pasillo abajo. Tienen más autoestima que Borja Thyssen y todavía menos cerebro que él. Pobres.

A mí lo de un baile en palacio me parece una cutrada. Seguro que el príncipe tiene una event planner que le ha organizado todo el cotarro:  decoración adecuada, catering de primera, un buen Disc Jockey. Así pues, ¿cuál es su mérito? Aparecer allí. Buff.

El tema en su conjunto me trae a la cabeza las ferias de ganado de las películas del lejano Oeste.  ¿En qué se va a basar la elección?¿Nos van a mirar los dientes como a los bueyes?

Al final, parece que a este pájaro solo le interesa tener a alguien en casa para salir bien en la foto, salvaguardar la corona e ir acompañado a las obligaciones reales. Me lo veo venir que es de los de salir  todas las noches en su moto, a lo Ghost Raider en busca de princesas destronadas ávidas de consuelo y batallita para el recuerdo.

Yo es que no me veo retirada de la vida social, dedicándome a mis labores y a la agenda de palacio. Menudo machista pinta. Tengo mejores planes para mi futuro: abrir una tienda de zapatos en el reino. Louboutin a ser posible. Hay público objetivo en la corte, eso lo tengo claro. Todos esos mamelucos arrogantes que tienen un ego del tamaño del Everest fijo que comprarían.

Pero me puede la curiosidad y el ‘y si…’. Vale. Es una forma muy fría de buscar pareja pero más triste es acabar en Tinder. Además, dejaría de vivir con las fuerzas del mal en versión mujer. Compro.

Pero yo no voy. Prohibido. Ahora descubro que  sólo me querían en la reunión para que escuchara y me fustrara. Me han subido hasta el ático para lanzarme al vacío.

Bye Bye ilusiones.

Llega el día y las plasticosas se esfuerzan por ponerse monas. No, si monas ya son. De hecho, con esos brazos largos como dos remos que les llegan a las rodillas parece que las estoy viendo hacer el baile del gorila de un momento a otro. Esperemos que el príncipe tenga algo de criterio. Ellas carecen de él.

Las veo salir por la puerta y regocijarse en mi descontento. Me voy a mi cuarto. Hoy va a planchar Rita. Lloro desconsoladamente de rabia y frustración. Cero posibilidades. Me sobreviene de pronto un instinto asesino de aquellos que no dejaría títere con cabeza. Fantaseo con la idea de entrar en el baile con una recortada y aturdir al personal allí presente. Tomaría rehenes. Bebería vino. Secuestraría al príncipe…

De pronto veo cómo una silueta se aparece ante mí. Como un espejismo. Reconozco que he ahogado mi pena en chinchón, pero desconocía que dos chupitos dieran para tanto. Es una señora y va va monísima. Lleva un traje Chanel en color azul palo y unos mocasines a juego y además habla con un acento francés exquisito.

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Cual genio de la lámpara me concede tres deseos y ella pondrá una condición. Primero los deseos, me lanzo en barrena: Quiero ir al baile, en limusina, vestida de Dolce & Gabbanna. Me doy cuenta que acabo de sonar banal total, pero me importa entre un rábano y dos. Estoy harta de ser realista, correcta y hacer lo que se espera de una. Hoy quiero brillar, soñar y practicar la frivolidad gratuita.  Hartita de portarme bien.

La tipa en cuestión lleva en la mano una especie de vara de madera – la verdad muy poco sofisticada y que no le va nada al look – con la que hace unos movimientos a mi alrededor como si me estuviera limpiando el aura. Cuando ya me estoy quedando bizca de seguir el aparatejo puntiagudo en cuestión… ¡tachan! Me miro en el espejo y muero de fashionismo.

Enfundada en un vestido azul petróleo de crochet me siento como Penélope Cruz a punto de recoger el Óscar. Levanto mi clutch nacarado y me veo a mi misma diciendo: “Madre, va por ti. Hoy no me para nadie”. Ahora la condición. Oops. Me había venido tan arriba que ni me acordaba. A las doce la limusina será un Nissan Micra y mi atuendo será un lacio vestido zarrio de Zara. Acepto.

Llego al baile y lo peto. Suena Alaska y lo doy todo en la pista. “¿A quién le importa lo que yo haga? ¿A quién le importa lo que yo diga?”. Los Jimmy Choo me están destrozando los pies, pero yo no puedo parar. Viene el príncipe que, para mi sorpresa no solo no es azul, que hasta parece majo y se lanza a bailar a mi lado. Suena ‘Living la vida loca’ y enloquecemos juntos.

Me invita a una copa. Es un tipo salao salao. Con melena tostada y aires sureños. Me da que hasta me está gustando. Reímos y charlamos. Mientras, de tanto en tanto, miro por el rabillo del ojo a mis hermanastras que se comen los mocos. Lo siento, pero me alegro y me vacío otra copa. Al tercer gin-tonic estamos a punto de darnos un pico y entonces suena la primera campanada que anuncia la media noche.

La torrija que llevo me impide pensar claro, pero recuerdo algo en relación a las doce. ¿que era? ¿Qué era? De golpe, me viene. Echo a correr como si me persiguiera un rottweiler y cuando me quedan tres escalones beso el suelo de palacio. Golpe inhumano y moratón al canto, lo veo. Se me sale un zapato. Alargo la mano, yo por un Jimmy Choo, cual Belén Esteban, maaaato. Pero veo al príncipe bajar los escalones de tres en tres, así que me levanto, recojo mi dignidad magullada y a la pata coja, huyo como un flamenco.

Pero el príncipe se ha enamorado de mí. Lo va diciendo a bocajarro desde su trono. Están buscando a la propietaria del zapato perdido. Lo tengo escondido detrás de los mochos en el cuartito de la limpieza. Es lo único que me quedo de aquella noche. Bueno, el vestido de Zara también, pero es feo de matar y lo voy a vender en Wallapop.

No nos engañemos, a mí el príncipe también me gusta. Es un tipo especial. Una mezcla entre Chayanne y Colate que da como resultado un pijerio sabrosón.

Suena el timbre y el séquito real anuncia la llegada de su majestad. Las Barbies intentan meter su pie tamaño XL en mi 35. ¡Mira! Nunca pensé que iba a ser una ventaja tener un pie de bolsillo.

Sufro mientras pienso que me van a reventar mis Jimmys de tanto apretar su pezuña. Rechino los dientes más que Rocinante ahogando el deseo de soltar dos leches a mano vuelta y gritar un: “¡que no! ¡que no os cabe vuestra garra de tiranosaurus en el maldito zapato!”. Desisten. Por el amor de DIOR, gracias.

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Y entonces aparezco. A pesar de los harapos me siento el ángel más bello de Victoria’s Secret. Alessandra Ambrosio escondería la cabeza cual avestruz a mi paso celestial. Meto el pie con una dignidad infinita en MI zapato y sonrío al príncipe, MI príncipe.

Nos miramos, la tensión sexual se dispara y decidimos irnos al galope en su caballo blanco en busca de intimidad. Lo de la boda está por ver. De momento nos urge un Motel.

Antes una última mirada a Maléfica y compañía. Juraría que además de la mandíbula se les han caído las siliconas. Mala suerte.

#YoNoSoyGente #YVosotrosTampoco #YCenicientaMuchoMenos

Ilustraciones by Víctor García Fernández (1000 gracias!!!)

Texto by:

jones yonosoygente

EL OTRO DÍA TE VI PEOR.

He decidido contároslo todo. Todo. Todo todo.

Al fin y al cabo los YoNoSoyGente lectores y servidora hace tiempo que empezamos a ser una familia. Y la famiiiliiiia (que diría El Padrino) está para lo bueno y para lo malo. Para comer spaguettis y para coserse a balazos. Pues eso.

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Así que aquí estamos, mi portátil y yo mano a mano, como dos insensatos dispuestos a lanzarnos a la aventura de la escritura, sin juicio alguno que nos frene.

Imaginaos que yo ahora os digo: Tengo 45 años, me acaban de despedir, en Infojobs solo buscan becarias y yo, y mi maltrecho ego, vamos de portal en portal – digital – a la caza y captura de un trabajo digno mientras mis canas se multiplican.

¿Qué pensaríais de mí? Que soy una perdedora. Una desorientada. Una loca con necesidad de reinventarse. Una funambulista más en la cuerda floja buscando un nuevo circo. Vale. Igual sí.

Pero también soy una heroína – sin capa – dispuesta a echar a volar. Una ilusionista con aires de trilero, pero con buen pulso. Una superviviente que le echa moral al tema. Una suerte de espartana que se levanta del barro, se retoca la máscara de pestañas y grita: ¡Date caña!

#HoyEnDíaEnElMercadoLaboralTener45PareceUnCrimen yo-no-soy-gente-historias-reales-mundo-surrealista-el-otro-dia-te-vi-peor-de-despidos-y-organismos-oficiales-el-padrino-45

De hecho, el reto más grande ahora mismo ha sido el moverme entre organismos oficiales. Eso sí que es de toma pan y moja. En realidad, yo creo que se trata de un curso de ‘paciencia’ encubierto y gratuito subvencionado por:  ‘Parados de IS-PAIN’. Gracias querido gobierno. Sniff.

Pues sí, os lo voy a contar. El día de hoy fue un peregrinaje entre organismos de nuestra querida España, esta España mía, esta España nuestra (es que una es muy musical) sin desperdicio alguno.

Empecé el día en el Inem, bueno, yo y las otras cuatrocientas personas que allí estábamos. Aquello no era calor humano, aquello era el infierno: unos estaban que ardían y otros quemados. Menos mal que he llegado sin alcohol en vena, porque esa sala era ‘zona inflamable’. Ríete tú de Radio Futura y su escuela de calor. Saltaban chispas.

#NoNoPasaNada #SiYoEstoyTranquilayo-no-soy-gente-historias-reales-mundo-surrealista-el-otro-dia-te-vi-peor-de-despidos-y-organismos-oficiales-inem

De allí me han enviado a la Seguridad Social. Más tarde a la Mutua. Y de la Mutua vuelta a la Seguridad Social. Y de allí al INEM. Casilla uno de nuevo. Sin extra de vidas. Caca.

Gracias a Dios que me he tomado un cortadito más que mulato, negro, que me ha puesto a tono, porque ni os cuento la romería de la Virgen del Pino que me ha tocado hacer hoy. Que solo me ha faltado quitarme los zapatos y andar descalza, porque la penitencia ya la he hecho yendo de una ventanilla a otra durante horas.

Me ha acompañado el Sargento. Un error. No tiene paciencia y le pone nervioso aparcar en el centro. Pero sería feo no especificar que, aunque es un poco ogro, tiene buen corazón.

Cuando he acabado los trámites me he tenido que tomar dos cervezas para bajar la taquicardia que me ha provocado el café. Que hasta un tic en el ojo tenía. Eso me pasa por pedirlo cargado. Nunca aciertan con la medida justa de cafeína.

#EseMalditoTicEnElOjoQueTedaLaMañana68747470733a2f2f73332e616d617a6f6e6177732e636f6d2f776174747061642d6d656469612d736572766963652f53746f7279496d6167652f78596e517553616e594a787968773d3d2d3232373135393830372e313433393536616634303465366

Hemos comido en casa y nos hemos tirado en el sofá, como si mañana nos lo fueran a embargar y nos tuviéramos que despedir de sus mullidos cojines. Estamos saliendo los dos de una bronquitis y ha habido lucha para hacerse con la manta eléctrica. Mía. Mi tesoro.

Luego he ido a hipopresivos. Mi profesor me ha medido y dice que he perdido 5 centímetros de contorno de debajo de las costillas. Que no es por quitar mérito, pero… ¿a mí de qué me sirve perder los centímetros justo ahí?

                  #ApneasInfinitasQuePareceQueVanAacabarContigoyo-no-soy-gente-historias-reales-mundo-surrealista-el-otro-dia-te-vi-peor-de-despidos-y-organismos-oficiales-hipopresivosSupongo que si llevara un pantalón de tiro alto tendría una razón de ser, pero como soy más de llevar las prendas en las caderas, me iría de perlas afinar cintura. Pero claro, el hombre propone y el hipopresivo dispone.

He acabado el día en la Alianza Francesa, donde hago clase de narrativa. Somos un grupo heterogéneo. Es la forma más educada que se me ocurre de decir que somos un conjunto de personas muy peculiares y un poco enajenadas. Somos creativos a nuestra manera.

Hay veces que pienso que de un momento a otro entrará Almodóvar y dirá “corten”. Pero, oye tú, ¡lo que nos divertimos!

He saludado a Bruna, que trabaja en la Alianza y con la que he tomado algunos vinos, me ha mirado y me ha dicho: “el otro día te vi peor”. He decidido recogerlo como un piropo. La lectura alternativa hubiera sido que el otro día estaba aún más piltrafa. A pesar de esto, es maja (ja, ja, ja). La mato.

#AquíTanAgustitoConMisCompañerosDeClaseDeEscriturayo-no-soy-gente-historias-reales-mundo-surrealista-el-otro-dia-te-vi-peor-de-despidos-y-organismos-oficiales-inem-companeros-de-escritura

En fin, que la vida tiene sus etapas y sus momentos. Lo mismo tienes un momento stiletto y estás arriba de todo, que te caes a chancleta.

Yo, no os lo voy a negar, acabo de pasar un momento alpargata destalonada muy interesante. Pero la buena noticia es que el zapatero sigue abierto para todos, así que: estoy preparada para nuevas pisadas.

Gracias por la escucha familia. Jones camina de nuevo.yo-no-soy-gente-historias-reales-mundo-surrealista-el-otro-dia-te-vi-peor-de-despidos-y-organismos-oficiales-el-padrino-45-jones

#YoNoSoyGente #YvosotrosTampoco #VamosQueNosVamosjones yonosoygente

TODO EN ORDEN

Tengo la cabeza como un cubo rubik sin resolver.

Como un puzzle que se te cae y nunca acabas de encontrar todas las piezas. Como si tuviera una fiesta de Pitbull con quinientos invitados borrachos en la que no consigo poner orden. Como si a Imelda Marcos se le hubiera desordenado el zapatero.

Y con ruido. Con tanto ruido como en un día de carreras en el circuito de Montmeló. Como si tuviera inquilinos en el cerebelo haciendo obras.

Aquello, más que un contenedor de cerebro y derivados, parece una noche loca en Pachá Ibiza.

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Y es que dicen que tu cabeza es tu casa, así que entenderéis que la mía está ahora mismo ídem a mi sesera.

Yo, que siempre he tenido mi propio caos organizado, es decir, un entresijo de cosas aquí y allá en el que yo siempre encuentro lo que busco, me veo superada. Mi terapeuta de Reiki me ha dicho que ordene, ordene y ordene sin parar, y que ya veré qué bien me siento después. Ya.

Pero eso será después. De momento tengo que activar a Terminator y ponerme manos a la obra. No está siendo fácil. Me he convertido en un generador de excusas variopintas con tal de no entrar en materia.  Y algunas muy absurdas, ya os lo digo.

Y es que tengo el vestidor que parece un puesto en el mercadillo.yo-no-soy-gente-historias-reales-mundo-surrealista-todo-en-orden-ordena-que-te-ordena-todo-a-un-euro

¿Que cómo lo sé? Jolín, porque cada vez que entro en esa habitación tengo ganas de gritar:

“a euro, a euro” “baratito lo tengo hoy”.

Yo, que nunca tuve alma de pregonera porque mi sentido del glamour me lo impide, ¡imaginaos! se me llevan los demonios.

Lo que había sido mi despacho está como hotel abandonado. Como esa estancia que ya no habita nadie ni va a recibir huéspedes. Triste, solo y lleno de cosas inútiles. Con sus dos papeleras para nada. Un ordenador que ya no se usa. Fluorescentes de recambio por si se funden los de media ciudad (es que mi marido lo compra todo en número de dos dígitos).

Ahí no es que haya que meter mano…ahí hay que arremangarse, ponerse el traje de minero y entrar a excavar y escarbar y arrancar todo pasado, que, aunque dicen que mejor, pasado es y liberar espacio requiere.

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Ahora ya trabajamos en el comedor. Total, tenemos una mesa enorme que, como somos unos insociables y no invitamos a nadie a casa a comer, a cenar o a unas almendras con vermut, estaba muriéndose de pena. Así que ahí trabajamos ahora el sargento y yo tête à tête, con la tele mediante, dos altavoces en una esquina y sitio para echar un chachachá si estamos muy agobiados.

La cocina está llena e cachivaches sin uso, que el otro día pensé: tíralos. Tíralos, porque aquí entra Chicote y  empieza a hacerme preguntas y me hunde en la miseria. Que yo no distingo una licuadora de una picadora y en todo caso no necesito ninguna de las dos. Para mí sí que existe lo de pesadilla en la cocina, yo entro de puntillas, me hago un cortado y salgo corriendo.

#SoyLaPeorPesadillaDeChicoteyo-no-soy-gente-historias-reales-mundo-surrealista-todo-en-orden-ordena-que-te-ordena-asi-cocino

Los lavabos han sido invadidos por muestras y potingues. Ahí tengo que entrar y hacer una aniquilación masiva o dedicarme a hacer anuncios de cosméticos cual Kate Winslet tardía. Lo estoy valorando.

Así, a bote pronto, me he dado cuenta que tengo un tubo de ácido hilaurónico, una crema de noche, una crema de día (¡Dios!, menos mal que no hay cremas de media tarde), una crema extra-hidratante, un aceite reparador, un sérum anti-arrugas, un potingue alisa-ojeras.

Y todo eso convive con todas las muestras habidas y por haber que me salen en revistas o me entregan en perfumerías; que son tan monas y vienen tan bien presentadas, que penica da tirarlas, claro.

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Juro que voy a entrar un día sin conocimiento alguno (de estos días tengo bastantes), voy a tirarlo todo y a aceptar mis patas de gallo. No estaré más joven, pero tendré más espacio.

Y como soy obsesiva pues he empezado a ordenarlo todo a la vez. Cuando me canso de desparramar bolsos en una habitación me voy a ver qué trastos sobran de la cocina, de ahí a tirar papeles del escritorio y todo ello mientras me voy poniendo en la cara todo lo que encuentro por mi lavabo. Ordenar hidratándose, un nuevo concepto.

Eso sí, ahora mismo mi casa es una yincana. A todo el que viene a verme le doy un dorsal y le digo: “a ver cuánto tardas en llegar al comedor y cuidado con los obstáculos”. Si lo consigue sin caer de morros, hay premio en la zona avituallamiento-cocina.

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Pero ¡eh! Lo estoy haciendo. Estoy ordenando. Tirando. Saqueando. Vaciando. Limpiando.

He tirado todas mis casetes. Hasta la de Pimpinela que llevábamos en el coche cuando íbamos de vacaciones. Y eso duele. Olvídame y pega la vuelta.

Aysss. #TodoEnInglésSuenaMejor #HastaPimpinelayo-no-soy-gente-historias-reales-mundo-surrealista-todo-en-orden-ordena-que-te-ordena-pimpinela-olvidame-y-pega-la-vuelta-2

Y ni que decir tiene que todas las que me grabé gracias a la doble pletina y a plagiar discos de amigos: se han ido también. ¡Adiós a MC Hammer y Technotronik! ¡Otro dolor!

Todos mis apuntes de Marketing, en que los ejercicios aún se resolvían en… ¡pesetas! Obsoletos. Todos esos ratazos resolviendo casos e hincando codos de madrugada. Good bye.

Una CPU solitaria que habitaba un cuarto. Una mesa absurda de IKEA de esas que compras en un arrebato y nunca sabes para qué. Toallas del ajuar. Sabanas que nunca he puesto. Una bicicleta que se había convertido en un hierro. Un masajeador de pies que no uso. En fin.

¡Por Dios! Os tengo que decir que ha habido un momento durante esta limpieza en que dudé en si tirarlo todo o montar un Cash Converters, pero al final el sargento me obligó el juicio se impuso y conseguí, no sin pena, sacarlo todo afuera.

#ApunticoMeHequedadoDeMontarUnNegocio #ElSargentoQueMeHaChafadolaPerla

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No sé si os pasa a vosotros, pero me doy cuenta que la mayoría vivimos al borde del síndrome de Diógenes. Que a mí me das un metro cuadrado más y te lo lleno en un periquete. Que solo sabemos ampliar y no reducir. ¡Que tenemos mucho y de todo!

Fue difícil comenzar, pero ahora me siento mucho mejor. El cerebro más oxigenado, más espacio físico y mental para cosas nuevas. Una ligereza extraña que hacía mucho que no experimentaba. Que, si además con todo el trajín también me hubiera ‘quitado’ un par de kilos, ya hubiera sido el remate.

Pero ni un gramito he perdido. Y eso que ando dándole al jengibre con limón como si no hubiera un mañana. Que en lo que barro, friego y doy esplendor le ando pegando lingotazos, que dicen que es un quemagrasas que ríete tú del té rojo.

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A todas estas, os tengo que dejar, que estoy escuchando de fondo al Sargento, que si lo dejo me tira hasta las puertas del armario. Ayer me tiró tres cepillos del pelo y me dijo: “Pero si te he dejado uno. ¿Cuántos necesitas?”. Hombres. No me fío un pelo.

  • Cariño, ¿Qué estás haciendo?

Se masca la tragedia. Os veo la semana que viene. Más ordenada. Más espaciosa. Más liberada que Grey y sus 50 sombras (que, por cierto, de eso tenemos que hablar…). 

Feliz Semana.

#OrdenaQueTeOrdena #YoNoSoyGente #YVosotrosTampoco

jones yonosoygente