03.12.12 WHATSAPP-EAME, BABY!

Querido Diario Virtual,

Creo que lo de los grupos de WhatsApp debería ser obligatorio. La de veces que te salvan de caer en una depre. En una espiral negra. En un túnel oscuro. En unos tres kilos de Kit Kat aproximadamente.

Es como “la nueva agenda”, tienes a la gente archivada por temas. Según el día, el estado de ánimo, lo que te apetece hacer y el momento vital que tienes pues acudes a uno a otro grupo.

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Es fácil y sencillo. Y así a priori sin lugar a confusiones…

Pero todas sabemos que alguna vez hemos enviado un audio conteniendo información para mayores de 18 al grupo “Lecturas Encadenadas”.

Cuando te has dado cuenta has querido agonizar de vergüenza sabiendo que todo el mundo va a saber en la próxima clase de literatura que a ti lo que te pone no es ni el Quijote ni Vargas-Llosa, que lo tuyo es un empotrador tras dos gin-tonics un sábado noche. Fin de tu credibilidad literaria. Forever. And ever.

giphy2Y, sin embargo, mira tú, nunca has comentado por error el último Premio Planeta en el grupo “Locas del Coño”.

Que traviesa y selectiva es la mente. Y es que los dedos son más rápidos que Billy el niño.  Y los audios los carga el diablo. La reputación a Norris en 23 míseros segundos.

Algunos de mis grupos salvavidas son:

PADIVAS:

Grupo de antiguas divas de la salsa. O eso nos creíamos hacía 10 años ee62d9_b0f5a67375fa442b8bbbaedc372dcd1a~mv2cuando una tarde cualquiera y después de unos copazos reglamentarios y mientras veíamos unos videos de salsa femenina, una de ellas dijo: “¿Eso? Eso lo hago yo. Pa’Diva yo”.  Y Padivas el resto también, que para algo somos muy de culo veo, culo quiero.

Ahora ya casi no bailamos, pero el grupo nos da para seguir quedando y teniendo nuestros momentos DIVA. En este grupo las conversaciones se abren siempre con: “Divas, ¿para cuándo un vinito?”.


DIVINAS:

Sí, ¿qué pasa? Todos mis grupos son así porque todas mis amigas son unos mujerones espectaculares que no sufren de baja autoestima. ¿para qué? Grupo de compañeras de teatro, ahora ya ex teatreras, pero todas con alma de vedette inside y que por supuesto nos creemos de DIVINE para arriba. Para poco no nos ponemos.

Mis amigas y yo llegando a una cena. #TíaQueHoyCasíNiMeHeArreglado
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SUELLEN’s TEAM:

Obvia explicación está claro. Pero por si acaso y para los nacidos cuando el euro ya estaba instaurado, remítanse a Dallas.giphy5.gif


GOZOSAS GACELAS:

Grupo de bellas gacelas cuarentañeras (que no cuarentonas) que gozan trotando por la sabana nocturna. Ni que decir tiene que este es un grupo para salir a ligar  creer-que-aun-ligas y demostrarte a ti misma que si quisieras aun podrías ser parte del mercado.

Actividad muy necesaria en momentos de bajones laborales y broncas maritales. Noches bien regadas de gin-tonics cortos y camareros un poco largos, aunque mejor aún si los camareros son cortos y los gin-tonics largos. O todo largo. O corto. Y cambio.

¡Esta bien! ¡Salgamos a hacer una copa! ¡Pero solo una!
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MILFS:

Pues como su propio nombre dice. Madres Increíblemente Follables Siempre. En este grupo estoy “de prestado”, porque ni una es madre ni cree estar mucho menos follable, pero como son muy majas pues me adoptan y nos da para rajar juntas del genero masculino, alabar los atributos del tipo de INVICTUS y salvar el mundo ordenadamente por continentes. ¡Que no es poco!.

¡Dios! ¡Eso es una tableta de chocolate y no lo que vende Suchard! #NoMeCansoDeEsteAnuncioYYaHaceVariosAñosINVICTUS by Paco Rabanne

Y aún tengo no pocos grupos más…

La de veces que me uno de estos grupos me ha salvado un día mierder y la de veces que me he reído sola en el metro escuchando un audio.

Esa amistad en diferido y llena de iconos que te hace la vida más llevadera.

Gracias Divas, Divinas, Gacelas y un largo etc. por hacer de mi wasap un rincón maravilloso. ¡OS ADORO!

#LoQueUneElWhatsAppQueNoLoSepareElMundo  #JonesYElWhatsApp #AudiosEquivocadosReputaciónAnorris #YoNoSoyGente #YVosotrosTampoco

jones

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TECNOLERDA

El otro día visité a un par de amigas cincuentañeras e intentamos pasarnos unas fotos que nos interesaban vía móvil. Las bajamos del Facebook. Las archivamos. Espera que las subo primero a… un momento que no me sube, ¿cómo hago para enviarlas? ¡Un poco de caos!

Después de marear la perdiz (y el móvil) un rato, dice una de ellas:

“Perdón, está claro que soy Tecnolerda”.

Ja. La otra y yo reíamos como posesas.

Me reí un poco menos cuando descubrí que yo era tecnolerda también. Estaba intentando ponerle un vídeo a mi sobrina de cinco años en mi móvil, cuando la criatura en cuestión se hizo con el aparatejo de marras y me dijo “Se hace así, tita”. Flipa.

Yo no soy gente, historias reales, mundo surrealista, tecnolerda, nuevas generaciones, usos del movil 2
“Se hace así, tita”

Y es que una cosa es adaptarte a las redes y otra muy diferente es nacer con ellas.  El hecho es que ya son parte del mapa mental de la generación que sube. A los 5 años yo sólo usaba el dedo para sacarme los mocos, mi sobrina sabe que con la yema de los dedos clicas, pasas fotos y juegas en la Tablet. Y esto, amigos míos, es imbatible.

Sí, yo me he tenido que ‘hacer’ a las redes con ahínco, soportando incluso así un grado de tecnolerdismo interesante. ¿Qué pedirles a mis padres? Una generación anterior a la mía, para los cuales el teléfono era eso que estaba colgado en la pared del pasillo y por el que hablabas poco porque hacía frío ya que nuestra única estufa sólo calentaba el comedor.

Mi madre ya lleva cierta evolución (y no pocas horas dedicadas al tema): ya va sola. Visita blogs, se descarga fotos y utiliza el WhatsApp.

Mi padre entró más tarde en la era smartphonista y sólo porque no le quedó otro remedio para comunicarse con el resto de la familia. De momento sólo envía mensajes de voz y vídeos. De vez en cuando le hago una pregunta y me contesta con tres puntos suspensivos “…”,  que no sé si viene a ser un ‘te lo cuento luego’ o un ‘de esto paso’.

La adición es tal que ya nadie se mira a la cara. De hecho, el otro día en una reunión de amigos, mi compañero me miró y evocando a Neruda me dijo “Me gusta cuando wasapeas porque estas como ausente”. Lo miré como si se hubiera vuelto loco. ¿Qué va a ser lo siguiente? “Volverán las oscuras golondrinas de tu jardín su fibra óptica a instalar”. Poesía 3.0. Apaga.

El caso es que nos guste o no, la tecnología evoluciona y o te subes al carro o te va a tocar andar detrás de él. El otro día hablando con otra cincuentañera maravillosa, me dijo:

– ¿Me pasas la foto por WhatssssApp?

– ¿Cómo? -le digo.

– Pues eso: Por WhatssssApp.

– ¿Por qué alargas tanto la S? ¿Para qué suene más glamuroso?

– Ahhh. ¿No se dice así?

Pobre. Bienvenida al Club. Si la llegan a oír unos adolescentes se están riendo de ella hasta el día del juicio final. La diferencia de generación, aceptémoslo.

Yo no soy gente, historias reales, mundo surrealista, tecnolerda, nuevas generaciones, usos del movil
Pero, ¿dónde está el whatsssssssap?

Y si hablamos de redes sociales apaga, yo hay evoluciones que me niego a asumir. Snapchat, sin ir más lejos, aquí practico el tecnolerdismo con saña. Que bastante tengo yo con mi vida-fake de Facebook como para asumir la inmediatez de un vídeo así a pelo.

Yo ya necesito unos mínimos, un poquito de maquillaje, un arreglo apropiado…por eso pocos selfies me hago. A no ser que sean selfies-fake que digan “Feliz jueves. A disfrutar del almuerzo”, pero en realidad yo haya salido de la peluquería como un pincel y esté más posada que la Preysler para el Hola.

Evoluciones que sí asumo: Instagram y sus filtros. Que haces una foto de un campo de girasoles y 23 filtros más tarde tienes un Van Gogh. No hay foto fea sino filtros de menos. Lo uso sin piedad, cada filtro me quita 3 años. Me he impuesto un máximo: de los 25 no bajo, por miedo a ligar con adolescentes y eso… ¿tendré el síndrome Ana Rosa Quintana?

La diferencia generacional se ve clara en la forma de llevar el móvil.

Mi madre en el bolso. Se acuerda a veces que lo lleva, las menos. No lo oye nunca cuando suena. Podría llevar el móvil o un gato de yeso, dada la funcionalidad que le da. Ella lo saca cuando lo necesita y punto.

Yo, suelo llevarlo en el bolsillo del abrigo y en ocasiones en la mano, en modo apéndice. Mi bolso, en el cual podríamos encontrar (como diría mi padre): ‘hasta mijitas de pan’, es un lugar demasiado concurrido en el que, en caso de emergencia, necesitaría invertir 5 minutos para dar con él. Un bolsillo cercano me da alivio y practicidad.

Mi sobrina de 17. En la mano. Para poder mirarlo continuamente. Aún me sorprende que no haya subido el atropello de adolescentes. Una cosa es que no sientan el peligro y otra que ni lo vean. Se tiran a cruzar la calle en modo apocalíptico sin conciencia alguna de que aparte de ella y la otra persona que está al otro lado del WhatsApp, hay más gente.

Yo no soy gente, historias reales, mundo surrealista, tecnolerda, nuevas generaciones, usos del movil 3
“Atención gente wasapeando por la zona tranquilamente e ignorando la realidad 1.0”

Pasar por un instituto requiere más atención que ir por una zona de caza de jabalíes. Al tanto, veo aquí una nueva señal de tráfico: “Atención. Gente wasapeando”.

Tecnolerdismo aparte, hasta mi padre desde que recibe fotos de mi sobrina vía móvil, tiene nuevas ganas de aprender. Lo vamos haciendo por capítulo, pero avanzamos a buen ritmo.

Esto ya no tiene vuelta atrás. Un día sin sonrisa móvil es un día perdido.

WHEN I WAS 17.

Ayer fue el cumpleaños de mi sobrina. Hacía 17 gloriosos años y yo, que la tuve en brazos cuando nació, pensé… que si ella tiene diecisiete yo…yo… ta-y-tantos tirando a ta-y-muchos. Madre del Amor Hermoso, ¡cómo pasa el tiempo!

Yonosoygente, Historias reales, Mundo surrealista, When I was 17, Cuando tenia 17, no life 2.0, no whatsapp, no email, no móvilEstá agobiada. Tiene 6 exámenes en una semana. Yo también los tenía. Eso es una putada ahora igual que lo era antes.

Sentada enfrente de ella, me hizo retroceder a mis 17, cuando la vida 2.0 ni siquiera se vislumbraba.

Sin móvil, ni google, ni redes sociales. Para leer cutre-artículos tirábamos de Súper Pop.

Esa revistilla que nos alegraba el mes a todas, la mar de completita: nos mostraba los cantantes del momento en su esplendorosa vida, nos culturizaba en los temas sexuales y nos regalaba pegatinas fluorescentes. What else? Que diría ahora Clooney.

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En ella vimos desnudo – o casi – a Pedro Marín, descubrimos las mechas en los pelazos que llevaban los Duran Duran y nos cuestionábamos si éramos multiorgásmicas. Qué daño más irreparable. Qué carpetas forradas a golpe de Gabinete Caligari. Qué estilismos tan cegadores. Pero sí, ¡sobrevivimos!

A los 17 trabajaba por las mañanas en una empresa de transporte con cero glamour y muchos trailers. Por supuesto a esa edad nadie te hace ni caso, estás en la oficina como está la fotocopiadora o también el radiador.

Eres un cero pelotero a la izquierda. Pero tenía mi contrato y me sacaba mi dinerito y a esa edad con dinero eres la puta ama o te lo crees, que aún es peor.

Acababa de trabajar a las 15h. El instituto comenzaba a las 15h. Yo estaba en el autobús a las 15h. Obvio: Llegaba una hora tarde.

Comía en el asiento de al lado del autobusero, que era más amplio. Hacía la digestión de camino a mi pupitre y me pasaba los recreos fotocopiando apuntes. Daba cabezadas en las clases previas al “patio” y despertaba hacía las 18h. con más pena que gloria. Por aquel entonces el café no era una opción.

Yonosoygente, Historias reales, Mundo surrealista, When I was 17, Cuando tenia 17, no life 2.0, no whatsapp, no email, no móvil 298

Menos mal que a esa edad las ojeras no existen, la mala alimentación no te engorda y tu cuerpo aguanta lo que le echen. Si tengo que hacer esto ahora, me tienen que recoger con coche escoba confundiéndome con una bola de sebo, con los ojos en las manos y con un ataque de epilepsia por la falta de café.

 

Yonosoygente, Historias reales, Mundo surrealista, When I was 17, Cuando tenia 17, no life 2.0, no whatsapp, no email, no móvil 56Pero en aquel entonces, aún me sobraba tiempo para echarle cuatro miradas furtivas al guapo alto de COU en el patio.

La criatura obviamente pasaba de mi cara y a mí me parecía lo más platónico del mundo mundial.

Casualmente ahora es mi vecino y hace ya mucho que se ha quedado calvo, así que cada vez que lo veo y lo comparo con la mata de pelo de mi marido, pienso que he estado de suerte.

Las clases acababan a las 9 de la noche. Esas cosas sólo pasaban – y pasan – aquí, porque a esas horas los adolescentes en Alemania ya estaban cenados y en sus casas. Pero es que aquí con el rollo del buen clima siempre hemos estirado mucho los horarios. A esa hora yo que me había levantado a las 6 de la mañana estaba matada y rematada casi a punto de echar espuma por la boca.

A esas horas intempestivas, en el mejor de los casos me arrastraba hasta la parada de autobús para regresar a casa quitando las calles. El autobús siempre iba a tope y no tenías con qué entretenerte por el camino. El móvil no existía.

Hubiera muerto por wasapear un rato y hacer el camino más llevadero, pero como mucho te tenías que entretener escuchando conversaciones ajenas, por eso los del 70 somos todos un poco cotillas.

El aburrimiento que era – y es- muy malo.

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En el peor de los casos – que era tres veces a la semana – tenía clase de inglés de 9 a 10 de la noche. Seamos sinceros a esas horas nadie en su sano juicio era capaz de retener/integrar/aprender nada.

Muy amena tenía que ser la teacher para que no diéramos cabezadas
por las esquinas.

Y vuelta a empezar al día siguiente.

Sin la ayuda de Google. Sólo con la enciclopedia “Las Maravillas del Saber”, que estaba en el comedor de mi casa.

Sin Wikipedia. Tirando de sacar libros en la “biblio”, si es que un compañero no se te había adelantado y tenía el que necesitabas.

Sin Wordreference ni traductor on-line. A solas con tu súper diccionario Collins, que todos sabemos que pesaba alrededor de 5 kilos.

Sin whatsapp. Llamabas a tus compañeros por el teléfono fijo y tu madre se te echaba encima como tardaras más de 3 minutos.

Sin email. Si tenías que pasarle algo a tu compañero; se lo pasabas en mano al día siguiente.

Yonosoygente, Historias reales, Mundo surrealista, When I was 17, Cuando tenia 17, no life 2.0, no whatsapp, no email, no móvil 2543

Sí. Yo también tuve 17 y aunque ahora hay muchos más medios, recuerdo mi época con muchísimo cariño.

Sobreviví a Súper Pop, me disfracé de Madonna, salía al patio, comía donuts a mansalva sin pensar en el colesterol, hablaba cara a cara con mis compañeras y había un tráfico físico de apuntes que ni la mafia italiana.

Aún así… ¡Que vivan las tecnologías!

Pero… ¡que no nos quiten nuestra gloria y recuerdos de la vida antes de la vida 2.0!

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