Queridas y queridos todos,
Me temo que os he abandonado un poco. Pero todo tiene un porqué en esta vida. Ahí va la noticia bomba: Me he puesto a estudiar Marqueting Digital, pero claro mi cerebro ya no es lo que era. Perdido el hábito de estudiar tengo que echarle Dios y ayuda – y mucho café – para sacar adelante el proyecto. Ando como adolescente con carpeta forrada haciendo trasbordos de trenes por las mañanas.
Estudiar Marqueting Digital es como correr al lado del AVE. Es decir, no lo alcanzas nunca. A ratos se para en alguna estación y te parece que vas a pillarlo, pero cuando ya te acercas se pone en marcha otra vez. Y tu con la lengua fuera ¡a correr de nuevo!
Sea como fuere, ahí ando yo día tras día caminito del Cibernarium de Barcelona y echándole a mi cerebro información como quien escancia una sidra. Lo mejor es la parada matutina en el bar de la estación de Glòries. Los camareros son súper simpáticos. Hay uno que se hace pasar por italiano y yo he decidido llamarlo Flavio. Mola. Empezar el día con buen rollo y mejor cafeína pues es la caña. Y luego a clase. Con mis gafas de cegarata y todo el empeño en ristre.

La ventaja es que como representa que somos todos ex trabajadores reconvertidos en emprendedores, la clase respira cierta notoriedad de edad y me ahorro lo de cangurar yogurines. Sí, ya todos peinamos canas y estamos de un ‘buen ver’ relativo.
Tampoco sé yo si esto del digitalísimo marketing va a ser el camino por el que voy a trascurrir los años venideros, que ando aún sin objetivo y, por cierto, sin regla.
Lo estoy viendo venir: me va a llegar antes la menopausia que el objetivo en esta vida.
¡Mother of God! Que me veo con canas y siendo la becaria de cualquier empresa. ¡Sálvame Señor que no estoy yo para hacer fotocopias! ¡Ah! ¿Que ya no se hacen fotocopias? Desactivando el modo Carcamal con urgencia. En fin, menos mal que una es muy juvenil (zas, zas, movimiento de melena)
Esto del objetivo…escucha, ¡cuánto tiempo y energía desperdiciado! Cómo molan esos niños a los que de pequeños les preguntaban: “¿Y tú qué quieres ser de mayor?” y ellos contestaban “Yo, Doctor”. Ostras tú. Treinta años más tarde te los encontrabas en la consulta de marras.
No, yo no. Me consta que otros tantos tampoco lo teníamos tan claro. Yo quería ser primero astronauta, pero más bien por lo de que siempre estoy en la luna y tal. Luego profesora, pero claro dónde voy yo de profesora si la dosis de paciencia mía se la llevó otro.
Más tarde azafata de avión. ¡Otro intento fallido! En los noventa, cuando lo intenté, pedían mínimo metro setenta. Que sí, que sí, que las que me conocéis pensáis que soy alta, pero que yo voy siempre subida a dos zancos, que cuando me bajo de ellos en el aeropuerto para pasar seguridad es como si descendiera a los Infiernos.
¿Metro setenta para repartir bandejitas entre los asientos de los aviones? Pero, ¿por qué no les servirían entonces las bajitas? Y estaría yo ahora volando por el mundo, Facundo, y repartiendo sonrisas – y bandejas – a diestro y siniestro. Conociendo lugares maravillosos, ligando con pilotos buenorros. Vale, vale. Me voy de madre.
Menos mal que ahora ha cambiado todo mucho, las cuarentañeras estamos llenas de power y no nos bajamos del carro ni con agua caliente. (De pronto el ‘Resistiré’ del dúo Dinámico ha empezado a tener todo el sentido).
Os aviso que he reconvertido el YoNoSoyGente en mi Diario Personal. Así que voy a ir escribiendo de mi vida, milagros y otras absurdidades a golpe de tiempo e inspiración.
Así que si me queréis quedarsus por favor.
Os he echado de menos. Ojalá que vosotros a mi también.
#YoNoSoyGente #YVosotrosTampoco

*Ilustración by Margarida Carbonell (así es cómo me ve mi ‘profe’ de escritura. Corriendo y café en ristre. :-) ) Gracias.
De verdad que es quejica. ¿Y yo? Yo voy todos los días en el ‘Tren de la Bruja’. Ahí girando por una vía segura, transitando los mismos raíles, confiándome. Pero escuchadme, que de vez en cuando el tipo me da un escobazo que me deja frita. Que es de los que las mata callando. Que es de los que cuando estás más tranquila te pega el susto de la muerte.

















