Y TÚ, ¿A QUÉ SUENAS?

El primero se llamaba ‘Romerillo’, el segundo ‘Cabezón’ y al tercero ya no le puso nombre. Sí. Tres camiones tuvo mi padre, por eso su canción en la vida sería: “Yo para ser feliz quiero un camión” de Loquillo.

Y es que todos en la vida tenemos nuestra canción. Eah. Yo normalmente cuando miro a alguien no puedo evitar asociarle una melodía. ¿No os pasa?

Que la vida es una tómbola, tom, tom, tómbola, de luz y de color, de luz y de color… eso lo sabemos todos. Que hay que reeeír y hay que lloooorar, pues otro tanto. Pero…

Volviendo a mi padre, el romerillo era un camión pequeño reconvertido a ‘camión del butanero’. Sí, mi padre fue repartidor de butano, de ésos que te subía la botella al quinto y que te daba una estampita por Navidad. Sí, a mi madre no le sabe mal que le digan si es que se lió y soy la hija del butanero. Lo soy.

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Su segundo camión se llamó ‘Cabezón’ porque a comparación con el primero nos parecía un monstruo. Uno de esos volquetes con una cabina enorme. Con el cabezón fuimos de vacaciones, a la playa, de excursión, fue el ‘coche’ oficial de la familia hasta que tuve ocho años. Era flipante cuando mi padre me dejaba hacer las excursiones en el volquete. ¡Así he salido de salvaje!

Y el último fue un camión ‘bañera’, anónimo, con el que se jubiló. Siempre lo vi feliz en su camión y eso que se estozaba -que diría mi abuela – de la cabina no pocas veces y llegaba a casa magullado. Recuerdo a mi madre diciéndole: “Juan, ¿ya te has vuelto a caer?”. Gajes del oficio. Por eso lo veo y me resuena Loquillo y su camión.

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La de mi madre sería la sintonía de “Con las manos en la masa”, aquel programa, a finales de los ochenta, en el que Elena Santonja preparaba una receta con un invitado famoso a la par que le hacía una entrevista. ¿A que os suena? Pues claro.

Lo mismito que hace nuestro Bertín, Osborne para más señas, ahora en Telecinco. Que la sopa de ajo ya está más que inventada y los programas acaban siendo todos un revival rebozados a brocha gorda.

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El tema es que yo cuando llegaba a casa mi madre estaba en la cocina. Mañana, tarde y noche. Está claro que en épocas donde la economía no era exactamente boyante, lo que se llevaba eran los guisos apañados que te hacían estirar el billete de cinco mil pesetas toda la semana.Yo no soy gente, Historias reales, mundo surrealista, Tu a que suenas, la vida son melodias, con las manos en la masa2

Mi madre cocinaba y cocina para chuparse los dedos. Y ahora que es Google-adicta ya es que alucinas. Cada domingo una receta nueva.

Que me dice que está viendo la televisión pero que como en los anuncios mira el móvil, que a veces encuentra una receta que le hace tilín y le entran unas ganas de cocinar que tiene que acabar grabando el programa que estaba viendo y salir disparada para la cocina y ponerse…’con las manos en la masa’. Epa. ¡Cómo no va a ser su canción!

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A mi hermana le pondría la de Hombres G: “Voy a pasármelo bien”. Me encanta ese rollo… ”Hoy me he levantado dando un salto mortal, dando volteretas he llegado al baño…”. ¡Pues claro que sí! Dice que ella en la vida ha venido a pasárselo bien, a hacer de las suyas y a tomárselo todo con bastante calma.

Que en la vida hay que relativizar lo sabemos todos. Que seamos capaces de hacerlo es otra cosa. Pero que hay que pasárselo bien eso está claro clarinete. Así que no se me ocurre mejor sintonía.

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La de mi marido, léase el ogro-ingeniero, sería la de “My Way” de Sinatra, que traducida al español viene siendo “A mi manera”.

Yo no soy gente, Historias reales, mundo surrealista, Tu a que suenas, la vida son melodias, sinatra, my wayMe explico. El tipo hace como que te escucha, te entiende, planea contigo, que está de acuerdo en hacer esto o lo otro, nunca se enfada, vamos… ¡un cielo!

Pero luego va y hace lo que santamente quiere, en modo sigiloso y con alevosía. Hace lo que le sale de las pelotas narices.

Sí, así, a su rollo, a su manera.

Y la mía es bastante clara. Seguro que todos los que me conocen van a estar de acuerdo… me miro al espejo y veo a Vicky Larraz sacar gorgoritos por la boca mientras se desgallita en su “Voy a mil y no puedo parar. Difícil controlar mis sentidos…”.

Sí. Voy a mil. No. No puedo parar. Jolín. No puedo parar ni estando parada. Soy un culo inquieto, una ‘fuguillas’, alborotadora, torbellino, gestionadora de mil cosas. ¡Qué le voy a hacer! Pero sí, ¡me gusta mi melodía!

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Luego tengo amigos fabulosos con los que tomar vinos y entonar el “A quién le importa lo que yo diga, a quien le importa lo que yo haga…”

Amigas con las que presuntamente implicadas hablamos de golpes bajos, de Rufino y de que ya no salen al casino. De que sus vidas son como una ola y que ya no hay toritos guapos disponibles.

En fin, que para unos la vida será una tómbola, para otros un carnaval y para mí ya os lo digo: una fiesta. Así que, nada de creerse el último de la fila, mejor que no os coja la calle melancolía y si pensáis lo mismo que yo pues… ¡salta, salta conmigo!

¿Cuál es vuestra melodía? Contádmelo. Y seguro que hacemos un TOP TEN.

Besos.

#YoNoSoyGente #yvosotrosTampoco #JonesOnFire

jones-yonosoygente

LA CIUDAD ES PARA LOS PARADOS

Estoy de vuelta. Sí. Lo sé. La semana pasada no hubo YoNoSoyGente. La semana pasada lo que hubo fue un resacón de vacaciones, pinchos, zuritos, torrijas y siestas que no tiene nombre.

¡A ver cómo vuelve una a la normalidad después de todo eso! A ver cómo vuelve una a creerse que la vida real es la de madrugón, curro, cansancio máximo y planchar la oreja en el sofá sin ver ni los créditos iniciales de la peli que echan en la tele. ¡Pues que no!

Y eso que yo tengo un aterrizaje suave, un soft-landing, que se diría en inglés. Que no hago otra cosa que currar o buscar curro. Escribir o que parezca que lo hago. Y marujear, marujear a tope, que he hecho tanta limpieza y he puesto tanto orden en mi casa, que si aparece la Marie Kondo esa se suicida por mi balcón. Ah no, ¡que no tengo! Balcón, digo. Porque de orden voy sobrada.

Que sólo me queda empezar a poner letreritos en las estanterías: “jerséis”, “camisetas”… ¡al tiempo!

La historia del título viene porque me doy cuenta cuando hago recados – cuando no trabajas eres la recadera oficial de la familia – que la ciudad es de los parados, de los jubilados y de los pocos afortunados que pueden hacer el carajillo de Bayleys a las diez en la Plaza Mayor (servidora, por ejemplo, que ha dejado la avena definitivamente y ahora mis cafés son más alegres, digamos).

Gente que a la una del mediodía se está tomando un Martini. Gente que pasea por las calles sin prisa. Runners a horas intempestivas. Señores de tertulia. Señoras de paseo. ¡Qué gozada! Y todo esto… ¿me lo estaba perdiendo? ¿Nos lo estamos perdiendo?

Como estoy en ese momento en que tengo tiempo para cuestionármelo todo, pues me estoy cuestionando si quiero ver muchas más primaveras de mi vida detrás del cristal de una oficina, y me da a mí que no. También os confieso, desde ya, que yo soy de las que se podría jubilar ahora mismito y no tener el síndrome tengo-que-ser-útil-en-la-sociedad que parece que le da a muchos jubiletas.

No todo el mundo ha venido a la vida para ser útil, si no mirad a Tamara Falcó. A Paquirrín. A María Teresa Campos. Bueno, esta última lo mismo sí que hace algún bien a las señoras fetén y a su Bigote Arrocet.

El caso es que a la par que hacíamos vacaciones, mi marido y yo íbamos pensando en formas de sacar pasta con negocios novedosos. ¡Pero no damos con la idea en cuestión!

Lo máximo que se nos ocurrió fue poner un carrito de préstamo de sombreros y gafas de sol a la entrada de la playa, para todos aquellos despistados que se lo han dejado y no quieren hacer desembolso. Nos pasamos el regreso de Biarritz a Tarragona haciendo el plan de negocio, pero no le vimos la viabilidad. Caca.

¿Y si me hago influencer? Parece ser que te tomas cuatro fotos que tengan rollito, vendes en Instagram que tienes una vida súper-mega-chupi-guay (que sea la envidia del barrio del resto de mortales) y… ¡te llueve la pasta! Me da a mí que no. Que el otro día vi un programa de influencers y youtubers y decían que ni a mileuristas llegaban.

Eso sí, que eran ‘mogollón’ de felices. Pero todos vivían con sus padres. Que ya le estoy viendo yo la cara a mi padre si vuelvo a casa porque me he hecho ‘influencer’. Ostias como panes de las que quitan la tontuna a mansalva me daba.

Con lo ‘mogollón’ de feliz que sería yo con mi running matutino, mi zumo ‘Vitazen’ de las doce y mi siesta de las tres y media. Dicen que la felicidad es simple. Pues para simple: yo.

Pero como tengo la mente inquieta y el culo más, pues me he apuntado a un curso de “Decoración de Pisos”. ¿Cómo os habéis quedado? Muertico se quedó mi Santo. Que me miró como si de Bella me hubiera convertido en Bestia y se me hubiera ido la olla a Pernambuco.

  • Nene, hay que abrir la mente. Profesiones nuevas. Salir de la zona de confort.

Nada. Que cada día me pregunta que si lo voy a hacer. Que si ya me lo he pensado bien.

  • ¡Que sí! ¡Que ya estoy apuntada!

Como si no fuera poco tener que luchar con mi propia resistencia para tener al ogro comiéndome la oreja con palabras de incertidumbre. ¡Lo mato! Ayss. Si no fuera porque hace una tortilla de patatas de chuparse los dedos… ¡de qué! ¡De qué aguantaba yo a este ogro!

Ya veis por dónde va mi andadura profesional ahora. Ya me veo en Ikea, cojines arriba, cojines abajo. Planta aquí y planta allá. Un espejo de cristal y mírate y mírate. La. La. Laaaaa. Empiezo la próxima semana. Deseadme suerte.

Feliz retorno a la normalidad a tod@s y recordad: disfrutar un poquito de vuestra ciudad.

Besazos.

#YoNoSoyGente #YVosotrosTampoco #JonesYsusNuevasProfesiones.

 

 

DESDE SANTURCE A BILBAO…

Hello queridos Yonosoygentes que estáis al otro lado de la pantalla.

Pasaba por aquí para desearos Felices Vacaciones y feliz Semana Santa.

Cuando leáis esto, servidora estará en Bilbao poniéndose ciega a pinchos y a vinos.

Sí. La economía aprieta y este año he sustituido los paseos por las playas caribeñas por los tutes por Bilbao. Y si os digo la verdad ni me he inmutado. Yo, que soy muy peliculera, me veo con los jeans boyfriend arremangaos y cantando aquello de ‘…desde Santurce a Bilbao vengo por toda la orilla…” y me vengo arriba descomunalmente…“luciendo la pantorrilla”.

¿Quién quiere peces de colores? Donde se pongan unas buenas sardinas… ¡o unos percebes!

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Ahora mismo estoy haciendo la maleta, ¿o debería decir las maletas? A mí me gustaría que alguien me explicara por qué cuando viajo en avión lo meto todo en una maleta de mano y para irme cuatro días parezco la Reina de Inglaterra con cinco baúles. ¡Jolín!

Y es que los ‘porsiacasos’ te hunden la vida. Y como en Semana Santa lo mismo llueve, que hace sol, que refresca, que te achicharras, unido a que una que quiere estar siempre mona… ¡pero es que mi supuesta condición de fashion girl así lo requiere! ¡Seis pares de zapatos me llevo! Al tema: que voy a pisar la ciudad desde en bambas hasta en stilettos. Espero no matarme por el empedrado.

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Como parece que una cuando se va de viaje tiene que estar mejor que nunca, pues fui ayer a hacerme la manicura, la pedicura, una limpieza facial y una presoterapia. En otras palabras: que ingresé en el centro estético casi cuatro horas.

Me da a mí que me tenía un poco abandonada, porque me tumbé en la camilla y me dijo la esteticienne:

  • Te voy a poner un poco de máscara

¿Desincrustante? Feo. Fue oír la palabra y pensar: “Hija, ¿pero qué tengo ahí incrustado en la cara? ¡Que sí! Que las ciudades están muy congestionadas de polución y lo que tú quieras, pero… ¿qué has encontrado entre mi cutis? ¿La espada del Cid? ¿Siete mineros cavando?

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En fin, yo es que con lo de la higiene lo paso fatal. Ese momento ‘vaciamiento’ de poros mientras Sandra me mira a través de la lupa con su ojo cíclope…bufff…

Yo siempre le digo:

  • Háblame, háblame. Cuéntame cualquier cosa porque estoy a punto de pegarte.

Y ahí tienes a la pobre dándome cháchara a petición:

  • Mi suegra, que parece que ya no se va a Gambia – me dice triste.
  • Jolín – me sabe tan mal, que decido no quejarme ni aun cuando me hace las cejas, que es lo peor de lo peor-.

De hecho, me pregunto a veces si las cejas tienen 4 centímetros por fuera y raíces de un metro por dentro, porque el sufrimiento humano cada vez que la pinza arranca un pelo no tiene nombre.

La pedicura, fantástica: no creo ni que pise la playa ni que pueda ponerme sandalias, pero si entro en una zapateria a probarme zapatos, tendré todo el glamour en mis pies. Y con mi nueva manicura podré levantar la mano y pedir otro pincho con unas uñas perfectas. Todo cuenta, oye.

Lo de la presoterapia… ¡impresionante! Incluía brazos y todo. Cincuenta minutos estuve reconvertida en el muñeco Michelin mientras que aquello bombeaba y me drenaba toda, toda, toaaaaa – que diría Jesulín.

Cuando salgo le pregunto a Sandra:

  • Sandra, ¿esto es para perder líquido? ¿Cuánto crees que he bajado? ¿Dos litros?

¡Porque pienso rellenar ese hueco a base de zuritos y Martinis! ¡Lo juro!Yo no soy gente, historias reales, mundo surrealista, Desde santurce a Bilbao, vengo por toda la orilla,luciendo la pantorrilla, pinchos vascos

También voy a visitar San Sebastián, que sí, que ya os conté que había visto mucho mundo facundo, pero no he pisado yo la ciudad del festival de Cine never in my life.

Que me han dicho que la ciudad tiene ese je-ne-sais-quoi que dirían los franceses, que te atrapa. Así lo espero: me he llevado mis mejores galas para pasear cual estrella de cine por su paseo, por su Concha y por donde haga falta.

Y pincho va, pincho viene. Ya si eso la dieta la empiezo otra semana…

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Y luego, ya de regreso, a ver procesiones y comer torrijas con madre-no-hay-más-que-una, padre-gruñón, marido-ogro y resto de la familia.

Espero que vosotr@s también podáis aprovechar estos días para airearos un poco. ¡Contádmelo!

Así que ya estoy acabando, ya estoy empaquetando, ya me estoy yendo…

Besazos.

#YoNoSoygente #YvosotrosTampoco #JonesOnRoute

jones yonosoygente

 

 

THAT’S LIFE

El otro día me fui a IKEA con mi madre y mi hermana. No, no sufráis, NO fue un sábado por la tarde – eso es directamente un intento de suicidio – si no un jueves por la mañana. Aun así, los dos kilómetros que echamos siguiendo religiosamente la flecha no nos los quitó nadie .

Como ya os expliqué AQUÍ, no seguir la flecha intentando ser una revolucionaria trae como consecuencia dejarte los gemelos caminando en lo que te puede parecer un laberinto sin fin.

El caso es que para cuando llegamos a la sección de floristería estábamos muertas. Mi hermana y yo. Porque a mi madre, que es muy fan del mundo floral, se le disparó un resorte y recorrió la sección setenta y dos veces.

Mientras nosotras caímos en dos hamacas que había debajo de una pérgola como si hubiésemos hecho la maratón de New York y aquel jardín fuese de nuestra propiedad.

Toda esta historia viene porque no sé si mi hermana, aturdida por un bajón de azúcar de la caminata, o por la falta de comida siendo ya las dos de la tarde –nosotras en Ikea no comemos nada, tenemos la firme convicción de que esas albóndigas tan raras las hacen picando a la gente que se pierde por los pasillos y nunca encuentra la salida – se empeñó en que le explicara cuáles han sido hasta la fecha los tres momentos más importantes de mi vida.

Ya, ya. Que a las que os habéis casado y tenéis hijos os vienen a la mente en un chasquido de dedos, pero para las que hemos llevado una vida desordenada -como yo misma- que ni he parido ni me he casado, pues se trata de ponerse a trastear la mente como quien rebusca entre vinilos en un rastro un domingo por la mañana.

Mi madre regresa con dos macetas y tres plantas y las va cambiando de un tiesto a otro.

  • ¿Mejor flores naturales, quizás? ¿Qué os parecen éstas? – nos pregunta.
  • No quedan mal, mamá. Pero me gustarían más naturales – dice mi hermana.
  • Me voy a ver si encuentro unas más verdes, con cintas y que sobresalgan… – y se va, así, hablando sola.

¡Va, tía, va! – mi hermana a lo suyo.

Tenía la esperanza que se hubiera despistado del tema con tanta floritura.

El caso es que ahí estaba yo, tumbada en una hamaca en IKEA pensando en mi vida y en los momentos clave de la misma. Abriendo y cerrando cajones mentales a toda pastilla.

¿Mi primer trabajo? En una empresa de máquinas de café haciendo de comodín. Bufff. No.

¿Mi primer novio? Cristóbal, el frutero. Tenía un hermano gemelísimo. No, va a ser que no.

¿Cuando me rapé el pelo? Uhmmm. Creo que eso entra más en la categoría de ‘trauma’ que de ‘importante’. (Sí. Tuve un momento Britney Spears y me rapé el pelo. Al 0,5. Lo justo para que al pasar la mano te pincharas). Aysss. Cómo compadezco a las madres con hijos en la adolescencia. La mía fue muy caótica.

Llegó mi madre y dejó 4 plantas más y dos nuevas macetas.

Plantas naturales maravillosas que yo me veo incapaz de cuidar. Acabaríamos antes si mi madre me confesara que soy adoptada y no tengo ni uno de sus genes, pero ella insiste e insiste en que soy su hija. Creo que me ha cogido cariño.

– ¿Qué tramáis? –nos mira como si fuésemos dos delincuentes.

– Nada, mamá, nada. Aquí, de cháchara – le digo.

– Ahora vuelvo – Y se da media vuelta de nuevo.

Y entonces afloraron mis momentos.

MI PRIMER MOMENTO IMPORTANTE fue cuando tenía diecisiete años. Hice el viaje de fin de curso, que consistía una ruta de 8 días visitando cinco ciudades europeas. Echad cuentas. Si lo dividís sale a 1,6 periódico, pero la realidad es que alguna ciudad la pisé sólo horas.

Obviamente, todo ello en un autocar traperillo en el que matábamos las horas mirando por la ventana. Al regresar y entrar a España por la frontera, tuve una revelación (vamos, que me iluminé) y me dije a mí misma: Mother of God, todo lo que hay por el mundo Facundo.

Y decidí que yo de ‘eso’ quería mucho más y desde entonces viajar se volvió una droga y me hice ciudadana del mundo y nunca más he parado de visitar nuevos lugares y culturas. Mepirra.com

MI SEGUNDO MOMENTO IMPORTANTE cuando me independicé a los veintiuno y me fui a vivir con Anna, que me sacaba diez años. Ella era geóloga e iba de aquí para allá, por lo que muchas temporadas vivía sola.

Ese gran momento en que descubres que si no compras leche no hay cortado, que el arroz no se vuelve amarillo como no le eches azafrán y que la nevera no se llena telepáticamente diciendo ‘Uhmmmm, llénate, llénate’.

Ese momento en que te encuentras hablando con amigas de tu edad y explicándoles dónde está mejor de precio la Coca-Cola y que la carne tú la compras en Plataforma Cárnica. Ellas te miran der soslayo porque no tienen muy claro en qué momento te volviste una señorona con todo el papo y al final acaban con un:

  • Ya tía, ¿pero te vienes el sábado a la fiesta de Sara o no?
  • No tías. No tengo pasta ni para el regalo.


Realidad a mansalva. Hacerte una mujer de pelo en pecho a base de zascas. Ala

  • Creo que me llevo estas dos – dice mi madre – ¿Qué os parecen?
  • Son chulas y te quedarán bien en el comedor – digo yo.
  • Éstas son de exterior – contesta mi madre.
  • Ahhhh – no sé para qué me arriesgo a opinar si no entiendo un pimiento de flores y mi madre y mi hermana me pasan la mano tres veces.

 Pero aún queda el tercer momento. Y mi hermana, muy hábil, va y le dice a mi madre:

  • Mamá, ¿por qué no escoges una planta para mí?

Y mi madre vuelve a perderse en ese bosque prefabricado ikeriano mientras yo me doy cuenta que no me van a mover de la hamaca ni entre seis empleados. Hoy duermo aquí.

MI TERCER MOMENTO hasta la fecha es cuando nació mi sobrina. Aquel día yo tenía un resfriado de aúpatodos mis grandes momentos están unidos a un maldito trancazo – y me personé en modo piltrafa en la sala del hospital.

Todos los allí presentes, madres, suegras y cuñadas se solidarizaron conmigo ofreciéndome paracetamol, ibuprofeno, Frenadol y cualquier otra cosa que llevaran encima en ese momento. Mi hermana estuvo catorce horas de parto.

A las nueve de la noche llevaba más medicinas encima que una farmacia de guardia y dormitaba en un sofá con la cabeza colgando, a punto de esguince de cuello. Febril y dopada.

Y entonces salió. Mi hermana con ella encima. La pequeñaja hacía burbujitas de saliva como si le hubieran regalado uno de esos botes con jabón, una detrás de otra. Sólo recuerdo mirarla y echarme a llorar. ¡Y eso que soy la tía! Si llego a ser la madre me deshidrato por los ojos. ¡Qué momentazo cuando llegó mi Bratislava!

Miro a mi hermana y le digo:

  • ¿Podrías tener otro hijo, no? Vaaaa, ahora los tuyos. Tus momentos. Espabila.
  • No tía, no. Que la mama no ha vuelto y como no la encontremos la hacen albóndigas.

¡Tendrá morro la tía! Pero miro la mesa de enfrente y veo que no hay nuevas plantas. Así que salvar a nuestra madre se convierte en nuestra primera prioridad. Iniciamos la operación #SalvarAlSoldadoRyan y salimos en su busca.

Mi madre se ha comprado un bosque. Mi hermana vasos, velas y tuppers. Yo, para no sentirme desplazada, he cogido un paquete de perchas de madera.

Creo que llegar a las cajas, pagar y volver a ver la luz del sol está a punto de convertirse en el cuarto momento más importante de mi vida. Y sí, me revientan las piernas.

No pienso ir a IKEA nunca más. Provoca reacciones muy extrañas en la gente. Quita, quita.

#YoNoSoyGente #NiVosotrosTampoco #IraIKEApuedeDespertarPesamientosExtraños #EsasAlbondigasSonMuySospechosas