THAT’S LIFE

El otro día me fui a IKEA con mi madre y mi hermana. No, no sufráis, NO fue un sábado por la tarde – eso es directamente un intento de suicidio – si no un jueves por la mañana. Aun así, los dos kilómetros que echamos siguiendo religiosamente la flecha no nos los quitó nadie .

Como ya os expliqué AQUÍ, no seguir la flecha intentando ser una revolucionaria trae como consecuencia dejarte los gemelos caminando en lo que te puede parecer un laberinto sin fin.

El caso es que para cuando llegamos a la sección de floristería estábamos muertas. Mi hermana y yo. Porque a mi madre, que es muy fan del mundo floral, se le disparó un resorte y recorrió la sección setenta y dos veces.

Mientras nosotras caímos en dos hamacas que había debajo de una pérgola como si hubiésemos hecho la maratón de New York y aquel jardín fuese de nuestra propiedad.

Toda esta historia viene porque no sé si mi hermana, aturdida por un bajón de azúcar de la caminata, o por la falta de comida siendo ya las dos de la tarde –nosotras en Ikea no comemos nada, tenemos la firme convicción de que esas albóndigas tan raras las hacen picando a la gente que se pierde por los pasillos y nunca encuentra la salida – se empeñó en que le explicara cuáles han sido hasta la fecha los tres momentos más importantes de mi vida.

Ya, ya. Que a las que os habéis casado y tenéis hijos os vienen a la mente en un chasquido de dedos, pero para las que hemos llevado una vida desordenada -como yo misma- que ni he parido ni me he casado, pues se trata de ponerse a trastear la mente como quien rebusca entre vinilos en un rastro un domingo por la mañana.

Mi madre regresa con dos macetas y tres plantas y las va cambiando de un tiesto a otro.

  • ¿Mejor flores naturales, quizás? ¿Qué os parecen éstas? – nos pregunta.
  • No quedan mal, mamá. Pero me gustarían más naturales – dice mi hermana.
  • Me voy a ver si encuentro unas más verdes, con cintas y que sobresalgan… – y se va, así, hablando sola.

¡Va, tía, va! – mi hermana a lo suyo.

Tenía la esperanza que se hubiera despistado del tema con tanta floritura.

El caso es que ahí estaba yo, tumbada en una hamaca en IKEA pensando en mi vida y en los momentos clave de la misma. Abriendo y cerrando cajones mentales a toda pastilla.

¿Mi primer trabajo? En una empresa de máquinas de café haciendo de comodín. Bufff. No.

¿Mi primer novio? Cristóbal, el frutero. Tenía un hermano gemelísimo. No, va a ser que no.

¿Cuando me rapé el pelo? Uhmmm. Creo que eso entra más en la categoría de ‘trauma’ que de ‘importante’. (Sí. Tuve un momento Britney Spears y me rapé el pelo. Al 0,5. Lo justo para que al pasar la mano te pincharas). Aysss. Cómo compadezco a las madres con hijos en la adolescencia. La mía fue muy caótica.

Llegó mi madre y dejó 4 plantas más y dos nuevas macetas.

Plantas naturales maravillosas que yo me veo incapaz de cuidar. Acabaríamos antes si mi madre me confesara que soy adoptada y no tengo ni uno de sus genes, pero ella insiste e insiste en que soy su hija. Creo que me ha cogido cariño.

– ¿Qué tramáis? –nos mira como si fuésemos dos delincuentes.

– Nada, mamá, nada. Aquí, de cháchara – le digo.

– Ahora vuelvo – Y se da media vuelta de nuevo.

Y entonces afloraron mis momentos.

MI PRIMER MOMENTO IMPORTANTE fue cuando tenía diecisiete años. Hice el viaje de fin de curso, que consistía una ruta de 8 días visitando cinco ciudades europeas. Echad cuentas. Si lo dividís sale a 1,6 periódico, pero la realidad es que alguna ciudad la pisé sólo horas.

Obviamente, todo ello en un autocar traperillo en el que matábamos las horas mirando por la ventana. Al regresar y entrar a España por la frontera, tuve una revelación (vamos, que me iluminé) y me dije a mí misma: Mother of God, todo lo que hay por el mundo Facundo.

Y decidí que yo de ‘eso’ quería mucho más y desde entonces viajar se volvió una droga y me hice ciudadana del mundo y nunca más he parado de visitar nuevos lugares y culturas. Mepirra.com

MI SEGUNDO MOMENTO IMPORTANTE cuando me independicé a los veintiuno y me fui a vivir con Anna, que me sacaba diez años. Ella era geóloga e iba de aquí para allá, por lo que muchas temporadas vivía sola.

Ese gran momento en que descubres que si no compras leche no hay cortado, que el arroz no se vuelve amarillo como no le eches azafrán y que la nevera no se llena telepáticamente diciendo ‘Uhmmmm, llénate, llénate’.

Ese momento en que te encuentras hablando con amigas de tu edad y explicándoles dónde está mejor de precio la Coca-Cola y que la carne tú la compras en Plataforma Cárnica. Ellas te miran der soslayo porque no tienen muy claro en qué momento te volviste una señorona con todo el papo y al final acaban con un:

  • Ya tía, ¿pero te vienes el sábado a la fiesta de Sara o no?
  • No tías. No tengo pasta ni para el regalo.


Realidad a mansalva. Hacerte una mujer de pelo en pecho a base de zascas. Ala

  • Creo que me llevo estas dos – dice mi madre – ¿Qué os parecen?
  • Son chulas y te quedarán bien en el comedor – digo yo.
  • Éstas son de exterior – contesta mi madre.
  • Ahhhh – no sé para qué me arriesgo a opinar si no entiendo un pimiento de flores y mi madre y mi hermana me pasan la mano tres veces.

 Pero aún queda el tercer momento. Y mi hermana, muy hábil, va y le dice a mi madre:

  • Mamá, ¿por qué no escoges una planta para mí?

Y mi madre vuelve a perderse en ese bosque prefabricado ikeriano mientras yo me doy cuenta que no me van a mover de la hamaca ni entre seis empleados. Hoy duermo aquí.

MI TERCER MOMENTO hasta la fecha es cuando nació mi sobrina. Aquel día yo tenía un resfriado de aúpatodos mis grandes momentos están unidos a un maldito trancazo – y me personé en modo piltrafa en la sala del hospital.

Todos los allí presentes, madres, suegras y cuñadas se solidarizaron conmigo ofreciéndome paracetamol, ibuprofeno, Frenadol y cualquier otra cosa que llevaran encima en ese momento. Mi hermana estuvo catorce horas de parto.

A las nueve de la noche llevaba más medicinas encima que una farmacia de guardia y dormitaba en un sofá con la cabeza colgando, a punto de esguince de cuello. Febril y dopada.

Y entonces salió. Mi hermana con ella encima. La pequeñaja hacía burbujitas de saliva como si le hubieran regalado uno de esos botes con jabón, una detrás de otra. Sólo recuerdo mirarla y echarme a llorar. ¡Y eso que soy la tía! Si llego a ser la madre me deshidrato por los ojos. ¡Qué momentazo cuando llegó mi Bratislava!

Miro a mi hermana y le digo:

  • ¿Podrías tener otro hijo, no? Vaaaa, ahora los tuyos. Tus momentos. Espabila.
  • No tía, no. Que la mama no ha vuelto y como no la encontremos la hacen albóndigas.

¡Tendrá morro la tía! Pero miro la mesa de enfrente y veo que no hay nuevas plantas. Así que salvar a nuestra madre se convierte en nuestra primera prioridad. Iniciamos la operación #SalvarAlSoldadoRyan y salimos en su busca.

Mi madre se ha comprado un bosque. Mi hermana vasos, velas y tuppers. Yo, para no sentirme desplazada, he cogido un paquete de perchas de madera.

Creo que llegar a las cajas, pagar y volver a ver la luz del sol está a punto de convertirse en el cuarto momento más importante de mi vida. Y sí, me revientan las piernas.

No pienso ir a IKEA nunca más. Provoca reacciones muy extrañas en la gente. Quita, quita.

#YoNoSoyGente #NiVosotrosTampoco #IraIKEApuedeDespertarPesamientosExtraños #EsasAlbondigasSonMuySospechosas

 

Instagram STORIES

Me he hecho mayor. Sí. Así, de repente. Porque veo Stories de Instagram y me deprimo.

Y que conste que mi vida es bastante pública, pero mira, hay según qué cosas que no me interesa ver y aún menos mostrar. No estoy segura si es signo de madurez o de vejez (aunque creo que ambas cosas van de la mano) pero es que el otro día cenando conecté Stories y mi marido me miró como si me hubiera vuelto loca en plan:

¿Qué es esto? ¿Una broma de mal gusto?

Yo no soy gente, historias realistas,mundo surrealista, instagram stories, es todo muy cutre, porque hacemos esto, poco interesante

Y es que el planazo cuando aquello se dispara es éste:

Gente mostrando lo que desayuna con muy mala cara y sin haber tomado el primer café, lagañosos y con pinta de guarrones. El madrugón diario es muy duro, ya lo sabemos.

Personal que sale de la ducha con la toalla liada en la cabeza cual reina mora y dice: “sorry, todavía sin mi make up”. Pues o te lo pones o menos sorry. Igual también podrías llamarlo maquillaje-je-je-je.

Mujeres haciéndose tratamientos en que salen en bragas con una crema pringosa en la barriga y la esteticienne de turno haciéndole penetrar el producto. Sí, yo también me hago tratamientos, pero… ¿de verdad queréis ver mis lorzas?

Stories de gente que graba a su perro ladrando.

Pues vale. Si hablara ya sería la ostia.bulldog_big_barking_hg_clr

Humanidad volviendo a casa que se graba en el ascensor para decirnos que ha trabajado mucho y está cansad@. ¡Cansad@ está cualquiera! – que diría mi padre. (madre mía, y los que ni trabajan y dicen lo mismo, poniendo morritos).

Y ya no puedo con todo aquel que se graba caminando con la voz entrecortada por el esfuerzo para total acabar diciendo:

“Voy a hacer unos recaditos y luego regreso a casa”.

¿Y qué? Dos mil recados he hecho yo hoy ¿te lo he contado acaso?

Respira mujer, que caminar rápido y hablar ahoga.

Y que conste que dicen de mí que yo no tengo casa, que yo vivo en las redes sociales, pero yo creo que hay intimidades que son para uno mismamente. Que nos queda un suspiro para hacer Story de ‘el pitillo de después’. A ver… ¡Habrá que guardarse algo! ¿No?

Entre esto y los nuevos palabros… ¡APAGA!  Este fenómeno me trae loca. Una cantidad de vocablos que se nos han colado en el lenguaje como si fueran normales y que además nos emocionan, claro. Porque como en inglés suena todo taaaan bien.

Por ejemplo…

OKI

Me explico. Pregunto algo por whatsapp y me contestan: OKi.

¿Qué pasa, que OK no es suficiente? ¿Que OKi es más guay? ¿O más cuqui? Uno no puede ir por ahí diciendo oki y parecer serio. ¡No fastidies!

Unboxing

No puedo creerlo. Ahora de pronto está súper de moda desempaquetar algo y enseñarlo.

La persona coge unas tijeras y abre el paquete normalmente con un envoltorio súper glamuroso donde reza Nacex o MRW y a punto de orgasmo saca de dentro el contenido. Quita otro papel y otro, en plan voy-a-morir-de-impaciencia para luego mostrar con toda la sorpresa fingida que puede un ¡wowww! Es decir que le acaba de llegar exactamente lo que había pedido.

Pues vale. OKi. OK, quiero decir.

#APunticoDeOrgasmoUnboxingEstaLaCriatura

Haul:

Un haul no deja de ser ese momento en el que te has flipado con las tarjetas y has hecho unas cuantas compras, bueno muchas, bueno excesivas y entonces vas y dices “voy a hacer un haul con mis últimas compritas” (por cierto… ¿Qué son compritas? ¿Compras pequeñitas?).

En todo caso la palabra debería ser comprazas, que hay videos que duran hasta 15 minutos y te das cuenta que la susodicha en cuestión ha hecho nuevas adquisiciones como para vestir a toda África y que, aunque se cambiara 3 veces al día cual novia compulsiva, no le daría tiempo a ponerse toda esa ropa ni en las cinco próximas reencarnaciones.

Pero claro, igual es ropa regalada… o yo soy mal pensada.

#HaulDeMisCompritas #MejorOsvaisCogiendoUnaSilla

Sweety

Cuando alguien te llama Sweetheart o en su diminutivo Sweety. Buenooo. Es acabar la palabra y entrarme unas ganas de asesinar al individuo/a en cuestión para que le quede claro que yo de sweety no tengo nada. Que yo no soy dulce: soy muy ÁCIDA. Y aún puedo serlo más… #SíEsAmenaza

Y ws que la palabra no me hace ni gracia ni ná… así que le echo una mirada asesina para que le quede claro, clarinete.

Home Tour

Vamos la versión virtual de visita a una casa. Es decir, las típicas cuatro primeras páginas del Hola diciendo “Hoy mostramos la casa de…”.

A mí estos videos siempre me parecen como películas de ciencia ficción. Cocinas imposibles. Habitaciones ordenadísimas. Comedores museo. Lavabos impolutos. Pero escuchad, ¿esa gente vive ahí? ¿O le han prestado la casa?

Si os hago un tour enseño yo ahora mismo cómo tengo el comedor os da un jamacuco. Pero yo es que creo que las casas en las que hay vida ¡se tiene que notar! ¡Vale! Igual podría recoger las pesas del rincón del comedor, ordenar los cojines y recoger un poco… ¡pero eso muestra que la casa se usa!

Luego esta que la casa tiene que tener unas dimensiones mínimas. De eso justo hablaba el otro día con mi partner-in-crime (vocablo que quiere decir únicamente amigo con el que sueles ir a saraos) que se me quejaba de que con su pisito de 30 metros cuadrados ¡a ver cómo hacía un home tour! En todo caso sería ¡un mini-tour!

Ayss….

Yo es que creo que mis ojeras no las debe ver nadie y cuando vuelvo sudorosa de correr, pues tampoco. Mis visiones sin maquillar para mí quedan que tampoco es cuestión de ir asustando a nadie. Y no tengo perro, pero creo que si lo tuviera, también ladraría.

#SíYoMeLevantoMuyPerjudicada #SoloMeFaltaríaGrabarme

A mis amigas las llamo perracas, petardacas o cualquier otra cosa que suene a traca. Creo que si les dijera sweety ni se girarían. No hago unboxing, literalmente arranco el papel del envoltorio con lazo y todo. No me pongo make up, llevo maquillaje a saco. Y a veces incluso me pinto como una puerta. Y no. No me grabo caminando. ¡Y eso que ayer hice doce kilómetros!  ¡Oportunidad tuve!

Ayss. Mira, me da que me estoy volviendo como muy normal, como muy señora bien, como diría mi querida Rosa Palo, que me estoy convirtiendo en señora fetén, eah.

#YoNoSoyGente #YVosotrosTampoco #JonesOdiaStories

 

LE LLAMABAN LUIS

Pues no. No me parece fácil. Para nada. Lo de REINVENTARSE, digo.  Es la tercera vez que me toca en esta vida, lo cual no está mal. Si echáis cuentas significa que cada vez que me reinvento paso unos diez añitos de cierta calma. Relativa. Porque yo soy de las que la ‘zona de confort’ ni la piso, porque pienso que esa zona como que te ‘seda’ un poco y te quita vida.

Así que ¡ala! Toda la vida inconfortable pero distraída.

#HombreSiMeLoDicesAsíIgualLoIntento

Me tocó reinventarme a los 27 y me di al Marketing como si no hubiera un mañana (Sí. Curso, Máster y Posgrado todo del tirón. Cuando me pongo soy muy obsesiva). A los 37 me tocó de nuevo y me di a la moda (sí, con su máster en asesoría, en escaparatismo y no sé cuántas cosas más. Yo lo doy todo). Y me da a mí que ahora a los 45 me va a dar por la escritura, aunque eso ya está más por ver.

El caso es que… ¿Cómo se reinventa una? Quiero decir, ¿cómo le llega la inspiración? ¿Cómo se ilumina? ¿Cuándo llegan las musas y te lo chivan al oído?

He puesto en práctica algunas opciones más bien tirando a rudimentarias.

  • Sentarme en el sofá, copa de vino en mano y dejar vagar la imaginación en un brainstorming sin fin. Algo así como los antiguos escritores, que utilizaban la absenta como catalizador de las musas – atención que tiene una graduación del 80% alcohol – pero me acabo quedando dormida siempre.
  • Escucharme. Serenarme. Relajarme. Mearme y tener que levantarme. Fin. Y es que a mí lo de ‘parar’ me cuesta mucho, lo confieso.
  • Salir a la calle ‘con los ojos bien abiertos’. Jolín. Lo que cansa ir por la vida haciendo el búho y buscando mensajes por las esquinas. Sí, ver veo muchas cosas, pero inspirada, lo que se dice inspirada, no vuelvo a casa. Eso sí, me duelen las pestañas a reventar de forzar la apertura visual.

Total, visto el fracaso de lo anteriormente descrito, cogí hora con mi terapeuta de Reiki y me dio la solución. Parece ser que el tema es bastante más fácil y yo lo andaba complicando.

  • Mayte, que ando perdidica. ¿Cómo retomo mi vida?
  • Cuando tú dices retomar tu vida, quieres decir tener 3 o 4 vidas, ¡que te conozco! Eres muy intensa y con una no te basta. No tienes que retomar nada. Lo que tienes ahora también es tu vida.

(Joder, pues va a tener razón, tú. Igual ya tengo una vida y estoy angustiada porque quiero más vidas, cual si estuviera en un videojuego).

  • Ya, pero como que he perdido un poco el rumbo, el Norte y yo creo que hasta el Sur.
  • Mira, cuando no sepas cómo orientarte pide ayuda a… ¿Dios? ¿El Ángel de la Guarda? ¿Tu guía espiritual? Como tú quieras llamarle…
  • ¿Puedo llamarle Luis?
  • ¿Luis?
  • Sí, bueno, por hacerlo más cercano y tal… yo es que necesito mundanizar estas cosas.
  • Está bien, pues vamos a llamarlo Luis.

Total, que ahora Luis y yo vamos de la mano cual pareja de enamorados. Bueno, más bien soy yo la que va de su mano y la que ya empieza a apoyarse en su hombro. Oye, y no está mal el tema.

¿Que no sé si presentarme a una entrevista? ¿o si debo coger un trabajo?

  • Luis, ¿qué hago? envíame una señal, por favor.

¿Que me preocupa cómo gestionar algún tema? ¿Que hay decisiones que no acabo de ver claras?

  • Luis, ¿dónde andas? ¿cómo lo ves?

Bueno, últimamente hasta aparcamiento le pido cuando bajo al centro. Parece que voy en el coche cual loca hablando con mi amigo invisible. Lo tengo a full. Veo que en breve hasta lo estreso.

Pero que conste, también hay días que me enfado con Luis, ¿eh? Y en voz alta le digo:

  • Jolín Luis. ¿De verdad tenía que ser así? Bueno, pues tú sabrás a dónde nos lleva todo esto… porque yo es que no lo veo.

Y es que me doy cuenta que, aunque te sientes en el sofá, pasees o medites, se te pueden ocurrir cien posibilidades, pero la vida tiene quinientas más disponibles que es imposible que se te ocurran. Así que mejor no angustiarse.

El otro día, sin ir más lejos, estoy en mi centro de estética habitual haciéndome un masaje anticelulítico (que dice Luis que él de esto no quiere saber nada) y Sandra, la esteticista con la que llevo hablando meses sobre la dificultad de encontrar piso – alquileres caros, fianzas imposibles, pisos minúsculos, zonas intocables – me dice de pronto, mientras masajea mis lorzas al aire:

  • ¡Ya tengo solucionado lo del piso!

Yo, que estoy boca abajo, me giro sorprendida y le digo:

  • ¡Qué bien! ¡me alegro! ¿cómo ha sido?
  • Mi suegra que se va a Gambia.
  • ¿A Gran Vía?
  • No, a Gambia.
  • ¿A Gandía?
  • Que no. Que no. A  África. Que su novio es de allí y se van a montar un chiringuito de patatas fritas y nos deja el piso.
  • ¡No!
  • ¡Sí!. ¿Cómo te quedas?
  • Muerta me he quedado.
  • Pues imagínate yo. Tú crees que, pensando en posibilidades, ¿se me hubiera ocurrido que ésta iba a ser la solución?

Pues no. Claro. Cómo se le va a ocurrir a alguien esa vía. ¡Ostras! Y si se le ocurre es que tiene súper poderes. Hay que reconocer que hay algunos “Luises” por ahí que son traviesillos y tienen la mente creativa.

Así que visto lo visto: me entrego. Lo que sea que quiera encontrarme, aquí estoy. ¡Lo espero! ¡Lo acepto! Autobús Línea 55. Parada Can Llong. 2º 1ª. Jones.

Y mientras, Luis yo vamos charlando entre cortados, jengibre y reiki de los caminos inexplicables que tiene la vida… aunque sigo sin saber qué quiero hacer con la mía. Pero si lo sabe Luis, pues ya llegará el día en que me lo cuente.

Además, igual no está tan mal lo de Gambia, ¿no? Voy a informarme.

Besos. Feliz semana

#YoNoSoygente #yVosotrosTampoco #YLuisMuchomenos.

 

 

 

SOY ACCIDENTABLE

El otro día tuve un accidente. Bueno, más bien tuvieron un accidente conmigo. Que dice mi Santo que soy muy accidentable, que sí. Pero que esta vez no fui yo. Palabrita.

Iba yo a buscar a mi sobrina al cole, cosa que cada vez me gusta más, por cierto. Porque cuando ella me ve, se pone como loca y empieza a estirarle de la manga a Samuel, su pobre profesor. Es increíble. Tiene una fuerza… ¡se parece a mí! “Samuel, Samuel, que ha venido mi tita”, mientras le da bandazos a la manga del anorak. Cualquier día se lo quita de un estirón. Y eso no tiene precio. Lo de que me quiera tanto, no lo de Samuel, eh. Que es majo y tal. Desde aquí un saludo: Hola Samuel. Molas. Guay. Sin rencores.

#EsosAngelitosQueEsperanSuTurnoTranquilamente

Al tema, que me lío. Pues estaba yo en la Gran Vía de Sabadell, que es lo más grande que tenemos. Bueno, sin contar el lago, ahora que lo pienso. Que tenemos un pedazo de parque con un pedazo de lago que ríete tú de El Retiro. Tendríais que venir a verlo, ¡hasta cisnes tenemos!

Montones y montones de peces. Bueno, ahora menos porque hace unos años nos envenenaron el agua y una vez tiraron pirañas. Pero estamos repoblando, y a buen ritmo. Sí, sí. Somos buena gente los de Sabadell. ¿De qué hablábamos?

Si. Sí. Estaba yo en la Gran Vía haciendo uno de esos semáforos que te dan para actualizar el perfil de Facebook y subir tres fotos en Instagram, por lo menos… ¡ah no! Que en el coche yo no cojo el móvil.

Nada. Lo de arriba como sino lo hubierais leído.

Que iba yo a buscar el móvil un pañuelo de mi bolso – visualícese aquí el giro de cintura de avispa hacia el asiento del copiloto donde estaba mi bolso -porque yo lo trato como el buen compañero que es y hasta el cinturón le pongo – cuando sentí que alguien me daba un golpetazo tamaño Boeing 747 aterrizando detrás mío y sin calcular bien cuándo sacar el tren de aterrizaje. Atizándome de lleno, vaya.

#AsíQuedoElMorro #Mucho747PeroMira

Y me encuentro pensando: ¿Qué ha pasado? ¿me han dado? ¿ha sido a mí? Que yo me pregunto si tenemos a veces alguien dentro que hace nos preguntemos a nosotros mismos. Porque era obvio que yo tenía todas las respuestas: SÍ a todo. Hay veces que pienso que estamos habitados por un ser preguntón cuya única misión en la vida es hacernos dudar de todo y que dicen las malas lenguas que no descansa (parece ser que se llama mente).

#NoMientasMenteBellaca #TúNoDuermesNunca

Me bajo. Miro mi coche. El parachoques había adquirido una ‘nueva dimensión’, pero el coche de detrás se había destrozado el radiador y estaba inundando la carretera con agua de color rojizo. Lo primero que pensé fue: ¿esta agua es roja? ¿por qué tendrá ese color? Pues yo no me la imaginaba así…pero luego vi al conductor traspuesto y ya no pensé más en el agua, que conste.

Fui corriendo, abrí la puerta y había un yayito de 88 años en trance sin soltar en volante. ¡Ay madre! Me he cargado un abuelete yo sola. ¡Qué sustazo! Pero mira, vino la mente en mi auxilio y empezó “que no” “que tú no has sido” “que en todo caso ‘se ha cargado’ él solo”. Aysss. Es igual. Que me puse muy nerviosa.

El chico de la furgoneta dos coches más atrás salió en mi ayuda y entre los dos sacamos a Juan, el abuelete, para más señas, de su asiento y lo sentamos en un banco cercano.

#AplausoParaEsosHeroesCotidianos #SupermanWTF?

Plas Plas Plas. Esos son los héroes cotidianos que se necesitan y no Superman ¡tanta capa, tanto vuelo! Me ayudó a sacar mi coche, sacó el del accidentado, saco el suyo, ¡yo no sé qué más hubiera sacado ese hombre con tal de ayudarme! Ahí lo dejo. Se quedó conmigo esperando a la ambulancia y a la policía. Tardan un poco más y quedamos para jugar al paddle. Si es que donde se ponga una dosis de realidad que se quite Tinder. Gracias Ricardo. En el corazón te llevo.

Eso sí, lanzo desde aquí una pregunta al público femenino: ¿se puede saber dónde están los policías buenorros cuando se los espera? Llegó primero la ambulancia, pero de estos tipos tampoco hay expectativas tan altas. Con que sean efectivos no importa que sean feos. Pero a la policía se le supone un no-sé-qué, qué-sé-yo que hace que se la espere con otra actitud.

Cuando llegaron las fuerzas del orden, con su uniforme, con su patrulla y se bajaron… ¡vaya par de tirillas! Jolín. Me veía yo echando la tarde con tremendos guardaespaldas caminito del hospital y cuando vi el percal, a puntico estuve de decir.  “HastaluegomariPili que me espera mi sobrina”. Pero me tocó hacer el parte a full y llegué veinte minutos tarde.

#EstoEsLoQueImaginaMiMenteCuandoPiensoEnLaPolicia  #NoLosTirillasQuellegaron

Samuel, misteriosamente, ya se había quitado el anorak y miraba nervioso de lado a lado con mi sobrina de la mano. Cuando llegué corrió hacía mí como si se estuviera meando y no aguantara más y me soltó a la niña.

Le expliqué a mi sobrina lo que había pasado. Que dice mi hermana que los niños se traumatizan si son el último al que le vienen a recoger. Y ella me miró y me dijo: “¿pero lo has matado?”. Genial. Angelito. “No cariño, vamos al bar a hacer un zumito”. Y yo un carajillo, que aún me temblaban las piernas.

#PuraNecesidadEnSegúnQueMomentos

Pasada la adrenalina, mi latigazo cervical y yo vamos a recuperación todos los días. Caca. Me han fastidiado la operación biquini que tenía en marcha y he tenido que pararlo tó.

Mis dos clases de TBC, dos de Pilates, dos de Hipopresivos y dos de Cardiodance. ¿Qué os pensabais? Que a estas edades, entre la fuerza de la gravedad y que el metabolismo se pone en modo tortuga, mantener este cuerpazo me cuesta sudores y unas agujetas que lo flipas.

A las que nos gusta el gym, tampoco es un sacrificio. ¿Qué iba a estar haciendo? ¿Tomando unos vinos con unas amigas? ¿Revolviendo en Zara? ¿Paseando bajo los rayitos de sol que ya asoman?

No. No. Yo en el gimnasio. Mi clase favorita es Pilates. Menos cuando mis compañeras se van a recoger el material y pisan mi colchoneta que tiene su toalla encima y todo. ¿Qué? ¿No hay más sitio para pasar? ¿Hemos leído a Caperucita y vamos por el camino más corto? Cualquier día cojo la toalla en modo látigo y la lío parda. Pardísima. Voy a hacer tres OMS, ¡que me enciendo!

#PequeñasDiferenciasEntrelaProfesorayYo

En fin, ya lo retomaremos todo. Pero eso será luego. Cuando recupere mi cuello en su estado habitual, que encima de que lo tengo corto, sólo me falta que con el latigazo se me encoja.

En el in-pass, me he dado permiso para probar los donuts Pantera Rosa. Es morderlo y se me cierran los ojos del gustito… ¡en el paladar malpensados!

Querido Juan, espero que te encuentres mejor del golpe.

Ya me explicarás lo del agua roja del carburador y tal.

¡Ah! Y lo siento por todas las que fantaseáis con los polis salvadores espectaculares. Mejor ponéis la tele cuando echen una de Coronado. Avisadas estáis.

Besazos. Buena semana.

#yoNoSoyGente #YvosotrosTampoco #JonesSinCuello